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LA RECEPCIÓN DEL GEORGISMO ENTRE LOS INTELECTUALES DEL 900 ¿Un georgismo sin doctrina?

por Raquel García Bouzas
 


 

La doctrina
 

Comenzamos este artículo planteando la pertinencia de un tema poco discutido en la historia de las ideas políticas y sociales de nuestro país. La obra de Henry George se vincula frecuentemente a las ideas del reformismo batllista, sobre todo teniéndose en cuenta la excelente presentación que hacen J.P.Barrán y Benjamín Nahum en el Cap.ll “La vertiente radical: el georgismo uruguayo”, en “Batlle, los estancieros y el imperio británico”, tomo 2, publicado en 1981.Como en toda la obra de estos autores, se perciben indicaciones y sugerencias para ampliación de las investigaciones o profundización en la lectura de los documentos. A la generosidad de las referencias y orientaciones bibliográficas se deben numerosos estudios posteriores impulsados por las preguntas que Barrán y Nahum plantean al lector.[1]

En el caso del georgismo, entendido como un movimiento que va más allá de las obras de autor, y partiendo de la exposición del capítulo al que aludíamos en la obra de Barrán y Nahum, que nos da el contexto histórico y político, queda la posibilidad de realizar un análisis de textos de Henry George y de sus comentaristas, defensores o detractores, en el medio intelectual del 900, dándole de paso una ubicación comparativa entre las diversas influencias bibliográficas que nutrieron el pensamiento de esta generación de intelectuales. .

Las obras de George son poco difundidas en la actualidad, y podría ser útil realizar una relectura comparativa, abarcando opiniones de figuras que, como Vaz Ferreira, difunden su propia versión del georgismo.

Las ideas de este autor estadounidense no concitaron una opinión unánime, más allá del entusiasmo de alguno de sus apologistas, y por otra parte, coincidieron con propuestas de otros autores que también fueron referentes permanentes de los intelectuales del período 1900-1930. El cuestionamiento de la legitimidad de la propiedad de la tierra estaba presente en una amplia bibliografía que incluía desde obras de H.Spencer hasta los residuos, aún admitidos en esa época de formación de las teorías del positivismo jurídico, de las argumentaciones provenientes de las teorías jusnaturalistas.

El tema de la propiedad de la tierra, y de su posible distribución, por medio de políticas fiscales o por confiscaciones, no puede estudiarse en este período sin tenerse en cuenta las diferentes vertientes ideológicas que aportaron fundamentos filosóficos al debate sobre la cuestión social. El humanitarismo, presente en el krausismo como en el georgismo, tiene vinculaciones estrechas con la idea de solidaridad, propia del pensamiento de referentes franceses como León Bourgeois, y da fuerzas continuamente renovadas a la concepción de un Estado regulador de la distribución de la riqueza. Es en ese contexto ideológico que se produce la recepción de la obra de H.George en el Uruguay.

El más importante de los divulgadores de George fue el Dr. (médico)Félix Vitale, cuya traducción de la obra de George “Pobreza y descontento” de 1899, junto con su ensayo sobre “El problema nacional” ganador del concurso de “La Tribuna popular “ en 1905, y los comentarios bibliográficos sobre George publicados en “El Día” constituían los escritos que circulaban entre el conjunto de los admiradores de George, y también entre algunos de sus detractores, que como el Dr. José Irureta Goyena tenía en su biblioteca el ensayo de Vitale que mencionábamos anteriormente.[2]

Irureta hacía sus comentarios críticos desde el diario “El siglo”, a partir de 1909, cuando la dirección de este diario se volvió más conservadora.

Nos proponemos entonces una relectura de los textos de George, un análisis de las ideas recogidas por sus divulgadores, y una evaluación en función de su aceptación en el discurso político reformista o de su rechazo por parte de los conservadores.

¿Qué ideas consideraron los reformistas que eran apropiadas con el fin de incluirlas en su programa político? ¿Podría, como resultado de este estudio, resultar que hubo, como dicen L.C. Benvenuto y Barrán y Nahum “un georgismo sin doctrina”? [3]

Comenzaremos por presentar las obras de H.George:

“Progreso y miseria. 1879. Traducido al español en 1893, Barcelona.Ed Jaime Jepús y Roviralta. Nos remitiremos a la ed. De Fomento de Cultura, ed., Valencia, 1963. 7ma edición en español.

“¿Protección o librecambio?”1912 Traducción Baldomero Argente Fco.Beltrán. Madrid.

“La ciencia de la economía política.” 1898. Usaremos la edición de Fco. Beltrán, Madrid, 1914.

La cuestión de la tierra”. 1881. Ed. Española Fco. Beltrán. Madrid. Nos remitiremos a la traducida por Baldomero Argente de 1915.

“Problemas sociales “1883.

“El crimen de la miseria.” Folleto sobre Conferencias dictadas en los EEUU, de 1985 a 1989. Los temas más importantes se refieren a la idea del aumento del valor de la tierra como consecuencia del progreso económico y al principio bíblico “No robarás” relacionado con la apropiación ilegítima de la tierra y su monopolio y “el completo absurdo de la propiedad privada de la tierra”. Traducción española de B. Argente. Fco.Beltrán. Madrid.

La condición del trabajo” 1891. En respuesta a la Encíclica del Papa León Xlll. Según el traductor B. Argente, es el complemento de “La cuestión de la tierra”, ya que el problema de la tierra y el problema del trabajo son en la obra de George las dos caras de la misma cuestión.

Un filósofo perplejo. 1892. Examina la abjuración de Spencer de sus ideas sobre los problemas de la tierra.[4]

Pobreza y descontento”. 1899.

“La amenaza del privilegio”. Obra del hijo de Henry George, de su mismo nombre. Traducción española de Luis Faure, Madrid, Fco. Beltrán. 1916.

De este conjunto de publicaciones, la que su traductor Argente considera central en la obra de H.George es “Progreso y miseria”, siendo también la obra que Barrán y Nahum citan como referente en los georgistas que rodeaban a Batlle y Ordóñez. Otras dos obras resultan de importancia para ubicar a George en el ámbito del debate que propició: La cuestión de la tierra” y “La condición del trabajo”, ya que dan las argumentaciones éticas y políticas que pueden reflejarse en los programas de los partidos políticos, teniéndose en cuenta que no hubo sólo batllistas entre sus partidarios.

Comenzaremos entonces con el análisis de estos textos de George, según el orden cronológico de su aparición en español. Como hemos anunciado, vamos a dar a las transcripciones un espacio privilegiado, ya que entendemos que este artículo tiene como fin la difusión de esos textos, además de su comentario historiográfico e ideológico.

