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MACHIAVELLI Y LA LIBERTAD POLITICA

por Dr. Gabriella Bianco , PhD bgculture
 

Dr. Gabriella Bianco , PhD bgculture.gabriella@gmail.com www.gbiancorsbinghamcult.com
Modernidad “republicana” de Niccoló Machiavelli:
MACHIAVELLI Y LA LIBERTAD POLITICA
(500 años de Il Principe)

1. La doctrina política.
2. Diferencias entre “Il Principe” (1513) e “I Discorsi a Livio” (1513- 1517/1519)
3. Machiavelli y el moderno Republicanismo
4. Thatcher, Blair, Gordon Brown, Cameron. Algunos tips en el arte de gobernar.


La doctrina política de Machiavelli entiende mostrar el camino a través del cual las comunidades políticas pueden renovarse conservándose o conservarse renovándose. Este camino es la “vuelta a los principios”, conformemente a la concepción que el Renacimiento tiene de la renovación del hombre en todo campo. Dos vertientes – el objetivismo historiográfico y el realismo político – constituyen los dos fundamentos de la historiografía originaria de Machiavelli. El principio del REALISMO POLITICO hace de Machiavelli el fundador de las ciencias empíricas de la política, o sea de una disciplina que estudia las reglas del ARTE DEL GOBIERNO, sin otra preocupación que la eficacia de dichas reglas.

La diferencia fundamental entre “Los discursos a Livio” y “El Príncipe”, las obras de mayor relieve de Machiavelli, - más que el reconocimiento de la complejidad de las normas que regulan el accionar político junto con la acción de los pueblos, y por lo tanto de las republicas y del hombre virtuoso -, reside en el procedimiento lógico de descripción de los fenómenos históricos adoptados. Mientras que en “Il Principe” los hechos sirven para valorar normas generales dadas, según un proceso deductivo, en “Los discursos”, por el contrario, según un método inductivo, son los hechos – la narración de Tito Livio- que determinan las reglas del actuar político.

Por “machiavellismo” se entiende el principio por el cual convencionalmente, desde el siglo XVII, se reasume la doctrina de Machiavelli, o sea “el fin justifica los medios”. Sin embargo, esta máxima no fue formulada por Machiavelli – que no consideraba el estado como fin absoluto y no lo consideraba dotado de una existencia superior a la del individuo (en el sentido en que lo hará, por ejemplo, Hegel, en su filosofía del Derecho, # 337) – sino fue propia de la moral jesuítica. Hegel la cita en la forma que él la había recibido del padre jesuita BUSENBAUM (1602-1668). “Quando il fine é lecito, anche i mezzi sono leciti” .(Medulla theologiae moralis, IV, 3, 2)

Machiavelli no tenía la intención de escribir un tratado sobre la ética, sin embargo sus consejos prácticos sobre el poder a líderes o aspirantes líderes inescrupulosos, han suscitado debates desde la publicación de “Il Principe” en 1532 (después de la muerte de Machiavelli), ofreciendo a los gobernantes la forma de racionalizar e implementar empresas deshonestas sea en política, que en el mundo de los negocios. Son cuestiones que la sociedad tiene que preguntarse en todo momento y en todas épocas. Quien ha entendido y valorizado el gran valor teórico del pensamiento de Machiavelli ha sido Isaiah Berlin, que ha individuado en el principio del conflicto permanente entre valores cristianos y valores políticos – mas allá de la separación entre ética y política – el origen de la irreductible imperfección de todos los modelos políticos, de donde derivan los valores del pluralismo y de la tolerancia del moderno liberalismo.
MACHIAVELLI Y LA LIBERTAD POLITICA
Pero quien ha entendido y valorizado el gran valor teórico del pensamiento de Machiavelli ha sido Isaiah Berlin, que ha individuado en el principio del conflicto permanente entre valores cristianos y valores políticos – mas allá de la separación entre ética y política – el origen de la irreductible imperfección de todos los modelos políticos, de donde derivan los valores del pluralismo y de la tolerancia del moderno liberalismo.
Universale Bollati Boringhieri. Classici, Bollati Boringhieri, 1993 - N. Machiavelli, Il Principe e pagine dei Discorsi e delle Istorie, a cura di Luigi Russo, ed. Sansoni, Firenze 1967

Entendido correctamente, Machiavelli es una figura central en la tradición republicana. Aunque su reputación se debe a los consejos que él da al príncipe sobre como guardar el poder, el republicanismo contemporáneo que a él se inspira, sabe que Machiavelli dedicó sus mejores consejos en “Discursos a Tito Livio” a los ciudadanos y a la forma de mantener la libertad. En “Los discursos”. Machiavelli quería mostrar como su nativa Florencia, un tiempo una republica libre, estaba cayendo en la tiranía. Su argumento era que la antigua Roma había preservado su libertad en forma más eficaz que Florencia, gracias a la forma en que los ciudadanos ordinarios habían limitado el poder de la elite, lo que parece de particular importancia hoy en día, dado que las elites económicas y políticas actuales en Europa y en el mundo han fracasado sea moral que prácticamente.

