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Proyecto: DICCIONARIO DEL PENSAMIENTO ALTERNATIVO II

Memoria individual y colectiva

por Fernando Aínsa (Escritor y ensayista)
 


Después de los años en que lo recomendable era propiciar el olvido, la memoria como derecho ha irrumpido en el pensamiento contemporáneo y alterado el panorama de la historia, la política, la justicia y la filosofía. Su creciente importancia como categoría del pensamiento —especialmente la llamada “memoria histórica”— se ha producido a partir de la reflexión filosófica sobre “el ser y el tiempo” (Heidegger), de la serie de acontecimientos históricos que han estremecido el siglo XX —Guerra Civil española, Holocausto, dictaduras del Cono Sur, fin de la guerra fría— y de la comprobación que el mundo actual es el resultado de una herencia cuya complejidad obliga a leer críticamente el pasado, ya que lo peor que se puede hacer es intentar borrarlo o ignorarlo. Lo que hay que hacer es “explicarlo” (Reyes Mate), ya que un logos con memoria implica una relación interpelante que arranca del pasado para buscar respuestas en el presente y al mismo tiempo considera que recordar es aprender buscando y preguntando.
 
La memoria está más presente que nunca, valga el juego palabras. Se debate en los parlamentos y se legisla, se polemiza en la prensa, se publican libros sobre el deber de memoria y el juicio moral que implica mantenerla viva, se la considera una forma de conocimiento —teoría que Walter Benjamín desarrolló en Tesis sobre el concepto de la historia— o de la memoria “aliada del progreso” (Maurice Halbwachs), mientras Adorno prefiere hablar de un nuevo imperativo categórico que consiste en repensar la verdad, la política y la moral a partir de la conciencia de la barbarie. En este afán reivindicatorio, se llega a decir que la restauración de los derechos de la memoria es un vehículo de liberación, “una de las más notables tareas del pensamiento” (Hebert Marcuse).
 
Todo invita ahora a sucumbir a la “imantación del pasado”, a la relectura y cuestionamiento de la historia oficial, a la recuperación de toda memoria, incluso la memoria sofocada, silenciada o simplemente olvidada. Ahora se acepta, incluso, la existencia de un “pasado ausente” de la historia, al punto de que una injusticia ocultada u omitida, puede resurgir años después, porque estaba ahí, oculta o latente, esperando despertar, ausencia que también forma parte de la memoria colectiva. Como se ha subrayado: el punto final no se puede poner donde uno quiera, por muy legal que sea una ley de “punto final”. Solo lo posibilita o lo impone la estructura del texto más profundo del devenir histórico, del “duelo” que se supera, en todo caso algo que no puede decretarse.
 
Este poderoso afán retrospectivo Luis Britto García lo ha resumido en una consigna: “Frente al escándalo del olvido, la escritura es la prótesis del recuerdo”. Una escritura que se expresa en el género testimonio, en la novela histórica, en la investigación sociológica y el ensayo filosófico.
 
Al aproximarse al tema se comprueba la intensa interacción y el diálogo que existe entre memoria individual y memoria colectiva, inscrita esta última en un “tiempo cultural” que atraviesa los siglos e invade el presente y a la que no es posible sustraerse porque forma parte del patrimonio común. Por eso la dependencia de la memoria individual del marco y entorno social es total (Maurice Halbwachs), sin cuyas preguntas e imágenes no hay memoria. No hay memoria individual que no interiorice una pléyade de memorias colectivas aisladas al mismo tiempo que la memoria colectiva es impensable sin una interacción con la memoria individual. Ningún individuo puede pretender vivir en la exclusiva soledad de su yo interior. Vivimos todos en interdependencia con las memorias colectivas que integran y conforman nuestra cultura.
 
El pasado es necesario, por no decir inevitable, para todos; es parte constitutiva de la identidad. Parecería que de no remitirse a un pasado con el cual conectar el presente, éste sería incomprensible, gratuito, sin sentido. Remitirnos a un pasado dota al presente de una razón de existir, explica el presente, ya que un hecho deja de ser gratuito al conectarse con sus antecedentes (Luis Villoro).
 
