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ARIEL EN EL SIGLO XXI: UNA INTRODUCCIÓN

por Sirio López Velasco (FURG, Brasil)
 

Expuesto durante el Tercer Congreso Uruguayo de Filosofía



Es así como, no bien la eficacia de un ideal ha muerto,

la humanidad viste otra vez sus galas nupciales para esperar

la realidad del ideal soñado con nueva fe, con tenaz y conmovedora

locura. Provocar esa renovación, inalterable como un ritmo de

la Naturaleza, es en todos los tiempos la función y la obra de

la juventud.

Rodó (Ariel)


Caía la tarde cuando el viejo maestro, mirando a sus alumnos que a su alrededor se reunían tras un año de labor, pensó dos veces las palabras iniciales. El Quijote, que así le llamaban por razones obvias los jóvenes, apoyó su mano sobre la frente del busto que había presidido cada día sus diálogos. Tratábase de un busto del Che en tosco bronce. El Che es la imaginación al poder, la voluntad cultivada con paciencia de artista, la renuncia al privilegio para atender al golpeado en su mejilla, el amor como primer principio revolucionario, el revolucionario como estadio más elevado de la humanidad, la herejía del pensar, el coraje que no se avergüenza de vacilar ante la inminencia de la muerte, la rudeza y la franqueza rayanas en la falta de respeto, y a veces esa falta de respeto, pues nadie es perfecto.

Como de costumbre el maestro se sentó, ordenando el pensamiento. Un semicírculo de jóvenes miradas pendía de sus labios. Por enésima vez el maestro se convenció de que había vivido cinco vidas, y la segunda de ellas, la del guerrillero de pocas armas y muchos sueños, lo había marcado para siempre.Y entonces empezó a hablar.

Como saben hubo un tiempo en el que se proclamó el fin de la Historia y el triunfo definitivo del capitalismo. Pero ante esa supuesta antiideología ideológica, América Latina no se dejó embretar en el pesimismo. Los zapatistas exigieron un mundo en el cupiesen todos los mundos (menos el de la dominación y la devastación), y mostraron otra vez al mundo, detrás de sus pasamontañas, al siempre ocultado rostro indígena. Venezuela redescubrió a Bolívar, y se vistió con sus sueños: la Patria Grande, la mayor felicidad para el mayor número posible, la educación robinsoniana del inventar o errar, la humanidad libre en tierras libres, de Zamora. Chávez tuvo que superar en poco más de seis años un sabotaje mediático y económico permanente, un paro petrolero montado por quienes entregaban mansamente y a costo de nada el petróleo venezolano a los yanquis, y un Golpe de Estado made in USA ejecutado por personeros de la derecha empresarial, política, eclesiástica, sindical y por los grandes medios de incomunicación privados con asiento en Venezuela. Entonces se acordó del Che tronando que la humanidad había dicho basta, para echarse a andar, y enarboló la bandera del socialismo del siglo XXI. En Bolivia los pueblos originarios, vestidos de cocaleros, campesinos y mineros, bloquearon las principales carreteras y exigieron que los pruritos de la democracia formal fueran volcados una vez hacia el lado débil, para proclamar a Evo, uno de los suyos, como Presidente, sin necesidad de procederse a una segunda vuelta electoral; y por una vez la mano dominadora tembló, y Evo fue proclamado; y con él fue reivindicada la Pacha Mama, y el buen vivir (muy diferente del confort individualista occidental), y la paciencia infinita para buscar el consenso más allá de la votación, y la (re)nacionalización de los hidrocarburos y algunas otras industrias capitales, y la creación de una pensión a la vejez, y las letras para todos, y el reconocimiento oficial de todas las lenguas originarias, y la dignidad encarnada en la patada dada al embajador yanqui y la DEA, golpistas como siempre; y un día Evo dijo que el socialismo del siglo XXI era una buena bandera. En Ecuador los partidos y el mismo sistema político se habían hundido tras catástrofes repetidas que hacían cambiar a Presidentes como se cambia de ropa interior; y cuando el país se hundía en las desesperanza, la democracia representativa que no representa, y el dólar yanqui asumido como moneda nacional, emergió la revolución ciudadana, asumiendo el rostro de Correa; y ese economista sui generis convocó al pueblo a elaborar una nueva Constitución, orientada hacia el buen vivir respetuoso para con la Madre Tierra, renegoció duramente la deuda externa, mejoró la distribución de la renta a partir de un Estado revigorado; y un día Correa dijo que el socialismo del siglo XXI era una buena bandera; entonces, culminando el permanente asedio de los grandes medios de incomunicación asentados en Ecuador, vino un intento de golpe de Estado y magnicidio, escudado tras una supuesta protesta policial. Cuba se sacudió el dogma soviético largamente cultivado y, atrincherada en sus impresionantes conquistas sociales, empezó a pensar en mejorar su socialismo; y la bandera del socialismo del siglo XXI no le pareció herética. En Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y Paraguay florecieron gobiernos que se parecían más a sus pueblos que todos los de la ilusión neoliberal; ninguno de ellos levantó la bandera del socialismo del siglo XXI. La reacción de los EEUU y sus aliados extramuros (léase el imperio organizado en la OTAN) e intramuros (léase la vieja oligarquía que había derrotado a Bolívar y a Artigas) no tardó en manifestarse, y un nuevo gobierno chileno volvió al redil, al tiempo que en Paraguay el entonces Presidente era derribado por un Golpe parlamentario. Al mismo tiempo, en todas las naciones citadas, hizo y viene haciendo contrapunto a la incesante campaña capitalista, una creciente multitud que reclama, en Cuba y los países del socialismo del siglo XXI, más socialismo, y en las otras citadas, más democracia real, más ecología, menos impunidad para los corruptos, mejor calidad de vida (empezando por la de los servicios públicos, en especial los de educación, salud y transporte), más alegría y más…vida! En eso estamos.

