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Sobre la Condición Indígena en América Latina: LAS VENAS DE AMERICA SIGUEN ABIERTAS

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas del Cono Sur)
 


Toki Leftraru

Homenaje a los presos políticos mapuches

en Chile

(febrero de 2011)

Habías aprendido, Lautaro, a montar el caballo

como un arma de combate,

estratega en artes militares,

experto en emboscadas y guerrillas.

Sabías que Dios te estaba soñando y la esperanza era

más fuerte que la duda y el misterio.

Ese trágico día, Villagra gritaba:

¡Santiago y cierra España, adelante!

Una trompeta impaciente tocó la señal del ataque.

Lautaro salió de su ruca, con la espada de Valdivia en mano:

sorpresa, desconcierto, masacre…

Lautaro murió atravesado de un lanzazo en la misma puerta:

¡Aquí españoles – gritaban - que Lautaro está muerto! Su cadáver desmembrado y su cabeza exhibida en la

plaza de Armas de Santiago,

ensartada en una lanza española.

 
Ahora lloran las tierras, las tierras mapuches,

los arboles nobles, los grandes volcanes,

ahora el aire parece más pesado.

Ya no galopa el jinete, jinete del pueblo,
Ya no sueñan los lonkos de Wallmapu,

a la luz blanquecina de la luna.

Ahora, nadie, más nadie, te enfrenta, Lautaro…
nadie es la muerte si va en tu montura. El silencio del pueblo custodia tu presencia milenaria.

Suenan, resuenan las tierras mapuches,

galopa, jinete del pueblo, caballo de libertad.


Jinete del pueblo, galopa en la tierra liberada,
la tierra es tuya, el futuro es tuyo, la libertad es tuya.

Mi tierra no se rendirá ante nada – dijiste.

Ahora tu melodía vuelve a acariciar la tierra.

Otra vez resuenan, Lautaro, los gritos libertarios.

Vuelve la antigua alianza entre la tierra y el cielo.

 
(Gabriella Bianco)
 
Los indígenas no son sólo el problema, sino la

solución, entre el futuro y la naturaleza.

 
(Eduardo Galeano)
 
La presencia de los pueblos indígenas no es sinónimo de

conflicto, sino de fuente de riqueza, identidad nacional y

mayor desarrollo integral de la humanidad.

 
(Rigoberta Menchú)
 
Ante el mundo sistematizado del colonizador, el colonizado

es siempre culpable. La culpabilidad del colonizado no es

una culpa asumida, es más bien una especie de maldición,

una espada de Damocles. Es dominado, pero no domesticado.

Es inferiorizado, pero no convencido de su inferioridad.

(Franz Fanon)

 

RESUMEN:

 
Después de examinar brevemente, desde una mirada historia y filosófica, la postura de los pueblos originarios en ocasión de los bicentenarios de la independencia – independencia para unos, cinco siglos de opresión para ellos – se examina en detalle la relación entre el Derecho, la Constituciones nacionales y los derechos humanos. En particular, se explora el Derecho internacional, subrayando la importante central que tiene el Convenio OIT n. 169 de 1989 sobre Pueblos indígenas y tribales en países independientes, que ha marcado un antes y un después en la lucha de los pueblos originarios por sus derechos y garantías. Se consideran cinco conjuntos de derechos, de múltiple derivación, ordenados en secuencia lógica:

a) El derecho a ser reconocidos como “pueblo”, con identidad propia y con derechos históricos que se derivan de esa condición.

b) el derecho que su reconocimiento como pueblo de larga presencia histórica, les da a la tierra y al territorio.

c) el derecho a ejercer formas propias de autogobierno y administración.

d) el derecho al reconocimiento y el ejercicio de un derecho consuetudinario propio.

e) Finalmente, como efecto de todo lo anterior, el derecho a participar y decidir en la determinación de las políticas nacionales que les afectan.

En particular, se explora el derecho a la “identidad” y al concepto de “Pachamama”.

 
 
Preámbulo
 
El bicentenario de los pueblos originarios.

Aunque la Asamblea General en Buenos Aires de 1811 declaraba a los pueblos originarios “hombres perfectamente libres, y en igualdad de derechos a los demás ciudadanos de las Provincias Unidas”, la historia no fue así. Por lo tanto, es útil reflexionar sobre algunos hechos, dada la relevancia de las“celebraciones” que se realizaron en elaño 2010 en Argentina y los que se realizaran en estos años, cuando varios paísesde Latinoaméricafestejan su “Bicentenario”. Como declaran los pueblos originarios, hay que aclararla historia y orientar la conciencia colectiva en lograr elobjetivo de conocer -no sólo -, sino conseguir la “independencia” de todos y para todos los que vivenen los distintos territorios nacionales.

Para ello, los verdaderos dueños de lastierras sud-americanasdan a conocer sus"voces" para atestiguar la pertenencia de los pueblos ancestrales a estas tierras, brindando sus conocimientos y con ello,reivindicar la cultura de los "Pueblos Originarios”.

 
11 de Octubre: último día de libertad de los pueblos originarios.

11 de Octubre - afirman los pueblos originarios - debemos recordarlo como el último día de Libertad de losPueblos Originarios, como el último día de libertad de América. El díaque hasta recientemente se denominaba el día de la “raza” – ahora día de la diversidad cultural. De hecho el término “raza” fue abolido por las Naciones Unidas en 1959por carecer de todo valor científico y por servir solamente para incentivar elodio y el desconocimiento entre los hombres de distintas culturas.

¿Qué se festeja el 12 de octubre? El aniversario de la llegada deun navegador aventurero – Cristoforo Colombo - que se tropezó con un continente dondelos hombres vivían en libertad y en armonía con la naturaleza
¿Qué se festeja entonces el 12 de Octubre? En el día denominado día de la raza hasta el 2009 y ahora denominado “día de la diversidad cultural” desde 2010 en Argentina, ¿qué se festeja? Se festeja la introducción en América de los secuestros extorsivos. El asesinoHernán Cortés secuestró y mató a Moctezuma a pesar de que los aztecas pagaronun rescate de toneladas de oro y plata. Lo mismo hará su compañero Pizarro conAtahualpa en el Perú. La conquista le costó a América 80 millones de vidas quequedaron en las minas, en los obrajes, en las haciendas, para enriquecer alreino de España y a los banqueros europeos. Pero de entrada nomás pintó larebelión y el caballo, traído por los españoles para dominar, fue adoptado porlos nativos y se formaron las caballerías rebeldes de los ejércitoslibertadores como el de Túpac Amaru, que metió miedo a los conquistadores en el intentode obligarlos a cambiar su política de explotación y genocidio y por eso fue descuartizado en la Plaza de Armas de Cusco.

Desde el punto de vista filosófico y en particular desde el punto de vista de “raza”, ese genocidio pasó por un concepto de colonialismo y “colonialidad del poder”, en el sentido que le da el sociólogo peruano Aníbal Quijano, que implica un sistema mental que justifica y legitima las desigualdades y que perdura más allá del colonialismo, “una construcción mental – que ha probado ser muy estable y duradera – que expresa la experiencia básica de la dominación colonial”. (1)

Según Dussel, el filosofo de la Teoría de la Liberación, en la colonización “el cogito” cartesiano “cogito, ergo sum”, fue precedido y acompañado por un “ego conquiro”, como modo de subalternización de las poblaciones conquistadas, haciendo hincapié sobre la diferencia epistémica colonial. Por lo tanto, la Modernidad empezaría – según Russel – cuando Europa pudo confrontarse con el otro y controlarlo, vencerlo, conquistarlo, violentarlo, estableciendo el etnocentrismo europeo en el marco de esa mundialización como universalidad y colonialidad (2).

La colonialidad asume distintas formas, desde la “colonialidad del poder”, que permite reproducir la diferencia colonial con fines de dominación y explotación, al aspecto más filosófico que lo acompaña, o sea la “colonialidad del ser”, que remite a la experiencia de los sujetos sub-alternizados, como lo explica claramente Franz Fanon. (3) Y no sólo: junto con el aparato existencial del sujeto, “colonialidad del ser y del lenguaje”, el filósofo centro-americano Maldonado-Torres subraya otra subalternidad, que reside en la “colonialidad del poder y del saber”, como producción de conocimiento en la producción de pensamientos coloniales. (4)

De esta manera, el concepto de colonialidad es particularmente contundente, ya que – siempre según Maldonado-Torres -, “la colonialidad es aquello que sobrevive al colonialismo - en cuanto se refiere a la forma –, donde el trabajo, el conocimiento, la autoridad y las relaciones sociales e intersubjetivas se articulan entre sí, a través del mercado capitalista mundial y de la idea de raza”.

Es justamente contra el método de producción capitalista y todo lo dicho, junto con la idea de raza, que se evidencia la cuestión indígena, al mismo tiempo que denuncia la colonialidad del saber, que se gesta en la empresa colonizadora.

Sugiriendo que “el racismo moderno”, y por extensión, la colonialidad, puede entenderse como la “radicalización de la no-ética de la guerra”, la ley es dictada por el vencedor, que se define por la descalificación y la inferiorización en relación con una supuesta constitución biológica, en particular hacia la mujer. En la idea de raza y la “colonialidad del poder, del saber y del ser”, el cogito cartesiano prefigura la colonialidad del saber, al suponer que otros, los negados ontológicamente, no piensan

Desde este punto de vista Fanon – y Dussel insiste - subraya la relación del DASEIN con otro DASEIN, que es igual a la relación con un sub-otro. En este sentido, para perseguir la reconstrucción de subjetividad, es necesario superar la violencia y su proyección en la singularidad de las diversas culturas humanas, neutralizando el poder de destrucción y dominación sobre subjetividades y culturas. En la sub-humanización del otro se ha jugado el sometimiento de la subjetividad y de las culturas.