“Progreso y miseria”, un libro voluminoso, comienza con un subtítulo “Indagación acerca de la causa de las crisis económicas y del aumento de la pobreza con el aumento de la riqueza. El remedio” y está dedicado “a quienes viendo el vicio y la miseria que nacen de la desigual distribución de la riqueza y del privilegio, sienten la posibilidad de un mejor estado social, y lucharían por lograrlo”.

En el Prefacio, George sintetiza los aspectos conceptuales de la obra, distinguiendo entre los específicamente relacionados con el progreso material, con la distribución de riqueza, con el “remedio” de hacer de la tierra propiedad común y, finalmente, con la cuestión de la justicia. En estos escritos en donde se evidencia que la parte más “radical” del mensaje georgista residía en la crítica del orden social existente y sus posibles causas, y no en su propuesta concreta de reforma fiscal, que es la más difundida en el mundo de los políticos.

La cuestión de la justicia surge ahora, naturalmente, y la indagación pasa al campo de la ética. Una investigación acerca de la naturaleza y bases de la propiedad muestra que hay una diferencia fundamental e irreconciliable entre la propiedad de las cosas que son producto del trabajo y la propiedad de la tierra: que la una tiene una base y sanción naturales, mientras la otra carece de ellas, y que el reconocimiento de la propiedad exclusiva de la tierra es, necesariamente, la negación del derecho de propiedad sobre los productos del trabajo. Una investigación posterior muestra que la propiedad privada de la tierra siempre ha conducido y siempre tiene que conducir, a medida que el progreso avanza, a la esclavitud de la clase trabajadora; que los propietarios no pueden reclamar justa compensación si la sociedad prefiere rescatar sus derechos; que, lejos de concordar la propiedad privada de la tierra con las percepciones naturales de los hombres, la verdad es precisamente lo contrario, y que en Estados Unidos estamos ya comenzando a sentir los efectos de haber admitido ese principio erróneo y destructor.”

Argumentando luego desde otro punto de partida, George afirma que

“las diferencias de civilización no son debidas a diferencias individuales, sino más bien a diferencias en la organización social; que el progreso, siempre estimulado por la asociación, retrocede a medida que la desigualdad se desarrolla”

En este párrafo están contenidas dos ideas que exigen un particular reconocimiento; la idea de que los grados de civilización no derivan de particularidades de los individuos, sino de las de la propia organización social; y la que expresa que la desigualdad es un obstáculo para el progreso. La obvia conclusión es que para el progreso de las sociedades no debe esperarse todo de los esfuerzos de individuos aislados, sino de la sociedad como organización, de acuerdo al grado de igualdad entre individuos sobre la que se sustente. Esta idea, aunque no está expresada, como era frecuente en la época, desde una definición organicista, es un concepto central del pensamiento georgista, muy cercano a la de “la solidaridad” de L.Bourgeois.[5]

El capítulo ll del libro Vlll “Cómo se pueden afirmar y asegurar los iguales derechos a la tierra” pasa a formular sus propuestas:

“… no existe nada que nos disuada de hacer la tierra propiedad común por la confiscación de la renta.”

Admitido este principio, queda la cuestión del procedimiento, del modo en que debería hacerse.

Podría, por ejemplo, declararse a la tierra propiedad común y arrendarla al mejor postor, en lotes adecuados, bajo condiciones que aseguraran las mejoras bajo el régimen de propiedad privada.[6]

Este proyecto, que para George no sería una tosca quimera, tampoco sería

el mejor, aunque gozara de la aprobación de una eminencia como H.Spencer. Aquí George se refiere a “Estática social”, libro en que Spencer encuentra esta idea de confiscación total compatible con el estado más elevado de civilización., que se puede llevar a cabo sin implicar una comunidad de bienes, y sin causar ningún trastorno serio en las disposiciones existentes.[7]

George es partidario de un procedimiento que considera más sencillo, ya que evitaría un innecesario choque con las ideas y costumbres de la época, así como una innecesaria extensión de la administración.

“No propongo comprar ni confiscar la propiedad privada del suelo. Lo primero, sería injusto; lo segundo, innecesario. ..no es preciso confiscar la tierra, sólo es necesario confiscar la renta.”[8]

Piensa George que bastaría con una reforma que pasara de cobrar una parte de la renta de la tierra, a cobrarla toda, por medio de un sistema tributario adecuado.

De ese modo este autor considera que el Estado puede llegar a ser el propietario universal de la tierra, aunque la propiedad quede tal como está, desde el punto de vista de la titulación legal.

George es muy optimista sobre el resultado de la reforma: podría llegarse a suprimir todos los impuestos, dejando sólo el que se aplique a la renta de la tierra, quedando así una buena parte de la población eximida de pagarlos. Por otra parte, piensa que el proceso elevará los salarios, aumentará las ganancias del capital, extirpará el pauperismo, dará trabajo, disminuyendo la criminalidad y elevando la moral, la inteligencia, el arte.

En cuanto a la justicia del “remedio”, George afirma que el valor de la tierra no expresa los rendimientos de la producción, como lo hace el valor de las cosechas o el ganado, Sólo expresa el valor de cambio de un monopolio. En ningún caso es creación de la persona que posee la tierra; es creado por el desarrollo de la sociedad. De aquí que la sociedad pueda tomarlo íntegramente sin disminuir el incentivo a las mejoras ni disminuir la producción de riqueza.[9]

Se pueden establecer impuestos sobre el valor de la tierra hasta que toda la renta sea tomada por el Estado, sin reducir un ápice el salario del trabajador ni el rendimiento del capital, sin aumentar el precio de ninguna mercancía ni hacer la producción más difícil de modo alguno”.[10]

Para llegar a estas conclusiones, George había afirmado que hay tres cosas que producen conjuntamente: el trabajador, el capitalista y el propietario. Si aumentando la producción, el trabajador no consigue más y tampoco el capitalista, es porque el propietario se queda con la ganancia.

Sus conclusiones son, por lo tanto, inversas a aquellas que habían proclamado los fisiócratas en el siglo XVlll. Los dueños de la tierra son privilegiados por aprovecharse tanto del trabajo como del capital.

Finalmente, nuestro autor insiste en la desigualdad que produce una distribución injusta y que impide la libertad.

No basta que los hombres puedan votar; no basta que sean teóricamente iguales ante la ley. Han de tener libertad para utilizar por sí mismos las oportunidades y medios de vida; han de estar en igualdad de condiciones respecto a los dones de la Naturaleza.”[11]

Pasemos ahora al estudio de La cuestión de la tierra”, publicada por primera vez en 1881 con el nombre de “La cuestión agraria irlandesa”.