El maestro sintió la receptividad, bebió un poco de agua del vaso que lo acompañaba siempre, y continuó.

Pesimistas los ha habido y los habrá siempre. Pesimistas fueron los que juzgaron quimérico el intento de Espartaco en el siglo I antes de Cristo, de abolir la esclavitud; hasta Thomas More, que tanto nos ha inspirado, no supo imaginar en su Utopía una sociedad libre de esclavitud; pero incluso las conveniencias del capitalismo (vide Queimada) conspiraron a favor de Espartaco, y dieciocho siglos después la esclavitud formal mordió el polvo (en Brasil lo hizo sólo a fines del siglo XIX, el mismo que vio gestarse al Ariel de Rodó). Pesimistas fueron los griegos inventores de la democracia, que excluyeron de la ciudadanía a los esclavos, las mujeres, los extranjeros y los púberes que no habían prestado aún el servicio militar. Pero tras la Revolución Francesa, el siglo XX vio incluir en la democracia representativa formal a los esclavos liberados, a las mujeres electoras/candidatas, a los jóvenes a partir de los 16 años (en algunos países), y dio algunos pasos en la inclusión democrática de los extranjeros no naturalizados. Pesimistas fueron los inventores de las actuales Universidades, cuando desde su fundación (la paradigmática Sorbonne es de 1200), excluyeron de las aulas a las mujeres. Pero a fines del siglo XIX y principio del XX las luchas feministas y de hombres decentes, fueron abriendo las puertas universitarias de más en más a las mujeres (una de las primeras, la futura Premio Nobel, Marie Curie, que cambió su cerrada Polonia natal, para poder ingresar a una Universidad parisina). Pesimistas eran los defensores a sangre y fuego de la Reforma y la Contrarreforma, incendiarios y víctimas de guerras, matanzas y torturas, que se arrastraron por décadas. Y hoy, con las excepciones de rigor, la adopción y práctica de la fe católica o protestante es casi tan libre como la adopción de una casaca de fútbol por la cual se hincha; claro que los pesimistas dirán que hoy en muchos países aún hay gente que se entremata en escenarios futbolísticos; pero habrá que hacerles notar que algunos países que padecieron un tiempo ese flagelo, supieron doblegarlo. En todos los casos anotados se puede concluir que los optimistas adelantados (a veces siglos) a la hora histórica, no fueron ilusos, sino videntes del futuro. En ellos la humanidad padeció la sana locura del optimismo, que a veces saltea alguna generación o región, pero reaparece sin falta.

