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Sarmiento y el "caudillismo” (1868)

por Hernán Fernández (Universidad Nacional de San Juan)
 


Introducción

En 1868 Sarmiento es candidato para la presidencia argentina, por entonces se hallaba en los Estados Unidos cumpliendo labores diplomáticas. Dicha candidatura despertó fuertes objeciones debido a que se lo consideraba como un político incapaz producto de su renuncia a la gobernación de San Juan (1862-1864); pero sobre todo se lo acusaba de ser un déspota por el modo en que llevó adelante la lucha contra el Chacho Peñaloza, quien encabezó un levantamiento montonero en 1863[1]. Esta última acusación hacia Sarmiento se fundaba en dos hechos; uno era la decisión de dictaminar el estado de sitio sin esperar la aprobación de los poderes nacionales y, el otro, fue la ejecución del Chacho, determinación polémica porque el caudillo riojano se había entregado luego de ser derrotado y sus derechos como prisionero no fueron respetados.

Ante las críticas hacia su figura, Sarmiento decidió responder editando por tercera vez a su obra más reconocida: Facundo (1845); la lucha por imponer la verdad en la escena pública para poder lograr credibilidad y acceder a la presidencia se convirtió en su gran objetivo y para ello decidió utilizar su mejor arma, es decir, sus escritos. Para explicar y entender más nítidamente el motivo de esta nueva publicación del Facundo es necesario tener en cuenta que cada edición que Sarmiento hizo tuvo objetivos políticos, no se puede entender cada ejemplar desvinculado de la coyuntura en la que se edita. Los motivos que llevaron a Sarmiento a publicar la primera (1845) y segunda (1851) son diferentes de los que impulsaron la tercera edición (1868); y si esto es así es porque tanto el contexto en el que se desenvuelve como su situación personal variaron con el correr de los años. Al publicar nuevamente en 1868 el Facundo, Sarmiento buscaba acceder a la presidencia y, siguiendo este fin, quita los dos últimos capítulos de la primera edición donde criticaba a los unitarios y proponía la nacionalización de la aduana con el objetivo de atraer el mayor apoyo posible. Para esta oportunidad anexó dos obras: “El General Fray Félix Aldao” (publicado en la segunda edición) y, un nuevo escrito, “El Chacho, último caudillo de la montonera de los llanos”.

A pesar de los cambios que poseen las diferentes ediciones uno de los temas centrales del Facundo siempre fue el mismo: el caudillismo, visto por Sarmiento como el gran drama a superar si se quería lograr la gobernabilidad en el naciente Estado. La estrategia sarmientina en esta tercera edición consistirá en realizar usos del caudillismo con la “Vida del Chacho” (el nuevo escrito que compone) para mostrarse como el indicado para la presidencia porque conocía esta problemática y, sobre todo, la había vencido como gobernador de San Juan[2]. En base a lo expresado configuramos la hipótesis de este trabajo, en la cual manifestamos que la tercera edición del Facundo tiene un doble objeto para Sarmiento: destruir los argumentos que lo acusaban de ser un mal gobernante y ser el asesino del Chacho, e imponer otro discurso con esta nueva edición, en general y el “El Chacho, último caudillo de la montonera de los llanos”, en particular; que lo legitime como el más apto para la presidencia.

CUESTIONES PREVIAS: SARMIENTO y EL “CAUDILLISMO” EN 1845

Si bien nuestro objetivo particular está centrado en “El Chacho, último caudillo de la montonera de los llanos”, no podemos entender al mismo sino hacemos referencia al Facundo, ya que es en la tercera edición de esta obra donde Sarmiento decide insertar el texto sobre el Chacho. Poniendo nuestro énfasis en el aspecto político del Facundo queremos destacar la coyuntura en la que Sarmiento compone dicha obra, es decir, el año 1845. Para esta fecha Rosas[3] se encontraba en gobierno de Buenos Aires y, en la misma ciudad, había surgido un grupo de jóvenes pensadores conocidos como la Generación del 37; estos se propusieron como “un círculo de pensamiento: un ámbito de lecturas, discusiones y sociabilidad donde se elaboran interpretaciones y proyectos sobre la nación argentina con las expectativas de ser escuchados por los hombres del poder” (TERÁN, 2007: 17). También se caracterizaron por adoptar los postulados del romanticismo europeo[4], especialmente el francés (Herrero, 2009). Sarmiento (que no estuvo en Buenos Aires por entonces) adoptó, a partir de la lectura de los libros que se hallaban en la biblioteca de Manuel Quiroga Rosas, los principios de la Generación del 37. De este modo se nos presenta un primer rasgo del Sarmiento escritor del Facundo: su pertenencia a la tradición romántica francesa; es fundamental poner el acento en esta característica del pensamiento del sanjuanino, porque su interpretación de la realidad (plasmada en la escritura del Facundo) estará marcada por las concepciones propias del romanticismo, y más específicamente del historicismo romántico.