Esta obra de H.George se plantea varios objetivos:

En primer lugar, demostrar que el problema de Irlanda no es específico de esa situación histórica, ya que el régimen agrario irlandés, del cual suele hablarse como si fuera un sistema especialmente atroz, es en esencia el mismo régimen agrario que prevalece en todo país civilizado. Hablando desde los Estados Unidos, George considera qué ganarían o qué perderían los propietarios de Irlanda o sus colonos, si Irlanda fuera convertida en un estado de la Unión americana.

La verdad es que ganarían los propietarios y perderían los colonos. La verdad sigue siendo que, bajo nuestras leyes, los propietarios irlandeses podrían abrumar con la renta, embargar, desahuciar, o ausentarse a su gusto y sin ninguna restricción análoga a los derechos de los colonos en Ulster ni exigencias legales de compensación por las mejoras. Bajo nuestras leyes podrían, con la misma libertad que ahora pueden hacerlo, imponer a sus colonos las condiciones que les pluguiese, en cuanto al cultivo, a las mejoras, a la casa, a los matrimonios, al voto o a cualquier cosa, porque estas facultades no nacen de leyes especiales. Son meramente derivaciones del derecho de propiedad; resultan simplemente del reconocimiento del derecho del propietario de la tierra a hacer lo que guste con su propiedad, a arrendarla o a no arrendarla.[12]

George afirma que teniendo esa facultad el propietario, tiene la de exigir las condiciones que guste.[13] Ello no tiene nada que ver con el hecho de que Irlanda haya sido conquistada por los ingleses, aunque los títulos de propiedad provengan de la fuerza y el fraude. Los propietarios irlandeses como clase, no son mejores ni peores que otros hombres en iguales condiciones, ya que el arriendo de la tierra es tan asunto de negocio como la compra y venta de lingotes de hierro o de troncos.

Al referirse al ausentismo de los propietarios ingleses, George sostiene que se ha exagerado mucho, ya que ellos están tan ausentes como los grandes propietarios americanos que viven en New York o Boston. “Si los propietarios irlandeses fueran obligados a vivir en Irlanda, todo lo que el pueblo irlandés ganaría, sería, metafóricamente hablando, las migajas que cayeran de la mesa de los propietarios”.

¿Cuál es la razón de estas argumentaciones de George?

En primer lugar, demostrar que no existe el problema de Irlanda entendido como expresión de la conquista y explotación de este pueblo por el inglés. El problema es el mismo que tienen los colonos y arrendatarios de tierras en “el mundo civilizado”, es decir, es un asunto entre propietarios y arrendatarios, referido al derecho de propiedad.

Esto significa que no podría resolverse cambiando situaciones de soberanía ni tampoco aludiendo al carácter violento o fraudulento de la apropiación de la tierra. La cuestión es entonces, la del reconocimiento de la propiedad de la tierra.

El “hambre irlandesa” es para George igual que el hambre en la India, el mal no está en la escasez de alimento, era un hambre financiera, que nacía de la pobreza de la gente, no de una mala cosecha. Existe también en los buenos tiempos,” para encontrar el hambre no es necesario cruzar el océano”, dice nuestro autor cuando alude a las obras de caridad y a las suscripciones que se organizan en EE UU a favor de los pobres de Irlanda.

Confirma así George que la situación de Irlanda es más que una cuestión irlandesa.

“…la cuestión es si, supuesta su igualdad política (porque, donde no se ha alcanzado ésta, pronto se alcanzará), las masas humanas han de continuar siendo siempre leñadores o aguadores en beneficio de unos pocos afortunados; si, habiendo escapado al feudalismo, la sociedad moderna ha de pasar a una organización industrial más abrumadora y opresora, más apremiante y desesperada que el feudalismo; si en medio de la abundancia creada por el trabajo, los productores de riqueza han de contentarse en los buenos tiempos con la peor de las vidas y en los malos han de sufrir y perecer de inanición. Lo que se ataca en el sistema de las exacciones de los señores territoriales irlandeses es nada menos que la universal institución de la propiedad privada de la tierra. En la afirmación de los derechos naturales del pueblo irlandés, está la afirmación de los derechos naturales que, por virtud de su existencia, pertenecen en todas partes al hombre”.

Seguidamente, pasa a explicar otra afirmación: si las cosas que los hombres tienen no han sido obtenidas por su trabajo, tiene que ser necesariamente a expensas de aquellos que trabajan. No cambiaría esa situación el hecho de que se pasara de una economía agraria a una industrial. En ese caso, la tierra aumentaría aún más su valor y aumentaría la explotación de los no propietarios. Aquí George contesta a los economistas que vinculan el progreso con la mejora de las condiciones de vida. La tierra es necesaria para toda producción, y cuanto más se produzca, más rentable será, permitiendo al propietario apropiarse de riqueza en cuya producción no ha tomado parte.[14]

También alude al fracaso de las soluciones propuestas para el caso irlandés, ya sea el caso de los liberales progresivos o el de los agitadores. Ellas comprendían la abolición de dificultades legales para la enajenación de las tierras, la legalización de los derechos del colono y su extensión, tribunales arbitrales para las reclamaciones sobre la renta, expropiación por el Estado para vender a plazos la tierra a los colonos.

Todas estas posibles soluciones llevarían a mayor concentración de la propiedad.

Aunque se aumentara el número de propietarios, el suelo de Irlanda seguirá estando en manos de una clase, aunque sea una clase un poco más numerosa. La fuente de la miseria quedaría intacta. Los pequeños propietarios serían usados como dique a favor de la propiedad privada de la tierra.

En el Cap. V. “¿De quién es la tierra? George desarrolla sus argumentos sobre la justicia. ¿A quién pertenece justamente el suelo de Irlanda?

Comienza con una nueva pregunta: los niños nacidos en Irlanda ¿tienen o no derecho a vivir? Y contesta: “Si pues, todo ser humano nacido en Irlanda tiene derecho a vivir en Irlanda, esos derechos han de ser iguales. Si cada uno tiene derecho a vivir, nadie puede tener mejor derecho a vivir que cualquier otro. ..Puesto que todo habitante irlandés tiene el mismo igual derecho a la vida, síguese que todos tienen que tener el mismo igual derecho a la tierra de Irlanda…todos ellos han de tener los mismos iguales derechos a los elementos que la Naturaleza proporciona para el sostenimiento de la vida: al aire, al agua y a la tierra. Porque negar la igualdad de derecho a los elementos necesarios para mantener la vida es negar la igualdad de derechos a la vida.”[15]

El cap. Vl “El derecho de propiedad territorial es una injusticia contra el trabajo.”

presenta nuevas explicaciones sobre la propiedad de la tierra irlandesa. “O la tierra de Irlanda pertenece justamente a los propietarios irlandeses o pertenece justamente al pueblo irlandés.; no puede haber término medio.”[16]

La resolución del problema estaría entonces en dos posibilidades: si es justa la propiedad de los propietarios, la agitación es injusta y no puede limitarse el derecho de su propiedad, pudiendo hacer con ella lo que quieran, imponiendo a los que vivan sobre su tierra las condiciones que establezcan, sin dar cuentas a nadie. Pero si la tierra es del pueblo irlandés, entonces corresponde que sea recuperada por todo el pueblo, y no que los campesinos se transformen en copropietarios con el señor o que la tierra sea comprada a una clase más reducida y vendida a una clase más numerosa.

