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LA DEMOCRACIA EN EL CAPITALISMO EUROPEO Y GLOBAL: IMPLICACIONES PARA AMÉRICA LATINA

por Dr. Gabriella Bianco, PhD
 

La lucha para la transformación de la sociedad y por la revolución social:
Lucha de clase y contradicciones en América Latina



Dr. Gabriella Bianco, PhD

bgculture.gabriella@gmail.com

www.gbiancorsbinghamcult.com


Sumario

“Un banquero es alguien que te presta un paraguas cuando hay sol y te lo saca apenas empieza a llover”. (Mark Twain)

La crisis que está teniendo lugar en Europa no depende solamente de políticas erróneas: ella está causada más bien por el deterioro moral y cultural en el establishment europeo, no solamente el político, sino también resulta de una carencia de dirigentes, emprendedores y académicos iluminados.

La relación entre la transformación financiera del capitalismo global y la caída de la democracia, particularmente en Europa – el continente donde el compromiso entre el capital y el trabajo había llegado a uno de los puntos más avanzado – ha alcanzado la fase extrema: la que marca la manifiesta incompatibilidad entre este capitalismo moderno con las formas de democracia hasta hoy conocida, la alta calidad de su modelo y el compromiso social involucrado en ella.

La Unión Europea sufre de un endeudamiento, producto de - y agravado – por el fundamentalismo neoliberal. Las relaciones de poder dentro de los países europeos y a nivel internacional, son del todo favorables al capital, principalmente financiero, razón por la cual estas políticas no son aplicadas o son aplicadas de una manera contraria a lo socialmente deseable.

En la modernidad la democracia puede solamente existir si reconocemos la distinción entre la contraposición de distintos intereses y de por lo menos tres sujetos – el individuo, el capital y el trabajo – y la necesidad de que la lucha no lleve la sociedad civil a la ruina. Si se niegan estos elementos se erosiona el principio mismo de la democracia.

Por lo tanto, se impone el problema de un nuevo sujeto político que sea capaz de transformación. Es necesario reconstruir ideas e ideales alrededor de los cuales la política tiene que reorganizarse. La izquierda tiene que reconstruir su propia identidad poniendo en el centro de su acción el “estado social”, en un régimen que reconozca como “bienes comunes” los servicios públicos: el agua, la energía, el transporte, la basura, la educación, la gestión y la conversión ecológica del territorio a disposición de la comunidad.

Mientras que la política trata de convencer a los ciudadanos de que “no hay alternativa”, esta es una profunda equivocación, pero para eso hay que recuperar los valores de la democracia y parar de defender los intereses del capital, a riesgo de hundir toda la región europea en una prolongada crisis, de la cual es difícil ver el desenlace.

El otro problema es la cantidad de energías, inteligencia, creatividad y expectativas de hombres y mujeres excluidos del mundo del trabajo, que podrían contribuir al resurgimiento cultural y productivo de Europa, sobre todo de los que más sufren de la política de austerity adoptada por la Unión europea. Para recuperar aquellas energías hay que sustraerlas de la miseria, de la desocupación y del trabajo precarizado, garantizando a todo un rédito mínimo de ciudadanía.

¿Individuo o sociedad? ¿El primero es un producto de la segunda o viceversa? Si la condición de posibilidad del individuo es la sociedad, o sea si el particular se resuelve enteramente en el universal, no es posible la emancipación. Por eso, para pensar en el cambio, hay que hipostasiar un sujeto que escapa del universal y se predispone para la emancipación y la liberación individual.

Si las categorías a priori del individuo fueran enteramente sociales, no habría diferencia entre nosotros y una sociedad de animales. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el individuo es y al mismo tiempo no es, la sociedad. El ser humano - aun el más integrado en cuerpo, alma y mente – está siempre enfrentado a la sociedad que tiende a homologarlo, advierte el dolor y la infelicidad de la sujeción.

Asumiendo la existencia del “yo consciente” dotado de voluntad autónoma para concebir la dialéctica y el cambio, hay que tener en cuenta no tanto el “individuo institucionalizado”, cuanto la reciprocidad entre el individuo y la sociedad, posibilitando – en forma lógica y en los hechos – la emancipación autónoma de los individuos, en la construcción de un proyecto de liberación individual y colectiva.

En América Latina, ya que la “reforma del capitalismo” no sirve para cambiar las condiciones reales, en la medida que todo el conjunto de políticas adoptadas e implementadas son cuestionadas, se impone el cambio y el advenimiento de una revolución que no se extinga a nivel político y pueda crear un futuro que recorra un autentico proceso civilizatorio propio y original.

Key-Words: democracia, capitalismo, individuo y sociedad, crisis, emancipación, cambio.

INDICE

Preámbulo: La originaria acumulación capitalista.

Las distintas fases de la relación entre capitalismo y democracia.

El neoliberalismo y el rol de la izquierda.

El triunfo del neoliberalismo estrangula la democracia.

Una oposición a Europa, contra el dicho repetido: "Se nos lo pide Europa”

Hacia una nueva subjetividad critica individual y colectiva.

Presente y futuro del nuevo sujeto político de la izquierda: para una izquierda alternativa.

La lucha de clase y las contradicciones en América Latina.

Preámbulo: La originaria acumulación capitalista.

“Todos se sirven del poder del Estado, violencia concentrada y organizada por la sociedad, para fomentar artificialmente el proceso de trasformación de la forma de producción capitalista. La violencia es la partera de cada vieja sociedad, preñada de una sociedad nueva. Es ella misma una potencia económica”.

(Capitulo XXIV del Primer Libro del “Capital” de Marx)

Marx establece un nexo histórico entre el nacimiento del capitalismo - como medio de transformación de las formas de producción y de la organización social - y el ejercicio de la violencia.

En el capitulo XXIV del Primer Libro de “El Capital” , Marx describe como la acumulación capitalista desde el origen se desarrolló en formas violentas y en una única dirección, restringiendo hasta la eliminación, toda dimensión pública, para permitir la acumulación privada.


Las formas sucesivas de acumulación, que Marx indica en el capitulo siguiente, que siguen la dinámica productiva, organizativa y social del capitalismo, reproducirán esa violencia a escala global, imponiendo los sistemas subalternos del imperialismo y del colonialismo, sobre los cuales más tarde reflexionará Rosa Luxemburg.

Las distintas fases de la relación entre capitalismo y democracia.

Sin embargo, la incompatibilidad entre el capitalismo y la democracia no ha sido siempre un elemento constante en toda la historia del capitalismo, sea a nivel mundial que a nivel europeo. Aunque hay una conexión directa entre los sistemas institucionales que actúan en nombre de los ciudadanos - que se afirmaron y se determinaron históricamente en Europa en la primera parte de la segunda mitad del siglo XX –, el capitalismo ha desembocado en los procesos recientes de intensa transformación financiera del capital, sea en los estados de Europa, que en las entidades supranacionales, como la Unión europea. Esto constituye hoy el problema principal que impide el normal funcionamiento democrático.

El filosofo Giorgio Agamben habla de un “estado de excepción”, que sustituye el normal funcionamiento democrático y es un proceso de larga duración. Este estado de excepción es tanto más evidente, si se concibe la democracia a través de la definición clásica de la participación de los ciudadanos al proceso de decisión que regula la cosa pública, que, por la intermediación del poder público y político, interviene en la distribución de la riqueza social producida con criterios de equidad social; estos criterios se diferencian claramente de los mecanismos inducidos por el libre mercado.

Pero la “excepción” subrayada por Agamben, se torna en tendencia general, o sea en la característica de la época que vivimos del capitalismo financiero global, que lo distingue de otras fases en la historia del capitalismo, basada sobre dos presupuestos analíticos:

1. El “capitalismo democrático” se refiere al capitalismo de los 30 años que siguen la segunda guerra mundial y tiene una fundamentación real. Aquellos fueron los años en que el capitalismo adquirió altos niveles de desarrollo, gracias al compromiso social determinado por el alto nivel de politización individual y colectiva y la lucha de clase relativamente exitosa en términos de conquistas sociales y laborales.

2. En la fase actual del capitalismo globalizado y financiero, se profundizan las crisis entre el capitalismo y la democracia, en presencia de crisis cada vez más frecuentes y prolongadas. Sin embargo, este período no puede ser descripto solamente como una fase más larga de la tradicional tensión entre capitalismo y democracia, sino en la profundización del sistema capitalista, se profundiza la tendencia a obstaculizar las tradicionales formas de expresión y organización democráticas de la sociedad.

Esto es particularmente evidente en los lugares de la producción, donde se produce el plus valor, al punto que se puede afirmar que la democracia y el mundo del trabajo hoy en día difícilmente coexisten, y esto pone a los sindicatos en evidente crisis de legitimación y capacidad contractual, en presencia de contratos precarios y a tiempo determinado, que rompe la solidaridad de clase.

Para entender entonces lo que ha pasado en la política y en la sociedad desde 2008 – en la crisis del capitalismo europeo y de las instituciones nacionales y supranacionales –, es necesario ponerlo en estrecha relación con la situación económica y social – los mercados – y las manifestaciones de nuevos y viejos conflictos sociales.

Estos evidentes conflictos y estas contradicciones demuestran que la democracia política no puede sobrevivir sin la democracia económica. Por lo tanto, la caída de la democracia está en relación causal directa con la intervención de la finanza en el capital global, particularmente en Europa, donde este fenómeno ha llegado a un punto extremo en la disolución de la sociedad y del sistema democrático, indicando la evidente incompatibilidad entre el moderno capitalismo y las formas conocidas de la democracia, o sea la democracia representativa

En esta democracia liquida, arrugada, las contradicciones más grandes conciernen la democracia representativa, estructurada en distintos niveles institucionales de carácter público y estatal. Estamos instalados en una democracia hibrida”, la así llamada “democracia del público”, que solo puede implementar acciones subversivas - las acciones de “contra-democracia”, como las define Pierre Rosanvallon – que tienden a contraponerse a los centros de decisión y de gobierno en crisis de legitimidad, en nombre de una democracia fundada sobre la “desconfianza hacia el poder”.