Históricamente, para Machiavelli, la clave de la resiliencia de Roma fue que las instituciones aseguraban que la masa de los ciudadanos ordinarios - y no los GRANDI - fuera el guardián último de la libertad. Él reservó su más grande apreciación a los “tribunos de la plebe”, una institución reservada a las clases más bajas, que servía para restringir la insolencia y la brama de poder de los GRANDI. Machiavelli subraya la habilidad de los tribunos para acusar de corrupción e enjuiciar públicamente a los miembros del Senado, y hacían lo mismo con ciudadanos privados que trataban ejercer una influencia excesiva sobre la política de la republica. No sorprende que el defensor del pueblo, o sea el ombudsman, como emanación de la sociedad civil y que en nuestros sistemas modernos no está en Parlamento, haya venido a integrar nuestras instituciones y sea una figura típica de las instituciones republicanas anglo-sajones.

Para Machiavelli, el interés público último que la masa del pueblo comparte, es la defensa de las interferencias arbitrarias de otros. De esto consigue – como afirma Quentin Skinner, uno de los mayores teóricos del republicanismo – que, para ganar un máximo de libertad “tenemos que volvernos en sirvientes del interés público”, ya que los ciudadanos ordinarios, contrariamente a los plutócratas y las elites ambiciosas y sedientas de poder, no tienen ninguna intención de dominar a otros. Solamente no quieren ser mandados. Más específicamente, ellos no quieren ser dominados - ya que siempre tienen miedo de las interferencias del poder arbitrario.

Los republicanos actuales han utilizado estas ideas para ofrecer un concepto distinto de libertad, mucho más practicable que la ofrecida por las nociones liberales convencionales. Según los republicanos, no somos libres si hay un poder que tiene el potencial de interferir con nosotros – aun cuando ese poder no interfiera con nosotros en un momento particular, por ejemplo, en el caso de un empleado no regularizado y su empleador. Quien tiene menor poder, vivirá en un ansia constante, mucho más que los que lo tienen, a menos que ese poder sea controlado o limitado por un contra-poder. Una forma de contra-poder es un gobierno popular que actúe bajo la “rule of law” contra cualquier poder arbitrario.

Pero hay otra amenaza a la vida libre - UNO VIVERE LIBERO - y es el peligro omnipresente de la corrupción, entendida como la prevalencia de los intereses privados en relación a los intereses públicos. Para los GRANDI – la nobleza, la plutocracia o la elite política y económica – la corrupción nasce de la ambición y del apetito insaciable por el poder. Un ejemplo reciente es la actitud de los banqueros de Wall Street (o de Square Mile en Londres), así como el abuso de los miembros del parlamento en los gastos parlamentarios, que pueden ser considerados como instancias de corrupción según el análisis de Machiavelli.

De hecho, la crisis sea política que económica que atraviesa la vida política europea – en nuestro ejemplo, inglesa – sugiere que hay que hacer mucha más atención a las observaciones de Machiavelli: los recursos de los GRANDI – sea de la clase política que económica - junto con la amplia discrecionalidad que ellos disfrutan – ponen serios peligros a la libertad de las republicas.

Hay que esperar que la gente de poder se acuerde de la enseñanza de Machiavelli y pueda desafiar los mitos que abundan en nuestros sistemas. Los líderes buscan el poder para cambiar las cosas a través de su ideología y creencias. Pero no conseguirán sus objetivos, a menos que, como hizo Machiavelli, no entiendan que hay algo que se denomina EL ARTE DE GOVERNAR, y que, también en los libros de Machiavelli, vale la pena estudiarlo.

Modernidad “republicana” de Niccoló Machiavelli:

(500 años de Il Principe)

de

Gabriella Bianco

1. La doctrina política.

2. Diferencias entre “Il Principe” (1513) e “I Discorsi a Livio” (1513- 1517/1519)

3. Machiavelli y el moderno Republicanismo

4. Thatcher, Blair, Gordon Brown, Cameron. Algunos tips en el arte de gobernar.

1. La doctrina política.

“Uno debería ser sea temido que amado, pero, ya que es difícil que las dos cosas vayan juntas, es mucho más seguro ser temido que amado…ya que el amor tiene una serie de obligaciones que – ya que los hombres son egoístas – se rompen cada vez que no sirven a sus propósitos; pero el miedo se mantiene por el terror de puniciones que nunca faltan”. (Machiavelli, Il príncipe, 90).

La doctrina política de Machiavelli entiende mostrar el camino a través del cual las comunidades políticas pueden renovarse conservándose o conservarse renovándose. Este camino es la “vuelta a los principios”, conformemente a la concepción que el Renacimiento tiene de la renovación del hombre en todo campo. De hecho, Machiavelli, reconociendo en la renovación de las concepciones políticas, el origen de la naturaleza humana y la condición natural de las sociedades y de los estados, intentó volver a las formas históricas originarias o a la naturaleza de las instituciones sociales (gius-naturalismo).