Sin embargo, la naturaleza del pasado es tan movediza como el tiempo presente, “La memoria no es un mausoleo cerrado que espera nuestra visita, sino algo que se mueve, con recuerdos cambiantes y articulaciones que se transforman a través de confrontaciones, interlocución con la propia subjetividad, archivo en permanente renovación que impide estar absolutamente seguros de lo recordado”. (Ana Teresa Torres). Al intentar recuperarlo lo hacemos con palabras, lenguaje cuyos matices lo hacen también movedizo y donde la memoria se complace en mezclar, relativizar, intertextualizar y elaborar sus propios palimpsestos y recreaciones.
 
En realidad, las relaciones con el pasado no son nunca neutras y se inscriben en la más compleja dialéctica de la memoria entre nostalgia y fuga desencantada del presente hacia el pasado. Al mismo tiempo, el pasado se capitaliza a nivel individual como parte de la estructura de la identidad. Por algo se afirma que “uno es lo que ha sido”. Son las experiencias, los recuerdos, incluso los acontecimientos traumáticos los que nutren una memoria que configura la historia personal. Fotos, souvenirs, antigüedades, cartas, diarios íntimos, objetos personales, son los soportes necesarios de una memoria que no quiere perderse y se embellece retroactivamente al registrarse en crónicas, testimonios, tradiciones y relatos orales. La memoria es por naturaleza lo que se hace de ella; es, por naturaleza, plástica, flexible y cede muchas veces a la imaginación o la fantasía.
 
La memoria es la más completa herramienta de reconstrucción del pasado individual inserto en el devenir colectivo, ya que “en ciertas zonas de la memoria hay vivencias que permanecen afincadas como en uno de esos depósitos de las casas de subastas, llenos de muebles y objetos de variada procedencia y valor. Están allí como aguardando que venga alguien a interesarse, a sacudirles el polvo y a restituirlos al presente” (Hugo Burel).
 
Para entender bien el proceso por el cual la memoria individual y la colectiva se combinan en la representación del pasado, es importante precisar que la memoria no es una actividad espontánea, ni fácil. La memoria se reduce al espacio temporal de las generaciones que integran nietos, hijos y abuelos y todos aquellos que pueden haber sido testigos presenciales o contemporáneos de lo recordado. En esa instancia se privilegia la “memoria viva” por considerarla más auténtica que la historia que la manipula al “arreglar” el pasado, al acomodarlo en función del presente. De ahí el auge de los relatos de vida, del género testimonial, donde el tiempo individual se integra en el colectivo.
 
Estas capas sedimentarias, tanto individuales como colectivas, son referentes de una historia personal que está en diálogo, cuando no en tensa confrontación, con la memoria oficial. Gracias a esa confrontación descubrimos que los recuerdos no son sólo personales, sino parte de un tiempo que nos impone los paradigmas de una memoria colectiva elaborada para justificar el presente del que somos prisioneros.
 
Vivimos todos inmersos entre los signos de una memoria colectiva que ha institucionalizado la visión oficial de la historia a la que pertenecemos. Sistemas celebratorios con signos reconocibles en la nomenclatura urbana —nombres de plazas, avenidas, calles y pasajes; placas recordatorias, “memoria monumental” de palacios, catedrales y panteones— gracias a los cuales el espacio se significa y se proyecta en el tiempo; edificios públicos —archivos, museos, hemerotecas y bibliotecas—donde se condensa el entramado de memoria que se protege y conserva; sistemas sostenidos por el “texto/textura” de manuales escolares que inculcan una versión oficial de los orígenes, de poesía conmemorativa y relatos hagiográficos; fiestas patrias que salpican el calendario con festejos y desfiles, aniversarios, centenarios, bicentenarios y sesquicentenarios que se encadenan para rememorar nacimientos, muertes, publicaciones y acontecimientos históricos; himnos, banderas y escudos que encarnan símbolos nacionales y donde la retórica del discurso del poder vigente institucionaliza y penetra los medios de comunicación, la actividad política, cívica y militar para asegurar su hegemonía ideológica. Como legado representativo provisto de su propia retórica estos signos conmemorativos (Jurij M.Lotman) tienen una intencionalidad y un designio. suerte de “religión civil” que se completa en la iconografía del dinero, la llamada “memoria metálica”, monedas acuñadas con efigies y perfiles en billetes, y en la de los sellos postales.
 