Se impone desde América Latina, reflexionar sobre la democracia participativa, como los modelos venezolano y boliviano, che implica formas adelantadas de participación que tienden a ampliar el campo de la democracia directa, participada y deliberativa en relación a la puramente delegada y representativa. En las democracias participativas de Venezuela y Bolivia, los procesos democráticos no son tanto formas de gobierno, sino más bien modos de organización social. Sin ahondar en los específicos sistemas con sus peculiaridades, estos procesos democráticos han surgido de las luchas y de la resistencia de los pueblos, por lo tanto, desde abajo, donde debe surgir la edificación del poder orientado a la transformación social.

En la democracia representativa europea, el neo liberalismo no hubiera resistido la caída vertical de credibilidad que si se manifestó entre el otoño 2008 hasta buena parte de 2009, cuando la crisis global explotó en toda su dramática evidencia, si, en particular en Europa, no se hubiese adoptado una teoría y una práctica representada por la austerity - la austeridad – proyectada en tiempos largos y conectada con contrarreformas estructurales, que implica la liquidación de las instituciones de protección social y la total liberalización y precarización del mundo del trabajo, en un ataque directo, razonado y concertado contra el “estado social” europeo.

De hecho, desde el punto de vista del capital, la disminución del taso de crecimiento y sobre todo, de la ganancia, obligó al sistema capitalista a volcarse hacia una nueva fase de acumulación y de abertura a lo financiero, con la evidente eliminación de los espacios económicos públicos garantizados por el sistema democrático como derechos de los ciudadanos. Evidentemente, en un primer momento, debe haber parecido más fácil adoptar la política de austeridad, que parecía más digerible que la imposición de todo tipo de recorte y la pérdida de la seguridad social – salud, trabajo, educación, vivienda – e incluso del futuro. Sin embargo, es difícil imaginar que enteras generaciones europeas decidan renunciar al futuro por amor del capital y adhieran a los discursos hipócritas sobre la necesidad de aceptar los recortes por amor del balance y el enriquecimiento exponencial de las clases privilegiadas.

Ahora que el juego perverso del capital ha sido desenmascarado, se impone una radical inversión de tendencia contra las políticas comunitarias que sostienen esta forma siniestra de capital financiero, reorientado las prioridades económicas, sociales, laborales, educativas e ambientales, utilizando los gastos públicos para recuperar los derechos, el medioambiente, en una palabra, para reconstruir el tejido social en una economía de paz y justicia.

Como afirma Rafael Correa en una conferencia dictada en la Sorbonne – Paris el 9 de noviembre 2013: “Las capacidades europeas están sin embargo intactas; disponen de todo: el talento humano, los recursos productivos, la tecnología. Yo creo que de esto hay que sacar importantes conclusiones: se trata acá de un problema de coordinación social, es decir, de política económica de la demanda, o como se la quiera llamar. En cambio, las relaciones de poder dentro de estos países y a nivel internacional son del todo favorables al capital, principalmente financiero, razón por la cual estas políticas no son aplicadas o se aplican de una manera contraria a lo que sería socialmente deseable”. El discurso no podría ser más claro.

Se impone una política que sepa invertir la rota de la recesión y de la desigualdad, para construir una Europa – una Europa de los pueblos, no de los capitales – que sea todavía capaz de futuro. La necesidad de una nueva civilización es cada vez más percibida como necesaria por los ciudadanos y las sociedades. Los caminos están abiertos y el sujeto del cambio es “colectivo, plural y no predeterminado”.

Desde este punto de vista, es posible saltar etapas y tomar distancia de toda idea de gradualidad. Por lo tanto, es urgente que el enfoque teórico se corresponda con la tarea política, que implica la conformación de una amplia fuerza de liberación, resultante de las expresiones diversas de los actores políticos, con una matriz intercultural hacia la recuperación de los valores humanos fundamentales y de la

solidaridad social.

El neoliberalismo y el rol de la izquierda.

Frente a la actual crisis sistémica del capitalismo, en la izquierda han sido elaboradas teorías de la crisis inadecuadas para interpretar la realidad. Entonces, a una diagnosis errónea puede solamente seguir una cura errónea. La izquierda no solo no ha reaccionado a esos hechos dramáticos con la necesaria lucidez y claridad, sino muy seguido se ha vuelto en un aliado a veces difícil de concebir y seguramente culpable, como ha sido el caso del Partido socialista de Zapatero en España.

La sorpresa de la izquierda frente a la actual crisis del sistema capitalista tiene raíces profundas. La Escuela de Frankfurt - donde aparece el “proyecto inacabado de la modernidad” de Habermas - presenta vacios y errores analíticos. Friedrich Pollock, que tenía el rol de experto económico en el “Instituto de investigación social” – que desapareció al final de los treinta años gloriosos en 1970, – tenía la tendencia a sobrevaluar la construcción institucional sistémica del capitalismo, mirando a la crisis más como un déficit de legitimación del sistema, o sea del consenso, que bajo el perfil económico.

Esto contribuyó a una general desmovilización de la crítica de la economía política, que emprendió la izquierda europea, en distintos grados. No solamente: si la espera de la caída del sistema capitalista devino nada más que un wishful thinking, el pensamiento opuesto prevaleció en la segunda posguerra, el de la inevitabilidad del sistema capitalista, hasta la incorporación de la teoría del “fin de la historia” como patrimonio ineludible del neoliberalismo.

La demanda de los movimientos sociales fue, al comienzo, defensiva. Ello pretendían restablecer un “contrato social” que había sido violado por los gobernantes, por los banqueros, por los patrones, por los partidos políticos: pretendían pan, trabajo, educación, un proyecto de vida, no un porvenir radiante, sino un presente y un futuro liberados de sus aspectos más dolorosos.

Y sin embargo, cuando en la fase actual, el capitalismo trata consolidarse en forma autoritaria en una sociedad apática y despolitizada, sin solidaridad y cohesión social, este así llamado “capitalismo democrático” pierde inevitablemente, consenso y legitimación. La sociedad ha empezado a preguntarse si la clase dirigente, los capitalistas, los burócratas, los partidos políticos hasta los mismos sindicatos, conservan una utilidad social, frente a los crecientes sacrificios requeridos, que hacen retroceder la sociedad y sobre todo, las clases más débiles, anulan las conquistas sociales y las expectativas presentes y futuras, en la “progresiva ingobernabilidad” de las sociedades capitalistas, en el triunfo del neoliberalismo salvaje.


El triunfo del neoliberalismo estrangula la democracia.

“El liberalismo es una “tiranía” que vacía de poder los estados”. Papa Francisco, “Evangelii Gaudium”, 2013

“Algunos todavía defienden las teorías de la ‘recaída favorable’, que presuponen que cada crecimiento económico, favorecido por el libre mercado, llegue a producir de por sí una mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que nunca ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza grosera e ingenua en la bondad de los que detienen el poder económico y en los mecanismos sacralizados por el sistema económico imperante”. (Papa Francisco,“Evangelii Gaudium”, 2013)


Como afirma Zygmunt Bauman: “Hay una guerra de clases y la están ganando los ricos” La incompatibilidad del actual capitalismo con la democracia es evidente y declarada. No se trata de una ausencia de política - o de la simple primacía de la economía y de la técnica sobre la política, sino por el contrario de una política fundada sobre la primacía de la economía, - o mejor dicho, de la finanza por un lado y de la empresa por el otro -, sobre todo en relación al trabajo.

De hecho, esta política necesita un postulado que niega el carácter irreductiblemente contrapuesto entre capital y trabajo. En el caso emblemático de la Fiat, la política perversa del CEO Marchionni reside precisamente en afirmar que la lucha entre patrones y obreros no existe más, sino más bien hay coincidencia de intereses entre capital y trabajo, cuyo destino está indisolublemente ligado a la guerra determinada por la competencia internacional, con notable perjuicio para la lucha, la cohesión y la solidaridad de los trabajadores. Lo interesante es que la Fiat lleva adelante una política distinta en Argentina, obligada, como está, a aceptar los sindicatos y la contratación salarial, que en Italia trata de evitar y combatir abiertamente.

El millonario Warren Buffet, según el cual la lucha de clase no solo existe, sino la han llevada a cabo y ganada, los ricos, expresa una opinión muy parecida a la de Bauman. Esta afirmación contiene una verdad ineludible, o sea que la más grande victoria de la clase patronal consiste no solo en la aniquilación de su adversario - lo que corresponde al diseño del mismo Marchionne, que él persigue en desprecio de las leyes laborales y la misma Magistratura –, sino en la tentativa de sacarle la conciencia de clase y hasta la conciencia de sí mismos, a los trabajadores.

Lo que está en discusión es la misma naturaleza de la lucha de clase, neutralizada a través de la precarización del trabajo y la formación del valor, utilizando la actividad humana desvalorizada exclusivamente hacia la realización de la ganancia. Hasta la industria del entretenimiento tiene no solo la función de legitimación y de consenso del sistema, sino una función casi exclusivamente económica.

Es cierto que en esta lógica, el mundo occidental se presenta hoy con el carácter banalizado de una cultura de bienes de consumo, que tiene el rol de fuerza motriz de la modernización capitalista.