La “vuelta a los principios” de una comunidad política impone dos condiciones:

1. que los orígenes históricos de una comunidad sean claramente reconocidas, lo que puede ser hecho solamente desde una indagación histórica objetiva;

2. que sean reconocidas en su realidad efectual, las condiciones a partir de las cuales la vuelta debe ser efectuada.

Estas dos vertientes – el objetivismo historiográfico y el realismo político – constituyen los dos fundamentos de la historiografía originaria de Machiavelli. El principio del REALISMO POLITICO hace de Machiavelli el fundador de las ciencias empíricas de la política, o sea de una disciplina que estudia las reglas del ARTE DEL GOBIERNO, sin otra preocupación que la eficacia de dichas reglas.

De la doctrina política de Machiavelli es parte integral el concepto de FORTUNA, o sea de CASUALIDAD, que, en su imprevisibilidad, constituye siempre una condición de la actividad política y el concepto conectado de EMPEñO POLITICO, al cual los hombres “DEBBONO BENE NON SI ABBANDONARE MAI”, - no deben nunca abandonarse, en el sentido de que no deben desesperar ni renunciar a la acción, sino insertarse activamente en los eventos, cuyo éxito – dada la presencia de la casualidad – nunca está predestinado. La obra que expresa el nivel más avanzado del pensamiento del diplomático florentino – “Los discursos a Tito Livio” – contiene en embrión la superación definitiva de la tradicional concepción política del Renacimiento. El motivo inspirador de los Discursos es la Historia, como fuente de emulación para quien debe ocuparse de la RES PUBLICA.

Por lo que concierne el contenido histórico, Machiavelli subraya la caducidad de las tiranías y el rol fundamental de la libertad en las repúblicas; la aversión pragmática de la conjuraciones – ellas no traen resultados duraderos – y el rol vital de la milicia, del monopolio de la fuerza y del ejercito ciudadano. En el Capitulo cinco de Los discursos, intitulado: “Como gobernar ciudades y estados que antes se auto-gobernaban”, su consejo es claro: desistir. Ahí donde los pueblos tienen una fuerte historia de auto-gobierno y el amor a la libertad, la sola manera de “conquistar esos lugares, es destruyéndolos”. Un ejemplo emblemático puede ser – a los 70 años de la muerte de Simone Weil – su obra incompleta “VENISE SAUVEE”, en nuestra renovada versión, “SALVAR A VENECIA”, donde la única forma – fallida por la decisión ética unilateral de Jaffier, uno de los conjurados – de conquistar y tomar la ciudad, es destruyéndola.

Para Machiavelli, los buenos juicios son los que contribuyen a mantener una ciudad libre, donde los ciudadanos sean libres de la sujeción a cada grupo o individuo, sea un invasor externo o un tirano, que haya emergido desde adentro del sistema político de la comunidad. Si hay que evitar que la ciudad caiga en las manos de individuos o grupos tiránicos, el gobierno debe organizarse de una manera que pueda quedar en las manos del cuerpo ciudadano en su conjunto.

Sin embargo, Machiavelli no se limita a celebrar el pasado, sino – y esto no es del todo coherente con los cánones vigentes en el Humanismo – en su conciencia lucida de los eventos contingentes, él quiere traer los elementos de continuidad y referirse a los modelos de acción duraderos y esenciales.

La diferencia fundamental entre los discursos y el Príncipe, más que el reconocimiento de la complejidad de las normas que regulan el accionar político junto con la acción de los pueblos, y por lo tanto de las republicas y del hombre virtuoso, reside en el procedimiento lógico de descripción de los fenómenos históricos adoptados. Mientras que en “Il Principe” los hechos sirven para valorar normas generales dadas, según un proceso deductivo, en los discursos, por el contrario, según un método inductivo, son los hechos – la narración de Tito Livio- que determinan las reglas del actuar político.

Machiavelli orienta su interés a la honestidad y lealtad en la vida civil y política y por lo tanto, admiraba los estados que se regían o se habían regido, sobre estas virtudes, como por ejemplo, el estado romano. Su intención era formular, sobre la base de la experiencia política antigua y nueva, reglas de gobierno eficaces; y él consideraba tal eficacia independiente del carácter moral o inmoral de las reglas mismas.

Por otro lado, él se daba cuenta que la moral y la religión pueden ser – y a veces lo son – fuerzas políticas que condicionan, como todas las otras fuerzas, la actividad política y su éxito. Sin embargo, él veía que esto no siempre pasaba y sin embargo, la acción política resultaba eficaz también ejercitándose en sentido contrario a las leyes de la moral. Este caso era el más frecuente, en sociedades – especialmente la italiana y la francesa de su época - que se decían CORRUPTAS.