De-colonizar se convierte entonces en un proyecto no sólo epistémico, sino fundamentalmente político, restaurando la diferencia trans-ontologica y reduciendo la violencia individual y colectiva en las relaciones humanas. Como afirma Franz Fanon: “La cultura nacional es, bajo el dominio colonial, una cultura desafiada y cuya destrucción es perseguida en modo sistemático. Es muy rápidamente una cultura destinada a la clandestinidad. Esta noción de clandestinidad es de inmediato percibida en las reacciones del ocupante, que interpreta el refugiarse en la tradición como una fidelidad al espíritu nacional, como un rehusarse a someterse”.

Miseria del pueblo, opresión nacional e inhibición de la cultura: de todo esto se rebelan los pueblos originarios, recuperando su historia, su cultura, sus héroes, sus luchas, sus idiomas, rescatando - contra la colonialidad del poder y sobre todo, del ser – su autenticidad y su integridad, como individuos y como pueblos.

 
 
Introducción
 
Resulta comprensible que en el interior del clima reivindicativo que desencadenó la celebración del V Centenario de la llegada de los españoles a América, se empezarán a producir, o se exacerbaran aún más, posiciones radicales indigenistas. Este clima puede parecer contradictorio porque fue inicialmente concebido, desde España - muy irrealísticamente -, como la oportunidad más que emblemática para terminar con la historia negra de la conquista peninsular y de la de sus crímenes y horrores.

En relación a la naturaleza del estado latino-americano, el punto de partida de toda discusión ha sido la de precisar la naturaleza del Estado, sus orígenes, fundamento y pretensiones. El Estado, se organizó históricamente, bajo inspiración liberal y teniendo a la vista las experiencias republicanas norteamericana y francesa. El período de la anarquía en buena parte del siglo XIX, fundó las bases de un Estado unitario, monista, que supone en consecuencia el reconocimiento inicial de que todos los habitantes de la nación son ciudadanos, formalmente iguales y con la nacionalidad que corresponde.

En ningún aspecto más visible se comprueba la primera gran paradoja de la historia latinoamericana; en efecto, un abismo separa el reconocimiento legal que después de la independencia política hicieron las repúblicas latinoamericanas acerca de las libertades y derechos de toda la población, y el efectivo cumplimiento de esa declaración. Don José Medina Echavarría hablaba de la altisonante pretensión de las Constituciones Liberales y el contraste con las realidades socioeconómicas y culturales donde imperaba el atraso total (5), entre la jurídica avanzada del país formal y la sociedad oficial, rural, pobre, analfabeta, de subsistencia.

A esta condición heredada de las viejas estructuras hispanas, se añade la visión de las élites latinoamericanas, hipócritas y racistas, sobre las poblaciones indígenas. A la población indígena, desde el comienzo mismo de la vida republicana, con variaciones secundarias, se le concedió la igualdad jurídica y la ciudadanía genérica que los cuerpos constitucionales acordaban para todos. Como pretensión legal, todos eran ciudadanos. En muchos casos, además, sobrevivieron o se adaptaron leyes y reglamentos especiales que, con intención de reconocer alguna protección especial, de hecho establecían diferencias que ayudaron a la permanencia de la marginalidad y a la inferioridad social con respecto a las poblaciones mestizas.

Las declaraciones que aparecen hasta el día de hoy en casi diez constituciones nacionales, alcanzadas a veces de manera difícil y siempre tardía, reconocen la multiculturalidad o la plurietnicidad de la nación, dando paso al reconocimiento de una heterogeneidad fundamental, aunque - en el interior de esa pluralidad reconocida - aparecen los indígenas, ciudadanos, pero ciudadanos diferentes – un problema histórico y cultural que requiere justamente reparación histórica y resultados concretos.

Las demandas de los representantes indígenas en todos los foros - nacionales e internacionales - se formulan de diversas maneras y adoptan modalidades de reivindicación histórica, en nombre de un pasado que apoya la idea de una restitución de derechos. La constante apelación a la historia y a una tradición que se interrumpió a sangre y fuego, da una extraordinaria fuerza moral a la lucha de los pueblos originarios, que sin embargo no pierden de vista el sentido contemporáneo de la vida social, que propone serios desafíos, nuevos contenidos a viejas demandas o que exige renovarlas en nombre del futuro.

En todo caso, lo importante de esta referencia es que el grado de conciencia sobre el reconocimiento de las identidades en conflicto ha aumentado en el último tiempo y constituye un nudo problemático de la actual cultura política latinoamericana.

 
 
1. Los derechos de los pueblos indígenas y los derechos humanos.
 
En la cultura política contemporánea reciente ha venido creciendo la importancia por el respeto a los derechos humanos en general. Ello está vinculado a una vigorosa ola democratizadora que recorre el planeta. Hay una toma de conciencia, igualmente creciente, acerca de los pueblos indígenas, de sus derechos particulares y no solamente de los llamados derechos humanos. El conjunto de preocupaciones que se mueve en torno a ellos, tiene una dimensión internacional, como proyecciones o consecuencias de carácter nacional.

A partir del estudio y del análisis de las principales demandas de los indígenas, tanto las de carácter ancestral como las que han surgido, reformuladas y vigorizadas en los últimos años en foros nacionales e internacionales (6) y recogidas en documentos de ese origen, presento un breve resumen de lo que han venido llamándose derechos de los pueblos indígenas, los cinco derechos que se consideran constituir la síntesis de las demandas. Son cinco conjuntos de derechos, de múltiple derivación, ordenados en secuencia lógica:

a) El derecho a ser reconocidos como “pueblo”, con identidad propia y con derechos históricos que se derivan de esa condición.

b) el derecho que su reconocimiento como pueblo de larga presencia histórica, les da a la tierra y al territorio.

c) el derecho a ejercer formas propias de autogobierno y administración.

d) el derecho al reconocimiento y el ejercicio de un derecho consuetudinario, propio.

e) Finalmente, como efecto de todo lo anterior, el derecho a participar y decidir en la determinación de las políticas nacionales que les afectan.

Atender y respetar estos cinco derechos de los indígenas contribuiría a crear condiciones para la vida de ellos, con respeto y dignidad. De hecho, este conjunto de reivindicaciones identificadas con los llamados derechos humanos, se interesan básicamente por el derecho a la vida y a la seguridad, a la vida con dignidad y reconocimiento social. Los derechos de los pueblos indígenas constituyen una unidad comprensiva de los llamados derechos de primera, segunda o tercera generación, y que respaldan los derechos económicos, sociales, los políticos, lo relativo a un medio pacifico y a un ambiente no contaminado, entre otros.

Pero todos ellos tienen esencialmente un carácter individual. Por el contrario, los derechos que reivindican los pueblos indígenas tienen un carácter colectivo y su reconocimiento por parte de la Constitución y de las leyes regulares implicaría, de jure, un profundo cambio de la perspectiva política y cultural en la que están organizados los Estados nacionales hoy día, es decir, tendría efectos trascendentales en el sentido de una autentica reorganización estructural. En ello reside tanto su importancia como su difícil aceptación. De hecho, como unidad compleja y múltiple, son reivindicaciones histórico-colectivas que, al instrumentalizarse, tendrían efectos particulares y sin duda revolucionarían las relaciones entre la sociedad y su correspondiente Estado, con los grupos indígenas.

Examinaré brevemente estos derechos, o sea lo que estos derechos significan como demandas grupales, vinculadas entre sí por un lazo genético:

1. En relación al primero - el reconocimiento como "pueblo" - tiene una significación jurídica decisiva, porque en la tradición legal nacional e internacional, ha habido una identificación implícita entre lo que es pueblo y lo que es nación y, en consecuencia, uno conduce al otro aunque se trate de conceptos que no son intercambiables. Constituye una derivación lógica que todo pueblo reclame una identidad propia, o, dicho con otras palabras, que la nación se defina claramente como un colectivo con destino común y con identidad compartida con base en una historia común. El reconocimiento de las comunidades indígenas como pueblo tiene este alcance jurídico de nación.

2. En relación al segundo - el derecho a la tierra y al territorio - se refiere al reconocimiento de la significación especial que para los pueblos originales de estas regiones, tiene su relación con la tierra. El derecho reclamado no es el derecho al "trozo de tierra para cultivar", medio de producción que se reclama en toda “reforma agraria” y que puede constituir en otro momento, una reiterada reclamación campesina. Por eso, la demanda indígena hoy día se refiere al territorio como el espacio donde se desarrolla la existencia social, espiritual, cultural, económica y política de esta población.

Como pueblo, el indígena requiere y exige una base material, el territorio. No se refiere, en consecuencia, a la dotación de una parcela privada por parte del gobierno, sino al reconocimiento, por parte del Estado nacional de un espacio sociocultural y político, vital para el ejercicio pleno de sus otros derechos colectivos. Este derecho alude, básicamente, a la calidad de propietarios originales que los indígenas tienen -o tuvieron - de las tierras que habitaron, que tradicionalmente cultivaron, así como al uso de los recursos naturales existentes en el territorio.

3. El tercer derecho es una derivación natural de los dos anteriores. La noción de pueblo fue objeto de debate en la ciencia política y en la política estatal del siglo XIX, porque estuvo siempre vinculada a la idea de autodeterminación. En el siglo pasado el tema estuvo planteado como el derecho de las minorías nacionales a convertirse en entidades autonómicas. En el siglo XX, la "cuestión nacional" estuvo ligada al profundo proceso de descolonización, en virtud del cual obtuvieron su independencia antiguas naciones asiáticas y africanas, dominadas por el imperialismo europeo. Ya que es difícil imaginar a una nación enajenada del autogobierno, este derecho se discute hoy día de manera equivoca, pero creciente, como demanda por la autonomía política, aun en el caso de los pueblos indígenas, donde el tema ha sido planteado en distintas formas, incluyendo el derecho a la administración local – esa misma autonomía que ha sido garantizada por la Ley en Bolivia, con transferencia de derechos y de fondos a las distintas “naciones” indígenas por parte del Estado.

