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Dossier México: Terrorismo de Estado vs. digna rabia

por René Báez (Comp.) Centro de Pensamiento Crítico
 




Diciembre/2014

Nota introductoria

El descubrimiento de México como un gigantesco cementerio de fosas comunes ha provocado estupor e indignación a escala planetaria, incluso en el vecino Estados Unidos. Los motivos de esta reacción ecuménica son múltiples. Fundamentalmente, sin embargo, la eclosión tendría origen en la verificación de que el hermano país azteca se encuentra al filo de la guerra civil por la actuación de liderazgos político/empresariales mafiosos, asociados a poderes hegemónicos y financieros transnacionales, interesados –todos ellos- en el saqueo y depredación de los recursos agrícolas, mineros, energéticos, ambientales, paisajísticos e incluso culturales y cognitivos autóctonos.

La vigencia y reproducción ampliada de esta estrategia/modelo de acumulación por desposesión (David Harvey) presupone muchas cosas. Entre otras, el empleo de la violencia legal del Estado a los fines de vaciamiento de las formas productivas preexistentes y su sustitución por formas degradadas de generación de beneficios, la aniquilación de poblaciones desechables (especialmente jóvenes e indígenas) y el reordenamiento y mercantilización de territorios. En suma, la liquidación de los elementos constitutivos de un Estado-nación mínimamente soberano.

Casi huelga señalar que esa deplorable estrategia de acumulación capitalista (o mejor dicho, lumpencapitalista) ha devenido el último grito de la moda en los demás países de Nuestra América que, incluso, la han venido instrumentando con independencia del signo político-ideológico de sus respectivos gobiernos.

De esta suerte, si bien los materiales incorporados a este compendio buscan sobre todo alumbrar algunos aspectos de la visibilizada tragedia mexicana, así como el esperanzador despertar de los descendientes de Cuauhtémoc, Juárez, Zapata y Villa, pueden servir también para una comprensión más cabal de lo que acontece en estas tierras del sur del continente.

Índice

I. Reseña de la dominación

México: La guerra de Felipe Calderón según el Subcomandante Marcos, 4

Peña Nieto, la recolonización y el gobierno de la traición nacional (Gilberto López y Rivas), 7

La “revolución” de Peña Nieto (Guillermo Almeyra), 9

Estados Unidos, tras la política criminal (Salvador González Briceño), 11

Ayotzinapa o la disolución del Estado mexicano (Alejandro Nadal), 13

Tlatlaya-Iguala: modelo necrófilo (Carlos Fazio), 15

Javier Sicilia: “México se encuentra a un paso del estallido social” (Entrevista de Alejandra Noguez), 17

Luis Villoro: “México es un Estado fallido por donde se lo vea” (Entrevista de Ivonne Guzmán), 22

II. La resistencia

Ayotzinapa o la rebelión de las víctimas (Armando Bartra), 27

Aportes teóricos y políticos del neozapatismo (René Báez), 32

I. Reseña de la dominación

México: La guerra de Felipe Calderón según el Subcomandante Marcos

Carta del Subcomandante Marcos (Internet: 2011) Una peligrosa simulación se genera en torno a la guerra contra el narco: el "gamer" Calderón y el imperio vecino mueven los hilos generando un país roto: un mejor negocio para la maquinaria de destrucción / despoblamiento y reconstrucción / reordenamiento geopolítico

Más allá de filias o fobias y de los cuestionamientos que puede generar la figura del Subcomandante Marcos, la carta que envíó a la revista Proceso, dirigida a Luis Villoro, es, a nuestra forma de ver, un lúcido análisis de lo que está sucediendo en México con la llamada guerra contra el narco y los verdaderos intereses que están detrás de esta absurda batalla. El contenido de la carta coincide de manera notable con lo que hemos expuesto antes en nuestro artículo:El verdadero motivo detrás de la guerra contra el narco (la invasión silenciosa de un estado fallido), donde mecionamos el enorme negocio que representa la guerra contra el narco para contratistas estadounidenses, como Blackwater (ahora Xe Services), algo que menciona tal cual Marcos.