El historicismo será la forma de percibir y escribir la historia por parte de los románticos, lo distintivo de esta faceta es el modo de concebir el devenir histórico, consideraban que el mismo estaba regido por leyes que lo guiaban hacia el progreso, una de esas leyes era la fricción constante que se daba entre dos elementos que, de este modo, dotaba de movimiento a la historia y daba como resultado una síntesis que será siempre la civilización[5]. Todos los elementos que integraban la historia eran propios de la civilización porque poseían la cualidad inherente de estar en permanente movimiento, propiciando así de dinamismo al trascurso histórico. Por el contrario, lo inerte, lo estanco, será ahistórico; es decir, no forma parte de la historia porque no implica cambio o, en otras palabras, avance hacia el progreso. En esta interpretación de la realidad, la providencia (como elemento que regula el devenir histórico) y la predestinación (como idea de que cada persona o hecho tiene una función asignada previamente), serán pilares fundamentales en el entendimiento de los sucesos históricos.

Tanto Sarmiento como la Generación del 37 buscaron dotar a la Argentina de una identidad nacional, entrando de esta manera en un conflicto intelectual producto de la falta de figuras propias de la civilización dignas de ser tomadas como ejemplos en la historia que pretendían escribir. Esto se debía a que los románticos rioplatenses rechazaban a la época colonial[6] y no podían ver con buenos ojos los tiempos en los que ellos mismos se desenvolvían (es decir, pos independencia) porque todo estaba tapado por la barbarie (con Rosas y sus adeptos en los gobiernos provinciales). En base a lo manifiesto, podemos concluir en esta primera aproximación, que Sarmiento con su Facundo se está presentando como un intérprete, como el pensador de la nacionalidad argentina, que se embarcará en una aventura intelectual con el fin de dotar a la naciente nación de una historia que sólo puede ser entendida develando la trama de cómo Rosas llega al poder o, dicho en palabras de Terán: “¿Por qué la revolución de mayo, una revolución libertaria e independentista, desembocó en el despotismo de Juan Manuel de Rosas? El enigma está encarnado pues en la persona misma del restaurador” (TERÁN, 2007: 29).

El Facundo entonces nace como un escrito con fines políticos, en el que su autor buscó explicar a sus lectores (según los principios románticos) el origen de la nacionalidad argentina y, para concretar este objetivo, necesariamente debió explayarse sobre el drama que impidió por entonces el desarrollo de la civilización en estas tierras: el caudillismo, encarnado en la figura de Facundo Quiroga y, sobre todo, de Juan Manuel de Rosas. En esta explicación de los hechos, el caudillo es el personaje que se filtra en la ciudad a partir de la Revolución de Mayo y la destruye al consolidar un sistema de gobierno bárbaro (caudillismo). No obstante, a pesar de las características negativas atribuidas en el Facundo al caudillismo y sus representantes los caudillos[7], los estudiosos consultados para el presente tema destacan que Sarmiento ve en el caudillo Quiroga a un “grande hombre”[8], a pesar de que Sarmiento tenía la necesidad de buscar ejemplos de héroes en el campo de la civilización, esto sería difícil en una coyuntura donde todo parecía cubierto por el velo del caudillismo. Por estos motivos Sarmiento vio que Facundo Quiroga fue “…a su manera un ‘grande hombre’, su biografía revela mucho más que la vida de un simple caudillo bárbaro, sin dejar por ello de serlo” (PALTI, 2009: 59). Entonces, si Quiroga se convierte en el “grande hombre” digno de relatar su vida porque refleja toda una realidad; consecuentemente todos los caudillos (como el Chacho Peñaloza) a los que Sarmiento dedique un relato biográfico tendrán tal privilegio porque entraman algo más que una simple compilación de datos personales, son la expresión de una época, representan el nudo que hay que desenlazar para poder comprenderla.