Los lugares en que se ha anclado la memoria colectiva y la vasta topología que Pierre Nora llama “los lugares de la memoria” son verbales y se imponen a los individuos con aparente naturalidad, como si fueran la expresión indiscutida de una interpretación canónica de la historia. A través de su clara función mnemotécnica la visión oficial se legitima, administra y condiciona la memoria individual con representaciones reelaboradas como auténticos arquetipos de memoria colectiva que dejan sus “trazas” (Paul Ricoeur) sobre la memoria individual. Toda autoridad que domina el presente, pretende “reacomodar” el pasado, definir lo que hay que recuperar de la memoria colectiva, ser la medida del proceso selectivo que controla y jerarquiza lo que “debe” recordarse. La legitimación del orden establecido que esta recuperación selectiva del pasado consagra es más política que científica, aunque se apoye en acontecimientos reales, documentos fidedignos e interpretaciones canónicas que pretenden ser objetivas. En la incorporación intencional y selectiva del pasado lejano e inmediato se adecuan los intereses del presente para modelarlo y obrar sobre el porvenir.
 
El conjunto de estos “monumentos” superponen las representaciones de lo visible con lo recordado, espacios que “rezuman temporalidad” (Ricardo Gullón), lugares que proyectan una secuencia de acontecimientos en los que mito e historia, memoria colectiva e individual se entrecruzan y donde nuestros recuerdos personales se integran en la rejilla de su irradiación simbólica. Un parentesco secreto se establece entre los lugares en que vivimos y donde acumulamos recuerdos de nuestra memoria individual y los objetos conservados en museos o archivos y, más sutilmente, con las instituciones que los representan. Los recuerdos personales forman parte de esa memoria históricamente consciente de ella misma.
 
En otros casos, las versiones ritualizadas del pasado se satanizan como encarnación de lo arcaico, de lo viejo, de objetos que son antigüallas, démodées, tradiciones que hay que destruir. En el caso extremo de las revoluciones se derriban estatuas, queman palacios, iglesias y los símbolos que encarnan el viejo orden, como en la esfera individual se queman las cartas o las fotografías de un frustrado amor, cuando se quiere olvidarlo y borrar todo rastro de su memoria.
 
Por otra parte, se puede rastrear lo que ha sido excluido, las omisiones deliberadas, lo prohibido que acompaña la “historia monumental”, porque en definitiva en toda sociedad, “la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad” (Michel Foucault)
 
Hoy se reconoce que la falsedad, la mentira y el ejercicio deliberado del “asesinato de la memoria” pueden ser distorsionantes de la realidad. La historia silenciada (u ocultada) lleva a que se escriba “ficción sobre ficción”, un modo para “denunciar” la manipulación de la historiografía canónica (Andrés Rivera). La escritura recupera el lugar de los silenciados por la historia oficial, generando una provocación a la memoria (Nilda Flawiá).
 
La eliminación de la memoria por el aniquilamiento, prohibición o censura de las fuentes acompaña la historia y América Latina abunda en ejemplos ilustrativos, por lo que se sostiene que la única verdadera historia es la de “la oscuridad” y “la derrota” (Héctor Tizón). De ahí los esfuerzos por salvar la memoria ocultada, deformada o ignorada que propone el discurso alternativo. En otros casos, las omisiones de la historia —las “informaciones retenidas”— se descubren gracias al discurso que las revela. La narrativa testimonial del exilio sudamericano abunda en ejemplos de esta intención (voluntad) explícita de revelación de lo que estaba oculto.
 
Walter Benjamín en esa especie de “teología filosófica del recuerdo” hecha de evocación y memoria que propone en Para una crítica de la violencia, afirma que la humanidad sólo pervivirá si ensancha permanentemente el espacio de sus recuerdos y le otorga un lugar prioritario a “los desechos de la historia”. En su alegato “en favor del pasado oprimido” recupera esos “desperdicios” que no son otros que los de una modernidad que ha preferido los valores de progreso a los del humanismo. Benjamín lamenta que el progreso se haya convertido en un fin en si mismo, en un progreso a cualquier precio que ha olvidado que la humanidad debería ser su única meta. En el desarrollo de esa noción del progreso hecho de eficacia y de cálculo son muchos los “desperdiciados”, los arrojado a la “cuneta” del continuum histórico, los marginalizados, los excluidos. Nuestro presente está construido sobre los vencidos, esa herencia oculta del pasado. Por lo tanto recomienda “pasar a la historia el cepillo a contrapelo, valorando el progreso a partir del destino de los oprimidos”. Una cultura del recuerdo debe reivindicar su lugar en la memoria, un modo de reafirmar que “no nos ha sido dada la esperanza sino por los desesperados”.
 