Marcos argumenta que Calderón al principio de su sexenio(2006-2012), de forma similar a Roosevelt, quien dijerá supuestamente: “Yo daría la bienvenida casi a cualquier guerraporque creo que este país necesita una”,decidió tener su guerra, lo que es una decisión económica y estratégica: ha servido para engrosar el ejército y para comprar armas (estrategia y economía). Aunque claros los beneficios económicos sobre todo van para Estados Unidos -quien provee armas tanto para el ejército y la policía como para el narco, borrando significativamente la frontera entre los unos y los otros-:

“Ganan los Estados Unidos con esta guerra “local”? La respuesta es: sí. Dejando de lado las ganancias económicas y la inversión monetaria en armas, parque y equipos (no olvidemos que USA es el principal proveedor de todo esto a los dos bandos contendientes: autoridades y “delincuentes” -la “guerra contra la delincuencia organizada” es un negocio redondo para la industria militar norteamericana-), está, como resultado de esta guerra, una destrucción / despoblamiento y reconstrucción / reordenamiento geopolítico que los favorece.

“Esta guerra (que está perdida para el gobierno desde que se concibió, no como una solución a un problema de inseguridad, sino a un problema de legitimidad cuestionada), está destruyendo el último reducto que le queda a una Nación: el tejido social.

“¿Qué mejor guerra para los Estados Unidos que una que le otorgue ganancias, territorio y control político y militar sin las incómodas “body bags” y los lisiados de guerra que le llegaron, antes, de Vietnam y ahora de Irak y Afganistán?”

Marcos ve en la descomposición del tejido social y en la ablación de la identidad colectiva una forma de planeación para una invasión militar de Estados Unidos. Es curioso que Felipe Calderón sea un aficionado a los videoejuegos, en particular al de Age of Empire, un juego de estrategia militar:Felipe Calderón Hinojosa es el “gamer”“que en cuatro años convirtió un país en una versión mundana de The Age of Empire -su videojuego preferido-, (…) un amante -y mal estratega- de la guerra” (Diego Osorno en “Milenio Diario”, 3 de octubre del 2010).

Es él que nos lleva a preguntar: ¿está México siendo gobernado al estilo de un videojuego? (creo que yo sí puedo hacer este tipo de preguntas comprometedoras sin riesgo a que me despidan por faltar a un “código de ética” que se rige por la publicidad pagada).

Felipe Calderón Hinojosa no se detendrá. Y no sólo porque las fuerzas armadas no se lo permitirían (los negocios son negocios), también por la obstinación que ha caracterizado la vida política del “comandante en jefe” de las fuerzas armadas mexicanas…

¿De los videojuegos de estrategia a los “simuladores de combate aéreo” y “disparos en primera persona”? ¿DelAge of Empires al HAWX?

El HAWX es un videojuego de combate aéreo donde, en un futuro cercano, las empresas militares privadas (“Private military company”) han reemplazado a los ejércitos gubernamentales en varios países. La primera misión del videojuego consiste en bombardear Ciudad Juárez, Chihuahua, México, porque las “fuerzas rebeldes” se han apoderado de la plaza y amenazan con avanzar a territorio norteamericano-.Quizás ante este desastre sólo queda el humor negro: ¿Juega Calderón videojuegos borracho sin darse cuenta que está jugando sobre el tablero de la realidad, apostando con sus contrincantes porque sabe los resultados desde antes, porque el juego está arreglado y al perder el país, una pequeña elite gana? Quizás una nueva manta podría decir ¿Tu dejarías a Felipe Calderón jugar videojuegos con tus hijos? (Leer carta completa en Proceso)


Peña Nieto, la recolonización y el gobierno de la traición nacional

Gilberto López y Rivas (La Jornada: Jul.5/2013)

Pablo González Casanova ha insistido en que vivimos un proceso de dominación y reapropiación del mundo; una recolonización a través de la ocupación integral de nuestros países, estructurada mediante reformas constitucionales y legales y a través de disposiciones de hecho, realizadas sin consultar a la sociedad y a los ciudadanos en particular. En el caso de México se destacan, como ejemplos de las primeras, la reforma al artículo 27 de la Constitución y sus leyes secundarias, que puso en venta las tierras ejidales y comunales y abrió los territorios a corporaciones extranjeras, o las recientes reformas laborales, incluida la que pasa porreforma educativa, que quita su carácter público, gratuito y laico, y que constituyen, en los hechos, la ruptura de la alianza social y el pacto político producto de una revolución armada que da lugar a la Carta Magna de 1917 y que costó al país un millón de muertos. De las segundas, tenemos el Tratado de Libre Comercio (TLC), la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), y la Iniciativa Mérida, que dañan gravemente la soberanía económica y política de la nación, sin que estos tratados y mecanismos injerencistas hayan sido sancionados por el Congreso de la Unión.