Al fin del siglo XX los pesimistas y los que se enmascaraban con él para defender lisa y llanamente al capitalismo, se frotaron las manos. Por un lado se derrumbó en Europa una vasta alianza de países que se había autodefinido como socialista y seguidora de la huellas de Marx, Engels, y Lenin (y en un tiempo también de Stalin), y allí volvió a echar sus garras el capitalismo. Al mismo tiempo la vieja China de la Gran Marcha y la Revolución Cultural maoísta adoptaba cada vez más prácticas capitalistas. Para completar el cuadro, desde mediados de aquel siglo, la pira de la guerra separaba en el Medio Oriente a practicantes de las tres grandes religiones monoteístas afincadas en Occidente.

En relación a la experiencia de la URSS y sus aliados-satélites europeos se hacía notar que tras 70 años de aventura supuestamente socialista, aquellos pueblos habían vuelto al capitalismo liso y llano, cansados de la penuria de pan y/o de libertad. (Claro que los pesimistas se afanaron en ocultar el hecho de que en la URSS un plebiscito popular había decidido a favor de la permanencia que aquella gran nación plurinacional, en un resultado que fue desoído por los restauradores del reino libre del capital, en el que, dicho sea de paso, acapararon para sí, poderosas empresas antes pertenecientes al Estado). El caso de China fue mirado por los capitalistas occidentales y asiáticos con una mezcla de apoyo y temor; apoyo al desmonte progresivo de las formas supuestamente socialistas; y temor por el nacimiento de un gigantesco competidor en el mercado mundial y en la arena geopolítica. En Oriente Medio los capitalistas occidentales hicieron coro con los sucesivos gobiernos de Israel, poniendo una y otra vez en segundo plano la posibilidad-necesidad de la existencia en la región de dos Estados (uno palestino, y el otro, Israel, vuelto a sus fronteras), y simplemente descartando la idea-sueño de que israelíes y palestinos puedan convivir en el futuro en un único espacio institucional, regido democráticamente por ambos pueblos (un poco como lo lograron en mayor o menor medida la secular Suiza, y la actual Bolivia). En ese contexto Cuba crujía, sometida desde hacía cuarenta años a un feroz bloqueo comercial de EEUU (que le impedía comerciar incluso con terceros hasta alimentos y medicinas) y abandonada por las ruinas de la URSS veía mermar brutalmente el petróleo venido de aquella región (y del que dependía incluso parte de la luz eléctrica en ese país con contados ríos caudalosos), así como padecía el cese de la ayuda (en especial alimenticia) proveniente de la ex-tierra de los Soviets; los cubanos simplemente tuvieron que comer bastante menos de lo (poco) que antes el Estado garantizaba, y se volcaron obligados hacia la bicicleta (en un país donde los ómnibus simplemente no transitaban o aparecían cada muerte de obispo). Entonces los pesimistas y sus animadores desde el gobierno yanqui, imaginaron que Cuba caería nuevamente a cualquier momento, por una revuelta popular sabiamente condimentada, en la ancha mano del Tío Sam (en la que había estado cuando la Isla era un ingenio y un garito yanqui, con el 1,5% de los terratenientes dominando más del 40% de las tierras, un 37% de analfabetos, y una enorme masa de pobres campesinos que nunca había visto a un médico). Pero precisamente en ese momento y reaccionando contra el NAFTA que hacía de México una colonia de EEUU (y Canadá), es cuando emergen los zapatistas y Chávez llega al gobierno. Y con ellos se encendió el reguero que antes citábamos país por país. Y Cuba no se sintió más sola, amparada por el ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestramérica), Petrocaribe, y más tarde la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que vino a ampliar los espacios de MERCOSUR, el Mercado Común del Sur, y la UNASUR, la Unión de Naciones Suramericanas).