En la generalización de “ideologías olvidadizas”, en los “grados del olvido”, en el olvido selectivo, en la cultura light del mundo actual que preconiza el olvido como medida saludable, en ese pasar rápidamente “a otra cosa” cuando alguien sucumbe derrotado, es posible preguntarse si es posible que pueda alzarse “alguna voz que almacene tanto dolor y evoque con dignidad a los que son sacrificados indignamente” (Manuel Fraijó). Por ello, más que combatir el miedo por el olvido, hay que aprender a “dejar de olvidar” —esa desmemoria a la que hay oponer un desolvidar— hay que recuperar y asumir la memoria individual y colectiva, conocer su propia historia sin avergonzarse de sus episodios más oscuros y sin temor de cuestionar los signos conmemorativos en que se apoya.
 
Para permanecer, los recuerdos deben fijarse en la palabra escrita. El texto es su mejor guardián. De ahí la importancia de la escritura como gesto para conjurar el miedo, como arma para exorcisar temores y angustias y desterrar el silencio. Es bueno recordar que existen silencios que pueden ser más destructores que una verdad aceptable: las palabras “políticamente incorrectas”, el tabú que rodea ciertos temas (Gays cristianos, sacerdotes pederastas) o nombres de enfermedades cuya sola mención parece contagiar, como el cáncer o el sida, el acuerdo tácito de no hablar de “ciertas cosas” y las palabras prohibidas. Todo aquello que queda englobado en la expresión “de esto no se habla” (Julio Llinás).
 

Es bueno recordar también que hay pasados que no quieren pasar, que se empeñan en estar siempre presentes. Decía Juan Rulfo que en México es imposible enterrar definitivamente a los difuntos. Están siempre ahí: es imposible olvidarlos, aunque se lo pretenda. Lo importante es ser el paciente arqueólogo que escarba entre “las ruinas del pasado” (Norbert Elias) para recoger fragmentos testimoniales o documentales, unirlos con la argamasa textual para dar la ilusión de que “otra” memoria es posible.

 
 
Fuentes
 

Burel, Hugo: Tijeras de plata, Madrid, Lengua de trapo, 2003

Elias, Norbet: Sobre el tiempo, México, Fondo de Cultura Económica, 1997.

Flawia Fernández, Nilda: Polémicas por la patria, Tucumán, Facultad de Filosofía y Letras, 2004.

Foucault, Michel: L'ordre du discours, Paris, Gallimard, 1973.

Gullón, Ricardo: Espacio y novela, Barcelona, Antoni Bosch Editor, 1980.

Halbwachs, Maurice: Los marcos sociales de la memoria, Barcelona, Anthropos, 2004; también Halbwachs La memoire collective (1950) y la edición crítica de Gérard Namer de 1997.

Lotman, Jurij M.: Tipologia Della cultura, Milano, Bompiani, 1987.

Mate, Reyes: La herencia del olvido, Madrid, Errata Natarae, 2008.

El país, Madrid, 20 de febrero 2011

Nora, Pierre: (Ed.) Les lieux de mémoire, Paris, Quarto Gallimard. 1997

Pacheco, Carlos y Rivas, Luz Marina: “Presentación”, Estudios. Revista de Investigaciones Literarias y Culturales, 18, “Novelar contra el olvido”, Caracas, Universidad Simón Bolívar, Julio-Diciembre, 2001.

Ricoeur, Paul: La mémoire, l'histoire, l'oubli, Paris, Seuil, 2000

Rivera, Andrés: La revolución es un sueño eterno, Buenos Aires, Seix-Barral, 2008.