SARMIENTO Y EL “CAUDILLISMO” EN 1868

Al momento de componer “El Chacho, último caudillo de la montonera de los llanos” [9] (1868) Sarmiento pretende concretar una actualización de su Facundo, que es su gran obra porque, entre otras cosas, hizo ver a sus lectores (durante la primera y segunda edición) que él comprendía el origen del caudillismo. El hecho de escribir para esta nueva edición sobre el Chacho implicaba hablar sobre el personaje que marcó la trayectoria política del sanjuanino; pero, además, la historia de esta figura será utilizada por Sarmiento para abordar nuevamente el tema del caudillismo.

La “vida del Chacho” es toda una intervención de Sarmiento en la escena política, porque en los diferentes capítulos que componen el escrito, abordará los temas sustanciales que marcaron su carrera política, como la ruptura con Urquiza, las disputas con los diferentes funcionarios que actuaron bajo la presidencia del entrerriano (principalmente Alberdi) y las polémicas en torno a su actuación como gobernador de San Juan. Con la “vida del Chacho” Sarmiento redefine el Facundo, ahora no busca hablar sobre el origen del caudillismo (esto ya lo hizo en 1845 y 1851); todo lo que contiene esta nueva edición está destinado a hablar sobre el fin del caudillismo que, como intentaremos evidenciar, se inicia cuando Sarmiento entra activamente en la escena política. Entonces hay que tener presente que Sarmiento ya no sólo es el intérprete de la historia, sino el actor, es el que lucha en el campo de batalla para vencer al gran drama argentino[10].

Como vimos anteriormente, en el Facundo, Sarmiento mostró cuando se produjo la intervención del caudillismo en la historia nacional, que fue la época de la guerra por la independencia (tiempo en el que él todavía no actuaba en política). La permanencia de caudillos en el gobierno implicó la destrucción de las ciudades y la persecución de los hombres civilizados que no supieron cómo combatir semejante fenómeno[11], de esta forma el relato sarmientino se presentaba como una “tragedia”[12]. A causa de todo esto los ideales de Mayo, que eran propios de la civilización, todavía no se cumplían[13]. Por el contrario, la “vida del Chacho” no será una “tragedia”, en sus diferentes líneas lo que predomina son sucesos positivos, iniciados a partir de la batalla de Pavón (1861)[14] y de la participación de Sarmiento como funcionario. Por todo lo manifiesto, el capítulo destinado a narrar los comienzos de su gobierno en San Juan lo denomina “Reconstrucción”, pretendiendo marcar de esta forma un verdadero quiebre en la política nacional, donde ya actuaba Sarmiento, el político civilizado que iba a despojar todo lo bárbaro de la ciudad[15].

Como ya hemos manifestado, durante su mandato en San Juan (1862-1864) Sarmiento tuvo que enfrentar la sublevación del Chacho Peñaloza, producida en 1863 y extendida en diferentes provincias. Sarmiento al inicio de la contienda fue designado por Mitre como Director de la Guerra[16]; en tiempos donde la política estaba asociada a las armas era necesario tener dotes militares que garantizaren la defensa de los poderes del Estado en caso de una sublevación como la del Chacho. Con el objeto de dejar en claro que Sarmiento tenía esos dotes militares, al momento de narrar las medidas que llevó adelante para vencer a la montonera se refiere a él, no como el Gobernador de San Juan, sino como el “Coronel” Sarmiento.