No olvidemos que Prometeo robó a los dioses, además del fuego, la esperanza. Hoy, si la dádiva prometeica del fuego a los hombres es permanentemente recordada en sociedades capitalistas (y también antes en las del campo de la URSS) como fundamento de un orden socioambiental que hace de la ciencia y la tecnología fuerzas de producción de primera importancia, la dádiva de la esperanza a la humanidad ha sido larga y porfiadamente ocultada.

Pero alimentada de esperanza la humanidad ha levantado una y otra vez, tras cada derrota o decepción, la bandera de un futuro mejor. Y cada una de esas veces la juventud ha ocupado los puestos de vanguardia. Desde los bancos escolares se ha rebelado contra una educación bancaria al servicio del status quo y ha clamado por una educación problematizadora, pública, gratuita y de calidad, abierta a todos y dirigida hacia el perfeccionamiento de la realidad socioambiental. Esa rebelión estudiantil se ha opuesto siempre a la educación estrecha y utilitarista, que especializa tempranamente y apunta hacia la ganancia en el mercado de trabajo (ocultando que un mercado es un lugar donde se venden y compran cosas, y en el del trabajo se compran y se venden personas); rechaza también en esa educación estrecha la amputación de las cuestiones sociopolíticas, ecológicas y sexuales, y el hecho de que tampoco fomenta una reelaboración crítica de la ética ni promueve la creación y el gozo estéticos. Esa juventud aspira a un nuevo modelo educativo que promueva el desarrollo de un individuo universal, reconciliado con los demás seres humanos en el seno de una familia planetaria que con todas las divergencias propias a cada familia base su relación en el afecto y la cooperación, y también reconciliado con la naturaleza no humana, protegida y regenerada tras cada degradación por la ingerencia antrópica. Desde las fábricas, los campos, las oficinas y las redes sociales, la juventud ha reclamado (en especial en A.Latina) la mejoría de la calidad de vida y el respeto preservador-regenerador en relación a la naturaleza no humana, dentro del capitalismo, y ha mostrado con brazo fuerte la necesidad de un orden poscapitalista capaz de superar la alienación y devastación propias a ese régimen. Esas luchas, que incluyeron el sacrificio de muchos jóvenes en guerrillas rurales y/o urbanas, llamaron cada vez más la atención hacia el sistema democrático. Si, como ya lo había señalado el maestro rodoniano, la verdadera democracia debe asegurar la igualdad de oportunidades para todos, para que luego florezcan las excelencias individuales reconocidas por el colectivo, hoy se ha hecho evidente que el capitalismo no puede asegurar aquella igualdad inicial. Al mismo tiempo la democracia burguesa representativa ha mostrado cada vez de forma más clara sus límites, no sólo porque en todos los parlamentos de A. Latina los representantes de los trabajadores son ínfima minoría deglutida por los representantes de los latifundistas, empresarios y banqueros, sino también porque aún la clase media se queja de que los supuestos representantes toman decisiones y asumen conductas que no representan a sus electores. Por eso corre las calles y campos la demanda de una nueva democracia participativa y protagónica, apoyada en la democracia directa y que incluya la posibilidad de que los electores destituyan a los representados que no han sido fieles a la representación que les fue confiada.

El maestro hizo otra pausa y tras beber otro sorbo continuó.