Asistimos a un hecho evidente: a cada pasaje de una fase económica a otra, en la historia del sistema capitalista, correspondió un derrocamiento del modelo democrático y del compromiso social, en algunos casos violentos, como fue el caso de Chile de Salvador Allende en 1973, así como de algunos sistemas democráticos recientes, que han sido bloqueados en forma violenta o parlamentaria, como han sido los casos de Honduras y Paraguay, con la destitución del presidente, con la activa participación de EEUU.

Las actuales democracia latino-americanas garantizan la inclusión social de sus ciudadanos (Argentina, Uruguay, Ecuador) con una ampliación de derechos y de seguridad laboral, mientras que en Bolivia y Venezuela se persigue la implementación del socialismo del siglo xxi, que ha llevado a un alto nivel de conciencia individual y colectiva.

Sin embargo, los sistemas de governance supranacionales funcionan en forma anti-democrática, donde la democracia está excluida de antemano. Este es el caso evidente de la Unión Europea. Por eso, la afirmación de JP Morgan “las constituciones europeas, nacidas de la experiencia de la lucha al fascismo, muestran una fuerte influencia de las ideas socialistas“, no debería sorprendernos. No ha sido un mero incidente, sino esta afirmación revela una convicción profunda que tiende a desnaturalizar aquellas constituciones, impidiendo que se pueda abrir en Europa un verdadero proceso constitucional, también en vista de las elecciones europeas de 2014. La incompatibilidad del actual capitalismo con la democracia es entonces vergonzosamente anunciada y declarada.

En la encíclica “Evangelii Gaudium”, Papa Francisco critica la doctrina de la así llamada “recaída favorable” - o también “trickle-down” - según la cual el mercado redistribuye la riqueza, haciéndola “recaer” de los ricos a los más pobres. Según esta falaz teoría, de moda en la era Reagan-Thatcher, que pretende dar la cobertura ideológica a las draconianas reformas en curso, el enriquecimiento de pocos iría a beneficio de todos.

La Encíclica ataca la transformación financiera de la economía que individua el origen de la desigualdad en la negación del control de los Estados sobre la economía y los mercados financieros, acusados de ser la nueva tiranía que actúa a través de la deuda y sus intereses:


“Mientras que las ganancias de pocos crecen en forma exponencial, los de la mayoría se colocan cada vez más lejanos del bienestar de esta minoría feliz. Este desequilibrio procede de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. Por eso, ellas niegan el derecho de control de los estados, encargados de vigilar por la tutela del bien común. Se establece una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone en forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas.

Además, la deuda y sus intereses alejan los países de las posibilidades practicables de su economía y a los ciudadanos de su real poder de adquisición”. (Papa Francesco, Evangelii Gaudium)

La democracia en la modernidad puede solamente existir si se reconoce no solo la distinción, sino la contraposición de diversos intereses, en la dicotomía por lo menos de dos sujetos – el capital y el trabajo. Negando esta dualidad, se niega el principio y la necesidad de la misma democracia. Por esta razón, su defensa no puede prescindir del conocimiento y de la crítica a la organización productiva, que se explicita justamente, en la efectiva dualidad entre capital y trabajo.

Dentro de esta dualidad, oponerse a la lógica del mercado – donde el trabajo es una mercadería – no significa solamente oponer un pensamiento anti-liberal a un mundo globalizado - que parece no reconocer ninguna otra forma de organización -, sino implica recuperar una política que plantea la más radical afirmación posible: la de la alteridad, en una concepción ética y dialógica de la política. Además, esto implica recuperar una idea de hombre desde la identidad, abriendo camino al otro, al extraño, al extranjero, a quien está para compartir nuestro espacio y nuestra libertad, en un espíritu de solidaridad y hospitalidad. (Karl-Otto Apel, Ethik und Globalisierung, 1999).

El racionalismo moderno occidental ha sido concebido sobre los grandes principios de la revolución francesa: libertad, igualdad, fraternidad, como reserva simbólica y recurso de legitimación de las organizaciones e instituciones políticas de Occidente. A partir de ahí, se plantea un primer interrogante crucial: el concerniente la conservación de estos principios ante el desafío de una “época global”, marcada por irreductibles diferencias ético-culturales, que afecta directamente – como estamos viendo – los destinos de la forma democrática y de su contenido histórico-emancipador y el desnivel producido por el conflicto entre los valores y su traducción existencial, entre los principios del universalismo constitutivo de la política y de la libertad de los modernos y su realización práctica.

El proceso de la modernidad capitalista ha constituido un acontecimiento único, absolutamente excepcional en la sociedad humana, precisamente porque se ha realizado a través de una revolución de valores y una ruptura radical de los vínculos comunitarios que daba consistencia a tradicionales formas de vida. Al globalizarse el modelo occidental, el problema de la alteridad cultural se presenta no solo como un choque con el exterior, sino como una aporía interna al funcionamiento de la sociedad occidental misma. De hecho, la transformación del universalismo moderno parece coincidir con la experiencia del desarraigo universal, que tiene un núcleo irreductiblemente individualista.

En la Unión europea, ahora que la crisis golpea, ya no hay lugar para una “comunidad de destinos” – según el concepto expresado por Weber – que una a gobernantes y gobernados en un destino común; por lo tanto, la cohesión de la eurozona solo puede provenir de un cambio de paradigma económico y social, y no de un diktat político. Al frente de un pequeño bloque de estados nórdicos, Alemania unificada impone a los estado más pequeños y más débiles – Irlanda, Portugal, Gracia, España – programas de austeridad draconianos, recortes de los gastos sociales, la privatización de los bienes públicos, es decir, todo el repertorio neoliberal clásico, combinado con una mayor presión fiscal. Con notable tempestividad, Ulrich Beck describe esta dinámica en un libro ”Una Europa alemana” (2012). En uno de sus pasajes, Beck acuña el término “merkiavelo” – festejando los 500 años de “El Principe” – para describir el arrojo, la astucia y el sentido de oportunidad de Angela Merkel, que le permite acrecentar su influencia personal y el poder de Alemania.

No cabe duda de que vivimos en una época de caos y disolución no solo de los sistemas económicos, sino de los sistemas morales. Para la sociedad del cambio que queremos, hay que preparar la resistencia, sea en la forma de resiliencia que, en la actual crisis cultural y económica del mundo occidental, enfrenta el presente y prepara el futuro desde una nueva óptica y visión del mundo, que bajo la forma de resistencia activa, que nos prepara para un mundo diferente.


Una oposición a Europa, contra el dicho repetido: "Se nos lo pide Europa”

Por primera vez desde 1945, no solo Europa no es el espacio privilegiado de la libertad e igualdad, sino la misma idea del porvenir está en crisis en Europa. A Occidente ya le cuesta creer en el progreso, como lo muestran las nuevas generaciones, que ya no creen que vivirán mejor que sus mayores. Desafección política, crisis económica y crispación social: ¿podemos hablar de una crisis de civilización, la de la civilización occidental? No hay duda: se trata de una verdadera crisis de civilización.

Hace años que el espíritu europeo está en crisis, que no se manifiesta solamente como estado de ánimo, sino la disgregación se presenta en hechos concretos, así como la crisis de la moneda única ha casi destruido la idea de una Europa copartícipe y solidaria. La disgregación y el espíritu antieuropeo ha entrado en una fase de hechos concretos. La involución golpea casi todos los países europeos y se presentan nacionalismos y extremismos abiertamente declarados.

Al mismo tiempo no debería sorprendernos si esta Europa ha parado de ser interesante. No lo es para Islandia y Armenia, y tampoco lo es para Ucrania después de seis anos de tratativas, y no solamente por culpa de Putin. Pero peor aún, si Europa pierde consenso, lo pierde con sus propios ciudadanos, en la lógica egoísta y de exclusión que domina Europa. Para hacer un ejemplo, la gran coalición en Alemania entre la SPD y la CDU después de casi seis meses de parálisis, anuncia la adopción de un peaje en las autopistas alemanas aplicables solamente a los extranjeros. Esta medida será casi seguramente eliminada por Bruxelles por los principios de libre circulación de personas, mercaderías, capitales y servicios, pero marca la falta de cohesión y respeto de las reglas comunitarias.

Esto expresa la forma de ver su responsabilidad europea de Berlín, así como el diktat alemán demuestra el egoísmo y el creciente desempeño hacia la comunidad. Quien pensaba que la coalición con la social-democracia hubiera contribuido a hacer menos duras las políticas de rigor de Angela Merkel, deberá re-creerse: ninguna solidaridad financiera, ni unión bancaria y esto solamente como última medida, ni crecimiento, sino reglas que son vinculantes solamente en vista de las reformas para los países más en dificultad.

Sin embargo, hay un peligro todavía mayor, representado por el TTIP , o sea el Acuerdo Transatlántico entre los EEUU y la Unión europea, que se viene negociando desde julio de 2013. Tiene previsto que las legislaciones vigentes en ambos lados del Atlántico se amolden a las normas de libre comercio establecidas por y para las grandes empresas europeas y estadounidenses, so pena de sanciones comerciales para los países contraventores y de un resarcimiento de varios millones de euros para el querellante. Su objetivo es operar de los dos lados del océano con las mismas reglas, sin que interfieran los poderes públicos. Convergencia regulatoria y reconocimiento mutuo son las formulas elegidas para incitar a los gobiernos a que autoricen los productos y servicios que contravienen las legislaciones locales.

Como lo demostraron el ALCA y ciertas rondas de negociaciones de la OMC, el establecimiento de una política común para el comercio sin reglas, sirve solamente para desmantelar las protecciones sociales y reducir, prevenir y eliminar las políticas nacionales, siendo considerado como superfluo todo lo que entorpece el tránsito de mercaderías, la regulación de las finanzas, la lucha contra el calentamiento global, hasta el ejercicio mismo de la democracia. ¡Nada de Tobin Tax, obviamente!