Un tema crucial que tratará Sarmiento será la polémica que desencadenó su decisión de establecer el estado de sitio debido a la crisis que provocaba el levantamiento montonero. La justificación se funda en la urgencia de esa medida, ya que el estado de agitación y el alejamiento espacial del poder nacional (que era el encargado de aprobar el establecimiento del estado de sitio) llevó a Sarmiento a implantarlo basándose en el carácter pragmático del mismo, ya que la situación lo demandaba: “El sentido práctico indicaba que provincias tan distantes no podrían acudir al gobierno nacional en tiempo de aprovechar de su vénia…” (SARMIENTO, El Chacho: 42). Sarmiento respalda su iniciativa y señala como negativa la actitud de los funcionarios nacionales como Guillermo Rawson (Ministro del Interior por entonces y principal crítico de la medida adoptada) que aún seguían cometiendo los errores típicos de los antiguos unitarios que, como manifestaba en el Facundo, carecían de todo sentido práctico. La defensa de su determinación le servirá para presentarse como el paladín de la causa federal, ya que las circunstancias urgentes ameritaban que, bajo el principio de la autonomía local, se ejecutasen acciones preventivas de tal índole. Siguiendo este fin, Sarmiento afirma que su renuncia al cargo de Director de la Guerra se debió a que vio retroceder su anhelo de “…construir una provincia en la capacidad orgánica que conserva en la federación…” (SARMIENTO, El Chacho: 45); con estas palabras establecía su compromiso con el principio de federación.

El otro tema sustancial a tratar fue la ejecución de Peñaloza y la acusación hacia Sarmiento como el autor intelectual del hecho; el mismo se defenderá argumentando que los letrados incurrían en un error grave cuando intentaban juzgar al caudillo y a la montonera aplicando el derecho constitucional, producto de no saber interpretar la Constitución argentina y los ejemplos (Inglaterra y EE.UU.) que sirvieron de antecedentes para su redacción. La gran falencia del círculo dirigente era considerar a la montonera dentro de la ley y que, por lo tanto, sus integrantes eran plausibles de estar amparados por el habeas corpus. Sarmiento veía que la montonera era un elemento que requeriría de una atención especial en el derecho argentino, ya que era algo propio de estas tierras y por ello no estaba contemplado como debía ser su trato en ninguno de los documentos que sirvieron como fuente para la redacción de la Constitución Nacional[17].

Otra ofensiva de Sarmiento para destruir los discursos que lo atacaban será mediante la valoración de sus dotes militares y de las acciones que concretó para enfrentar a la montonera. El conocimiento de la historia y del modo de guerrear de los caudillos había permitido a Sarmiento ver cuál era la principal falencia de las tropas nacionales que no podían vencer a la montonera, cuya fortaleza estaba en la caballería (tanto en el Facundo como ahora en el Chacho, destacaba que los gauchos eran grandes jinetes), y por ello debía crearse un cuerpo de caballería para lograr vencerla. Sarmiento no desconocía la existencia de caballería en el ejército nacional, pero veía que la misma durante las guerras civiles perdió la disciplina que San Martín le había impartido cuando la creo para luchar por la independencia; ahora que él tomaba las riendas del poder tenía la misión de recomponer el legado sanmartiniano y encaminar al nuevo cuerpo por la senda de la civilización para lograr de una vez por todas la victoria sobre los caudillos.

Sarmiento quiere demostrar que sus acciones en el campo militar tendieron a vencer al caudillismo desde el único ámbito que se podía: desde la civilización. Por ello todo lo que realiza marca un quiebre en la historia militar argentina, porque con él en el gobierno se llevó adelante la “purificación” de todo lo bárbaro que anteriormente había llevado a la derrota de la fuerzas de la civilización cuando fueron conducidas por “malas copias europeas”. Pero ahora con alguien como Sarmiento, propio de la civilización, el verdadero cambio se había producido, por ello al referirse a la lucha que se desató en “Las Lagunas”, donde la montonera fue derrotada, Sarmiento la califica gloriosamente: “Este hecho de armas estaba destinado a hacer crisis en la historia de la caballería arjentina i destruir la preponderancia de la montonera” (SARMIENTO, El Chacho: 30).

Recapitulemos, en el Facundo, cuando las tropas de Lavalle y La Madrid intentaron derrocar a Rosas fueron vencidas porque en el fondo también eran bárbaros como Rosas; y el único militar que podía vencer al gobernador porteño porque era propio de la civilización, el General Paz, había sido capturado. En cambio, en la “vida del Chacho”, la historia tomará otro rumbo, ya no vencerá la barbarie, antes personificada en Quiroga y Rosas y luego en Peñaloza, porque ahora si hay un héroe de la civilización, ahora Sarmiento estuvo al frente de las fuerzas y las comandó civilizadamente y por ello logró vencer. De este modo, la civilización tiene por fin a su “grande hombre”[18], forjado en la teoría y en los hechos ¿quién podría entonces ser el conductor en la Argentina de 1868 sino aquel que venció desde la civilización al caudillismo? la Argentina ya contaba para entonces con el campeón de la civilización: Domingo Faustino Sarmiento.