Ya que Machiavelli tiene sobre todo en vista la aplicación de sus reglas políticas a la sociedad italiana, hacia la constitución de un estado unificado (lo que sucedería 350 años después), esto explica su insistencia en ciertas máximas inmorales – o mejor dicho – realistas - de CONDUCTA POLITICA; una insistencia que está muy mal expresada y generalizada en el dicho “El fin justifica los medios”.

Este dicho es sin duda una simplificación de su tesis. Él no aconsejaba a los gobernantes de ser arbitrarios o crueles por razones de ganancia personal; de hecho, él era muy crítico de los jefes extranjeros, sobre todo, del Rey Ferdinando de España, que trataba a sus súbditos, en forma muy brutal. Estas conductas pueden llevar al poder, nunca a la gloria. En su distinción entre “fama” y “gloria”, uno debe ser muy valiente y bueno. Por eso, Julio Cesar adquirió fama por ser valiente más que bueno; “él no caminó el camino de la gloria, porque su ambición pervirtió su juicio”. La lealtad, la confianza, la obediencia son valores que deben ser adoptadas por un largo periodo de tiempo por los gobernantes.

Por “machiavellismo” se entiende también el principio por el cual convencionalmente, desde el siglo XVII, se reasume la doctrina de Machiavelli, o sea “el fin justifica los medios”. Sin embargo, esta máxima no fue formulada por Machiavelli – que no consideraba el estado como fin absoluto y no lo consideraba dotado de una existencia superior a la del individuo (en el sentido en que lo hará, por ejemplo, Hegel, en su filosofía del Derecho, # 337) – sino fue en realidad propia de la moral jesuítica

Hegel la cita en la forma en que él la había recibido del padre jesuita BUSENBAUM (1602-1668). “Quando il fine é lecito, anche i mezzi sono leciti” (Medulla theologiae moralis, IV, 3, 2) repite Hegel y justifica el dicho sea formalmente – como expression tautologica – sea sustancialmente. (Fil. del diritto, # 140)

Si esto fuera el caso, habría que preguntarse lo que dijo el papa jesuita Francisco en el encuentro con la Canciller alemana Angela Merkel, si prevaleció en su discurso la caridad y la justicia hacia los pobres o el discurso exquisitamente jesuita de los “fines que justifican los medios”.

2. Diferencias entre “Il Principe” (1513) e “I Discorsi” (1513- 1517/1519)

El contexto temporal en que fueron escritas estas dos obras es el mismo: “Il príncipe” fue escrito muy rápidamente en 1513, mientras que los discursos fueron escritos entre 1513 a 1517 o 1519. Machiavelli no escribió “Il príncipe” por razones literarias, sino por probar su competencia en el gobierno y para ofrecer consejos a Lorenzo De` Medici sobre el poder, como ganarlo y mantenerlo en forma eficiente. Un líder fuerte que mantiene el poder, no debería hacerlo por razones de ambición personal, sino por el beneficio de los ciudadanos.

En relación a esta afirmación que puede parecer cínica, “Un príncipe no está obligado a tener todas las cualidades, pero es necesario que aparente tenerlas”, Lord McAlpine, Deputy Chairman del Partido conservador en la época de Margaret Thatcher, comentando a Machiavelli, observa: “En realidad, la verdad es lo que cree el pueblo”; sabiendo esto, entonces, “(el servidor) puede crear sus propias verdades”, atestiguando que la verdad en política es algo muy relativo.

Una de las cuestiones cruciales debatidas en “Il príncipe”, es sin duda si “es mejor que el príncipe sea amado o odiado”, aunque los príncipes deberían evitar ser odiados, ya que la lealtad del pueblo es una mejor defensa que construir una fortaleza. Esto demuestra la apertura y flexibilidad del pensamiento de Machiavelli, donde sus intuiciones políticas y su teoría sobre el poder suscitan fuertes emociones y reacciones, influenciando la moderna historiografía y los modernos lideres. Líderes como Hitler o Stalin han citado el texto con frecuencia, tratando justificar sus propias conductas. Se ha descrito la decisión de Bush de invadir a Irak como “machiavellica” y en muchos círculos de negocio, Machiavelli está como referencia, según la cual ganar es todo lo que cuenta, no importa cómo se consigue.

Machiavelli no tenía la intención de escribir un tratado sobre la ética, sin embargo sus consejos prácticos sobre el poder a líderes o aspirantes líderes inescrupulosos, han suscitado debates desde la publicación de “Il Principe” en 1532 (después de la muerte de Machiavelli), ofreciendo a los gobernantes la forma de racionalizar e implementar empresas deshonestas sea en política, que en el mundo de los negocios. Son cuestiones que la sociedad tiene que preguntarse en todo momento y en todas épocas.

Mientras que “Il príncipe” – más allá de la fama conseguida – es una obra contingente, totalmente sumergida en los eventos políticos de la Florencia de su tiempo, los “Discursos a Tito Livio” quieren ser – más allá de la falta de sistematicidad – una obra no contingente, sino el fruto de una larga reflexión y elaboración teórica. Esto comprueba que, aun en la identidad de la inspiración, las dos obras responden a dos distintos objetivos.