Se impone entonces actuar contra la governance europea, una entidad nunca elegida, que responde no al voto de los ciudadanos – que cada vez que han sido consultado, han contestado negativamente – sino de los mercados, un gobierno que define las políticas de países que han cedido su soberanía, hasta ceder el control preventivo de sus balances. Si las cosas están así, para re-adueñarse de la posibilidad de hacer oír la voz de los pueblos de Europa, es necesario devolver a las comunidades la capacidad de autogobierno, creando una oposición eficaz en ámbito no solo nacional, sino europeo,

Pero, ¿cómo colmar el abismo entre las políticas impuestas por la gobernance europea y la finanza internacional y los movimientos y organizaciones que luchan por los derechos fundamentales, que los gobiernos están erosionando: casa, salud, trabajo, educación, vejez y finalmente, dignidad y respeto para la vida de todos? Un posible embrión de programa entonces es el que recupera el derecho al trabajo y sobre todo, la dignidad, abriendo la sociedad a los prófugos y migrantes, como recursos humanos decisivos para el desarrollo de los países europeos y la pacificación de las sociedades en crisis.

En los países más avanzados y dominantes de la sociedad global, la gobernabilidad se define por la capacidad de gobernar desde un consenso rutinario y todo intento de contra-discurso es descalificado como subversivo o anacrónico. Una gobernabilidad que esté ligada al mantenimiento de la vigencia de un imaginario aparentemente democrático, necesita para mantenerse el control sobre las áreas de exclusión social, política y económica, revelando la distancia entre las instituciones y los ciudadanos e indicando una progresiva caída en la calidad de la democracia y del pacto consensual. En esta lógica, los medios de comunicación son utilizados desde una estrategia monopólica, para diseminar mensajes que impiden de hecho la reflexión y el pensamiento crítico. El imaginario obra como sostén de la universalización del consumismo y como prueba de la existencia de una democracia supuestamente plena.

Sin embargo, la revisión radical de los vínculos financieros impuestos por las políticas de austeridad, que condiciona la economía, la ocupación y las condiciones de vida en la Europa mediterránea - un desastre que se está extendiendo también a Europa centro-septentrional -, concierne una serie de problemas que podrían ser resueltos de inmediato: la reconversión ambiental del tejido productivo, para parar la pérdida de miles de puestos de trabajo y la clausura de miles de empresas grandes y pequeñas, condenadas por las políticas de austeridad y las deslocalizaciones, no solo para crear nuevas oportunidades de trabajo seguro, sino para contrarrestar la catástrofe ambiental que incumbe sobre el planeta.

Cuando se cierran empresas en Europa, se destruyen patrimonios de conocimiento gigantescos, de experiencia, de costumbre, de cooperación, mientras es necesario ofrecer nuevas oportunidades a los excluidos del trabajo y del rédito, obligados a condiciones humillantes de subordinación a una precariedad sin perspectivas. En Europa se habla de estabilidad, pero detrás de las cuentas en orden, no están las políticas que refuerzan el welfare state, sino que trabajan en contra de las economías nacionales y del sentido de comunidad de los países. El “Tratado de Lisboa” no se refiere a los pueblos, sino a los Estados. El tratado fue adoptado para eludir la voluntad popular expresada en tres referéndum contra el espíritu mercantil de la Unión, que actúa en contra de los derechos humanos y la legitimación universal, expresando un capitalismo que transforma todo en mercancía: los trabajadores, la educación y la moral.

Al mismo tiempo, es necesario que aparezca una nueva clase dirigente, que sea expresión directa de la necesidad de renovación de la sociedad y de las comunidades movilizadas, alrededor de un proyecto de radical transformación de la política y de sus objetivos.

“La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza - escribe papa Francesco en “Evangelii Gaudium” - no puede esperar, no solamente por una exigencia pragmática de conseguir resultados y ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que puede solo llevarla a nuevas crisis. Los planos asistenciales que enfrentan algunas urgencias, deberían considerarse solo como respuestas provisorias. Hasta que no se resolverán radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y agrediendo las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es la raíz de los males sociales”.

En esta perspectiva, lo que tiene que guiarnos es el hilo que conduce a la promoción de una política fundada sobre los bienes comunes y sobre el destino común. Derechos civiles y sociales, revisión de los vínculos financieros, reconversión ambiental de la producción, una nueva clase dirigente. Este es el camino para la recuperación de los bienes comunes. El programa está, solo hay que encontrar la fuerza y la leadership para implementarlo, en la conciencia que solamente las grandes luchas y las grandes movilizaciones pueden llevarnos al cambio radical que se nos impone y que auspiciamos.

Hacia una nueva subjetividad critica individual y colectiva.

“Así como el mandamiento ‘no mataras’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir que no a una economía de la exclusión y de la inequidad. Esta economía mata.

Hoy todo entra en el juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin perspectivas, sin salidas [...] No se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión se golpea en la misma raíz, la pertenencia a la sociedad donde uno vive [...] “.

(Papa Francisco, Evangelii Gaudium)
Se impone el problema urgente de la construcción de un sujeto político de la izquierda, sea como individuo que como partido. En la crítica de la economía política de Marx, se investiga lo que es específicamente capitalista en sus relaciones sociales. En tal contexto, hay que asumir la independencia de elección y de acción del individuo como libre de relaciones de dominio personal: la libertad formal del individuo se tendría que dar, por ejemplo, en la relación de trabajo de dependencia.

Esta libertad formal se traduce sin embargo, en dependencia material, o sea el individuo es libre de actuar, pero en un contexto de dominio impersonal. El objeto de estudio de la crítica de la economía política no es por lo tanto, el comportamiento individual, sino la especifica lógica de comportamiento a la cual el individuo debe adherir para no sucumbir, en las presentes relaciones sociales capitalistas sin garantías.

Marx desarrolla progresivamente este contenido objetivo hasta definir le leyes objetivas que regulan el actuar individual en una sociedad capitalista. Estas asumen la efectividad de leyes objetivas en relación al individuo, determinando su actuación, dentro determinadas reglas del juego, por así decir.

De hecho, Marx habla de fetichismo en relación a estas leyes, fetichismo que es vivido como independiente de la acción misma, mientras que en realidad la domina. La crítica de la economía política individua estas leyes y no las explica a partir del actuar individual, sino del actuar social, ya que es dentro de los mecanismos sociales que se explican las acciones de los individuos y las relaciones entre ellos, determinando justamente el actuar individual.

La crítica de la economía política estudia por lo tanto la estructura social de las sociedades capitalistas, donde el actuar individual no está solamente influenciado por el contexto institucional, sino está determinado por la estructura social. El interés de Marx no es resolver ontológicamente al individuo en la estructura, sino esto es el único aspecto del individuo que interesa a Marx desde el punto metodológico y social, o sea el individuo en sus relaciones sociales.

Sin embargo, si limitamos el razonamiento exclusivamente al individuo como portador de relaciones sociales como, por ejemplo, en el caso de Althusser, corremos el riesgo de no poder explicar fenómenos complejos de la sociedad, donde la reproducción de la estructura social - como la capitalista - acontece a través de mecanismos de dominio impersonal.

Hay que distinguir entonces entre un individualismo institucional, que persigue fines económicos, y la estructura de mercado, que supera la mera esfera individual y que lo condiciona socialmente. Eugenio Screpanti afirma que el individualismo institucional es fundamental para una teoría de la revolución, que “atribuye a la acción humana la actitud a la auto-liberación, o sea la capacidad de modificar intencionalmente la estructura social”. Esto es válido también desde una óptica no individualista, como la que deriva de la crítica de la economía política.

En una palabra : La constitución de los sujetos es histórica y socialmente condicionada, mientras que las motivaciones y los intereses individuales, desde el punto de vista del individualismo metodológico, presuponen la libertad de acción de los individuos. En una sociedad caracterizada por relaciones impersonales de dominio, la acción individual no es nunca causa sui, sino se expresa constantemente en la acción.

Sin embargo, esto no explica la sumisión a los mercados financieros y al dios mercado. Denunciando el fetichismo como falsa conciencia, Marx intenta identificar precisamente la raíz real y concreta de la subordinación material en las características estructurales de la forma de relaciones sociales determinadas por el capitalismo, la que él define más bien como mistificación real, negando que se trate de una mistificación, consciente o no, que opera en la conciencia del individuo. Llegamos por lo tanto a nuestro punto crítico: al problema de cómo se sale de la situación de subordinación material, en la cual se disuelve la liberad formal del individuo

En relación a la recuperación del sujeto critico y del individualismo metodológico, la liberación consistiría en la auto-liberación da esa mistificación, un abrir los ojos, una especie de revolución de la conciencia, una forma di auto-conciencia. La idea de la revolución de la conciencia como auto-conciencia se puede considerar come la transposición en el plano social de la dialéctica siervo-patrón de Hegel (G.W.F. Hegel, Fenomenología del Espíritu). El siervo es dominado hasta que no toma conciencia de que el que lo domina, el patrón, depende de su actuar.

En Bauer la auto-conciencia se expresa en la capacidad crítica de los individuos, no en la acción de la colectividad; la conquista de la libertad se consigue a través de la acción de los síngulos, mientras que las colectividades parecen predispuestas a sujetarse al poder capitalista en forma acrítica. Cuanto más individuos tomaran conciencia del hecho que su actuar determina la estructura, ellos actuaran de manera diferente y la estructura social tendrá que cambiar. Si el individuo es el único ente capaz de acción, - y la acción colectiva no es otra cosa que un agregado de acciones individuales heterogéneas, que determina la estructura social -, de esto conseguiría que el mantenimiento o la disolución de la estructura social existente es una mera cuestión cuantitativa. Sin embargo, solamente el crecimiento cualitativo del debate social y de los movimientos de la sociedad, puede constituir una referencia, un punto de partida y una razón decisiva para involucrarse.