Finalmente, y ya casi como una obvia derivación lógico-jurídica, si el Estado reconoce a un pueblo y un territorio, más su derecho al gobierno local y a sus leyes – como sancionada por Bolivia -, la reivindicación a integrar plenamente, a formar parte de las instancias políticas nacionales, donde se deciden las prioridades de su propio desarrollo, incluye el derecho a participar en la formulación, administración y seguimiento de programas y proyectos de desarrollo regional. También el derecho a desarrollar programas propios de consolidación cultural y, consecuentemente, al enriquecimiento de la cultura nacional.

Y aún más, el derecho a formular y contribuir a formular las políticas estatales con sus propios puntos de vista y en particular las políticas de desarrollo en el ámbito nacional. Todo esto es posible en Bolivia, desde que Evo Morales, un indio aymara, asumió la presidencia de Bolivia y encarna un antes y un después, tras 500 años de racismo colonial y pos colonial, que reivindica y rescata las antiguas culturas indígenas.

De hecho, este derecho apunta a una relación no siempre bien resuelta en la historia jurídica entre el derecho nacional, vigente y el derecho consuetudinario, positivo. En el Estado moderno existe el derecho escrito y la legislación es la más importante de las fuentes normales del derecho. Para que se reconozca una costumbre es indispensable una práctica social reiterada y la convicción grupal de que dicha práctica es obligatoria. El reconocimiento de los derechos, mencionados anteriormente, conduce directamente a la aceptación del derecho consuetudinario indígena, que hoy día tiene una vida marginal respecto a la práctica oficial pero, a las cuales recorren las comunidades indígenas enfrentando y resolviendo muchos de sus litigios cotidianos, aplicando la costumbre y la sabiduría colectiva que encarnan las autoridades reconocidas, como los consejos de ancianos. (7)

Como parte importante de la vigencia efectiva del derecho consuetudinario indígena - que debería ser reconocido expresamente por el Estado como norma supletoria, en algunos casos, o como norma directa y efectiva, en otros -, se encuentra, también, el derecho del indígena a la protección jurídica en igualdad de condiciones. Ello supone, por lo menos, dos niveles diversos en los que la igualdad formal/material se manifiesta:

por un lado, la aplicación de "la costumbre" o normas tradicionales para dirimir un conflicto o castigar un delito, apoyada en la diferencia cultural; por el otro, el uso del idioma nativo en la sustanciación del juicio, a fin de que los derechos del enjuiciado puedan ser respetados plenamente.

 
 
2. La Constitución, las legislaciones nacionales y el derecho internacional.
 
El carácter conflictivo y difícil de esa condición relacional llena de nuevos contenidos la llamada cuestión étnica en América Latina. Un amplio movimiento constitucional y legal ha empezado en la región, también basado en las consideraciones relativas a los derechos de los pueblos indígenas en América Latina, aprobadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 26 de febrero de 1997 (OEA).

a. En primer lugar, diversos gobiernos de América Latina, unos más sensibles que otros, han constatado el fracaso de todas las políticas indigenistas utilizadas hasta ahora, en el fracaso integrista: por un lado, porque los pueblos indígenas siguen pobres y humillados; y por la otra, porque ahora han cobrado nuevas formas de conciencia sobre su situación y sobre su fuerza. He aquí la expresión de una extrema debilidad del Estado nacional constituido en el siglo XIX bajo égida de ideas liberales.

b. En segundo lugar, porque las políticas de integración social y nacional, formuladas y articuladas necesariamente a los proyectos de desarrollo, no tendrán éxito sin la participación de toda la población nacional, como ejecutores y como beneficiarios del progreso y la modernización. La conciencia de este déficit ha movido crecientemente a modificaciones sustantivas en la manera de enfrentar la cuestión étnica. En otras palabras, no es posible la modernización de la sociedad sí en su interior persisten o se estimulan enclaves de pobreza, atraso y exclusión. La pobreza y la marginalidad imponen, tarde o temprano, límites al desarrollo nacional y la población indígena ocupa el centro de esa situación límite.

c. En tercer lugar, por la dimensión política que hoy más que nunca tiene la exclusión indígena, ya que las violaciones a los derechos humanos ocurren, básicamente, aunque no sólo, con los indígenas. Esta situación se produce en relación con los derechos de primera, segunda y tercera generación. De ahí que se considere que la vida democrática no tendrá asidero ni permanencia sin la conversión del indígena en “ciudadano indígena”. Para lograrlo, evidentemente, son insuficientes los reconocimientos formales de la Constitución y las leyes regulares. La constitución de ciudadanías no ocurre sólo en el espacio jurídico sino en el social. Y sólo adquiere pleno sentido en lo político.

d. Sin embargo, hay un cuarto factor, de naturaleza externa, que apunta a la importancia que adquiere en los últimos tiempos la toma de conciencia de los organismos de Naciones Unidas, de gobiernos extranjeros y de organizaciones no gubernamentales internacionales, en favor de los derechos humanos, en general y de los indígenas particularmente. Ya no es el problema primario, que movió a la Liga de las Naciones, en los años posteriores a la I Guerra Mundial, a pronunciarse sobre los "derechos" de las minorías o la lucha genérica contra la discriminación racial. El universo jurídico internacional está lleno de acuerdos contra la discriminación. De hecho, existen numerosas declaraciones que contienen formulaciones originales sobre el tema, tales como la Declaración de 1993 como Año Internacional de las Poblaciones Indígenas, Resolución 45/164 de la XLV Asamblea General de la ONU, las declaraciones de la Primera y Segunda Reunión de Pueblos Indígenas, Guatemala, mayo de 1993 y México, octubre de 1993 respectivamente.

En una toma de conciencia directa y clara sobre los derechos humanos de las poblaciones indígenas, se precisa que la concreción ecuménica de estos derechos se encuentra en el convenio 169 de la OIT que analizaré en el próximo capítulo, junto con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (10 de diciembre de 1948) y la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas promulgada el 13 de septiembre de 2007. Esta Declaración Universal de Derechos de los Pueblos Indígenas, elaborada en diciembre de 1994 por el Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas de la Organización de Naciones Unidas, fue finalmente aprobada el 29 de junio de 2006 en Ginebra, por 30 votos a favor, 12 abstenciones y 2 votos en contra (Canadá y Rusia).

No hay ninguna duda que en el Derecho Internacional y por ello, en el Derecho en general, las nociones de pueblo, territorio y autonomía están vinculadas, ya que una remite a la otra y, en consecuencia, la respuesta a tales cuestiones debería ser única y unitaria. Por eso, el reconocimiento del pueblo indígena - por ser portador de una cultura propia -, no puede hacerse desconociendo el derecho al territorio y este carece de significación si sobre el mismo no se pueden ejercer actos de gobierno propio.

La compleja respuesta sólo puede enfrentarse sí se atiende tanto a la naturaleza misma del derecho, protección de intereses de la comunidad para asegurar la convivencia pacífica, ordenada y satisfactoria - el bien común y el vivir bien -, como respetando las más profundas tradiciones nacionales, la realidad de la estructura económico-social, cultural y política. (8) De ahí que no hay soluciones uniformes o respuestas simples a la complejidad de estos problemas.

Los derechos humanos han sido formulados siempre en una dimensión internacional. Forman parte del derecho internacional pero su realización sólo puede producirse en el interior de una sociedad, donde los individuos son los titulares de un derecho a la vida, a la seguridad y a la dignidad. Esto remite a las relaciones entre el derecho internacional y el derecho nacional en la protección de los derechos humanos. (9) En opinión del experto de derecho internacional Volio, en las soluciones que las constituciones han adoptado para integrar el derecho internacional al ordenamiento jurídico interno, lo que más importa para el tema de los indígenas es la aceptación judicial de los instrumentos internacionales sobre derechos humanos como legislación nacional vigente.

Volio sugiere la necesidad de difundir entre la comunidad judicial el valor normativo de los tratados sobre derechos humanos, como una categoría del derecho nacional. Su propuesta es que los convenios internacionales, ratificados nacionalmente, pueden ser aplicados de manera inmediata, automática, por los jueces. En la aplicación de la ley, Volio distingue discriminaciones por sub-inclusión y sobre-inclusión, según se discrimine a personas que, - por su igual posición frente a la ley -, deberían ser tratados como iguales y así no ocurre, o cuando se trata como iguales a quienes no lo son en la aplicación del derecho.

Estos criterios de interpretación son importantes en la aplicación de la ley común a los indígenas. Afirma que el “derecho consuetudinario indígena” tiene las mismas características que el “derecho escrito occidental”, "para solucionar conflictos y producir armonía en el grupo" y considera particularmente grave el tema del derecho penal, basado en valores que la sociedad occidental estima, pero que no sucede así con las comunidades indígenas. La pregunta clave es si el derecho dominante es realmente la última etapa del desarrollo jurídico actual, pensando en que hay, también, un colonialismo jurídico. (10)

Finalmente, otro constitucionalista Bartolomé Clavero plantea los problemas constitucionales que supone el reconocimiento de los derechos indígenas como derechos colectivos, sin olvidar que ellos, los indígenas, también tienen derechos individuales. Entiende que el problema básico es de cultura y jurisdicción; sí el primero apunta a la pluralidad de derechos, el problema reside en quien puede ser competente para resolver los conflictos particulares, para amparar derechos individuales concretos. Afirma categóricamente que sólo las jurisdicciones pertenecientes a la propia cultura, han de ser las competentes. (11)

 
 
3. El Convenio sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, de la OIT - número 169 (1989).
 
El Convenio 169 constituye, esencialmente, un documento básico y suficientemente exhaustivo para convertirse en un espacio de negociación, ya que su contenido refleja el estado en que se encuentra el debate internacional acerca del reconocimiento de los derechos indígenas. Se trata de un documento inspirado en el respeto a las culturas, las formas de vida y la organización tradicionales de los pueblos indígenas y que establece los mecanismos adecuados para darle cumplimiento nacional. El Convenio puede ser analizado desde diversas perspectivas, una de las cuales tiene relación con los cinco derechos, cuya síntesis he presentado en la 1ª parte.