Pedir que los propietarios sean indemnizados es negar los derechos del pueblo, ya que la tierra le pertenece a éste por derecho natural. La reclamación de los propietarios sobre la tierra se funda en la ley civil que contraría a la natural.

Los títulos de propiedad están basados en el asesinato y el robo, en la sangre y la rapiña.”No hay en ellos la mínima sombra de derecho.”

George alude al alegato de que el tiempo transcurrido ha dado a los dueños legales un título del que no pueden ser injustamente despojados, sin ninguna compensación, y lo rechaza con el argumento de H. Spencer: ¿a qué tanto por ciento anual se convierte la injusticia en justicia? Tampoco acepta la “trivial alegación” de que la aquiescencia de la sociedad pueda adjudicar a unos pocos el exclusivo derecho a aquel elemento sobre el cual todos tengan que vivir.

Por otra parte, el título de un pequeño propietario no merece más respeto que el de un gran señor territorial.”La tierra es una propiedad dada en feudo a todas las generaciones de los hijos de los hombres por un decreto escrito en la constitución de la Naturaleza, que ningún hombre o prescripción puede derogar.””Sólo es necesario desviar la renta que ahora fluye hacia el bolsillo de los propietarios para llevarla al del conjunto del pueblo.” [17]

George se refiere luego al conflicto nacional entre irlandeses e ingleses, considerando que el mayor enemigo de la causa del pueblo es el que apela a las pasiones nacionales y excita los viejos odios. No se trata fundamentalmente de un conflicto nacional, sino social.

Finalmente, en reacción contra la moral de los ricos, pasa a criticar los hábitos de la religión. Vive en una ciudad en que hay toda clase de Iglesias, “excepto aquella que enseñó uno en Galilea, las perversas teorías socialistas de que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios. Todas, salvo las de uno que en Jerusalem arrojó a los mercaderes del templo. Iglesias tranquilizadoras en que la anual y pesada carga puede unirse con el culto de su Creador por un precio de entrada no mayor de lo que cuesta en la feria ver la mujer gorda o el zulú gigante de ocho pies de alto.”[18]

George concluye esta pequeña obra afirmando que no se trata de un folleto muy radical, sino de uno de los más conservadores., ya que no habla a la pasión o al prejuicio, sino a la inteligencia, con la intención de prevenir la lucha.

Es evidente ya en los EE UU “que la igualdad política sólo puede continuar existiendo sobre una base de igualdad social; que donde aumenta la disparidad en la distribución de riqueza, la democracia política sólo consigue hacer más fácil la concentración del poder y tiene que conducir inevitablemente a la tiranía y a la anarquía. [19]

“No una república de propietarios y braceros; no una república de millonarios y vagabundos: no una república en que unos sean amos y otros siervos. Sino una república de ciudadanos iguales donde la competencia se convierta en cooperación y la interdependencia de todos dé la verdadera independencia de cada uno, donde el progreso moral vaya de la mano con el progreso intelectual, y el progreso material lleve a emancipar aún a los más pobres y más débiles y más viejos.”[20]

Pasemos ahora al ensayo que complementa a La cuestión de la tierra”, el que se titula La condición del trabajo”.

Se trata de una síntesis de toda la obra georgista. El interés que el historiador de las ideas manifiesta por ella consiste en que se trata de una respuesta de George a la Encíclica Rerum Novarum del Papa León Xlll. Trata en esta obra de demostrar que los argumentos expuestos en la Encíclica son contrarios a las normas de la moral evangélica y a la esencia de la religión cristiana. Son los mismos razonamientos que George ha desarrollado en “Progreso y miseria.” El tema más específico aquí es el de la distribución de la riqueza, aunque luego de sus explicaciones George cree haber demostrado que los problemas de la injusta distribución se deben a la propiedad privada de la tierra, lo que no permite el libre acceso del trabajo a ella.

La estructura de la obra se organiza en torno a las afirmaciones de la Encíclica, y el autor va replicando cada una de las ideas del Papa.

- A la afirmación papal de que lo que se compra con propiedad justa, es propiedad justa, George contesta que la compraventa no da propiedad, sólo la transmite, que con lo que dice el Papa se podría defender la esclavitud, y, por lo tanto, “La propiedad de la tierra y la del hombre son dos formas diferentes de un mismo robo”.

- A la afirmación de que la propiedad de la tierra proviene de la razón, George replica diciendo que lo que la Naturaleza o Dios debe y da a todos los hombres no puede ser propiedad de algunos hombres.

- La propiedad de la tierra no priva a nadie de su uso, dice el Papa. George contesta diciendo que la propiedad ha hecho baldías a grandes extensiones.

- El Papa sostiene que el trabajo sobre la tierra confiere su propiedad. George contesta que sólo justificaría la propiedad de los que la trabajan, implicando la abolición de toda renta. Y ¿cuáles son los límites de la propiedad nacida en el trabajo? La propiedad de la tierra no es necesaria para producir. La mayor parte de la tierra es producida por arrendatarios. La mera propiedad nada produce. Los propietarios reciben producto del trabajo de otros. La renta no pertenece al que trabaja, ni al propietario, sino a todos.

- La Encíclica dice que la propiedad de la tierra tiene universal asentimiento: ha dado la paz, tiene su sanción en la ley divina. George afirma que también la esclavitud fue práctica universal. La propiedad de la tierra nunca fue la paz, sino pleitos y guerras. Las Sagradas Escrituras niegan la propiedad privada de la tierra.

-La propiedad de la tierra es necesaria a los padres para sustentar a los hijos, dice el Papa. George replica diciendo que apropiarse algunos padres de lo que Dios da para que todos los padres cumplan su deber, es anticristiano.

- Para el Papa la propiedad de la tierra estimula la laboriosidad, para George hay una confusión entre la propiedad y la posesión.

- La Encíclica dice que la propiedad de la tierra proviene de la Naturaleza, y no del Estado. George sostiene que la Naturaleza sólo da el trabajo. El Estado es el que crea la propiedad, y por ello puede abolirla. Dejarla en manos privadas es una injusticia. Equivale al robo y al asesinato.  

Más adelante, George toma el tema del socialismo, dando las diferencias entre el georgismo y el socialismo. “Para el socialismo, los males provienen de la desarmonía natural que ha de ser remediada artificialmente por el Estado; para nosotros, los males provienen de que las leyes humanas perturban la armonía de las naturales y todo lo necesario para remediarlo es respetar la justicia y dar libertad. No es posible la justicia mientras prevalezca la injusticia originaria: la propiedad de la tierra.”