En la manera de actuar de la multitud según las teorías de Tony Negri, no se trata de construir las condiciones para actuar de forma diferente, sino hay que actuar la diferencia, practicándola directamente. Sin embargo, el individuo no puede actuar de forma diferente hasta que no cambie la estructura social: si lo hace, no puede que sucumbir, como aparece claramente en la crítica de la economía política de Marx.

Por lo tanto, la única posibilidad, desde este punto de vista, reside en la acción colectiva, como construcción colectiva – y no como simple conjunto de individuos - hacia el cambio de la estructura social, cuyo conseguimiento consienta un actuar diferente. Si la teoría política a la cual nos referimos en este trabajo, teoriza la separación entre la esfera pública y privada – como si no hubiese ninguna comunicación entre las dos esferas –, Castoriadis individua una tercera esfera, la ágora, la esfera de la comunicación que une la esfera pública y privada, el lugar en constante tensión, del dialogo, de la cooperación y del compromiso, donde se disputan los problemas de la polis, el lugar de la comunicación y de la política. (C. Castoriadis, La crise de la societé occidentale, 1996)

En la categoría multitud, el problema de la relación entre el actuar individual y la estructura social persiste. La cuestión es contradictoria, porque la multitud es representada como multiplicidad inconmensurable y singular (T. Negri, Per una definizione ontologica della moltitudine, 2002) opuesta al pueblo como unidad colectiva total o a la clase obrera como unidad parcial.

Negri y Hardt, en el controvertido libro “Imperio”, afirman: “Para hablar de hegemonía hoy, hay que hablar de una potencia de las multitudes de expresarse y de una forma de derecho que sea adecuada, que establezca procedimientos y que sea capaz de institucionalizar sistemáticamente las relaciones, las relaciones, los contratos, las instituciones que están ligados a esta potencia de expresión”. Así que, para Negri, el planteo es ¿Cómo es posible transformar en hegemonía el conjunto de las luchas, micro y macro, que son las que hoy conocemos? Negri interpreta la cuestión de la hegemonía para explicar cómo se debe hacer para mandar cuando no se tiene la mayoría. En realidad, en una sociedad históricamente determinada, la cuestión decisiva reside en esa reforma de los valores, que es el objetivo cultural para el cambio.

En los Cuadernos, Gramsci había identificado la relación entre la acción política y la estructura económica con una serie de antítesis: momento económico, momento ético-político, necesidad-libertad, momento objetivo-subjetivo. En el pasaje desde el objetivo al subjetivo y desde la necesidad a la libertad, Gramsci identifica el tema crucial de la subjetiva interiorización de los valores hegemónicos – o sea el momento individual a través del cual se construye la hegemonía y el consenso – por el cual: “La comprensión critica de sí mismo, sucede entonces a través de una lucha de hegemonías, de direcciones contrastantes, antes en el campo de la ética, después de la política, para llegar a una elaboración superior de la propia concepción de lo real”. (Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel, III).

La crítica de la economía política no puede evitar una teoría crítica de la sociedad que quiera cambiar el mundo desde la óptica de la emancipación - sea come emancipación de los individuos, que como emancipación de las clases oprimidas. En el idealismo de la conciencia, que sobrevive en el idealismo del joven Marx, las acciones individuales dependen “de los intereses, las conciencias y las motivaciones de los individuos”, (Bruno Bauer) subrayando el rol del idealismo en el pensamiento de Marx, que va desde el individualismo a la totalidad.

Existen concretamente dos potencias autónomas, el individuo y la sociedad, irreductibles el uno a la otra, pero uno es la condición de posibilidad de la otra, que se contradicen necesariamente. La cuestión entonces queda abierta y requiere la reconsideración de los problemas relativos a la teoría de las clases y de la lucha de clase, en relación con la perspectiva del individualismo sea institucional que como sujeto critico.

La ciencia social de Marx es verdadera solamente come critica, critica di sí misma y de su propia verdad. Es desde este punto de vista, que es necesario repensar todas estas categorías, en sentido liberador y emancipador individual y colectivo.

Presente y futuro del nuevo sujeto político de la izquierda: para una izquierda alternativa. “Me preocupa que la izquierda no esté siendo lo suficientemente radical en su crítica. Y cuando lo hace, lo hace a través de criticas marxistas agotadas, que el mismo Marx hubiera odiado…(…) Lo mío es una especie de retorno a las preocupaciones sociales de Dewey, hacia el aprendizaje reciproco y la cooperación entre las personas”. (Richard Sennett, Los jóvenes encontraran el camino hacia un nuevo orden mundial”, entrevista, 2012)

Si entonces el nexo positivo entre capitalismo y democracia, parece limitado a los treinta años que siguen la segunda guerra mundial, cabe considerarlo como una larga paréntesis, casi una feliz excepción, interrumpida por la irrupción de actitudes anti-democráticas y medidas de exclusión e inequidad social. Esto significa que la lucha por la defensa y la recuperación de la democracia se pone sobre un terreno sustancialmente anti-capitalista. El puro formalismo constitucional no es suficiente, ni lo son las medidas de reforma electoral. De hecho, según las ideas del Marx más maduro, ninguna reforma electoral puede llevarnos a una “verdadera democracia”.

Al mismo tiempo, es cierto que la defensa de los derechos y la afirmación de las necesidades sociales han sido arremetidos por la actual crisis. La Constitución italiana fundada en el trabajo (art. 1), que en buena medida queda inaplicada, ha sido agredida en forma regresiva, con la introducción, a través de la modificación del artículo 81, de la obligación a “emparejar el balance”, lo que ni las autoridades europeas habían requerido con tanta urgencia.

Las varias formas de gobierno de Europa anti-democrática y tecnocrática, son las más funcionales al capitalismo financiero europeo, como ha sido evidente desde el comienzo de la crisis, desde 2007 en adelante. En Italia el actual partido de gobierno, el Partito democrático, se ha vuelto el símbolo de esta política, y poniéndose en el centro del cuadro político y de una sociedad fragmentada y polarizada, se hace efectivo garante de la política de austeridad según el moto: “se nos lo pide Europa”. Ni se puede pensar que este partido cambie radicalmente o haga implosión.

Lo mismo se puede decir para el PPE en España, que sigue no obstante los escándalos y la aplicación rigurosa y acrítica de las reglas y restricciones impuestas por la Unión europea. Por otro lado, los partidos tradicionales europeo son todos más o menos comprometidos con el sistema europeo, como el socialismo francés, donde el presidente francés Hollande no ha sabido o podido poner un freno a Alemania y a sus pretensiones de austeridad y balance parejo.

El “campo del cambio” tiene por lo tanto que ser organizado en alternativa con los partidos ahora vigentes, abriendo un nuevo camino democrático. Y esto vale per varios países europeos – come España –, donde es necesario organizar la resistencia contra el PPE por parte de la sociedad civil, utilizando todas las fuerzas democráticas existentes en el país. El problema de la hegemonía en sentido gramsciano y del uso de la fuerza permanece como un problema que se impone en toda su urgencia e inevitabilidad.

Ahora, el problema no es el programa, sino la fuerza política y social para implementarlo. ¿Dónde encontrarla? No se puede contar sobre las fuerzas políticas existentes, o sobre un cambio radical – excepto quizás en Grecia con la coalición de la izquierda radical Syriza -, a menos que no se liberen los componentes sanos de la sociedad, que aspiran a un radical cambio de ruta. La discusión sobre Grecia tiene hoy en día una particular importancia, no solo porque Grecia está entre los países más débiles en Europa, sino porque es objeto de la ofensiva desmedida de las clases dominantes de Europa y por lo tanto la crisis se manifiesta de una manera particularmente aguda.

El cambio europeo debe ser buscado en una izquierda de alternativa a escala continental. Sirve una campaña de masa, que sepa enfrentar las causas que provocan y determinan las políticas de austeridad de Bruxelles y el concreto sufrimiento de muchas sociedades europeas. Lo más urgente es unir los países en dificultad y las izquierdas de alternativa, para imponer a Alemania un cambio radical de políticas y la revisión de los tratados europeos – desde Maastricht al insostenible fiscal compact. ¡Pensemos solamente a los 20 años que servirían a Italia para volver bajo el 60% de la relación deficit/Pil según el Fiscal Compact!

Aparece claro que a esta batalla no se puede dar una representación política que proceda desde aquel socialismo europeo que, empezando por Alemania, se ha hecho abierto continuador de aquellas políticas de austeridad, que es necesario combatir. De hecho, el SPD alemán , para asegurar que algunas medidas de protección social para Alemania sigan vigentes, ha dejado manos libres a la Cancillera Merkel, para que actúe en Europa según sus principios, que tanto daño hacen a los países más débiles y a la cohesión europea ya ampliamente en crisis.

La discusión de un proyecto de izquierda alternativa solo puede surgir en la construcción de un pensamiento alternativo y de un nuevo bloque social, que recupere el rol de la izquierda y de los movimientos, juntando los que piensan, habilitando discursos nuevos en sentido trasformador y superador y recuperando la idea-valor de la democracia. Lo interesante es el hecho que se está constituyendo en Europa un bloque impulsado por la sociedad civil e intelectuales de izquierda, alrededor de la candidatura de Alexis Tsipras - #tsipras - a presidente de la Unión Europea en las próximas elecciones europeas del 25 de mayo 2014, en las primeras elecciones europeas verdaderamente democráticas. ¡Solo se hace camino al andar, finalmente!