Torres, Ana Teresa, (autora de El exilio del tiempo, 1990 y Doña Inés contra el olvido, 1992): “La memoria móvil: entre el odio y la nostalgia”, Estudios. Revista de Investigaciones Literarias y Culturales, 18. “Novelar contra el olvido”, Caracas, Universidad Simón Bolívar, Julio-Diciembre, 2001.

Todorov, Tzvetan: Les abus de la mémoire, París, Artea, 1998.

Valensi, Lucette: “Autores de la memoria, guardianes del recuerdo, medios nemotécnicos. Cómo perdura el recuerdo de los grandes acontecimientos”, Memoria e historia, Josefina Cuesta Bustillo (ed), Madrid, Marcial Pons, 1998,

Villoro, Luis: “El sentido de la historia”, en VV.AA, Historia ¿para qué?, México, Siglo XXI editores, 1980.

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Tragedia Americana

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP

Vitalidad

por Gerardo Oviedo UBA-UNLP

Pensamiento Heterológico

por Jorge Brower, Universidad de Santiago de Chile

Geo-epistemología

por Claudio Canaparo, University of Exeter

Estado de Bienestar

por Cerdá, Juan Manuel, CONICET - UNQ

Macedonismo

por Horacio Eduardo Ruiz

Garantismo

por Marisa Miranda, Gustavo Vallejo (CONICET)

Educabilidad

por Clara Inés Stramiello (UCA –UNLA)

A Priori Vital

por Gerardo Oviedo

Recursos naturales

por Marina Lanfranco Vázquez (CIC) y Marisa Miranda (CONICET)

Superposiciones Culturales

por Fernan Gustavo Carreras (UNSE y UNT)

Educación alternativa

por Mariana Alvarado (CONICET)

Ecofeminismo

por Celina A. Lértora Mendoza, Conicet-FEPAI, USAL

Existencialismo Latinoamericano

por Marcelo Velarde Cañazares, Paris VIII

Desarrollo sustentable

por Marina Laura Lanfranco Vázquez (CIC) y Marisa Adriana Miranda (CONICET)

Hora Americana

por Hugo E. Biagini, CONICET, Academia de Ciencias

Teoría del Caos

por Fernando Vilardo, UBA

Conservacionismo

por Adrian Monjeau y Herminia Solari, Universidad de Mar del Plata

Políticas Identitarias

por María Luisa Rubinelli, Universidad de Jujuy

Crecimiento sostenido

por Felipe Livitsanos, UBA

Crítica

por Pedro Karczmarczyk, Conicet UNLP

Inmigrante argentino

por Graciela Hayes, Universidad de Rosario

Indocumentado

por Graciela Hayes, Universidad de Rosario

Resiliencia

por Horacio Eduardo Ruiz, UBA

Filosofía antihegemónica

por Álvaro B. Márquez-Fernández, Centro de Estudios Sociológicos y Antropológicos, Universidad del Zulia

Subalterno

por Rafael Ojeda

Panfleto Politíco

por Natalia Paula Fanduzzi, Universidad Nacional de Sur

Revistas

por Noemí M. Girbal-Blacha (CONICET)

Integracentrismo

por Jorge Rueda (Universidad de Santiago de Chile)

Género

por Alejandra de Arce (UNQ)

Unidad Latinoamericana

por Carlos Pérez Zavala (Universidad de Río Cuarto)

Poder simbólico

por Noemí M. Girbal-Blacha (CONICET)

Gestión Participativa de las Diversidades

por Ricardo Romero: Instituto Nacional contra la Discriminación.

Chacarero

por José Muzlera Klappenbach (UNQ)

Ambientalismo

por Marina Laura Lanfranco Vazquez (CIC)

Ecumenismo Latinoamericano

por María Teresa Brachetta

Acción directa

por Julián Rebón (UBA)

Agricultura Familiar

por José Muzlera Klappenbach (UNQ)

JUSTICIA EMANCIPADORA

por Zulay C. Díaz Montiel (Universidad del Zulia)

Sanitarismo

por Norma Sánchez (UBA)

Concientización

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Eticidad

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Laicismo

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

No violencia

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Pluralismo

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas)

Infancia

por Germán S. M. Torres (UNQ)

Territorio Libre

por Hugo E. Biagini, CONICET, Academia de Ciencias

Antilenguaje

por Patricia Vallejos LLobet (Universidad Nacional del Sur)

Antisemiología

por Jorge Brower Beltramin (Universidad de Santiago de Chile)

Contrahegemonía

por Francisco Hidalgo Flor (Universidad Central del Ecuador)

Neopopulismo

por Roberto Follari (Univ. Nacional de Cuyo)

Fiestas Míticas

por Claudia Bonicelli (UGNS)

Filosofar Latinoamericano

por Hugo Biagini (CONICET, Academia de Ciencias)

Autogestión

por Antonio Colomer Viadel, FADE UPV, INAUCO.