Pasa luego nuestro autor a negar la eficacia de los remedios propuestos por la Encíclica: Nadie tiene derecho de pedir trabajo a otro. Nadie tiene obligación de pagar salarios más altos. No hay tipo justo de salario. Cada cual tiene derecho al fruto de su trabajo. Una mejora del salario no mejora la condición de los obreros. La caridad tampoco suprime la miseria.

La divulgación del georgismo.

Las ideas de George se difundieron por todo el mundo. “Progreso y miseria” fue uno de los libros que produjo más traducciones en su época, incluido el sistema Braile y el idioma chino. J.Dewey sostuvo que “Desde Aristóteles acá no llegan a diez los pensadores que se han levantado a la altura de Henry George”; L.Tolstoi dice que a George sólo se le puede combatir por dos medios: ignorarlo o falsearlo. Fue, sin duda, un best seller de su época. Sus divulgadores transmitieron sus ideas no sólo en varios idiomas, sino en varios contextos históricos y con interpretaciones y adaptaciones diversas, por lo que hay una distancia entre la obra de George y el georgismo.

Un autor norteamericano, George Raymond Geiger, publicó en 1933 el estudio más completo sobre la obra de H.George, y el traductor y biógrafo de George, Baldomero Argente, a su vez, produjo numerosos ensayos sobre el georgismo.

El hijo de George, del mismo nombre, publicó en 1905 “La amenaza del privilegio”,Estudio de los peligros para la república debidos a la existencia de una clase social privilegiada”.La obra está dedicada “a la memoria de las víctimas del privilegio y a los que luchan contra él”.

Era Henry George Jr. Miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos en 1905, y en el libro se refiere a la influencia del georgismo en el mundo, atribuyéndola a la obra de Lloyd George en Inglaterra y a las reformas tributarias en Alemania. También en España, en donde “Progreso y miseria “llevaba varias ediciones, se notan sus manifestaciones: la liga del impuesto único, el impuesto sobre solares, el comité georgista y el Congreso realizado en la ciudad de Ronda.El libro del hijo de Henry George pretende demostrar que “Cuando el Privilegio no puede llegar a términos de avenencia con el Trabajo asociado, a fin de robar al público, le declara la guerra; sus principales armas de combate son la fuerza armada y el extraordinario abuso de las providencias judiciales. No sólo con ese objeto, sino para amparar y extender el favoritismo, que es su vida, el Privilegio tiende a dominar la Política por medio del soborno y a influir en la opinión pública por medio de la Prensa, de la Cátedra y del Púlpito, comprando o intimidando a la primera o siendo pródigo en dádivas con las Universidades e Iglesias.”[21]

Se trata de una profunda crítica al modo de vida norteamericano y a dos de sus instituciones más “respetables”, la judicatura y la Universidad, además de las Iglesias, y termina proponiendo, como era de esperarse, el tributo único sobre la renta de la tierra.

Los georgistas uruguayos.

El Uruguay fue uno de los países americanos en que la influencia de George fue más notoria desde el punto de vista intelectual y político. En la Argentina, por ejemplo, los intelectuales no dieron mucha atención a sus libros, y ni siquiera los liberales reformistas lo citan en temas relacionados con la cuestión social. Sólo entre los socialistas argentinos se encuentran algunos seguidores de George.

En el Uruguay fueron dos los principales divulgadores de H.George: el Doctor Félix Vitale y Manuel Herrera y Reissig. Ambos fueron también sus apologistas.

Otros autores también difundieron ideas de George, pero no se auto proclamaron georgistas.

A su vez, también se conocieron opiniones sobre el georgismo de parte de escritores argentinos, que como es el caso de los socialistas y el de los catedráticos de derecho, aludían a la propuesta georgista en el tema de la política fiscal. Hemos recogido alguna documentación en que parecería que los argumentos éticos no son tan recogidos como la fórmula del impuesto único sobre la tierra. En cierto modo, el pragmatismo que busca la eficacia económica y social del impuesto predomina sobre los principios éticos de la justicia que pudieran fundamentarlo.[22]

En general, la opinión de los catedráticos era a favor de la aplicación del impuesto progresivo sobre la propiedad de la tierra, exceptuando las mejoras realizadas.

Veamos ahora cuáles fueron los materiales publicados por los apologistas de George.

El Doctor Félix Vitale publicó en 1905 un folleto titulado “El problema nacional”, cuál es el mal del país, su causa y su remedio.” Tomando partes de las obras de George, al que alude siempre como “el Profeta de San Francisco”, el folleto comenta las ideas georgistas por medio de un dialogado entre dos personajes, Sofos y Bios, que dan los dos puntos de vista, a favor y en contra de los argumentos y las propuestas de George.

Sofos dice:”Decidme, pues, cómo y dónde comenzaríais vuestra reforma para dar al pueblo la tranquilidad, la libertad y el bienestar, bases angulares del progreso.

Bios contesta: “El pueblo está compuesto de elementos aptos para el trabajo y deseosos de trabajar, pero el trabajo sólo no puede producir si falta el otro factor en que se ejercita. Es menester hacer accesibles los agentes naturales.”

Sofos dice:” ¿Entonces pretendéis resolver todos los problemas sociales con la solución del problema de la tierra?

Bios contesta:”Yo no digo que devolviendo hoy la tierra al pueblo, resolveríamos de golpe todos los problemas. Después de haber restituido la tierra al hombre, hay que hacer muchas cosas aún. ..Pero sea cual sea la cosa que emprendamos, mientras no reconozcamos igualdad de derecho a los elementos naturales, nada podrá suprimir la desigualdad innatural existente en la distribución de la riqueza que apareja tantos males y peligros. Reformad todo lo que queráis, pero sin la reforma agraria, siempre el progreso tenderá a dividir los hombres en monstruosamente ricos y en espantosamente pobres.”[23]

El mérito de esta obrita de Vitale consiste en aplicar a la realidad uruguaya los principios del georgismo, para lo cual desarrolla argumentos sobre la tierra improductiva, el latifundio, la necesaria posesión de los servicios públicos por el Estado, los gastos parasitarios del clero y el cuerpo consular, la vagancia y la burocracia etc., todos males que se resolverían aplicando las propuestas de George.