Es necesario adoptar un discurso y un tipo de acción socio-política que favorezca la construcción de una ética política de la libertad y de la igualdad, contra la marginalidad, la pobreza y la degradación económico-social, abriendo nuevos espacios democráticos. Con Bourdieu y Castoriados se podría afirmar que todo sistema simbólico no refleja simplemente una estructura de poder, sino instituye el imaginario social alrededor del cual se busca articular la practica social, generadora de consenso y de compromiso, que determina una nueva forma de ver el mundo. “Como la evolución actual de la cultura está relacionada a la inercia y a la pasividad social que caracteriza el mundo actual - afirma Castoriadis - debería tener lugar un renacimiento, indisociable de un gran movimiento histórico, que reactive la democracia y confiera forma y contenido al proyecto que la autonomía requiere”. (The Castoriadis Reader).

Todos son intelectuales” – decía Gramsci, pero necesitamos una intelectualidad pensante, reflexiva, comprometida y honesta. Gramsci trata de construir una actitud concreta y superadora de lo intelectual, que no capitula ante el sentido común ni renuncia a educar a las masas: “Los intelectuales que devienen dirigentes, pueden reorientar el sentido común en un sentido anticonformista y transformador, desarrollando los núcleos de buen sentido que aquel alberga, en tanto que atisbos de pensamiento crítico, susceptibles de ser articulados a favor de una verdadera ‘reforma intelectual y moral’”.

Pierre Rosanvallon en relación al rol del intelectual en Europa, declara: “Para alguien como yo que se reconoce como de izquierda, no veo la diferencia que la izquierda esté o no en el poder. Mi objetivo es siempre el mismo: producir lucidez y poner a disposición una caja de herramientas para comprender la sociedad y que permita a su vez entenderla de tal manera, que se la pueda controlar. Para mí, el verdadero intelectual es aquel que proporciona herramientas de inteligibilidad, de comprensión”. (P.R. Revista ñ, Buenos Aires, 24.12.2012)

El papel del intelectual no consiste entonces solamente en dar confianza, sino en darle al individuo la posibilidad de controlar su vida al permitirle entender mejor lo que pasa alrededor suyo, proporcionando instrumentos de comprensión como de acción. Desde este punto de vista, es perfectamente entendible el movimiento de los Indignados; el problema es que hay que tener la inteligencia de su propia indignación. Los indignados expresan un sentimiento visceral, un sentimiento vital, pero no siempre tienen los instrumentos de análisis y sobre todo, de acción. En la indignación de los movimientos occidentales de protesta, que expresan un movimiento masivo y potente, hay que armar la indignación, dándole los medios de análisis y de acción.

Mientras la crisis del capitalismo financiero sacude la legitimidad de las oligarquías al poder, poniendo definitivamente en duda la eternidad del “fin de la historia” proclamada por Francis Fukuyama en la dominación liberal sobre el mundo, se determinan situaciones de protesta que pueden desembocar en situaciones revolucionarias en su carácter de imprevisibilidad y cambio de época.

Tomadas por sorpresa, las clases dirigentes partidarias y los intelectuales – implicados en la construcción del consenso rutinario – ya son incapaces de crear consenso y re-construir esa capacidad simbólica ahora en crisis. En el cambio de paradigma del imaginario social el sujeto histórico recuperado busca romper con el mundo simbólico del discurso imperante. Hace falta entonces una transformación ético-política de la sociedad para lograr un cambio de paradigma y la autodeterminación de los pueblos.

Hace falta una Europa de los pueblos, no de las burocracias y en esta voluntad y acción colectiva del pueblo, reside la posibilidad del cambio. La recuperación de toda subjetividad critica propicia y genera una voluntad social de resistencia y de cambio. Si el discurso difundido por los medios no tiene la voluntad ética de educar a la ciudadanía, sino solo apunta al adormecimiento de las conciencias, al lugar de surgir de un saber particular reservado a una elite, el “pueblo” debe hacerse vanguardia y crear experiencias colectivas de combate para el cambio. No por casualidad Marx pensaba que la revolución solo tendría lugar cuando la explotación capitalista resultase intolerable.

Podríamos sorprendernos que revueltas sociales más decisivas no hayan tenido lugar en estos años. No ha habido ninguna primavera europea – no obstante el 15-M y otras reacciones más o menos violentas. De hecho, ellas han tenido lugar en explosiones aisladas que no representan ni una fuerza alternativa con un programa determinado, ni tienen el coraje político ni la determinación para un cambio radical. Muy por el contrario, emergen tendencias autoritarias, que es necesario neutralizar para salvar a Europa de una deriva autoritaria sin salidas.

Un novelista alemán Timur Vermer publicó en 2011 un libro “Ha vuelto” sobre una vuelta de Hitler en la época que vivimos. Vermer ensaya la posibilidad de un renacimiento del nazismo hoy, en un periodo en que las condiciones históricas pueden parecer similares a las de los años 30, cuando la desilusión, el temor a la inflación y una moneda débil fueron el explosivo coctel que produjo la catástrofe. La constatación de la importancia del consumo en la sociedad actual, indica la renuncia a cualquier atisbo de sensatez y lucidez en aras del entretenimiento y prepara un terreno autoritario, junto con la responsabilidad de los medios de comunicación en la adopción de estas tendencias consumistas. Las elecciones europeas de la primavera de 2014 podrían representar una primera ocasión para repensar esta Europa en todos los países de la Unión, hacia la democratización de la sociedad y de los medios de comunicación.

Los principios de un programa para una nueva Europa son compartidos por un amplio espectro de organizaciones, aunque no hayan sido objeto de confrontación directa y representación en sede institucional. No se puede pensar que la reconstrucción de la izquierda pueda traducirse en un simple ensamblaje de movimientos: debe madurar un nuevo pensamiento político que pueda desafiar las teorías y políticas vigentes, necesita una maduración conceptual y un real agente del cambio. Frente a subjetividades íntimamente reformistas, que han adoptado gustos, hábitos e ideales de la cultura imperante, es indispensable que los movimientos europeos y mundiales de protesta adopten proyectos de sociedad alternativa.

El camino hacia una nueva subjetividad - el hombre nuevo de Che Guevara - no puede entonces que consistir de su nivel de experiencia, de sabiduría, se haga portador de la visión de una nueva cultura, en la confluencia de conflictos que comportan una análisis de las transformaciones de la sociedad europea y mundial y la reflexión y el esfuerzo de propuestas alternativas que vienen del mundo intelectual y de la sociedad civil, cuya posibilidad de dialogo pasa también a través de los nuevos medios de comunicación .

Como señalara Fidel Castro en su discurso pronunciado en ocasión de la sepultura definitiva de Ernesto Che Guevara en Santa Clara: “Más grande será su figura, cuanto más injusticia, más explotación, más desigualdad, más desempleo, más pobreza, hambre y miseria imperen en la sociedad humana”. Ahora que la crisis del mundo occidental amenaza reducir la democracia en un mundo de apariencias y los ciudadanos están frente a la exigencia de transformarse en agentes de cambio, el mensaje del Che combina – en la relación entre ética, economía y política – con el objetivo de subrayar los valores que deber regir en un proyecto de cambio – solidaridad, sacrificio y propuesta de renovados valores, como elementos indispensables para alcanzar un nuevo orden nacional, así como la liberación a escala global.

El humanismo revolucionario del Che no se queda solo en un imperativo moral, sino que se manifiesta a través de la necesidad practica de la lucha en una objetiva situación de pérdida de los valores democráticos. La formulación del hombre nuevo, que ocupa un lugar central en la formulación del humanismo revolucionario de Ernesto Che Guevara, subraya el papel de la conciencia que, conjugada con valores nuevos, da paso a una ética que produzca los cambios necesarios hacia una sociedad más solidaria y abierta, alcanzando una real concordancia entre pensamiento y acción.

La singularidad de su discurso está dada en que esa revolución anticapitalista y de liberación se presenta como la síntesis de un humanismo que genera a su vez una revolución de las conciencias y una alta acumulación de cultura política, como requisito básico en el salto imprescindible para alcanzar una nueva moral.

Vuelve el tema del rol de la vanguardia, que actúe como elemento imprescindible en la conducción de la lucha. Esto – en mi entender - es el problema más grande que tienen los indignados del mundo: no tener una vanguardia capaz de canalizar las protestas. La vanguardia representa el verdadero resorte que impulsa a participar activamente a la construcción de una nueva sociedad y frente a ellas, el partido, un partido nuevo, comprometido con el cambio, que incorpore a la fase puramente económica, una fase de conciencia, sin la cual es imposible pensar en el hombre nuevo y la nueva sociedad del siglo XXI.

Lo que la izquierda necesita – escribe Gianni Vattimo –no es la teoría, sino escuchar y descifrar el signo de los tiempos con el vigor de una empresa individual y colectiva”. Parecía que faltaba la estrategia, porque faltaba la teoría. Sin embargo, ahora que tenemos por lo menos la diagnosis, la nueva estrategia surgirá de los conflictos reales que vivimos y de la historia que sabremos construir.

Vamos hacia tiempos difíciles, que requieren soluciones extremas, que exigen la toma de conciencia individual y colectiva y el sacrificio de todos. Como anunció el Manifiesto Liminar de la Reforma universitaria de Córdoba (Argentina, 1918): “Los dolores que nos quedan, son las libertades que nos faltan”.


La lucha de clase y las contradicciones en América Latina.

El “Manifiesto comunista” no dice que la lucha de clase remplaza a los agentes del cambio, ni tampoco que las contradicciones antagónicas destruyen, de por sí, el sistema capitalista. La condición proletaria – producida por la apropiación capitalista de la riqueza generada por el trabajo – encarna la relación antagónica de los proletarios con los dueños del capital y la sociedad-mentalidad capitalista hasta ahora imperante en las situaciones y economías coloniales, neocoloniales y de dependencia. Lo que ocurrió históricamente en América Latina fue que la burguesía y las clases privilegiadas optaron por privilegiar sus intereses, dando prioridad a las soluciones económicas del periodo colonial.