CONSIDERACIONES FINALES

El título “El Chacho, último caudillo de la montonera de los llanos” asociado al autor Sarmiento (ex gobernador de la provincia de San Juan) e incorporado en un mismo volumen con Facundo, indica claramente una lectura del escritor sanjuanino de sus propias obras y de su propia trayectoria. Sarmiento está modificando y releyendo, una vez más en 1868, el libro que en su opinión y la de sus opositores representa su gran aporte a la cultura letrada y política rioplatense y americana. Esta relectura está asociada a un uso político, a una operación política, como en el caso de sus primeras dos ediciones.

La relevancia de este escrito reside en hacer ver que Sarmiento no escribe “El Chacho, último caudillo de la montonera de los llanos” como un estudio independiente sino como un complemento para redefinir el sentido de su Facundo. Sarmiento asocia ambas obras en una para decir lo que quiere decir: que no sólo interpretó el “drama argentino” que constituyen, en su opinión, el “sistema de caudillos” sino que ha resuelto este problema desde el mismo gobierno. Si elimina los dos últimos capítulos del Facundo, es porque “El Chacho, último caudillo de la montonera de los llanos” le permite decir que él es el héroe civilizador, el único que puede mostrar que se puede gobernar el país. Pero al decir lo que quiere decir está también imponiendo (o pretende imponer) una “verdad” en la escena política que destruya los argumentos que lo calificaban por el contrario como un mal gobernante y un asesino. Si nos centramos sobre todo en el escrito “El Chacho, último caudillo de la montonera de los llanos”, es porque en él se juega, en gran parte, la relectura política que Sarmiento produce de su Facundo.

Para expresarlo de otro modo y apuntar a sus lectores (que siempre son lectores políticos): en su nueva producción literaria (“vida del Chacho”) Sarmiento está actualizando los conceptos del caudillismo, pero no para definir de una vez y por todas esta cuestión, sino para imponer una norma de percepción en el círculo dirigente del país. Sus lectores no son los caudillos sino los hombres cultos, por eso el título alude al Chacho, al caudillo que derrotó Sarmiento, pero su principal objetivo es destruir aquellos argumentos de los hombres cultos que lo juzgan y lo califican como un mal gobernante.

Para decirlo de una vez: “El Chacho, último caudillo de la montonera de los llanos” es un estudio que alude al caudillo Peñaloza, pero todo el tiempo habla de los hombres cultos y del propio Sarmiento, y su operación política es evidenciar que los hombres cultos (ciegos a la realidad rioplatense) deben dejarse conducir por Sarmiento, él único que ha sabido interpretar el problema y gobernar el país sin los caudillos.

Bibliografía

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[1] Sarmiento fue designado por el presidente Mitre como Director de la Guerra contra la montonera que lideró el Chacho Peñaloza, permaneció en ese cargo hasta que renunció antes de que termine la campaña.

[2] Para abordar nuestro objeto de estudio seguimos al sociólogo Pierre Bourdieu y, en base al mismo, manifestamos que Sarmiento al editar la tercera edición del Facundo trata de imponer una “norma de percepción” en la escena pública, esto es, crear e imponer un discurso que lo justifique y destruir, al mismo tiempo, a otros discursos que lo difaman. Sarmiento, para seguir el enfoque de Bourdieu, está tratando de establecer el “significado y el reconocimiento” de su capacidad para gobernar y para ello necesita construir e imponer un relato que lo justifique en el pasado, un relato donde se anticipe que logrará los mismos resultados: Sarmiento no va a pacificar el país, Sarmiento ya lo pacificó al “ejecutar” al Chacho y terminar, de este modo, con la montonera.

[3] Juan Manuel de Rosas fue gobernador de Buenos Aires por primera vez en el periodo 1829-1832, su segundo mandato se extendió desde 1835 hasta 1852 y se caracterizó por contar con la suma del Poder Público y ser elegido por las diferentes provincias como Encargado del manejo de las Relaciones Exteriores.