Discurso

por Carolina E. López, Universidad Nacional del Sur

Filosofía ambiental

por Alicia Irene Bugallo (UCES)

Filosofía ambiental argentina

por Alicia Irene Bugallo (UCES)

El Concepto Crítico de la Política

por Claudia Yarza, Universidad Nacional de Cuyo

La Crisis de la Política y la Pospolítica

por Claudia Yarza, Universidad Nacional de Cuyo

Comunidad de Cuestionamiento

por Mariana Alvarado, Silvana Vignale (CONICET)

Filosofía con niños

por Mariana Alvarado, Silvana Vignale (CONICET)

Experiencia de pensamiento

por Silvana Vignale, Mariana Alvarado (CONICET)

Ciudadanía holística

por Ana Irene Méndez

Arte relacional

por Ferrari, Ludmila (Universidad Javeriana de Colombia)

Estudios Visuales

por Marta Cabrera, Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá-Colombia)

Sincretismo

por María Luisa Rubinelli, Universidad Nacional de Jujuy

Política Cultural

por Arturo Chavolla, Universidad de Guadalajara

Troskismo Argentino

por Daniel de Lucia, Instituto del Profesorado Joaquín V. Gonzalez

Desarrollo sostenido

por Juan Kornblihtt, CEICS

Descentralización educativa

por Romina De Luca, CEICS

Justicia distributiva

por Gerardo Baladrón, CEICS

Justicia internacional

por Germán Suárez, CEICS

Universalismo contextualista

por Gregor Sauerwald, Universidades de Ciencias de Münster y Católica de Montevideo

Movilidad social

por Marina Kabat, CEICS

Participación política

por Liliana Giorgis, UNCU

Salto cualitativo

por Fabián Harari, CEICS

Salud reproductiva

por Rosana López Rodríguez, CEICS

Subversión

por Stella Grenat, CEICS

Liberación (Filosofía)

por Cristina Liendo, UNC

Literaturas heterogéneas

por Graciela Maglia, Universidad Javeriana

Neozapatismo

por René Báez, Pontificia Universidad Católica, Ecuador

Memoria sonora

por Analía Lutowicz y Alejandro Herrero, Universidad Nacional de Lanús

Pedagogías de las diferencias

por Silvana Vignale, Mariana Alvarado, Marcelo Cunha Bueno, Universidad Nacional de Cuyo

Autodidaxis

por Dante Aimino, UNCo

Universidad Trashumante

por Juan Carlos Suárez, Universidad Nacional de Lanús

Legitimación

por Carlos Javier Pretti, CONICET

Abuelidad

por Hugo E. Biagini, Academia de Ciencias-Conicet

Convivencia

por Buatu Batubenge Omer, Adriana Mancilla Margalli y Benjamín Panduro Muñoz

Derecho alternativo

por Carlos Ponce de León UNCo

Transversalidad

por Maria Beatriz Quintana, UNJu.

Recursos hídricos

por María Cristina Sandoval, U.N.L.Z

Agriculturalización

por María Cristina Sandoval, U.N.L.Z

Formación Nacional

por Fabio Luis, Universidad de San Pablo

Contrahegemonía Nuestramericana

por Claudio Gallegos CONICET/ Universidad Nacional del Sur

Alteridad americana / Otredad americana

por Rafael Ojeda

Derechos Sociales

por Mónica Fernández (UNQ-UNLa)

Adolescencia

por Mónica Fernández (UNQ-UNLa)

YUNTA

por Jorge Rueda C. (Universidad de Santiago de Chile)