Sabemos que Bolívar y Rodó fueron visionarios cuando vaticinó el primero que los EEUU plagarían a Nuestramérica de miserias en nombre de la libertad, y el segundo cuando los hizo los más acabados representantes de una visión utilitarista y pragmática de la vida que sólo da valor al éxito (léase el acceso hacia el estrecho círculo de los ricos, poderosos y famosos), visión en la que se condena al “perdedor”, ocultándose la circunstancia de que la gran mayoría de los triturados en esa sociedad son víctimas de su espíritu insolidario, individualista y depredador. Por su parte Bolívar no hizo otra cosa que prever la larguísima serie de Golpes de Estado ejecutados o promovidos por EEUU en pro de sus intereses económicos (en especial de sus multinacionales y banqueros) y geopolíticos (en base a aquella idea monroniana que habría que leer como “América para los estadounidenses”), que han asolado a A. Latina; y cuando los ejércitos locales, armados y entrenados por los EEUU no fueron suficientes para contener la marea popular, no faltaron las invasiones directas, protagonizadas en muchos países latinoamericanos por tropas del Norte. Tanto en tiempos de dominación relativamente tranquila, como en los Golpes e invasiones, los EEUU se han apoyado en la prédica de los grandes medios privados de incomunicación, que los han presentado como los adalides de la libertad y la democracia, ofendiendo con esa postura a esos dos grandes ideales. Por eso se refuerza hoy la prédica antiimperialista en A. Latina y gana más espacio que nunca, desde los tiempos de Artigas y Bolívar, la idea de que nos reconozcamos como ciudadanos de una sola Patria Grande, unida, a pesar y con sus diversidades, para liberarnos de toda imposición imperial. Esa prédica y esa idea tienen especial pujanza en los países que asumen el horizonte del socialismo del siglo XXI, algunas de cuyas características marcantes son las siguientes: en lo económico, la promoción de las formas cooperativas de propiedad y de la propiedad estatal, que deberían ser socialmente controladas (aunque se reconozca la propiedad privada de muchos medios de producción y distribución); en lo político la promoción de la permanencia de la soberanía del poder constituyente aún cuando instituido el poder constituido, con el fomento de diversas formas de democracia directa (que en Venezuela, por ejemplo, se asienta en los Consejos Comunales que operan desde cada barrio para elegir y ejecutar las acciones que el barrio considere prioritarias), y el poder revocatorio dado al elector descontento con la autoridad elegida, y el plebiscito y el referendo, y la consulta informada antes de tomar decisiones cuando se trata de tierras comunitarias (en especial indígenas, como lo estipulan las legislaciones de Ecuador y Bolivia); en lo cultural defiende la integración multicultural latinoamericana (no en vano en su nueva Constitución Bolivia se define como un Estado plurinacional), que se nutra de las mestizas raíces indígenas y negras, largamente aplastadas, al tiempo que se las combina con la herencia blanca y aún la oriental; en lo ecológico se promueve la visión socioambiental pues se entiende que se debe luchar al mismo tiempo por la superación de la pobreza humana y por la preservación-regeneración de una naturaleza no humana sana, o sea, que se debe exigir de cada uno según su capacidad y darle según su necesidad, respetando los equilibrios ecológicos; en lo comunicacional defiende la primacía de los medios comunitarios y públicos, limitando el latifundio mediático privado, para que la comunicación se haga más veraz, popular, educativa y simétrica; en lo educativo promueve la educación problematizadora de raíz freireana (que, como saben, hemos incorporado en clave ecomunitarista e incluye a la educación sexual); en lo sexual se promueve la erótica de la liberación, que critica el machismo, la homofobia y la beata condena de la masturbación, y promueve el libre gozo del placer consensuado; en lo militar (mientras haya fuerzas armadas) defiende la nacionalización y latinoamericanización de la doctrina de formación de las fuerzas armadas y de policía, para que sean el brazo armado de la Patria Grande, al tiempo que se promueve en Cuba y Venezuela la constitución de una numerosa Milicia Popular en la que cada ciudadano puede transformarse en soldado voluntario de la nación; en lo internacional, como ya se dijo, aspira a la conformación efectiva y eficiente de la Patria Grande que abarque desde el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego, para pesar como bloque en la arena mundial, mientras el mundo tenga bloques.