Machiavelli trabajó en los discursos desde 1513 hasta 1517 o 1519, con la intención de escribir un comentario a la primera Deca de la Historia de Tito Livio. Nació un tratado sobre las republicas en tres libros, en el cual la referencia a la obra del gran historiador romano, ofrece solamente la ocasión para la elaboración de una teoría comprensiva, aunque no sistemática, de la relación entre los Estados y los Pueblos.

En los discursos están presentes las conversaciones de los “Orti oricellari”, o sea los jardines del Palacio Rucellai, donde hombres sabios y de cultura se encontraban para leer los eventos políticos de Florencia a la luz de los hechos históricos de Roma. La obra está dedicada a Cosimo Rucellai, nieto del fundador de los Orti y a Zenobi Buendelmonti: “Ustedes me han obligado a escribir lo que nunca yo solo hubiera escrito” – escribe Machiavelli y esto demuestra que no se trató de una reflexión solitaria.

Los discursos tienen por objeto temas diversos, no ordenados, tenidos juntos, por lo menos en apariencia, solamente por el hilo de la conversación: las republicas, los pueblos, la costumbre de los ciudadanos, los príncipes y los principados, las leyes y las conjuraciones, la guerra, la milicia y los capitanes, la fortuna y la virtud, la libertad y la corrupción, las cualidades morales de las clases dirigentes.

Con los discursos, Machiavelli se hace precursor de la moderna historiografía y del mismo Gian Battista Vico. El politólogo Ingles Neil MacCormick considera a Machiavelli el padre de la moderna “constitución mixta”, solamente parcialmente escrita pero profundamente operativa, donde el principio que está a la base de la democracia – la libertad – está contrabalanceado por contrapesos idóneos que salvaguardan el momento de la decisión – lo que llamaríamos el ejecutivo – que en la época de Machiavelli estaban representados por el principio monárquico o oligárquico.

En el marco trazado por Machiavelli en relación al príncipe y los principados, el valor de la libertad entre los intelectuales y el poder fue sostenido y heredado por Vittorio Alfieri en su obra claramente inspirada a Machiavelli – “Del Principe e delle lettere” – Del Principe y de las letras; según Alfieri, el intelectual no puede que ser libre o sometido. Esta misma cuestión es tratada por Antonio Gramsci, uno de los primeros intelectuales democráticos a desarrollar una visión política “nacional” y “popular”; en sus “Note su Machiavelli”, Gramsci subraya el carácter “práctico” del pensamiento de Machiavelli – la referencia teórica de Gramsci es Croce – o sea el carácter de “una personalidad que quiere intervenir en la política y la historia de su propio país”.

3. Machiavelli y el moderno Republicanismo

Entendido correctamente, Machiavelli es una figura central en la tradición republicana. Aunque su reputación se debe a los consejos que el da al principe sobre como guardar el poder, el republicanismo contemporáneo que a él se inspira, sabe que Machiavelli dedicó sus mejores consejos en “Discursos a Tito Livio” a los ciudadanos y a la forma de mantener la libertad.

Para entender al Machiavelli republicano – no tenemos que leer tanto El Príncipe, cuanto referirnos a “Los discursos”. Machiavelli quería mostrar como su nativa Florencia, un tiempo una republica libre, estaba cayendo en la tiranía. Su argumento era que la antigua Roma había preservado su libertad en forma más eficaz que Florencia, gracias a la forma en que los ciudadanos ordinarios habían limitado el poder de la elite, lo que parece de particular importancia hoy en día, dado que las elites económicas y políticas actuales en Europa y en el mundo han fracasado sea moral que prácticamente.

Los republicanos actuales han utilizado estas ideas para ofrecer un concepto distinto de libertad, mucho más practicable que la ofrecida por las nociones liberales convencionales. Según los republicanos, no somos libres si hay un poder que tiene el potencial de interferir con nosotros – aun cuando ese poder no interfiera con nosotros en un momento particular, por ejemplo, en el caso de un empleado no regularizado y su empleador. Quien tiene menor poder, vivirá en un ansia constante, mucho más que los que lo tienen, a menos que ese poder sea controlado o limitado por un contra-poder. Una forma de contra-poder es un gobierno popular que actúe bajo la “rule of law” contra cualquier poder arbitrario.

Pero hay otra amenaza a la vida libre - UNO VIVERE LIBERO - y es el peligro omnipresente de la corrupción, entendida como la prevalencia de los intereses privados en relación a los intereses públicos. Para los GRANDI – la nobleza, la plutocracia o la elite política y económica – la corrupción nasce de la ambición y del apetito insaciable por el poder. Un ejemplo reciente es la actitud de los banqueros de Wall Street (o de Square Mile en Londres), así como el abuso de los miembros del parlamento en los gastos parlamentarios, que pueden ser considerados como instancias de corrupción según el análisis de Machiavelli.