Es importante señalar como el movimiento normativo sobre los derechos de los pueblos indígenas ha avanzado rápidamente; más que en la legislación nacional, ha ganado profundidad en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, a partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Lo específico de los derechos indígenas ha seguido otra secuencia, aunque existen numerosas Convenciones o Pactos que se refieren a aspectos particulares que tienen que ver con los indígenas, tales como aquellos que abordan los problemas de la cultura, la discriminación racial y la autodeterminación. (12)

Sin embargo, en el horizonte internacional de los derechos indígenas, las preocupaciones de la Organización Internacional del Trabajo, han marcado una señal definitiva. El antecedente del convenio 169, que constituye hoy día la referencia fundamental en relación al reconocimiento Internacional a los derechos de los pueblos indígenas, es el conocido como el Convenio 107 (del 5-VII-57), propuesto por la OIT sobre Poblaciones Indígenas y Tribales y que, por vez primera, estableció normas vinculantes de respeto de los diferentes intereses indígenas; y mantenía todavía un tono paternal y limitativo de las demandas de la población indígena. Después de un largo esfuerzo se logró redactar un Proyecto que fue finalmente aprobado. En Junio de 1989, la Conferencia General de la OIT aprobó el Convenio 169, con 328 votos en favor, uno en contra y 49 abstenciones.

a. En el artículo 1° del Convenio, al establecer el ámbito de su aplicación, se hacen referencias a la población indígena, excluyendo de manera cuidadosa toda mención a la noción de pueblos; es explícito el texto cuando indica que lo de población indígena "no deberá interpretarse en el sentido de que tenga implicación alguna en lo que atañe a los derechos que pueda conferirse a dicho término en el Derecho Internacional." Se trata, como se ha venido indicando, de un concepto de difícil aceptación por parte de los Estados signatarios, por las consecuencias no sólo legales, sino políticas, que de ahí podrían deducirse.

En realidad, es el Derecho Internacional el que, hasta hoy, identifica o relaciona el término "pueblo" con el concepto de "nación", e incluso, de Estado. En este punto, es necesario reiterar la importancia de la conciencia de la identidad indígena, pues "el ámbito de aplicación" hace referencia a la población que aún mantenga y practique los rasgos sociales y culturales que los distinguen del resto de la sociedad. La definición de lo indígena no corresponde en consecuencia a ningún grupo político, ni siquiera al Estado, sino a los propios ciudadanos que se definen como indígenas.

b. Lo relativo a la tierra y al territorio está contenido ampliamente en los arts. 13 al 19 del Convenio y constituye un notable adelanto en la legislación internacional. La tierra está lejos de ser solamente un medio de producción económica para la población indígena en América Latina, pues constituye, sobre todo, el asiento de valores espirituales y culturales y simbólicos. No es un derecho, o no solamente el valor propiedad o posesión es lo que importa. Esa es la razón por la cual se habla de tierra y de territorio, porque así se hace referencia a la totalidad del hábitat de las regiones que los pueblos indígenas ocupan o utilizan. Se reconoce así tanto un derecho colectivo corno un conjunto de valores y relaciones sociales que constituyen la trama intima de la cultura indígena.

Aún más compleja es la recomendación de asegurar la posesión de las tierras tradicionalmente ocupadas y la restitución de las que les han sido ilegalmente usurpadas, pues esto roza directamente con la actual estructura de la propiedad agraria, constituida en su inmensa mayoría sobre la base del saqueo, el robo y la violencia contra los propietarios indígenas. Sobre este tema, la bibliografía es tan amplia como la calidad del despojo, pero se trata de un status quo ampliamente legalizado y soporte del orden político legitimado. (13)

c. El Convenio no contiene de forma explícita el reconocimiento a la autodeterminación, con esa denominación o alguna parecida; no podría hacerlo dado el carácter de la OIT y lo que el convenio se propone. No obstante, más que una lectura cuidadosa, una interpretación apropiada podría encontrar la razón de fondo de este derecho colectivo, sobre todo sí se consideran las variadas situaciones nacionales e intranacionales.

Sin embargo, desde el Preámbulo mismo del Convenio se habla de la necesidad de que los pueblos controlen sus propias instituciones, y a lo largo del texto se insiste en la participación efectiva, pero dentro del marco del Estado en que viven. Se insiste en varios momentos en la participación y colaboración en las acciones estatales, por parte de los pueblos, es decir, hay propuestas operativas en que se plantean formas prácticas de gobierno propio.

d. Lo relativo a la tierra y al territorio está contenido ampliamente en los arts. 13 al 19 del Convenio y constituye un notable adelanto en la legislación internacional. La tierra está lejos de ser solamente un medio de producción económica para la población indígena en América Latina, pues constituye, sobre todo, el asiento de valores espirituales y culturales y simbólicos. No es un derecho, y no solamente el valor propiedad o posesión es lo que importa. Esa es la razón por la cual se habla de tierra y de territorio, porque así se hace referencia a la totalidad del hábitat de las regiones que los pueblos indígenas ocupan o utilizan. Se reconoce así tanto un derecho “colectivo” corno un conjunto de valores y relaciones sociales que constituyen la trama intima de la cultura indígena.

e. El “derecho consuetudinario” se encuentra reconocido de diversas maneras. En general, el Art. 8° reconoce el derecho de conservar costumbres e instituciones propias relativas a la normatividad colectiva, con la salvedad de asegurar el respeto y la compatibilidad con los derechos definidos por el sistema jurídico nacional o los derechos humanos internacionalmente reconocidos. (14)

El Convenio es sensible a las diferencias culturales, económicas y sociales, que puedan tener resultados adversos en la calificación de un delito o la imposición de una pena y, en general, al riesgo de mantener situaciones de injusticia secular para los indígenas, en el marco de una estructura jurídica distinta y hasta adversa. Se señala de diversas formas la preferencia por el derecho consuetudinario indígena, no sólo en situaciones excepciones sino en casos genéricos de indefensión de hecho, guiadas por lo que Durkheim llamó el derecho restitutivo. La parte relativa a las modalidades de uso del derecho indígena y de la legislación nacional hace del Convenio un instrumento realmente útil en provecho de una nueva juridicidad.

f. Los primeros artículos del Convenio y, en general, todo el texto, están profundamente animados por la doble voluntad de promover, tanto que el Estado consulte a los indígenas, como que estos participen en todo aquello que atañe a sus vidas, a su destino, a su existencia social, material y espiritual. El Convenio insta a la plena cooperación entre ambos y, en consecuencia, al reconocimiento previo de valores, prácticas sociales, culturales y religiosas propias de los pueblos indígenas y otros aspectos que aparecen cuidadosamente estipulados.

En una perspectiva general hay que reconocer que los indígenas tienen a su disposición, una vasta serie de derechos individuales y las legislaciones nacionales latinoamericanas, en ese sentido, están plenas de garantías de participación formalmente establecidas. Pero el derecho indígena no es de carácter individual, sino que apunta al derecho del “pueblo” a participar o ser consultado mediante procedimientos apropiados y, en particular, a través de las instituciones representativas indígenas.(15)

Los Estados latinoamericanos que han suscrito el Convenio, lo han hecho aceptándolo como tratado internacional, lo que significa que pasa a formar parte de la legislación interna, cuya obligatoriedad está implícita, aunque esto no sea cierto. Por ello, hay al menos dos variantes: la suscripción general del mismo por parte del poder legislativo o, haciéndolo así, se mantienen algunas reservas de carácter técnico-constitucional. Sin embargo, no debería olvidarse que la OIT tiene facultades para vigilar que se cumpla el convenio.

Para finalizar es interesante citar dos experiencias, en que se declara la constitucionalidad del Convenio y su conveniencia de que sea ratificado, en un caso, o utilizado ampliamente en el otro. La Corte de Constitucionalidad de Guatemala, en abril de 1995, concluyó que en el Convenio "no existen disposiciones que puedan considerarse incompatibles con el texto constitucional... pues el citado Convenio sólo puede producir las consecuencias favorables que se previeron para promover el respeto a la cultura, la religión, la organización social y económica y la identidad de los pueblos indígenas de Guatemala, así como la participación de ellos en el proceso de planificación, discusión y toma de decisiones sobre los asuntos propios de su comunidad”. (16)

En el caso de Colombia, que ratifico el Convenio, un documento de 1993 sobre su aplicación, no solamente reconoce que "conforme la Constitución de 1991, los tratados y convenios internacionales ratificados por el Congreso, que reconocen los derechos humanos...prevalecen en el orden interno", sino que señala la importancia del Convenio y los esfuerzos del Estado y de los indígenas para asegurar la plena vigencia de los derechos de este sector de la población nacional. El documento constituye una valiosa fuente argumental en favor del Convenio. (17)

 
(12)Una lista completa de estos documentos aparece comentada en Stavenhagen, R., Derechos indígenas y derechos humanos, ob.cit. Serie: Estudios básicos de derechos humanos. - (13) Lee Swepston hace un excelente resumen de los antecedentes y del contenido del Convenio, en: "A new step in the International Law on Indigenous and Tribal Peoples: ILO Convention No. 169 of 1989" en: Oklahoma City University Law Review, Vol. 15, Nº. 3, Fall, 1990. También se encuentra una buena presentación pedagógica del Convenio, en INI, Derechos Indígenas: Lectura comentada del Convenio 169 de la OIT, preparado por Magdalena Gómez, México, 1995. Serie: Estudios Básicos de Derechos Humanos. Consideraciones sobre la Condición Indígena en América Latina y los Derechos Humanos indígenas. El Estado debe guiarse en la calificación oficial por lo que la población indígena decide. - - (14) Para ampliar la comprensión técnica y para fines prácticos de esta sección del Convenio, es útil el texto de Swepston, Lee: "An examination of the land rights, provisions of the Indigenous and Tribal Convention Nº. 169", mimeo, s/f. Vease también en Plant, Roger: Los derechos de los pueblos indígenas y tribales sobre la tierra en los países en desarrollo, que contiene un estudio sobre cuestiones de legislación y propuestas referidas al problema de la tierra. Documento de Trabajo, OIT, Ginebra, 1991. Véase también: "El Derecho Comparativo Indígena en América", resultado de un Taller sobre el derecho indígena, realizado en Quito, mayo, 1990, en la recopilación “Identidad y derechos de los Pueblos Indígenas: La cuestión étnica 500 años después”, INCEP, Documento de Debate Nº 47/48, Guatemala, 1993, y el documentado "Aiban Wagua", en G. Bonfil Batalla, Utopía y Revolución... ob. cit., y diversas partes del libro “Derechos Indígenas en la Actualidad”, del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, México, 1994. - - (15) F. Volio Echeverría, "Garantías Constitucionales de Protección de los Derechos Humanos", II DH, San José, s/f. En este ensayo hay una cuidadosa presentación de todos los derechos que los indígenas tienen como ciudadanos. - (16) Corte de constitucionalidad, Opinión Consultiva relativa al Convenio 169, de la OIT, Guatemala, 1995. - - (17) R. Roldan Ortega, Convenios de la OIT sobre Indígenas en Colombia, experiencia y perspectivas de su aplicación, Oficina Regional para América Latina y el Caribe, OIT, Santa Fe de Bogotá, Nov. 1993. Serie: Estudios Básicos de Derechos Humanos. Consideraciones sobre la Condición Indígena en América Latina y los Derechos Humanos.
 