[4] El romanticismo fue un movimiento filosófico que, a modo general, lo podemos caracterizar de la siguiente manera:“…privilegiará la exploración de los aspectos racionales de la conducta humana tales como la imaginación, los sentimientos y las pasiones (…) proclama así mismo su predilección de lo excepcional frente a la norma, dentro de lo cual (cruzado con la exaltación del Yo) cobrará relevancia el grande hombre, el genio o el héroe; en suma, lo individual y original sobre las convenciones colectivas. Se comprende entonces que su mirada histórica haya estado dotada de un interés especial por aquellos períodos en donde se encontrasen esas mismas cualidades. Despertará así su revalorización de la Edad media (…) Al trasladar estas nociones al plano socio-cultural, el romanticismo valorará lo auténtico, lo propio y original de cada cultura, de cada nación, en contraposición al cosmopolitismo ilustrado (…) Desplegará por ende una búsqueda de los datos primigenios de cada cultura y abrirá sus puertas a los cantos populares, a las poesías campesinas; en una palabra, inventará el folklore. Asimismo buscará dotar a cada nacionalidad de un pasado épico, prestigioso, que se hunda –como se dirá- en las brumas del pasado” (TERÁN, 2007: 14-15). Cabe aclarar que, si bien los jóvenes de la Generación del 37 adoptaron las ideas románticas, esto no fue en su totalidad, algunas serán rechazadas. Así veremos qué, mientras por un lado adhieren a la necesidad de dotar a la nación de una historia; por otro, juzgarán como negativos aspectos que para los europeos eran positivos, como la herencia colonial, la Edad Media, la campaña.

[5] Una aproximación al concepto de “civilización” para la época en que estamos inmersos es la que brinda Altamirano: “En el siglo XVIII, cuando entra a formar parte del vocabulario intelectual occidental, la idea de civilización, indisociable de la idea de progreso y de perfeccionamiento secular suponía la marcha ascendente del género humano, que se desprendía de la barbarie, hacia formas siempre superiores de convivencia” (ALTAMIRANO, 2005: 50).

[6] Al respecto de este rechazo hacia la época colonial, Palti manifiesta: “a pesar de su retórica historicista, difícilmente (y sólo tardíamente) habrá de superar las limitaciones que surgían de aquel rechazo al pasado colonial ‘en bloc’ que se impuso por la lógica misma del proceso revolucionario…” (PALTI, 2009: 27).

[7] Como trabajaremos sobre las consideraciones vertidas por Sarmiento sobre los términos “caudillismo” y “caudillo” se torna necesario dejar en claro que implica cada concepto; Sarmiento (y su grupo, la Generación del 37) concebía al caudillismo como “…un régimen excepcional, resultado de un estado general de anomia, a su vez producto de las guerras civiles” (SVAMPA, 1998: 55). Los rasgos que se le atribuyeron al caudillo, también por Sarmiento, son de personas que gobiernan por la fuerza, que no usan la razón y que “…es, en definitiva, un producto de la geografía social del país. Es ésta quien configura, en el vacío de la Pampa y en el contacto con la naturaleza, los hábitos, las ideas y el carácter del mismo” (SVAMPA, 1998: 55).

[8] Para el romanticismo un “grande hombre” representa una época: “Para comprender los fundamentos de esta concepción tenemos que remitirnos a lo que podemos llamar la epistemología del expresivismo holístico. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que el romanticismo piensa que una época se manifiesta o expresa en determinados fenómenos singulares, de modo que si comprendemos estos fenómenos particulares comprenderemos el todo” (TERÁN, 2007: 37).

[9] D. F. Sarmiento (1868): “El Chacho, último caudillo de la montonera de Los Llanos- episodio de 1863”; en: Facundo; o Civilizacion i Barbarieen las pampas argentinas; Nueva York, D. Apleton y Compañía. www.proyectosarmiento.com.ar. Salvo indicación contraria, la paginación del texto corresponde a esta edición. El título será abreviado para agilizar la lectura, bajo el nombre de El Chacho. Optamos por esta medida debido a la imposibilidad de referenciar la obra sólo con el nombre del autor y el año de edición (es decir, siguiendo las normas APA), producto de que su inserción dentro de la tercera edición de Facundo como obra particular, lleva a que posea una enumeración propia de las páginas que la integran, es decir, no sigue continuamente la paginación de Facundo. Por último, es menester aclarar que será respetada la ortografía original.