De hecho, la crisis sea política que económica que atraviesa la vida política europea – en nuestro ejemplo, inglesa – sugiere que hay que hacer mucha más atención a las observaciones de Machiavelli: los recursos de los GRANDI – sea de la clase política que económica - junto con la amplia discrecionalidad que ellos disfrutan – ponen serios peligros a la libertad de las republicas.

Como ha declarado recientemente Jean-Pierre Jouyet, actual presidente del Banco público de inversiones (BPI) europeo, hace dos años, en Italia, ellos “habían presionado sobre el juego democrático”. “Es – dijo – el tercer gobierno que cae por su iniciativa a causa de su deuda excesiva…la disparatada de las tasas de interés de la deuda italiana fue la boleta de votación de los mercados….(pero) llegado el momento, (quizás) los ciudadanos se rebelarán contra esta dictadura de hecho”. (en, Serge Halimi, le Monde Diplomatique, Edición Cono Sur, mayo de 2013, pag. 31)

La “dictadura de hecho” puede contar con los grandes medios para confeccionar los pretextos que retrasan, y luego desvían, las revueltas colectivas, desvirtuando los escándalos más evidentes. Para ocultar los mecanismos gracias a los cuales riqueza y poder fueron captados por una minoría que controla a la vez los mercados y los Estados, es necesario un trabajo continuo de educación popular. Pero sucede que pueblos como el italiano, el español o el griego, cuyo nivel de apatía sigue siendo insuficiente, rezongan y se rebelan. Así, cuando Monti en Italia trató de convertir en recortes estrepitosos, los diktats antidemocráticos de la troika – BCE, FMI y la Comisión europea - fracasó inexorablemente.

Para Machiavelli, el interés público último que la masa del pueblo comparte, es la defensa de las interferencias arbitrarias de otros. De esto consigue – como afirma Quentin Skinner, uno de los mayores teóricos del republicanismo – que, para ganar un máximo de libertad “tenemos que volvernos en sirvientes del interés público”, ya que los ciudadanos ordinarios, contrariamente a los plutócratas y las elites ambiciosas y sedientas de poder, no tienen ninguna intención de dominar a otros. Solamente no quieren ser mandados. Más específicamente, ellos no quieren ser dominados - ya que siempre tienen miedo de las interferencias del poder arbitrario.

Históricamente, para Machiavelli, la clave de la resiliencia de Roma fue que las instituciones aseguraban que la masa de los ciudadanos ordinarios - y no los GRANDI - fuera el guardián último de la libertad. Él reservó su más grande apreciación a los “tribunos de la plebe”, una institución reservada a las clases más bajas, que servía para restringir la insolencia y la brama de poder de los GRANDI. No sorprende que el defensor del pueblo, o sea el ombudsman, como emanación de la sociedad civil y que en nuestros sistemas modernos, no está en Parlamento, haya venido a integrar nuestras instituciones y sea una figura típica de las instituciones republicanas anglo-sajones.

Machiavelli subraya la habilidad de los tribunos para acusar de corrupción e enjuiciar públicamente a los miembros del Senado, y hacían lo mismo con ciudadanos privados que trataban ejercer una influencia excesiva sobre la política de la republica. Un enjuiciamiento publico ofrecía un modelo de punición basado en la “rule of law” e incluya a ciudadanos comunes. Toda la ciudadanía podía integrar jurados para procesos contra ofensas políticas, de la misma manera que hoy en día, jurados son utilizados en el mundo anglo-sajón en casos de ofensas criminales.

En el caso de calumnias o acusaciones no certeras – esto es particularmente interesante en el mundo en que vivimos – Machiavelli sugiere que “los que calumnian, son ellos mismos vulnerables a ser enjuiciados”. Las calumnias son “tan injuriosas a la república, como lo son los públicos enjuiciamientos”. Si los políticos – afirma Machiavelli- quieren salvarse de las calumnias lanzadas por los GRANDI que detienen la prensa - sin mencionar los desordenes, causados por el crecimiento de partidos extremistas o por la abstención electoral en masa -, deberían asegurarse que los ciudadanos encuentren las formas más efectivas de formular su descontento suscitado por la percepción de la mala conducta de las elites.

En el caso de la conducta del mismo Machiavelli como diplomático durante la signoría de I Medici en Florencia, se subraya su alta concepción de la vida pública. Parks, el traductor de Il Principe en la versión en ingles 2013, subraya que, cuando Machiavelli fue investigado por malversación de fondos, se terminó por rembolsarlo de dineros que se les debía. El mismo Machiavelli remarcó un día que “su pobreza era evidencia de su honestidad”.

No hay duda que Machiavelli – si no es el iniciador - ocupa un lugar central en la tradición republicana. En el caso del Reino Unido, el problema con la política es que no es lo suficientemente machiavellica. No hay duda de que el Reino Unido vive un momento crucial de su desarrollo político, ya que, sea la City (la clase de negocios) que el Parlamento tienen poca o ninguna credibilidad a los ojos del público. Este es un momento potencialmente republicano, en el cual se imponen valientes reformas para domesticar a los poderosos, reformas que son muy urgentes. Para realizarlas, hay que explotar al máximo el potencial y los ricos recursos del pensamiento republicano.