 
5. Un concepto controvertido: Mistificación en torno de la Pachamama
 

Los rituales que buscan en textos históricos y antropológicos el concepto de “pachamama”, parecen reivindicar la irrupción de la “pachamama” en la realidad latino-americana, dando cuenta que “el indígena” seria el “ecologista natural”, destinado a proteger la tierra de la agresión humana y a favorecer el desarrollo de “armonía ancestral”, “pureza primitiva” y “autenticidad cultural”.

La lucha de los indígenas por la posesión de la tierra – que ya tiene varios siglos - ¿no sería pues necesariamente sinónimo de lucha por la madre Tierra?”.

A la hora de asumir en Bolivia, el 21 de enero de 2006, Evo Morales agradeció la Pachamama por su victoria y el 22 de abril de 2010, en la ciudad de Cochabamba, el mismo Morales invitaba a sus invitados – representantes de asociación ecologistas, políticas y anti-globalistas – a defender la madre Tierra, exclamando: “Pachamama o muerte”.

Ahora, como observa la etnóloga Antoinette Melanié, en América Latina “hace apenas 30 años se hablaba muy poco de la Pachamama”. (18)

De hecho, en los Andes, la Pachamama tradicionalmente nombra a una divinidad que provoca tanto la sequía como la fertilidad, que es a la vez amenazante y ávida de sacrificios humanos. “Pacha” marcaría un campo semántico amplio que incluye los ciclos del tiempo, del espacio y de la tierra, y “mama” envía a la noción de autoridad, que no es específicamente femenina”. (19) Además, como observa la antropóloga peruana Maria de la Cadena: “La población urbana y mestizada “desprecian la etiqueta de “indio”, utilizada como sinónimo de pobreza. Cuando se la asocia a la veneración de la “madre tierra”, esta etiqueta la seduce un poco más, acercándolo un poco más a sus raíces” (20).

El peligro, en esta “pachamamización” del discurso ecologista, puede conducir a los movimientos populares indios - “indio” como ser real en relación a “indígena”, termino des-ideologizado, purificado de su contenido peyorativo -, a reducir el alcance político y social de sus reivindicaciones. La declaración final de Cochabamba sugiere que para poner un fin a la destrucción del planeta, el mundo debe no sólo “redescubrir y volver a aprender los principios ancestrales y los modos de los pueblos indígenas”, reconociendo a la madre tierra, derechos propios.

Sin embargo, no sólo no existe dicotomía entre la sociedad humana y la naturaleza, sino, como señalaba el socialista peruano Alberto Flores Galindo en 1986, la sabiduría ancestral de las poblaciones indígenas habría sido igualmente fuertemente perturbada por el advenimiento del capitalismo, el cual procedió “al desarraigo y a la destrucción de las sociedades rurales y del mundo tradicional”. (21) - Por los tanto, pensar las transformaciones en sentido ecologista parece demasiado reductivo, ya que, más que defender los derechos de una hipotética “Madre Tierra”, hay que “modificar las formas de organización social que han producido los cambios y las injusticias”. (22)

Desde el punto de vista occidental, el pensamiento de dos pensadores excéntricos como Gregory Bateson y James Lovelock ha demostrado como nada menos que la “ideología ecologista” se separa de los dogmas de las modernas religiones del hombre. El hecho que los ecologistas pongan en el centro de su pensamiento la “naturaleza”, responde a una concepción de la naturaleza como frágil, débil y próxima a extinguirse a causa de los ultrajes de la ciencia y la técnica, que surge de la moderna visión antropocéntrica, al igual que la convicción de quien nos invita a expandir aún mas nuestro dominio sobre la naturaleza.

Por el contrario, Lovelock y Bateson nos presentan la imagen de una Madre Naturaleza para nada frágil ni amenazada de extinción, sino la una madre terrible y completamente indiferente respecto a nuestro destino: si queremos que nos conceda la gracia de convivir con ella durante todo el tiempo que nos asigna nuestro potencial evolutivo de espacie. De hecho, James Lovelock nos devuelve la imagen del planeta viviente – Gaia, la nueva gran diosa madre – dando sentido a la figura divina de un impersonal espíritu vital de la Tierra. (23) Desde este punto de vista la naturaleza no muere. Podemos talar millones de hectáreas de bosque, pero, así como existía millones de años antes que nosotros, seguirá existiendo millones de anos después de nuestra extinción.

En efecto, sólo la distancia puede ayudarnos a observar el rostro “terrible” de una Madre Naturaleza despiadadamente indiferente a nuestro destino, como lo que Lovelock ve encarnada en Gaia. Así como una buena dosis de distancia es necesaria para encontrar el camino de la gnosis indicado por Bateson, es decir, para lograr concebirnos a nosotros mismos ya no como “individuos”, sino como sub-entidades de sistemas de aprendizaje cada vez más complejos. -

 
 
CONCLUSIONES
 
El continente latino-americano, marcado a sangre y fuego por la interrupción del capitalismo genocida y saqueador de la tierra desde 1492, gestó profundos movimientos revolucionarios libertarios y populares, por parte de los hermanos originarios, africanos esclavizados y americanos oprimidos. En reflexionar sobre el bicentenario que se celebra en estos años en muchos países de América Latina, es necesario recuperar ese patrimonio de saberes y rebeldías, de historias y culturas silenciadas.

Hay una mirada retorica oficial y una oficiosa que platea un máximo de fiesta y un mínimo de reflexión colectiva. Y existe otra mirada colectiva de la memoria histórica, en particular de participación activa de los sectores populares. Y existe otra mirada, que quiere recuperar los valores indígenas, afro-descendientes, gauchos y criollos, que se comprometieron con sus pueblos, aunque perdieron la batalla. El otro bicentenario – el bicentenario de los pueblos originarios -, propone pensar ideas y acciones, convirtiendo a todos en protagonistas colectivos de las trasformaciones pendientes, dentro del reconocimiento de la diversidad cultural, que los pueblos indígenas intentan hacer reconocer.

Dentro de esta lógica, no solamente el Estado, sino también todas las organizaciones de la sociedad, imponen una cierta invisibilidad a los pueblos originarios y no acompañan en gran medida a sus reivindicaciones. Se acompañan mucho más las situaciones en las que hubo violación a los Derechos Humanos o cuando hay conflictos, sin pensar que el primer derecho que se viola en el caso de los pueblos originarios, es el derecho colectivo, el derecho al territorio, al reconocimiento y a la autonomía de los pueblos. Esa es la gran riqueza que tienen los Pueblos Originarios para aportar a una nueva construcción, en donde la diversidad cultural sea un espacio de encuentro y de crecimiento y no un problema.

De hecho en el mes de junio de 2009, muchas comunidades de Pueblos Originarios se reunieron en Buenos Aires para elevar una carta con respecto al reclamo de un Estado Plurinacional. Por lo tanto, es indudable que deben modificarse los enfoques sobre los derechos de los pueblos indígenas a la luz de las nuevas dinámicas de integración y exclusión, participación y marginalidad. Una nueva civilización se abre base con la tecnología más avanzada a la cabeza del cambio. Una radical modernización se impone como desafío, planteando alternativas de incorporarse a la misma o reproducir aún más el atraso.

Esto plantea un serio reto a las sociedades latino-americanas y, especialmente, a aquellas donde la población indígena es numerosa, pues es esta población la que padece los mayores índices de exclusión y pobreza. Este es el mayor desafío para el desarrollo de los derechos de los pueblos indígenas. ¿Cómo construir, entonces, la modernidad indígena manteniendo su identidad?

Quedarse sólo con el pasado es reivindicar el atraso. El eje central de todo ello radica en la necesidad de renovar la identidad indígena en función de su carácter de grupo étnico moderno, es decir, a partir de la definición de su propia dimensión cultural al inicio del milenio, como configuración histórica, que no se apoya en el pasado como única referencia.

El fenómeno más importante de la actualidad es de índole cultural y no necesariamente sólo económica. Se trata de establecer con mayor precisión los desafíos en la forja de una identidad nacional entre los diversos componentes, diferentes entre sí, que constituyen la realidad de la cual partimos. Se habla de desafíos porque el país profundo tiene que reconciliarse con el país oficial si se continúa hablando con convicción de democracia, desarrollo humano y modernidad.

Estas categorías son puentes tendidos entre ambos universos, distantes y ajenos, irreconciliables en la definición de una patria común hasta hoy en día. La democracia no será solamente formal y elitista, sino de sus ventajas y de su productividad tienen que beneficiarse todos, incluyendo a los ciudadanos indígenas. El desarrollo humano, que proclama la dignidad del hombre como el centro del desarrollo y de todo logro material del crecimiento, no puede limitarse a declaraciones de buenas intenciones.