El otro apologista de George es Manuel Herrera y Reissig. Su libro, publicado en 1913 se llama “El impuesto territorial y la reforma tributaria en Inglaterra.” La mayor parte del material fue publicado en el “Diario del Plata” y en “El siglo” en 1909. Lo que tiene de original la publicación es la referencia al caso inglés y la afirmación de que los antecedentes intelectuales de la reforma inglesa residen en la obra de dos americanos, Henry George y Andrés Lamas.[24]

“El principio fundamental que ambos proclamaron-la liberación de la tierra por el impuesto- está inscripto hoy en el programa de todas las Ligas para la reforma tributaria de Europa …”

Pasa luego a comentar la propuesta de George, y afirma seguidamente que Lamas no tuvo jamás noticia de las enseñanzas del economista norteamericano, aunque llegó a las mismas conclusiones.

Transcribe a Lamas:”coloquémonos, dice, en presencia de un terreno no tocado por la mano trabajadora del hombre, pero que está situado en el centro o en la proximidad de una población que prospera por su trabajo industrial o comercial; ese terreno abandonado tiene un valor crecido y creciente ¿quién se lo ha dado? ¿el capital? ¿el trabajo? No: ningún capital, ningún trabajo individual ha concurrido a formar ese valor: lo ha formado y lo acrece el trabajo, el progreso social de la localidad en que se encuentra”…”es una creación social.” Lamas se refiere en su obra al proyecto de Rivadavia en 1826 que entregaba la tierra en enfiteusis, como un ejemplo en el que inspirarse.

Vaz Ferreira y el georgismo.

Son conocidas las posiciones de Vaz Ferreira a favor de ciertas ideas de Henry George. Vamos a intentar una comparación entre las Conferencias sobre El problema de la tierra, del año 1914 y las obras de George.

En la primera Conferencia, Vaz presenta lo que llama confusión entre la tierra de producción y la tierra de habitación. Para Vaz, la tierra de habitación responde al derecho de “estar en la Tierra”. Por otra parte, a los efectos prácticos, habría posibilidades de dar a cada individuo tierra de habitación,

sin precio, sin permiso, asegurado a cada individuo como individuo, con independencia completa de la solución que se admita sobre la tierra de producción y sobre todos los demás problemas sociales. “

Se refiere luego Vaz a las posibilidades de reparto de la tierra de producción, señalando que no se puede. “”Si alcanzara en agrimensura, no alcanzaría en técnica. Ni todos los hombres son ni serían agricultores. Ni sería justo del todo, (por la complicación del trabajo humano, que se ha incorporado a la tierra de producción).” Vaz reitera las preguntas propias del debate sobre la propiedad de la tierra, socializarla, total o parcialmente, dar una parte, mantener la propiedad individual, modificar el régimen de algún modo; buscar soluciones de compensación. Vaz considera que no es tolerable la propiedad de la tierra combinada como está con la herencia, porque “afecta hasta la privación a individuos de las generaciones siguientes”, pero reconoce como derecho individual el de la tierra de habitación. En cambio, la tierra de producción presenta “un conflicto de derechos”.entre los individuos anteriores y los actuales, Aquí ubica Vaz sus comentarios al georgismo.

Los georgistas, por ejemplo, tienen o parecen tener en cuenta, al contrario, únicamente el aspecto de la tierra como medio natural, y prescinden totalmente, o en todo caso prescinden demasiado, del trabajo incorporado que determina los derechos de los individuos anteriores”…aquellos casos en que los individuos anteriores lo sacaron todo de su trabajo, es un caso evidente en que el derecho de los individuos anteriores no es privativo con respecto a las generaciones presentes. …cuando hay apropiación de elementos naturales, entonces deben venir los temperamentos, las modificaciones, las limitaciones necesarias a la herencia.”

Para Vaz, entonces, la solución estaría en un gravamen sobre la herencia, “para igualar más”, y en lo posible, dar algún derecho de tierra de producción o un equivalente.

Hemos realizado estas transcripciones para demostrar que las posiciones de Vaz Ferreira no respondían a la doctrina georgista, aunque hay autores que sostienen que simpatizaba con George. No aparecen en Vaz ni los argumentos éticos ni los económicos o políticos que George desarrolla. Sólo se hace visible la inspiración georgista en la idea de los derechos de las generaciones presentes y futuras a los elementos naturales, y la diferenciación entre la tierra y sus mejoras, con una valoración del valor agregado. Para George sería inadmisible la diferenciación entre tierra de habitación y tierra de producción. No parece adecuado considerar a Vaz como georgista, salvo que estemos hablando del “georgismo sin doctrina “al que aludimos antes. [25]

En el conjunto de las argumentaciones de Vaz se hace visible ese georgismo sin doctrina, que fue reducido en su fuerza de convicción y sobre todo en el análisis particular de las críticas al orden capitalista. También se hace visible la deuda intelectual del autor con respecto a George, derivada de la abundancia de desarrollos en que éste despliega las causas y consecuencias de la propiedad privada de la tierra, relacionándola no sólo al monopolio, que impide medios de vida suficientes para la mayoría de la población, sino también al poder de dominio político de los propietarios sobre los no propietarios.

Batllismo y georgismo.

Nos propusimos desarrollar como último punto de este artículo la relación entre el georgismo y el discurso político del batllismo.

Entre 1905 y 1906, el reformismo presentó un proyecto de contribución inmobiliaria con contenidos georgistas. [26]

En esta propuesta se presentaban los argumentos de George: la propiedad rural se aprovecha de la seguridad social y de los trabajos emprendidos por los poderes públicos, es la principal fuente de renta de las clases ociosas, representa el uso exclusivo de una cosa primitivamente de todos, el propietario rural debe una contribución que equivale a las fuerzas naturales del suelo, etc.

En ese mismo año, el georgista convencido Juan Zorrilla de San Martín se vio obligado a renunciar a la dirección del diario “El Bien”, por el endurecimiento de las posiciones conservadoras dentro de las filas de la Unión Católica, a consecuencia de la reacción contra la reforma fiscal propuesta.

En 1911 Batlle y Ordóñez su ministro J. Serrato presentaron un nuevo proyecto de contribución rural. Domingo Arena impulsó al año siguiente propuestas radicales en la materia fiscal, llegando a anunciar la posibilidad de aplicar alguna de las propuestas georgistas, pero por la confiscación directa. “Basta que los propietarios tome en serio la idea de que la expropiación les puede venir como un rayo en cualquier momento”, con el fin de debilitar las resistencias conservadoras y hacerles “poner las barbas en remojo”.[27]

El material documental más importante sobre este asunto consiste en los debates que se dieron internamente entre los colorados y que figuran en las actas de la Convención Nacional del Partido Colorado de 1925.