Nosotros

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

Humor

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

Mártir

por Ricardo Melgar Bao (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

GIRO DESCOLONIAL

por Alejandro De Oto

PENSAMIENTO DESCOLONIAL/DECOLONIAL[1]

por Alejandro De Oto

Justicialismo

por Eduardo J. Vior (Universidad de Foz de Iguazú, Brasil)

Republicanismo

por Hugo E. Biagini (Academia de Ciencias)

Malestar en la cultura

por Mario Orozco Guzmán y David Pavón Cuéllar (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo)

Movilización

por David Pavón Cuéllar (UMSNH) y José Manuel Sabucedo (USC)

Fuerzas Morales

por Susana Raquel Barbosa (Conicet, Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires)

Inconsciente

por Ian Parker (Universidad Metropolitana de Manchester) y David Pavón Cuéllar (Universidad Michoacana)

Georgismo

por Daniel De Lucia (Instituto Profesorado Joaquín V. González)

GAMBETA

por Di Giano, Roberto; Massarino, Marcelo; Ponisio, Julián; (Universidad de Buenos Aires)

Del principio de la igualdad

por Norman Palma (Univ. París)

Emergencia

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

La imaginación

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

Transdisciplina

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM) Alejandra Ruiz Trujillo (Posgrado-UNAM)

Incertidumbre

por Rafael Pérez-Taylor (IIA-UNAM)

Reapropiación

por Brenda Tovar García

Razón ensayística.

por Janusz Wojcieszak (Universidad de Varsovia)

Ética ambiental

por Celina A. Lértora Mendoza (FEPAI)

El Logos (Pensamiento-Lenguaje) alternativo: El “Che” Suramericano

por Ricardo Nicolon

Memoria individual y colectiva

por Fernando Aínsa (Escritor y ensayista)

Ilustración Americana

por Rafael Ojeda

Sindicalismo de bases como alternativa frente a la burocracia

por Antonio Salgado

Desprejuicio

por Lucía Alicia Aguerre (UBA - CONICET)

Turismo social

por Erica Schenkel (CONICET - UNS)

Turismo alternativo

por Canoni Juan Pablo (UNS) y Schenkel Erica (CONICET - UNS)

Analogía

por Gerardo Oviedo, UBA-UNC-UCES

CIUDADANÍA AMBIENTAL

por Daniel Eduardo Gutiérrez

Compañero

por Ofelia Jany

Ecofeminismo latinoamericano

por Celina A. Lértora Mendoza (FEPAI)

Liberalismo latinoamericano

por Diego Alejandro Fernández Peychaux

Colonialidad

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Sujeto criollo

por RAFAEL OJEDA

Economía Solidaria

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Colonialismo Interno

por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

Tribus urbanas

por Carlos Junquera Rubio

Evaluación educativa

por JUAN VICENTE ORTIZ FRANCO (Fundación Universitaria Los Libertadores)

CHAMPURRIA/CHAMPURRIADO

por Jorge Rueda Castro (Universidad de Santiago de Chile)

Onomantitesis

por Paolo Galassi (Università di Bologna)

Emancipación

por Elena Torre

Antagonismo

por Agustín Artese

Violencia marginal

por Florencia Prego

Extractivismo

por Andrea Cardoso (UBA-UNAJ)

Represor/a

por Analía Goldentul (IEALC/CONICET)

Integración Latinoamericana

por Juan Manuel Karg

Intelectual Latinoamericano

por Silvia E. Romagnolo

Pensamiento fronterizo

por Jung Eun Lee(UBA)

Investigación comunitaria intercultural

por Sebastián Levalle

Relativismo Cultural

por Rodrigo A. Gómez Tortosa

Mula

por María Cecilia Sánchez

Territorio

por Javier Eduardo Serrano Besil

Refugiado

por Laura Lopresti (UBA)

Campesinado

por Vannessa Morales Castro

Turismo rural comunitario

por Florencia Lance

Experimentalismo plástico latinoamericano

por Ana Beatriz Villar

Educatividad

por Osvaldo Concha

UNIVERSIDAD INTERCULTURAL

por Ana Paola Miyagusuku Miyasato

Curaduría en la periferia

por Elizabeth Hernández López, y Roberto Sanz Bustillo (UNAM, México)

Comunidad

por AA.VV.

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