La modernidad exige que todos los ciudadanos de cada país tengan el mínimo de factores resueltos. Es evidente que los criterios occidentales de bienestar material no son suficientes u oportunos para definir lo que es el bienestar, la prosperidad, el progreso. Este interrogante impone la pregunta según la cual las diferencias culturales se perpetuán porque los pueblos originarios no han estado suficientemente dispuestos a adquirir las ofertas tecnológicas, los valores y las conductas competitivas de la civilización industrial. El problema es que los valores materiales de la civilización industrial no son valores universales, como lo demuestra la cultura indígena que expresa valores diferentes y por lo tanto no hay que exponer esta cultura a una forzosa asimilación.

Debe terminar la tenebrosa miseria de la mayoría de los indígenas. Debe terminar el abismo que separa y debilita la constitución de una sociedad nacional, que debe abrirse a un Estado nacional para todos. No pueden, a esta altura del siglo XXI, mantenerse las divisiones, los prejuicios y discriminaciones, el racismo social difuso, es decir, el que se transmite de manera inconsciente, por la comunicación oral, por el gesto o por la conducta negativa, expresando una mentalidad racista y discriminatoria. Sin embargo, la cuestión indígena y los indígenas mismos empiezan a aparecer en el horizonte cultural de todos y ya no hay forma de pararlos.

(24) Todos estos factores explican los cambios que han empezado a ocurrir en el ambiente legal y político de la región. Una revisión rápida de estos cambios recuerda que hoy día, las Constituciones de Argentina, México, Nicaragua, Colombia, Paraguay, Guatemala, Brasil, Panamá, Perú, Bolivia y Ecuador hacen algún tipo de reconocimiento al carácter multiétnico de sus sociedades. Estos países y otros, como Venezuela, El Salvador, Honduras, Chile, Belice, Surinam, etc., han promulgado legislaciones destinada a reconocer y proteger ciertos derechos, aunque quedan muchas veces en el papel y no son realmente implementados.

Así mismo hay otra categoría de países que tienen entre un 10 y un 2% de poblaci6n indígena, donde estarían, entre otros, Honduras, México, Chile, Panamá, Nicaragua, Paraguay, Colombia, Venezuela, etc. Los países con menos del 1% de población indígena son, entre otros, Costa Rica, Argentina, Brasil, Uruguay y las islas del Caribe. (Fuente: Jordán, 1990, III – FAO).

En relación a México y Bolivia, precisamente en aquellos primeros años de 1990 se cumplían cinco siglos de la invasión española y europea, que sus habitantes llamaban Abya Yala y que los invasores llamaron América. Tal circunstancia animó un proceso de recuperación de la identidad indígena originaria que se expresó en múltiples maneras: desde la sublevación del ejército zapatista de Liberación Nacional (EZln) en 1994 en México, pasando por la Republica Bolivariana de Venezuela hasta la Revolución democrática cultural, en 2005, a Bolivia.

Una nueva teoría se estaba escribiendo en la acción de los humillados por la historia: exigían sus derechos, reclamaban sus propiedades, demandaban sus propiedades y sobre todo, demandaban el reconocimiento de su identidad enterrada durante tanto tiempo, junto con la liberación de la tierra y de la sociedad. Más que una alianza de clases sociales, era la alianza de la sociedad con la tierra que habita.

En Bolivia este proceso inició justamente en 1991 con una extraordinaria marcha de los pueblos indígenas, que recorrió gran parte del país, llegando a La Paz, pidiendo tierra y territorio, tierra para cultivar y territorio para vivir. El gobernante de turno prometió, pero no cumplió. Se sucedieron entonces otras marchas, la convocación de una Asamblea Constituyente y una nueva constitución política.

En 2000, durante la guerra del agua que protagonizaron todos los habitantes de Cochabamba, comenzó a concretarse la unidad del pueblo boliviano. Esa acción se extendió hasta las elecciones de 2005, cuando Evo Morales fue elegido presidente de la Republica, con la misión de refundar el país. Recuperar la tierra y sus riquezas ha sido el primer paso, pero la componente social es esencial, en función de la recuperación de la identidad de los pueblos originarios, ensamblando el componente cultural hacia un proceso de cambio. Pensar en Bolivia, para el congreso del MAS y para el país, es poner un gran debate: la perspectiva revolucionaria para América Latina.

En febrero 2009 ha sido promulgada la nueva Constitución de Bolivia, que en el articulo 2 así afirma: “Dada la existencia pre-colonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales, conforme a esta Constitución y la ley”. Asimismo, la Constitución de Bolivia, en los artículos 30, 31 y 32 establece los derechos indígenas, determinando desde la noción de nación y pueblo, al derecho, entre otros, a la propiedad intelectual colectiva de sus saberes y ciencias, así como al ejercicio de los sistemas políticos, jurídicos y económicos acorde a su cosmovisión, de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y de las comunidades interculturales y afro-bolivianas que en conjunto constituyen el pueblo boliviano (art. 3).

Dejando en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal, el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías, Bolivia asume el reto histórico de construir colectivamente un Estado fundado en el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país, integrando y articulando los propósitos de avanzar hacia una Bolivia auténticamente democrática, portadora e inspiradora de paz.

 

NOTAS:

1. A. Quijano, Colonialidad del poder, etnocentrismo y América Latina, en, E. Lander, La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, Perspectivas latino-americanas, Clacso, Buenos Aires, 2000

2. E. Dussel, El encubrimiento del otro. Hacia el origen del mito de la modernidad, Nueva Utopía, Madrid, 1992

3. F. Fanon, Los condenados de la tierra, FCE, Buenos Aires, 2001; Gabriella Bianco,

Epistemología del dialogo. Pensamiento del éxodo, Editorial Biblos, Buenos Aires, 2002

4. N. Maldonado-Torres, Sobre la colonialidad del ser: contribuciones al desarrollo de un concepto, en, S. Castro-Gómez y R. Grosfoguel, El giro des-colonial. Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global, Iesco-Pensar-Siglo del hombre Editores, Bogotá, 2007

5. A don José Medina Echavarría, español que vivió largos años en varios países de la región, se le considera el fundador de la moderna ciencia social latinoamericana. Su libro Consideraciones Sociológicas sobre el Desarrollo Económico, Solar/Hachette, Buenos Aires, 1964, hace referencia. La lucha “del pueblo profundo” como lucha de la América Latina indígena aparece también en los trabajos de Guillermo Bonfil Batalla, por ejemplo, en su Introducción a Utopía y Revolución. El Pensamiento Político Contemporáneo de los Indios en América Latina. G. Bonfil, (comp.). Nueva Imagen, México, 1981. Fuente: Serie: Estudios Básicos de Derechos Humanos. Consideraciones sobre la Condición Indígena en América Latina y los Derechos Humanos.

6. Véase la recopilación “Identidad y derechos de los Pueblos Indígenas: La cuestión étnica 500 años después”, INCEP, Documento de Debate Nº 47/48, Guatemala, 1993, que en sus casi 700 páginas contiene todas las declaraciones, discursos y acuerdos internacionales formulados a partir de 1986, así como el resultado de todos los encuentros regionales a raíz del V Centenario. En la última parte, aparece la “Visión de la Iglesia Católica”, incluyendo diversos mensajes papales.

Serie: Estudios Básicos de Derechos Humanos Consideraciones sobre la Condición Indígena en América Latina y los Derechos Humanos.

7. Sobre este tema contamos con la valiosa recopilaci6n de ensayos especializados, R. Stavenhagen y D. Iturralde D. (comps.) Entre la Ley y la Costumbre, El derecho consuetudinario indígena en América Latina, Instituto Indigenista Interamericano, Instituto Interamericano de Derechos Humanos, México, 1990.

8. Willemsen Díaz, ob. cit. Además, está el tema vinculado a la existencia y respeto de los derechos humanos, que sólo se da cuando existe la libre determinación, como lo establece Gross Espiell. Véase: El derecho a la libre determinación, Aplicación de las resoluciones de las Naciones Unidas. Documento de NU 8. 79 XIV. 5, New York, 1979.

9. Se trata del núcleo teórico de esa relación. Véase, por ejemplo, A. Cançado Trindade, "Reflexiones sobre la Interacción entre el Derecho Internacional y el Derecho Interno en la Protección de los Derechos Humanos", colección Cuadernos de Derechos Humanos 3-95, PDH Guatemala, 1995.

10. Cfr. F. Volio, Derecho Constitucional y Derecho Indígena, Documento de Consultaría, IIDH, San José, marzo, 1994, e Informe de la Relatoría, Taller de Consulta, Guatemala, marzo, 1994.

11. Clavero, B. "Derecho de la Sociedad Internacional: Introducción al Derecho de derechos humanos", mimeo, Sevilla, s/f. (18) Léase el artículo: El fantasma del pachamamismo, Le Monde diplomatique, febrero de 2011.

12. Una lista completa de estos documentos aparece comentada en Stavenhagen, R., Derechos indígenas y derechos humanos, ob.cit. Serie: Estudios básicos de derechos humanos.