A título de ejemplo, durante la campana que no ganó, el Speaker de la Casa de los Comunes – House of Commons – en 2013 ,Sir Patrick Cormack, recordó a todos que este año era el aniversario de Machiavelli; en esa oportunidad, él recordó a la Casa el desprecio del público hacia las instituciones, aun más frente al hecho de que el candidato ganador de un partido había sido elegido por un partido solamente para antagonizar al otro, incorporando una postura que podría representar lo peor de Machiavelli: la duplicidad, la astucia, la conveniencia, la corrupción.

Sin embargo, esto no haría justicia al potencial democrático del pensamiento de Machiavelli. Todos los mentores del republicanismo han subrayado el componente democrático del pensamiento cívico republicano, desde el historiador de las ideas Quentin Skinner al filósofo político Philip Pettit. No hay duda, como ha afirmado David Marquand, que el republicanismo democrático es una componente crucial de la identidad política inglesa y representa una fuerza viva en momentos importantes de cambio radical democrático de la historia inglesa.

4. Thatcher, Blair, Gordon Brown, Cameron. Algunos “tips” en el arte de gobernar.

“Il príncipe” es un texto de ciencia política que ha sobrevivido la usura del tiempo, ya que Machiavelli - con su astuta visión de la política donde la moral y la ética juegan un papel secundario - lleva la ciencia política a un nivel superior, con su visión lógica y al mismo tiempo, sensible, describiendo las cosas con son y no como deberían ser, trasladando en sus textos, su experiencia directa en la diplomacia y sus lecturas de los clásicos. Para él, existe el arte de gobierno, que no es lo mismo de la moralidad personal, al mismo tiempo que el interés personal y el interés colectivo no siempre coinciden.

Durante el gobierno de Tony Blair, su jefe del personal Jonathan Powell encontró una interesante fuente de inspiración en Machiavelli y en su teoría del gobierno, tratando aplicarla a la política moderna, como resulta de sus apuntes de diario entre 1997 y 2007. En relación al mito del “cabinet government”, el gobierno del gabinete, se presume que el gobierno sea hecho por un gabinete donde el primer ministro gobierne como “primus inter pares”.

Blair , que era una rara combinación de fortuna, coraje e instinto político – lo que guía todos los grandes líderes al éxito - introdujo lo que se llamó “sofá government”, o sea una forma de gobierno donde las decisiones eran tomadas por el solo o por pocos otros. Es interesante que quien más criticó esta forma de gobierno fue Robin Butler, que había sido el secretario de gabinete de Margaret Thatcher, “la dama de hierro”, que notoriamente, como primer ministro, no era particularmente incline a escuchar las opiniones de los miembros de su gabinete.

En realidad, sea en el caso de Thatcher que de Blair, la diferencia reside entre un primer ministro fuerte y un ministro débil. Cada vez que a un primer ministro fuerte - como fue el caso de Tony Blair – sucede un ministro débil, él promete introducir decisiones colegiales, porque no es capaz de imponer la agenda él mismo.

En relación a la lidership, Machiavelli considera que las cualidades esenciales sean el coraje y la inteligencia; inteligencia como inteligencia emocional e instinto político, donde el coraje en política está demostrado por la habilidad de tomar decisiones difíciles; de hecho, él era muy crítico de su jefe Piero Soderini, que, al lugar de actuar, intelectualizaba los problemas, resistiendo cuando hubiera tenido que ceder, accediendo cuando hubiera tenido que oponer resistencia. Tratando la política inglesa, Blair tenía mucho de ese instinto del cual habla Machiavelli, más que su sucesor Gordon Brown.

Machiavelli argumenta que los príncipes irresolutos, que escapan del peligro y siguen caminos neutros, en la mayoría de los casos persiguen su propia destrucción. Y él observa que, si hay que elegir, es mejor tener un líder impetuoso que uno cauteloso e indeciso. Esto fue el caso de Margaret Thatcher....

En el mes de abril de 2013, la ex-primera ministra britanica Margaret Thatcher murió a la edad de 87 años. No se puede no remarcar su lídership - por el bien o por el mal - durante el conflicto de las islas Malvinas en 1982. Fue una victoria que cementó su permanencia en el poder hasta 1990, mientras que marcó el fin de la junta militar en Argentina.

En el Reino Unido, la victoria sacó al gobierno de Margaret Thatcher del agujero en que se encontraba por sus duras políticas sociales de corte neoliberal y ganó las elecciones de 1982 con la más amplia mayoría que había tenido un candidato desde 1935. Esto le permitió afrontar con mucha fuerza todos los conflictos con amplias capas de la población derivados de las políticas mencionadas que se produjeron en los años subsiguientes y seguir en el poder hasta 1990.