Esto significa que el capitalismo y la herencia neocolonial no fue un simple producto de la dependencia de desarrollo capitalista, sino que las fuerzas movilizadas para luchar contra las metrópolis, fueron desmovilizadas por los sectores civiles y militares. Como nos enseña la dictadura, cundo la presión de la oposición se intensifica de modo revolucionario, no le queda que aplastarla y aniquilarla, lo que pasó en muchos países latino-americanos, donde los hombres que estaban en el poder - dentro del Estado, de las empresas, del campo, aliados con socios de varias categorías sociales, como el monopolio de la información – aplicaron las tenazas de una historia dominada por la violencia, el despotismo y el genocidio.

Pero ahora que esa dominación burguesa peligra, en una sociedad de clases donde los gobiernos nacionales y populares desafían ese poder, profundizando el antagonismo entre el capital y el trabajo, que se hace candente la lucha para la transformación de modelos sociales “con inclusión social” en Argentina, de “revolución ciudadana” en Ecuador, para el modelo de “fome zero” en Brasil, las aberturas de Uruguay hacia una sociedad más equitativa, a través de medidas valiosas de justicia social y laboral – sin mencionar los cambios radicales de Cuba, de Bolivia y de Venezuela – creando un futuro que se desvincule de la historia y de los modelos coloniales, hacia el descubrimiento de lo propio, favoreciendo la evolución histórica, histórica y cultural hacia un nuevo patrón de civilización, más inclusivo y menos discriminatorio, incluyendo, para sanar una profunda deuda histórica, a los pueblos originarios.

Sin embargo, la periferia desvinculada del capitalismo central solo será profunda y auténticamente modernizadora, si consigue transformaciones de la sociedad de clase y de la economía industrial, incluyendo la economía del campo, tradicionalmente conservadora que ha adoptado históricamente modelos de poder verticalistas y discriminatorios.

La oposición esta forma de capitalismo tardío está siendo construida en estos días, pero en la medida en que los intereses – también de las grandes corporaciones, que se hacen vehículo e instrumento de la penetración capitalista internacional en la esfera de la producción, del mercado y de las finanzas -, sin profundizar el elemento político de la lucha de clase. Si en épocas de las dictaduras latino-americanas, las manifestaciones de la condición revolucionaria del proletariado fue aplastada por el poder militar en concordancia con las clases dominantes y la iglesia conservadora, nos preguntamos si el proletariado puede trascender la burguesía, en virtud de la adquisición de una fuerte conciencia política y la adopción de disposiciones que puedan llevar a la práctica las tareas propias del proletariado, en sentido emancipador y finalmente revolucionario.

Podríamos preguntarnos - dada la crisis del capitalismo así como lo hemos delineado anteriormente - si la historia no haya finalmente cambiado de eje y las clases burguesas no podrían aprovechar de esta oportunidad histórica para corresponder al interés de la clase menos privilegiada en forma concreta. Es cierto que cuando en Cuba se presentó la oportunidad de una articulación entre las clases burgueses y las fuerzas revolucionarias, este soldadura no se dio, por una razón evidente: porque las clases medias y altas están acostumbradas a defender sus intereses de clase en términos de vinculación – directa y mediada intelectualmente – con el capitalismo internacional, siendo incapaz de situarse en una posición de clase que permita identificarse con los intereses nacionales y la extirpación de formas de explotación humana y social.

Ya que la “reforma del capitalismo” no sirve para cambiar las condiciones reales, en la medida que todo el conjunto de políticas adoptadas e implementadas son cuestionadas, se impone el cambio y el advenimiento de una revolución que no se extinga a nivel político y pueda crear un futuro que recorra un autentico proceso civilizatorio propio y original.

En la situación actual es muy difícil combatir al capital nacional y al capital extranjero y su núcleo imperialista de poder. Este combate – en la conquista de los proletarios de la capacidad de enfrentar los poderes dominantes y de luchar por su propia emancipación - solo puede darse si los proletarios pueden alcanzar un desarrollo de clase independiente, lidiando con los riesgos catastróficos del capitalismo nacional e internacional, superando la larga hegemonía de la burguesía neocolonial e dependiente, que no hace que reflejarse en la ideología de la burguesía hegemónica internacional.

Se trata de aprovechar de los desafíos y de las oportunidades de la actual contingencia histórica, más allá de las contradicciones representadas por la naturaleza antagónica entre capital y trabajo, resultado de las propias leyes del desarrollo capitalista y de la “transformación capitalista”, de la cual Lukács identifica los limites. En la disgregación del capitalismo tardío en los países centrales, se trata de engendrar otra historia, por la transformación radical del orden existente, sea para el continente latino-americano, que para el mundo. En su discurso sobre el programa ante el congreso de fundación del Partido comunista alemán en 1918, así decía Rosa Luxemburg : “La masas deben aprender a ejercer el poder. No existe otra manera para inculcárselo”.

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European Elections: concerning the Submission of an EL Candidacy for The Presidency of the European Commission

During the meeting of the Council of chairpersons of the EL in Madrid, the chairpersons discussed the preparation of the European elections in May 2014. These elections will be decisive to give the floor to the peoples struggling against austerity.

Breve Curriculum Vitae y publicaciones

Dr. Gabriella Bianco, PhD, LTO

bgculture.gabriella@gmail.com

www.gbiancorsbinghamcult.com

Gabriella Bianco se graduó en la Universidad de Trieste en Lingüística, Semiótica y Literaturas Comparadas y en la Universidad de Urbino en Filosofía y Educación; finalizó sus estudios de posgrado en la Universidad de Toronto con una tesis dedicada a Antonio Gramsci, especializándose en Teoría crítica, estudiando con Habermas, Gadamer, McLuhan, Northrop Frye, Freire y Marcuse. Obtuvo la Beca Fulbright, doctorándose en Filosofía Política y Ciencia Política en EE.UU.

Junto a una intensa actividad académica desarrollada en distintas Universidades del mundo (Australia, Canadá, USA, Italia, Kenya, México, Argentina, entre otras), enseñando filosofía y literaturas comparadas, ha sido directora y agregada cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia en Institutos de cultura de varios continentes.

Ha publicado libros y ensayos de temas filosóficos, éticos y literarios. Escribe para el teatro, el teatro-danza, la música contemporánea y el cine. Ha sido galardonada con varios premios por su actividad artística en Europa y en las Américas. Es Académica de Italia desde 2003 y miembro honorario de la Unión de artistas y escritores europeos en Roma (Italia) desde 2007.

Lleva adelante proyectos internacionales en los campos de la cultura, del arte y de lo social, con las Naciones Unidas, la Unión europea, Canadem y otros organismos y desde 2012 como presidente de la Asociación Cultural internacional “GB & RS Bingham”.

Ejerce el periodismo para revistas de derechos humanos y de ética y colabora con proyectos de cooperación internacional en favor del diálogo intercultural, de la paz y de la no-violencia. Desde 2009 es Embajadora internacional de la Paz, en defensa de un mundo sin conflictos, por la autodeterminación de los pueblos. Desde 2012 es miembro activo de la “International Network of Women Philosophers” de la UNESCO. En 2013 ha sido nombrada “Personalidad internacional de la cultura “ en América Latina.

Su amplia obra incluye (teatro, teatro-danza, música contemporánea, cine, educación, literatura-poesía) :

- Educazione e politica (Milano, 1975)

- Alla ricerca della verginitá perduta, (Roma, 1984)

- La transparencia del ser (Buenos Aires, 1990)

- ¿Dónde está la eterna primavera? Cesare Pavese

y Franz Kafka (Buenos Aires, 1991)

- Nest. Sonidos de la ausencia (Buenos Aires, 1992)

- El color del agua (Buenos Aires, 1993)

- Diálogo con el futuro: Carlo Michelstaedter (Bs. As., 1993)

- En el camino de la palabra (Buenos Aires, 1995)

- Angels - Angeli (Vancouver, 1997) (Turín, 1997)

- Enigma al femminile (Castiglioncello, 1998)

- Drum up the Moon (Vancouver, 1999)

- Ombra - Shadow (Vancouver, 2000)

- Casanova, ovvero la magica follia (Roma, 2000)

- Sólo tengo miedo equivocarme en mi muerte,

Buenos Aires, 2001)

- Wolfgang & Magdalena (Roma, 2002)

- Mozart and Magdalena (Hollywood, 2003)

- Save Venice (Hollywood, 2004)

- Imágenes de la Argentina (Buenos Aires, 2004)

- Incendio (Porto Alegre, 2005)

- Wolfgang y Magdalena, un amor (Buenos Aires, 2006)

- Salvar a Venecia (Buenos Aires, 2007)

- Immagini da una poesia (Roma - Buenos Aires, 2009)

- Vertigo – Vertige (Argentina – Chile – Peru 2010 – 2011)

- MOZART AND MAGDALENA – USA (2010)

- Infinite Moons, Infinite Suns – USA (2012)

De la misma autora (en español ) -

(literatura, poesía, filosofía, filosofía política, teatro):

- Cesare Pavese y Franz Kafka: sendas de exilio Ediciones Epsilon, Buenos Aires, 1991

- NEST. La metafísica de la ausencia Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1992

- Nadine Gordimer, o la palabra insuprimible Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1992

- La hermenéutica del devenir en Carlo Michelstaedter Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1993

- El extrañamiento del ser Torres Agüero Editor, (2da edición) Buenos Aires, 1994

- En el camino de la palabra Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1995

- El campo de la ética - mediación, discurso y práctica, coordinación de Gabriella Bianco, Hachette-Edicial, Buenos Aires, 1997

- Epistemología del diálogo. Pensamiento del éxodo. Editorial Biblos, Buenos Aires, 2002

- Búsquedas de sentido para una nueva política, coordinación de Elisa Carrió y Diana Maffia, Paidós, Buenos Aires, 2005

- La amante de Mozart Editorial Biblos, Buenos Aires, 2006

- La Impaciencia de lo absoluto en Carlo Michelstaedter y Simone Weil. Ediciones Suárez, Buenos Aires, 2007

- Implacables Ausencias. Nach Congo und anderswohin. Editorial Dunken, Buenos Aires, 2009

- Infinitas lunas, infinitos soles. Infinite Moons, Infinite Suns Editorial Dunken, Buenos Aires, 2010

-Walter Benjamín, un corazón doliente, Ed. Martin, Bs As, 2012

-Tiempos de cambio, tiempos de revolución, Ed. Martin, Buenos Aires, 2013

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Deodoro Roca, el movimiento reformista universitario y la integración latinoamericana

por Hugo Biagini y Horacio Sanguinetti

Joaquín Victor González. De la “Republica verdadera” a la Universidad de La Plata

por Alejandro Herrero

Revolución Chavista

por Maximilien S.Arvelaiz

Breve reflexión sobre el poder

por Marcelo Colussi

Desigualdad, prehistoria, historia

por Guillermo Castro H.