 

13. Lee Swepston hace un excelente resumen de los antecedentes y del contenido del Convenio, en: "A new step in the International Law on Indigenous and Tribal Peoples: ILO Convention No. 169 of 1989" en: Oklahoma City University Law Review, Vol. 15, Nº. 3, Fall, 1990. También se encuentra una buena presentación pedagógica del Convenio, en INI, Derechos Indígenas: Lectura comentada del Convenio 169 de la OIT, preparado por Magdalena Gómez, México, 1995. Serie: Estudios Básicos de Derechos Humanos. Consideraciones sobre la Condición Indígena en América Latina y los Derechos Humanos indígenas. El Estado debe guiarse en la calificación oficial por lo que la población indígena decide. -

14. Para ampliar la comprensión técnica y para fines prácticos de esta sección del Convenio, es útil el texto de Swepston, Lee: "An examination of the land rights, provisions of the Indigenous and Tribal Convention Nº. 169", mimeo, s/f. Vease también: Plant, Roger Los derechos de los pueblos indígenas y tribales sobre la tierra en los países en desarrollo, que contiene un estudio sobre cuestiones de legislación y propuestas referidas al problema de la tierra. Documento de Trabajo, OIT, Ginebra, 1991. Véase también: "El Derecho Comparativo Indígena en América", resultado de un Taller sobre el derecho indígena, realizado en Quito, mayo, 1990, en la recopilación “Identidad y derechos de los Pueblos Indígenas: La cuestión étnica 500 años después”, INCEP, Documento de Debate Nº 47/48, Guatemala, 1993, y el documentado "Aiban Wagua", en G. Bonfil Batalla, Utopía y Revolución... ob. cit., y diversas partes del libro “Derechos Indígenas en la Actualidad”, del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, México, 1994.

15. F. Volio Echeverría, "Garantías Constitucionales de Protección de los Derechos Humanos", II DH, San José, s/f. En este ensayo hay una cuidadosa presentación de todos los derechos que los indígenas tienen como ciudadanos.

16. Corte de constitucionalidad, Opinión Consultiva relativa al Convenio 169, de la OIT, Guatemala, 1995.

- 17. R. Roldan Ortega, Convenios de la OIT sobre Indígenas en Colombia, experiencia y perspectivas de su aplicación, Oficina Regional para América Latina y el Caribe, OIT, Santa Fe de Bogotá, Nov. 1993. Serie: Estudios Básicos de Derechos Humanos. Consideraciones sobre la Condición Indígena en América Latina y los Derechos Humanos.

 

18. Léase el artículo: El fantasma del pachamamismo, Le Monde diplomatique, febrero de 2011.

19. Franck Poupeau, L`eau de la pachamama, L`Homme, Paris, 2011.

20. Maria La Cadena, Indigenous Mestizos: the Politics of Race and Culture in Cusco, Peru, 1919-1991, Duke University Press, Durham, 2000.

21. Alberto Flores Galindo, Buscando a un inca, Editorial Horizonte, Lima, 1994.-

22.David Harvey, The Nature of Environment: the dialectics of social and environmental change”, in, The Socialist Register, Londres, 1993.

23. James Lovelock, Gaia, Nuove idee sull`ecología, Boringhieri, Torino, 1979, y, Le nuove eta` di Gaia, Boringhieri, Torino, 1991).

24. Todos estos factores explican los cambios que han empezado a ocurrir en el ambiente legal y político de la región. Una revisión rápida de estos cambios recuerda que hoy día, las Constituciones de Argentina, México, Nicaragua, Colombia, Paraguay, Guatemala, Brasil, Panamá, Perú, Bolivia y Ecuador hacen algún tipo de reconocimiento al carácter multiétnico de sus sociedades. Estos países y otros, como Venezuela, El Salvador, Honduras, Chile, Belice, Surinam, etc., han promulgado legislaciones destinada a reconocer y proteger ciertos derechos, aunque quedan muchas veces en el papel y no son realmente implementados.

Así mismo hay otra categoría de países que tienen entre un 10 y un 2% de poblaci6n indígena, donde estarían, entre otros, Honduras, México, Chile, Panamá, Nicaragua, Paraguay, Colombia, Venezuela, etc. Los países con menos del 1% de población indígena son, entre otros, Costa Rica, Argentina, Brasil, Uruguay y las islas del Caribe. (Fuente: Jordán, 1990, III – FAO).

En relación a México y Bolivia, precisamente en aquellos primeros años de 1990 se cumplían cinco siglos de la invasión española y europea, que sus habitantes llamaban Abya Yala y que los invasores llamaron América. Tal circunstancia animó un proceso de recuperación de la identidad indígena originaria que se expresó en múltiples maneras: desde la sublevación del ejército zapatista de Liberación Nacional (EZln) en 1994 en México, pasando por la Republica Bolivariana de Venezuela hasta la Revolución democrática cultural, en 2005, a Bolivia.

Una nueva teoría se estaba escribiendo en la acción de los humillados por la historia: exigían sus derechos, reclamaban sus propiedades, demandaban sus propiedades y sobre todo, demandaban el reconocimiento de su identidad enterrada durante tanto tiempo, junto con la liberación de la tierra y de la sociedad. Más que una alianza de clases sociales, era la alianza de la sociedad con la tierra que habita.

En Bolivia este proceso inició justamente en 1991 con una extraordinaria marcha de los pueblos indígenas, que recorrió gran parte del país, llegando a La Paz, pidiendo tierra y territorio, tierra para cultivar y territorio para vivir. El gobernante de turno prometió, pero no cumplió. Se sucedieron entonces otras marchas, la convocación de una Asamblea Constituyente y una nueva constitución política.

En 2000, durante la guerra del agua que protagonizaron todos los habitantes de Cochabamba, comenzó a concretarse la unidad del pueblo boliviano. Esa acción se extendió hasta las elecciones de 2005, cuando Evo Morales fue elegido presidente de la Republica, con la misión de refundar el país. Recuperar la tierra y sus riquezas ha sido el primer paso, pero la componente social es esencial, en función de la recuperación de la identidad de los pueblos originarios, ensamblando el componente cultural hacia un proceso de cambio. Pensar en Bolivia, para el congreso del MAS y para el país, es poner un gran debate: la perspectiva revolucionaria para América Latina.

En febrero de 2009 ha sido promulgada la nueva Constitución de Bolivia, que en el articulo 2 así afirma: “Dada la existencia pre-colonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales, conforme a esta Constitución y la ley”. Asimismo, la Constitución de Bolivia, en los artículos 30, 31 y 32 establece los derechos indígenas, determinando desde la noción de nación y pueblo, al derecho, entre otros, a la propiedad intelectual colectiva de sus saberes y ciencias, así como al ejercicio de los sistemas políticos, jurídicos y económicos acorde a su cosmovisión, de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y de las comunidades interculturales y afro-bolivianas que en conjunto constituyen el pueblo boliviano (art. 3).

Dejando en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal, el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías, Bolivia asume el reto histórico de construir colectivamente un Estado fundado en el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país, integrando y articulando los propósitos de avanzar hacia una Bolivia auténticamente democrática, portadora e inspiradora de paz.

 

 

FIN
 
Breve CV de Gabriella Bianco, PhD
 
 
 

Gabriella Bianco se graduó en la Universidad de Trieste en Lingüística, Semiótica y Literaturas Comparadas y en la Universidad de Urbino en Filosofía, Educación y Psicología; finalizó sus estudios de posgrado en la Universidad de Toronto con una tesis dedicada a Antonio Gramsci, especializándose en Teoría crítica, estudiando con Habermas, Gadamer, McLuhan, Northrop Frye, Freire y Marcuse y obtuvo la Beca Fulbright en la Universidad de Columbia, graduándose en Filosofía Política y Ciencia Política en EE.UU.

Junto a una intensa actividad académica desarrollada en distintas Universidades del mundo (Australia, Canadá, USA, Italia, Kenya, México, Argentina, entre otras), enseñando filosofía política, historia de la filosofía y literaturas comparadas, ha sido directora y agregada cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia en Institutos de cultura de varios continentes.

Ha publicado libros y ensayos de temas filosóficos, éticos y literarios. Escribe para el teatro, el teatro-danza, la música contemporánea y el cine. Ha sido galardonada con varios premios por su actividad artística en Europa y en las Américas. Es Académica de Italia y miembro honorario de la Unión de artistas y escritores europeos en Roma (Italia).

Lleva adelante proyectos internacionales en los campos de la cultura, de la educación, del arte y de lo social, con las Naciones Unidas, la Unión europea, Canadem y otros organismos. Ejerce el periodismo para revistas de derechos humanos y de ética y colabora con proyectos de cooperación internacional en favor del diálogo intercultural, de la paz y de la no-violencia. Desde 2009 es Embajadora internacional de la Paz, en defensa de un mundo sin conflictos, por la autodeterminación de los pueblos.

Su amplia obra incluye:

- Educazione e politica (en el pensamiento de Paulo Freire). (Milano, 1975)

- Oh Lucky Country. Alla ricerca della verginitá perduta

(Sydney, 1981) (Roma, 1984)

- La transparencia del ser (Buenos Aires, 1990)

- ¿Dónde está la eterna primavera? Cesare Pavese y Franz Kafka

(Buenos Aires, 1991)

- Nest. Sonidos de la ausencia (Buenos Aires, 1992)

- Diálogo con el futuro: Carlo Michelstaedter (Bs. As., 1993)

- En el camino de la palabra (Buenos Aires, 1995)

- Mal`akhim - Angels -Angeli (Vancouver 1997) (Turín, 1998)

- Enigma al femminile (Castiglioncello, 1998)

- Drum Up the Moon (Vancouver, 1999)

- Casanova, ovvero la magica follia (Roma, 2000)

- Sólo tengo miedo equivocarme en mi muerte (Buenos Aires, 2001)

- Wolfgang & Magdalena (Roma, 2002)

- Wolfgang and Magdalena (Hollywood, 2003)

- Save Venice (Hollywood, 2004)

- Imágenes de la Argentina (Buenos Aires, 2004)

- Incendio (Porto Alegre, 2005)

- Wolfgang y Magdalena, un amor (Buenos Aires, 2006)

- Salvar a Venecia (Buenos Aires, 2007)

- Immagini da una poesia (Roma - Buenos Aires, 2009)

- Vertigo – Vertige (Argentina – Chile – Peru 2010 – 2011)

- MOZART AND MAGDALENA – USA (2011)

De la misma autora (en castellano):

- Cesare Pavese y Franz Kafka: sendas de exilio

Ediciones Epsilon, Buenos Aires, 1991

- NEST. La metafísica de la ausencia

Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1992

- Nadine Gordimer, o la palabra insuprimible

Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1992

- La hermenéutica del devenir en Carlo Michelstaedter

Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1993

- El extrañamiento del ser

Torres Agüero Editor, (2da edición) Buenos Aires, 1994

- En el camino de la palabra

Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1995

- El campo de la ética - mediación, discurso y práctica.