Como saben, hemos releído todas esas características a la luz de las tres normas fundamentales de la ética y del horizonte utópico ecomunitarista (López Velasco 2009, 2010, y 2012)

Claro que los países que dicen querer avanzar hacia el socialismo del siglo XXI caminan en medio a tormentas, siempre alimentadas por los EEUU, sus aliados de la OTAN y las oligarquías locales, que ven en peligro su poder. Dicho esto hay que reconocer que varias de esas tormentas se refieren a importantes cuestiones relativas al perfil del propio socialismo del siglo XXI; así, en algunos casos se cuestiona el culto a la personalidad y/o la eternización en el poder de algunas pocas personas; en otros se critica la capitulación ante el modelo extractivista-devastador impuesto por las multinacionales; hay casos en los que los propios movimientos indígenas se dividen y una parte de ellos hace oposición a gobiernos (ocurre en Bolivia y Ecuador) que supuestamente han incorporado su visión del arco-iris latinoamericano; en algunos casos se cuestiona la ineficiencia de las empresas estatales para satisfacer las necesidades materiales básicas de la ciudadanía (como se ha visto en Cuba y en Venezuela, aunque hay que aclarar que en este último país la gran mayoría de la malla productiva está en manos privadas); en Cuba la juventud pide más libertad de expresión en los medios de comunicación, para promover debates que sirvan para mejorar el socialismo conseguido hasta entonces, y no para traer de vuelta al capitalismo.

A su vez, en dos de los países con gobiernos llamados “progresistas”, y me refiero a Uruguay y Brasil, masivas manifestaciones recientes, con amplia presencia juvenil, han puesto el dedo en varias llagas. En Uruguay se critica la falta de castigo para todos los asesinos, violadores, torturadores y ladrones de niños en la dictadura militar, y la falta de aplicación del programa original del Frente Amplio en lo relativo a la reforma agraria, y la nacionalización de la banca y del comercio exterior, al tiempo que se denuncia la acelerada concentración y extranjerización de la tierra y su uso en actividades no sostenibles (que incluyen los grandes monocultivos forestales de especies exógenas destinados a la fabricación de celulosa en factorías de multinacionales, el macizo uso de agrotóxicos, y la depredadora minería de cielo abierto); todas esas actividades constituyen un modelo que alguien ha llamado “desarrollo forzoso”, que impone a las comunidades formas de producción que no las benefician en su calidad de vida; también se ha pedido con fuerza más recursos para la educación y la salud. A su vez en Brasil, el mismo de las “favelas” y que dejó impunes a los dictadores, la juventud colmó las calles porque se invirtieron fortunas del dinero público (más de 7 mil millones de Reales) para construir estadios para la Copa del Mundo de 2014, cuando la salud pública hace esperar meses a los pacientes por un examen o una cirugía y la mayoría de las escuelas no tiene biblioteca ni espacios para la práctica del deporte; porque se sospecha que los valores de muchas de las obras de la Copa de 2014 fueron inflados para favorecer a grandes empresas constructoras que financian a todos los grandes partidos políticos; porque la ciudadanía se ha cansado de la corrupción comprobada de figuras y figuritas de todos los grandes partidos políticos; porque la gente juzgó que sus supuestos representantes no la representa; porque los grandes medios de incomunicación practican el pensamiento único capitalista y en la fabricación asimétrica de las noticias manipulan los hechos a su antojo; porque el transporte público debería ser gratuito y de calidad; porque falta seguridad y sobran asesinatos; y un largo etcétera más.

Todo eso quiere decir, amigas y amigos, que el futuro no está pronto y debe ser inventado, por ustedes y por los que sepan dar un paso más allá de vuestra última huella; y así sucesivamente…

Hasta aquí habló el maestro, y terminó diciendo que esperaba las críticas, preguntas y objeciones de los alumnos que lo escuchaban. Y la discusión se prolongó hasta bien entrada la noche, no siempre con la victoria del maestro (en lo que de verdad era una victoria suya, pues su mayor aspiración consistía en ayudar a pensar con cabeza propia).


Bibliografía mínima

López Velasco, Sirio. Ética ecomunitarista, Ed. UASLP, San Luis Potosí, México, 2009

________________ El socialismo del siglo XXI en perspectiva ecomunitarista.

UASLP, San Luis Potosí, México, 2010

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­________________ O socialismo do século XXI com visão marxiana-ecomunitarista,

Ed. Da FURG, Rio Grande, Brasil, 2012

Rodó, José Enrique. Ariel, Ed. Unión del Magisterio, Montevideo, 1971


lopesirio@hotmail.com

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