Uno de los convencionales, el Sr.Carlos Bellini Hernández, polemiza con Batlle Pacheco y afirma que “la doctrina de George fue expuesta en el año 71, en un diario titulado “El correo de San Francisco” y no ha llegado tal vez a aplicarse en ninguna sociedad. El sostenía un principio de justicia que todos reconoceremos: el derecho de habitación. Todos, por el hecho de nacer en este mundo, tendríamos legítimamente el derecho de poseer alguna parte de él, por lo menos a vivir igual que todos los demás…” Continúa Bellini argumentando que un impuesto sobre toda la renta de la tierra sería una expropiación forzosa e injusta, que iría contra los principios de defensa del trabajo, ya que sobre la tierra también habría ahorros del propietario. Luego afirma otra injusticia: sacarle al que tiene tierra de producción y no al que tiene un edificio; esa es la causa de que ese principio nunca fuera establecido.[28]

Batlle Pacheco presenta la defensa del georgismo: Precisamente, lo que sostiene, es que los hombres no han intervenido en nada en la creación de la tierra. La tierra existe a pesar del hombre; y, en cambio, las cosas que el hombre hace sobre la tierra, existen, porque el hombre las hace Las cosas que existen, naturalmente, esas son propiedad del Estado y el Estado cobra el valor del arrendamiento, la renta; las cosas que hace cada individuo serían propiedad de ese individuo, con las mejoras de la tierra; y el propietario hace lo que mejor le parece; la arrienda o la vende”.

La polémica continúa, señalando Bellini que si el Estado permitió a un particular colocar sus ahorros en tierras, no tiene el derecho a quitarle el fruto de su trabajo. Batlle Pacheco contesta que no se trata de la implantación de una doctrina que pudiera ser el remedio de todos los males sociales en forma violenta, mientras Bellini insiste en que la teoría de George va a la aplicación y “no por grados”.

Batlle Pacheco expresa la fórmula batllista: Por el impuesto único se llegaría a una fórmula gradual. En adelante, ambos convencionales se atribuyen verdades o falsedades de la doctrina de George. Bellini exige que también contribuyan todas las clases de riquezas, sin ser las tierras, como los valores inmobiliarios, las propiedades, el oro. Defiende el impuesto a la herencia, “cuando el trabajador cesa en su existencia, esa riqueza debe pasar al estado. Ese es el verdadero principio de justicia…” y propone suprimir los arrendamientos y limitar la extensión de la tierra en propiedad.

En la sesión siguiente, Bellini se refiere a las afirmaciones de George en contra del derecho a indemnización de los propietarios que pudieran reclamar, y se extiende en sus críticas al georgismo, hasta que toma la palabra José Batlle y Ordóñez: Para George una de las ventajas, la gran ventaja de la expropiación de la tierra debía consistir en que todo el mayor valor de la tierra pertenecería en lo sucesivo a la Sociedad o al Estado y no a los particulares. En su concepto lo que hace la enorme división que existe en el seno de las sociedades entre la riqueza y la miseria, es la propiedad. Los que la tienen van enriqueciéndose constantemente, o los que tienen el medio de adquirirla van enriqueciéndose constantemente, porque a medida que la tierra se puebla o que se puebla un país, la propiedad es más necesaria. De esto resulta que valga más; y ese valor de la propiedad, en lugar de pertenecer a la Comunidad, a la Sociedad, pertenece a un pequeño grupo en relación con los demás pobladores del país, a un pequeño grupo de propietarios que se enriquecen enormemente, mientras que los que no tienen propiedad tienen que pagar cada vez más para servirse de ella”. [29]

Como vemos, los batllistas se consideraban georgistas, y trataban de explicar que la aplicación de los principios sería progresiva, no violenta, sin renegar de la idea de la injusticia de la propiedad privada de la tierra. Sin embargo, mientras George no distinguía entre tierra de habitación y tierra de producción, considerando la justicia de la apropiación de la renta de los inmuebles de las ciudades, por ejemplo, los batllistas sólo se referían a la propiedad rural. El batllismo defendía el principio georgista de reconocer únicamente la propiedad resultante del trabajo, proponiendo la exoneración de impuestos al trabajo y no admitía que el ahorro agregado a la tierra, por su compra, pudiera reconocerse como legitimador del título, salvo en el caso de las mejoras agregadas.

Algunos convencionales, como Bellini, defendían el impuesto a la herencia

y lo preferían al impuesto a la renta de la tierra. Batlle no estaba tan convencido, y aquí está la diferencia entre las propuestas de Vaz Ferreira, concordantes con las de Bellini, y las del batllismo, más concordantes con las de George.

El catedrático de Finanzas y Economía política Eduardo Acevedo expresa en su curso de 1903 que está “En contra de Mill y George: la renta no es patrimonio de la tierra. Sobre qué cosas podría recaer la propiedad individual, una vez que desde la inteligencia que combina, hasta la materia y la fuerza que intervienen en las manipulaciones de la industria, todo emana de la naturaleza y todo se utiliza por medio de una técnica que es la resultante de los progresos sociales?...Las nuevas orientaciones fiscales deben armonizarse no con la teoría del trabajo, ya mandada retirar, sino con la teoría moderna que funda la propiedad en el interés social y justifica en las distintas etapas del progreso histórico el régimen colectivo o el individual de la tierra por razones emanadas del más alto aprovechamiento de las fuerzas naturales. ¿cuál es el régimen que en la actualidad asegura los más altos rendimientos a la comunidad? El factor económico más poderoso es el interés personal. Se debe rechazar a Mill y George en nombre del interés social Tiene la sociedad un modo más llano de ir extendiendo el dominio colectivo sin mengua del interés individual: la expropiación de los monopolios y entre ellos el de la tierra.[30]

La posición de Eduardo Acevedo, junto con la de José Serrato, marcan el grado de discrepancia más alto con la teoría georgista, entre los intelectuales batllistas. El ministro de Hacienda Pedro Cosio decía que “el impuesto único proclamado por Henry George es un ideal. El propio Henry George no era más que un idealista, más bien un metafísico que un economista.”[31]

Terminamos estas reflexiones señalando lo que es obvio para cualquier historiador: la prédica de George , cuestionando la legitimidad de la propiedad, evidenciando las desigualdades e injusticias de la distribución, y atribuyendo a la propiedad privada de la tierra la causa de todos los males, dio al batllismo argumentos prestigiosos por su origen y recepción en otros lugares del mundo, y lo incluyó entre las propuestas más avanzadas del pensamiento liberal. Por otro lado, el fracaso del intento marcó “el alto” del programa social del batllismo y su superación por las fuerzas conservadoras.[32]



[1] Estas reflexiones nos impulsan a señalar la importancia de la obra de estos autores en la historia de las ideas del país. Sus publicaciones son referentes obligados para el estudio de las ideas políticas y sociales, así como de la sensibilidad y la mentalidad colectiva. Por este motivo, son fundadoras de una de las líneas interpretativas de estudios contextuales y textuales sobre el pensamiento político en el Uruguay.