De este conflicto se pueden traer algunas lecciones estratégicas:

- Argentina se equivocó en pensar que los ingleses no hubieran luchado;

- Como escribió John Cassidy: “Probablemente, los solos que pensaban que Margaret Thatcher no hubiera enviado fuerzas militares para defender las islas, eran los dictadores argentinos y el secretario de Estado de EE.UU Alexander Haig”.

Machiavelli lo tiene muy claro: el príncipe debe pensar estratégicamente y cada nuevo paso debe ser emprendido solo después de haber completado el anterior. De otra manera, se encontrará victima de los eventos. Una vez más, él critica a Soderini, por reconocer que él tenía enemigos ambiciosos, lo que hubiera justificado liberarse de ellos: pero él lo decía y no lo hacía. Él hizo el error de tratarlos con paciencia y bondad, sin darse cuenta que sus ambiciones frustradas no se podían compensar con regalos y buenas maneras.

Trasladando este ejemplo a la relación Tony Blair y su delfín Gordon Brown, Machiavelli ofrece a Brown un útil consejo:

“si los que aspiran al poder no tienen suficiente fuerza para hacer la guerra, ellos deberían hacer cada esfuerzo para mantener la amistad del Príncipe, disfrutar su amistad y compartir su buena fortuna, dándose la posibilidad de realizar sus propias ambiciones en el momento oportuno”.

Si Gordon Brown hubiera seguido ese consejo, sostenido el programa de Tony Blair sin desestabilizarlo, el Partido Laborista no hubiera sido perjudicado irreparablemente.

El pensamiento de Machiavelli puede ser aplicado a cada primer ministro para establecer si efectivamente entiende y aplica el arte de gobernar. Por ejemplo, no está del todo claro si Cameron tiene un plano para contrarrestar los disturbios que seguirán a sus recortes, como hizo Margaret Thatcher con los mineros. Las semillas de la destrucción integran todo gobierno desde el comienzo. El secreto es identificarla al comienzo más que al final. Es difícil decir dónde está la destrucción en el gobierno de Cameron, pero podría ser en el hecho que se pone más énfasis en la política (politics) más que en las políticas (policy).

Aunque en Gran Bretaña no están indicados los términos de finalización de un gobierno, como en EE.UU., es aconsejable que los primeros ministros no se mantengan en el cargo por más de 10 años. De otra manera, puede pasar lo que pasó con Margaret Thatcher, que fue alejada, sea por el electorado que por su mismo partido.

Para ser grandes, los líderes necesitan lo que Machiavelli llama fortuna. Pero la fortuna no alcanza de por sí sola. Machiavelli dice que al final los grandes líderes son los que encarnan las oportunidades que la fortuna les ofrece. En los últimos cien años, ha habido solamente un puñado de primeros ministros, que, juntando buena suerte con instinto, han utilizado la suerte a su ventaja. Blair fue uno de esos líderes.

Hay que esperar que la gente de poder se acuerde de la enseñanza de Machiavelli y pueda desafiar los mitos que abundan en nuestros sistemas. Los líderes buscan el poder para cambiar las cosas a través de su ideología y creencias. Pero no conseguirán sus objetivos, a menos que, como hizo Machiavelli, no entiendan que hay algo que se denomina EL ARTE DE GOVERNAR, y que, también en los libros de Machiavelli, vale la pena estudiarlo.


Bibliografia:

G. Sasso, Niccolò Machiavelli, storia del suo pensiero politico, Napoli,1958

Niccolò Machiavelli, Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio,

F. Meinecke, Die Idee der Staatsräson in der neueren Geschichte, 1925, trad. inglesa, Machiavellianism, 1957

Serge Halimi, Una democracia degenerada, Le Monde Diplomatique, Edición Cono Sur, mayo de 2013

F. Hegel, Filosofia del diritto, edizione a cura di A. Plebe, Laterza, Bari, 1954

Gabriella Bianco, Salvar a Venecia, Editorial Suarez, Buenos Aires, 2007

Jonathan Powell ha sido “chief of staff” durante la época de Tony Blair del 1997 al 2007. Su libro se intitula: The New Machiavelli: How to Wield Power in the Modern World”, Bodley Head, London, 2010

The Ruthless Leader by Howard Hyman Edited by Alistair McAlpine , 2000 Lord McAlpine fue el tesorero y el Deputy Chairman del Partido conservador en la época de Margaret Thatcher.“The Ruthless Leader” (El líder sin escrúpulos) es la recopilación de tres obras independientes reunida en un volumen: The Art of War (El arte de la guerra” por el general chino Sun Tzu, escrito alrededor 500 A.C.: El Principe, por Niccolò Machiavelli; The Servant (El servidor), escrito por Lord MacAlvine 500 años después.

Richard Reeves es director de “Demos”, y Dan Leighton es el responsable del “ think tank” del Proyecto Republicano. “Demos” ha juntado un grupo de notables pensadores republicanos – Skinner, Marquand, Stuart White, Cécile Laborde, Melissa Lane) para desarrollar el “Manifiesto Republicano de nuestros tiempos”. www.demos.co.uk

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