[10] Palti destaca que para entonces se había producido un cambio en el pensamiento de Sarmiento a partir del viaje que realizó por África, Europa y, especialmente, los Estados Unidos. Ahora asignaba a la acción del hombre (en el caso que nos compete, del mismo Sarmiento) un rol trascendental para configurar la realidad, de este modo quedaba “…superada toda forma de determinismo y providencialismo…” (PALTI, 2009: 72).

[11] Sarmiento consideraba que la derrota de la civilización se produjo porque en este campo actuaron, según palabras de Oscar Terán, “malas copias europeas” (como Lavalle o Lamadrid) que en el fondo eran bárbaros y se comportaban como tales, siendo incapaces de ver que conjugar a la civilización con la barbarie no tenía resultados positivos: “…error más error no se neutralizan, no es que cero más cero da nada, sino que un error civilizado más un error bárbaro dan el triunfo a la barbarie” (TERÁN, 2007: 44).

[12] “…el Facundo responde al género trágico. A diferencia del género dramático o novelesco, donde puede darse el triunfo del hombre sobre el mundo, en la tragedia sus protagonistas siguen inexorablemente una conducta muchas veces pasional que los conduce hacia un fin funesto” (TERÁN, 2007: 66-67)

[13] “La guerra de la Revolucion Arjentina ha sido doble: 1° guerra de las ciudades iniciadas en la cultura europea contra los españoles, a fin de dar mayor ensanche a esa cultura: 2° guerra de los caudillos contra las ciudades, a fin de librarse de toda sujeción civil, i desenvolver su carácter i su odio contra la civilizacion. Las ciudades triunfan de los españoles, i las campañas de las ciudades. He aquí esplicado el enigma de la Revolucion Arjentina, cuyo primer tiro se disparó en 1810 i el último aun no ha sonado todavía” (SARMIENTO (1868): Facundo; o Civilizacion i Barbarieen las pampas argentinas: 40).

[14] Luego de la derrota de Rosas en Caseros (1852), se produjo una división política que provocaría el fraccionamiento del territorio en dos unidades: la Confederación y la Provincia de Buenos Aires. En Pavón se enfrentaron el ejército de la Confederación (liderado por Urquiza) con el de Buenos Aires (encabezado por Mitre), la victoria sería de los porteños y marcaría el inicio de la definitiva organización del Estado argentino.

[15]El término de la guerra i el fruto de la batalla de Pavón, era pues despejar a las Provincias del personal de las antiguas i de las modernas criaturas de aquella política bastarda…” (SARMIENTO, El Chacho: 15).

[16] Sarmiento cumplió la función de Director de la Guerra contra la montonera durante los primeros meses que duró la contienda; luego renunciará, según el mismo Sarmiento, producto de: “…creerlo ya innecesario, el encargo de dirijir la guerra, que tan duras cargas había impuesto al pueblo de San Juan, i tantos sinsabores en su gobierno, dando cuenta de las operaciones ejecutadas i los resultados obtenidos. La guerra lo habia defraudado de una noble esperanza” (SARMIENTO, El Chacho: 44-45). Esos “sinsabores” eran la polémica por el establecimiento del estado de sitio y la crítica por la ejecución del Chacho.

[17] “El habeas corpus fué al fin de mil esperimentos, el medio que se inventó para reclamar de toda prisión injusta, escepto en casos de insurrección, que el habeas corpus no garante.

Podría objetarse a la jeneralidad de esta doctrina que los Estados Unidos al darse una Constitucion insertaron en ella el privilejio con la restriccion, tan inseparable es la una del otro, sin imajinarse ingleses i norteamericanos que había luego de presentarse en la tierra un pueblo que tiene en su lengua las palabras chiripá i guardamontes, caudillo, masorca, montonera que pretendería hacer dar un paso mas a la humanidad en cuanto a garantías de la libertad personal…” (SARMIENTO, El Chacho: 44).

[18] Al respecto del “grande hombre”, Palti manifiesta que en “Recuerdos de Provincia” ya Sarmiento se había propuesto como tal; pero consideramos que esto fue sólo en forma teórica, ya que todavía no participaba en política en su país. En cambio, en “vida del Chacho” se posicionará nuevamente en ese rol, pero ahora si lo hará fundamentando su afirmación en el hecho de que estuvo en el campo de batalla y venció.

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