[2] El ejemplar referido está en la Biblioteca de la Facultad de Derecho, forma parte de la donación “J.Irureta Goyena”

[3] Luis. C.Benvenuto, “La quiebra del modelo”, en Enciclopedia uruguaya, , N 48,tomo 5,1969.

[4] Spencer había publicado, en la primera edición de “Estática social”, de 1864, un argumento que admitía el pasaje de la propiedad privada de la tierra a la propiedad común. Ante las presiones de la aristocracia inglesa en la prensa conservadora, que acusaban a Spencer de servir a la propagación de ideas libertarias y comunistas, el autor retiró sus obras de la casa Appleton y Co. De Nueva York y publicó otra edición en 1882.En las ediciones posteriores las revisiones hechas por Spencer suprimieron los argumentos criticados, aunque fueron posteriormente fueron publicados en un folleto “Mr. H. Spencer sobre la cuestión de la tierra”, en que el autor contrasta estas ideas con las que expuso en “Justicia” de 1891.Volveremos más adelante sobre este tema.

[5] Ver “Solidarité”, publicado en 1896, por Bibliotheque Charpentier, Paris, también ¨ L¨idée de solidarité et ses consequences sociales.»1902, y « La politique de la prévoyance sociales«, 1914 de la misma editorial.

[6] El tema de las “mejoras” está presente en todas las propuestas reformistas. Se reconoce como tales todos los capitales invertidos por el propietario en materia de construcciones o mejoramientos de las condiciones generales de la tierra. Deben ser considerados como aportes de ahorro e inversión, es decir, producto del trabajo, y por lo tanto respetadas al hacer el cálculo, restándolas de los bienes territoriales que deben tributar.

[7] Dice Spencer:”El cambio requerido sería sólo un cambio de propietarios. La propiedad individual se transformaría en propiedad común del pueblo. En lugar de pertenecer a los individuos, el país pertenecería a la sociedad. En lugar de arrendar sus acres a un propietario aislado, el labrador los arrendaría de la nación. En lugar de pagar la renta al agente Sir John o de Su Gracia la pagaría a un agente de la comunidad. Los administradores serían funcionarios públicos y no privados, y el arriendo, la forma única de posesión. Un estado de cosas así ordenado estaría en perfecta armonía con la ley moral. Bajo él todos los hombres serían igualmente propietarios, todos los hombres serían igualmente libres de convertirse en arrendatarios...Es claro, por lo tanto, que, con tal sistema, la tierra sería cercada, ocupada y cultivada con subordinación a la ley de igual libertad.” “Estática social, cap.lX, sección Vlll. Primera edición.,

[8] Progreso y miseria, cap. ll, pág.417.” La renta sería el valor agregado por la actividad de la sociedad a la tierra natural modificada por el trabajo de los propietarios y productores. Hay que tener en cuenta este concepto para no confundirlo con el tradicional de la economía política.

[9] Debería vincularse esta afirmación a la idea de “solidaridad social” de L-Bourgeois y a varios textos del propio Batlle y Ordóñez sobre lo que el individuo debe a la sociedad y en algún momento debe retribuir.

[10] Ob.Cit. pág.426.

[11] Ídem...pág.561.

[12] George añade, además, que la ley de Irlanda le da al colono la propiedad de todas las mejoras hechas por él al término del contrato, mientras que en EEUU eso no sucede.

[13] Cita de “La cuestión de la tierra”, pag.15, la negrita es nuestra.

[14] Continúa George expresando que la causa que en Irlanda produce la miseria y el decaimiento –la apropiación por alguna gente, de la tierra sobre la cual vivir – produce la hedionda suciedad de los tugurios de Londres y de Glasgow, es lo que hace que la necesidad tropiece con el lujo en las calles de la rica New York...pág.34, Ob.Cit.

[15] La Cuestión de la tierra, pág.42.

[16] Ob.Cit. pág.44.

[17] Ídem. Pág.59.

[18] Ibidem. Pág.98.

[19] Ibidem. Pág.103.

[20] Ibidem. Pág. 110.

[21] Ob.Cit. págs 10-11. El texto sigue así: “Todo esto conduce a la centralización gubernativa y a la política de agresión al extranjero, dejando ver en la República pavorosas semejanzas con otras grandes naciones que después de haber alcanzado espléndido apogeo caminaron a la ruina y la muerte.”

[22] Hemos relevado la “Encuesta de la Revista de Ciencias económicas” de Buenos Aires N 79 al 82, de 1920, en que aparecen defensores de la propuesta georgista: Adolfo Agorio, Juan B.Bellagamba, Nicolás Bessio, José Bianco .M.López Villamil, Juan B.Justo, Alfredo Palacios.

[23] F.Vitale, ob.cit. pág.62.63.

[24] Se refiere a la obra de A.Lamas “La legislación agraria de Rivadavia”, de 1882.

[25] Cuando L.C. Benvenuto se refiere a las Conferencias sobre el problema social, considera que en Vaz se refleja “un georgismo sin doctrina”, y que el proyecto de ley impositiva que se estaba discutiendo en las Cámaras era de “clara filiación georgista”.Ob.Cit. Pág. 148.

[26] Véase J.Rilla. “La mala cara del reformismo”, Arca, 1992. Pág. 80 y siguientes. El autor considera que durante la postguerra del 4 existió una reticencia reformista a confesarse indirectamente georgista.

[27] Citado por J. Rilla, ob.cit. pág. 104.

[28] Surge de la obra de George que el impuesto recaiga por igual sobre la renta de la tierra rural o urbana, aunque las mejoras no serían gravadas. Es cierto que el edificio no pagaría el impuesto, pero la tierra tendría un valor mucho mayor que en el medio rural, y su renta por consecuencia, también. Angel Floro Costa , defensor de la política fiscal reformista, señala que no deberían bajarse los impuestos de los propietarios urbanos, ya que los impuestos los pagan los inquilinos. Debe tenerse en cuenta la escasez de vivienda y el alto precio de los alquileres en la primera década del s.XX, hecho que a veces enfrentaba a economistas y políticos, ya que era necesario incentivar la construcción de viviendas populares.

[29] Actas de la Convención del Partido Colorado, 1925,pág.58 a 66.

[30] Curso de finanzas, pág. 532 y 533.Imprenta nacional, ed.1930.

[31] Citado por Barrán-Nahum, Batlle, los estancieros y el imperio británico, EBO,tomo 6, 1989,pág.189.

[32] Hay que tener en cuenta que algunos batllistas podrían simpatizar con George en sus denuncias de la injusticia producida por el latifundio, pero no estaban de acuerdo con la propuesta fiscal de George, porque recelaban de una política distributiva “radical”. Finalmente, sólo se llegó a un proyecto de ley que aumentaba del 6,5 al 10 por mil la contribución en el medio rural, librando de gravamen a las mejoras: construcciones o cultivos.

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