Coordinación de Gabriella Bianco

Edicial, Buenos Aires, 1997

- Epistemología del diálogo. Pensamiento del éxodo.

Editorial Biblos, Buenos Aires, 2002

- Búsquedas de sentido para una nueva política

Coordinación de Elisa Carrió y Diana Maffia

Paidós, Buenos Aires, 2005

- La amante de Mozart

Editorial Biblos, Buenos Aires, 2006

- La Impaciencia de lo absoluto

en Carlo Michelstaedter y Simone Weil.

Ediciones Suárez, Buenos Aires, 2007

- Implacables Ausencias.

Nach Congo und anderswohin.

Editorial Dunken, Buenos Aires, 2009

-Infinitas lunas. Infinite Moons, Infinite Suns

Editorial Dunken, Buenos Aires, 2010

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Deodoro Roca, el movimiento reformista universitario y la integración latinoamericana

por Hugo Biagini y Horacio Sanguinetti

Joaquín Victor González. De la “Republica verdadera” a la Universidad de La Plata

por Alejandro Herrero

Revolución Chavista

por Maximilien S.Arvelaiz

Breve reflexión sobre el poder

por Marcelo Colussi

Desigualdad, prehistoria, historia

por Guillermo Castro H.

Sentir y pensar el antiimperialismo

por Ángel Rodríguez Kauth

LA DEMOCRACIA EN EL CAPITALISMO EUROPEO Y GLOBAL: IMPLICACIONES PARA AMÉRICA LATINA

por Dr. Gabriella Bianco, PhD

Centroamérica después de la Guerra Fría

por Marcelo colussi

Hacia la hegemonía posneoliberal

por Emir Sader

Recuperar el debate estratégio

por Raúl Zibechi (LA JORNADA)

La universidad en Latinoamérica: Entre la Utopía y el lucro infinito

por Jorge Zavaleta Alegre

Los medios de comunicación en la coyuntura latinoamericana actual

por Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

Centroamérica: ¿hacia un nuevo equilibrio político?

por Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Neoliberales y “libertarios”

por Carlos Figueroa Ibarra

Las razones del equilibrio del sistema internacional

por Sergio Rodríguez Gelfenstein

La tercera “guerra fría” en América Latina

por Raúl Zibechi (LA JORNADA)

La libertad real requiere justicia

por Rafael Correa (Presidente de Ecuador)

Fundamentalismo y contrarreforma universitaria

por René Báez, Pontificia Universidad Católica, Ecuador

Hacia la Universidad del Sur

por Sirio Lopez Velasco (FURG, Brasil)

Fórmula política

por Luis E. Blacha (FLACSO)

LOS NEOPOPULISMOS LATINOAMERICANOS COMO REIVINDICACION DE LA POLITICA

por Roberto Follari (Universidad Nacional de Cuyo)

Poscapitalismo

por Silvia Rivera (UNLA)

Cobra actualidad un debate que se pretendió silenciar:

por Alicia Massarini et alia

Transgénicos

por María Luisa Pfeiffer, Universidad de Buenos Aires, CONICET

Darwinismo social

por Gustavo Vallejo (CONICET)

El escándalo de los agrocarburantes en los países del Sur

por François Houtart, Universidad Católica de Lovaina

Hugo Biagini: hacia una segunda independencia americana

por Rafael Ojeda

Interpretaciones de la crisis

por Claudio Katz

Entrevista a Hugo Biagini en las IX JORNADAS NACIONALES Hacer la Historia

por Mauricio Borel

Entrevista a Roberto Follari: “La democracia neopopulista es más democrática que la liberal"

por Marcelo Fernandez Farias

En Cuba hay un proceso democrático con una forma diferente de elección y participación

por Pablo Guadarrama

VARGAS LLOSA Y EL LIBERALISMO

por Hugo E. Biagini (CONICET-UNLa)

La causa de los rebeldes no es la causa de la América

por Daniel Morán

El compromiso público de los jóvenes reformistas del '18

por Fernando Andrada

Estrategia, inteligencia de la complejidad y perspectivas de liberación política y social

por Dr. Roberto Leo Butinof

La Democracia en América Latina: la alternativa entre populismo y democracia deliberativa

por Osvaldo Guariglia (CONICET)

Los inmigrantes latinoamericanos indocumentados en Estados Unidos y España

por Ernesto Barnach-Calbó Martínez

Sobre la Condición Indígena en América Latina: LAS VENAS DE AMERICA SIGUEN ABIERTAS

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas del Cono Sur)

CELAC Hacia el sueño de la patria grande

por Beatriz González de Bosio (Corredor de las ideas Asunción)

BIENVENIDA LA UNIÓN DE A. LATINA Y EL CARIBE

por Sirio López Velasco (Filósofo – FURG – Brasil)

La Constitución de Cádiz

por Gregorio A. Caro Figueroa (Todo es historia)

Esa izquierda que es de derecha

por Roberto Follari

Redes sociales, el dilema de la hegemonía y la contra hegemonía, los Estados Unidos y Latinoamérica

por Alejandro L. Perdomo Aguilera

La democracia: avances y retrocesos en nuestros días

por Rafael Cuevas Molina (Presidente AUNA-Costa Rica)

A la izquierda de lo posible

por Boaventura de Sousa Santos

Lucha mundial de clases: la geografía de la protesta

por Immanuel Wallerstein

La crisis civilizatoria y la utopía de la sociedad solidaria en Hinkelammert

por Jorge Vergara Estévez

Menosprecio de la libertad

por Gregorio A. Caro Figueroa

La generación Post Facebook

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

LA RECEPCIÓN DEL GEORGISMO ENTRE LOS INTELECTUALES DEL 900 ¿Un georgismo sin doctrina?

por Raquel García Bouzas

LOS DEBATES DE LOS JURISTAS RIOPLATENSES SOBRE LA CUESTIÓN SOCIAL A COMIENZOS DEL SIGLO XX

por Raquel García Bouzas

Proyecto de Declaración universal de la Democracia

por Federico Mayor / Karel Vašák

Borges y Perón polemizan sobre cultura nacional

por Torres Roggero, Jorge

CUANDO BOLIVAR DESPIERTA.

por Dr. Gabriella Bianco, PhD, LTO

Juan Locke y la construcción del liberalismo político

por Hugo E. Biagini

España: Los límites de la indignación

por Juan Diego García

La vigencia de la polémica entre el Che y Bettelheim sobre el socialismo

por Cristian Gillen

La invención del pasado

por Jorge Majfud

Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática

por Noam Chomsky

La Reforma Universitaria

por Gabriel Del Mazo (Comp.)

Decálogo de la Revolución

por Pablo Mora

Lo político y la interculturalidad

por Eduardo J. Vior (Universidad de Buenos Aires)

Del Genocidio en Guatemala

por Marta Elena Casaus

Introducción a la concepción ecomunitarista de la TV en el socialismo del siglo XXI

por Sirio López Velasco (FURG-Brasil)

MACHIAVELLI Y LA LIBERTAD POLITICA

por Dr. Gabriella Bianco , PhD bgculture

Controversia académica

por Edmundo Heredia (UNC y CONICET)

Una bandera sandinista entre Nicaragua y Frankfurt

por Daniel Kersffeld (IAEN)

La herencia de Prestes en las calles de Brasil

por Daniel Kersffeld (IAEN)

Un nuevo desafío para la Unasur

por Daniel Kersffeld (IAEN)

Sarmiento y el "caudillismo” (1868)

por Hernán Fernández (Universidad Nacional de San Juan)

Para una Declaración Universal de la Democracia

por Federico Mayor / Karel Vašák et al.

ARIEL EN EL SIGLO XXI: UNA INTRODUCCIÓN

por Sirio López Velasco (FURG, Brasil)

¿Neoliberalismo o neuroliberalismo? Emergencia de la ética gladiatoria

por Hugo E. BIAGINI y Diego A. FERNANDEZ PEYCHAUX

EL NEUROLIBERALISMO Y SU ETICA GLADIATORIA[1]

por Hugo E. Biagini y Diego A. Fernández Peychaux

¿Democracia o capitalismo?

por Boaventura de Sousa Santos

La integración latinoamericana en la hora decisiva

por Emir Sader / ALAI

¿Democracia o capitalismo?

por Boaventura de Sousa Santos

El Capital en el siglo XXI

por Carlos Figueroa Ibarra

La xenofobia se pasea por Europa

por Bernardo Kliksberg (Página12)

América Latina: Las nuevas constituciones

por Osvaldo Drozd (Miradas al Sur)

La nueva izquierda en la era neoliberal

por Emir Sader / Página12

Las anteojeras de la derecha liberal

por Ariel Goldstein / Página12

TLC con sabor europeo

por René Báez

Los tres períodos de la globalización capitalista

por Mariano Ciafardini

Dossier México: Terrorismo de Estado vs. digna rabia

por René Báez (Comp.) Centro de Pensamiento Crítico

Romper la conjura del silencio: acción de la mujer en la Independencia

por Edgar Montiel (Jefe de Políticas Culturales UNESCO, Paris 2001-2009)

EL DESPLOME DE LA CIVILIZACIÓN DEL CAPITAL -Prisma latinoamericano-

por René Baez

Brasil: bases para uma nova doutrina de segurança nacional

por Sirio Lopez Velasco (Universidade Federal do Rio Grande )

Colombia entre la paz neoliberal y la paz democrática

por Boaventura de Sousa Santos

LA CONSTITUCIÓN Y EL SISTEMA POLÍTICO EN CUBA Y LA BÚSQUEDA DE UNA NUEVA DEMOCRACIA SOCIALISTA

por Sirio López Velasco (FURG – Brasil)

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