Sentir y pensar el antiimperialismo

por Ángel Rodríguez Kauth

LA DEMOCRACIA EN EL CAPITALISMO EUROPEO Y GLOBAL: IMPLICACIONES PARA AMÉRICA LATINA

por Dr. Gabriella Bianco, PhD

Centroamérica después de la Guerra Fría

por Marcelo colussi

Hacia la hegemonía posneoliberal

por Emir Sader

Recuperar el debate estratégio

por Raúl Zibechi (LA JORNADA)

La universidad en Latinoamérica: Entre la Utopía y el lucro infinito

por Jorge Zavaleta Alegre

Los medios de comunicación en la coyuntura latinoamericana actual

por Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

Centroamérica: ¿hacia un nuevo equilibrio político?

por Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Neoliberales y “libertarios”

por Carlos Figueroa Ibarra

Las razones del equilibrio del sistema internacional

por Sergio Rodríguez Gelfenstein

La tercera “guerra fría” en América Latina

por Raúl Zibechi (LA JORNADA)

La libertad real requiere justicia

por Rafael Correa (Presidente de Ecuador)

Fundamentalismo y contrarreforma universitaria

por René Báez, Pontificia Universidad Católica, Ecuador

Hacia la Universidad del Sur

por Sirio Lopez Velasco (FURG, Brasil)

Fórmula política

por Luis E. Blacha (FLACSO)

LOS NEOPOPULISMOS LATINOAMERICANOS COMO REIVINDICACION DE LA POLITICA

por Roberto Follari (Universidad Nacional de Cuyo)

Poscapitalismo

por Silvia Rivera (UNLA)

Cobra actualidad un debate que se pretendió silenciar:

por Alicia Massarini et alia

Transgénicos

por María Luisa Pfeiffer, Universidad de Buenos Aires, CONICET

Darwinismo social

por Gustavo Vallejo (CONICET)

El escándalo de los agrocarburantes en los países del Sur

por François Houtart, Universidad Católica de Lovaina

Hugo Biagini: hacia una segunda independencia americana

por Rafael Ojeda

Interpretaciones de la crisis

por Claudio Katz

Entrevista a Hugo Biagini en las IX JORNADAS NACIONALES Hacer la Historia

por Mauricio Borel

Entrevista a Roberto Follari: “La democracia neopopulista es más democrática que la liberal"

por Marcelo Fernandez Farias

En Cuba hay un proceso democrático con una forma diferente de elección y participación

por Pablo Guadarrama

VARGAS LLOSA Y EL LIBERALISMO

por Hugo E. Biagini (CONICET-UNLa)

La causa de los rebeldes no es la causa de la América

por Daniel Morán

El compromiso público de los jóvenes reformistas del '18

por Fernando Andrada

Estrategia, inteligencia de la complejidad y perspectivas de liberación política y social

por Dr. Roberto Leo Butinof

La Democracia en América Latina: la alternativa entre populismo y democracia deliberativa

por Osvaldo Guariglia (CONICET)

Los inmigrantes latinoamericanos indocumentados en Estados Unidos y España

por Ernesto Barnach-Calbó Martínez

Sobre la Condición Indígena en América Latina: LAS VENAS DE AMERICA SIGUEN ABIERTAS

por Gabriella Bianco (Corredor de las Ideas del Cono Sur)

CELAC Hacia el sueño de la patria grande

por Beatriz González de Bosio (Corredor de las ideas Asunción)

BIENVENIDA LA UNIÓN DE A. LATINA Y EL CARIBE

por Sirio López Velasco (Filósofo – FURG – Brasil)

La Constitución de Cádiz

por Gregorio A. Caro Figueroa (Todo es historia)

Esa izquierda que es de derecha

por Roberto Follari

Redes sociales, el dilema de la hegemonía y la contra hegemonía, los Estados Unidos y Latinoamérica

por Alejandro L. Perdomo Aguilera

La democracia: avances y retrocesos en nuestros días

por Rafael Cuevas Molina (Presidente AUNA-Costa Rica)

A la izquierda de lo posible

por Boaventura de Sousa Santos

Lucha mundial de clases: la geografía de la protesta

por Immanuel Wallerstein

La crisis civilizatoria y la utopía de la sociedad solidaria en Hinkelammert

por Jorge Vergara Estévez

Menosprecio de la libertad

por Gregorio A. Caro Figueroa

La generación Post Facebook

por Jorge Majfud (Jacksonville University)

LA RECEPCIÓN DEL GEORGISMO ENTRE LOS INTELECTUALES DEL 900 ¿Un georgismo sin doctrina?

por Raquel García Bouzas

LOS DEBATES DE LOS JURISTAS RIOPLATENSES SOBRE LA CUESTIÓN SOCIAL A COMIENZOS DEL SIGLO XX

por Raquel García Bouzas

Proyecto de Declaración universal de la Democracia

por Federico Mayor / Karel Vašák

Borges y Perón polemizan sobre cultura nacional

por Torres Roggero, Jorge

CUANDO BOLIVAR DESPIERTA.

por Dr. Gabriella Bianco, PhD, LTO

Juan Locke y la construcción del liberalismo político

por Hugo E. Biagini

España: Los límites de la indignación

por Juan Diego García

La vigencia de la polémica entre el Che y Bettelheim sobre el socialismo

por Cristian Gillen

La invención del pasado

por Jorge Majfud

Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática

por Noam Chomsky

La Reforma Universitaria

por Gabriel Del Mazo (Comp.)

Decálogo de la Revolución

por Pablo Mora

Lo político y la interculturalidad

por Eduardo J. Vior (Universidad de Buenos Aires)

Del Genocidio en Guatemala

por Marta Elena Casaus

Introducción a la concepción ecomunitarista de la TV en el socialismo del siglo XXI

por Sirio López Velasco (FURG-Brasil)

MACHIAVELLI Y LA LIBERTAD POLITICA

por Dr. Gabriella Bianco , PhD bgculture

Controversia académica

por Edmundo Heredia (UNC y CONICET)

Una bandera sandinista entre Nicaragua y Frankfurt

por Daniel Kersffeld (IAEN)

La herencia de Prestes en las calles de Brasil

por Daniel Kersffeld (IAEN)

Un nuevo desafío para la Unasur

por Daniel Kersffeld (IAEN)

Sarmiento y el "caudillismo” (1868)

por Hernán Fernández (Universidad Nacional de San Juan)

Para una Declaración Universal de la Democracia

por Federico Mayor / Karel Vašák et al.

ARIEL EN EL SIGLO XXI: UNA INTRODUCCIÓN

por Sirio López Velasco (FURG, Brasil)

¿Neoliberalismo o neuroliberalismo? Emergencia de la ética gladiatoria

por Hugo E. BIAGINI y Diego A. FERNANDEZ PEYCHAUX

EL NEUROLIBERALISMO Y SU ETICA GLADIATORIA[1]

por Hugo E. Biagini y Diego A. Fernández Peychaux

¿Democracia o capitalismo?

por Boaventura de Sousa Santos

La integración latinoamericana en la hora decisiva

por Emir Sader / ALAI

¿Democracia o capitalismo?

por Boaventura de Sousa Santos

El Capital en el siglo XXI

por Carlos Figueroa Ibarra

La xenofobia se pasea por Europa

por Bernardo Kliksberg (Página12)

América Latina: Las nuevas constituciones

por Osvaldo Drozd (Miradas al Sur)

La nueva izquierda en la era neoliberal

por Emir Sader / Página12

Las anteojeras de la derecha liberal

por Ariel Goldstein / Página12

TLC con sabor europeo

por René Báez

Los tres períodos de la globalización capitalista

por Mariano Ciafardini

Dossier México: Terrorismo de Estado vs. digna rabia

por René Báez (Comp.) Centro de Pensamiento Crítico

Romper la conjura del silencio: acción de la mujer en la Independencia

por Edgar Montiel (Jefe de Políticas Culturales UNESCO, Paris 2001-2009)

EL DESPLOME DE LA CIVILIZACIÓN DEL CAPITAL -Prisma latinoamericano-

por René Baez

Brasil: bases para uma nova doutrina de segurança nacional

por Sirio Lopez Velasco (Universidade Federal do Rio Grande )

Colombia entre la paz neoliberal y la paz democrática

por Boaventura de Sousa Santos

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