Estas políticas, acciones y transformaciones legalizadas o fuera de la ley, impuestas por los gobernantes, al profundizar y extender la ocupación, han refuncionalizado nuestras naciones, sus territorios, sus recursos naturales y estratégicos, al proyecto trasnacionalizador y hegemónico delimperialismo colectivoencabezado por Estados Unidos y acatado por grupos dominantes que dentro de nuestros países establecen gobiernos de traición nacional, que Marx identificó como aquellos quesacrifican el deber nacional por el interés de clase.

Camilo Valqui en su libroMarx vive: derrumbe del capitalismo, complejidad de una totalidad violenta(México: UAG-UACM, 2012) propone el concepto imperialización para describir esta reconfiguración mundial que conlleva la trasnacionalización neoliberal. Imperialización define el predominio económico, político, ideológico y militar del capital monopólico trasnacional que se extiende y profundiza: 1) en los recursos naturales y estratégicos del globo, 2) en lamegaproduccióny losmegamercados,3) en los flujos financieros, 4) en la investigación científica y tecnológica, 5) en las armas de destrucción masiva, 6) en los medios de comunicación masiva y 7) en las organizaciones internacionales, como el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), por ejemplo. Pero, paralela y dialécticamente a este predominio, también hay que tomar en cuenta su contraparte, esto es, el carácter pluridimensional de la crisis capitalista actual: económica, social, militar, política, geopolítica, moral, epistémica, cultural, intelectual, de alimentos, de materias primas, de energía y del ambiente.

La imperialización mantiene una dimensión militar, que en un trabajo reciente de mi autoría,Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos: manuales, mentalidades y uso de la antropología(México, Ocean Sur, 2013), denomino como terrorismo global de Estado para caracterizar la política de violencia perpetrada por aparatos estatales imperialistas en el ámbito mundial contra pueblos y gobiernos con el propósito de infundir terror y en violación de las normas del derecho nacional e internacional. El terrorismo global de Estado violenta los marcos legítimos, ideológicos y políticos de la represiónlegal(la justificada por el marco jurídico internacional) y apela amétodos no convencionales, a la vez extensivos e intensivos, para aniquilar la oposición política y la protesta social a escala planetaria.

Valqui considera que la devastación mundial de seres humanos y naturaleza es propia del capitalismo desde su surgimiento, pero que en pleno siglo XXI, con la trasnacionalización actual, se ha exacerbado exponencialmente la violencia sistémica y el antihumanismo que le caracteriza; sostiene que los procesos de reproducción del capital y su búsqueda insaciable por la ganancia son incompatibles con la vida tanto humana, como de la propia naturaleza, que este sistema destruye de manera integral. Así, el capitalismo trasnacional es descrito como expoliador, despótico, depredador, genocida y terrorista, y se vive como una verdadera tragedia social, como lo podemos constatar en nuestro país. Esto es, el capitalismo en esencia fue, es y será violencia sistémica. En esa dirección, las descripciones que hace Valqui del extractivismo minero, con su destrucción del medio ambiente, ríos, lagunas, flora, fauna, vida humana, biodiversidad, para el caso de Perú, México, Chile, etcétera, constituyen un material riquísimo para fundamentar las luchas contra la minería abierta que amenaza los territorios, especialmente los indígenas, acorde a las investigaciones realizadas por nuestro colega Eckart Boege.

En el análisis de esta reconfiguración mundial existen coincidencias con Valqui en otros rubros: por ejemplo, considerar al crimen organizado, a la economía mafiosa, ilícita, criminal, como otras formas de acumulación del capital trasnacional parasitario, a la que se le atribuye 5 por ciento del PIB global. El dinero denominadosuciova a parar a los grandesmegabancosy empresas financieras. En el trabajo mencionado, he destacado que el narcotráfico es una arma contundente de recolonización y dominación del imperialismo mundial, por otras vías distintas a las guerras neocoloniales. Asumimos lo que Valqui denomina dialéctica de la totalidad capitalista, para descifrar cómo se entroncan las lógicas de acumulación de los capitales trasnacionales del narcotráfico con los grandes intereses geopolíticos de las oligarquías imperialistas en guerras de recolonización, como las de Afganistán e Irak.

Me sumo a la crítica de quienes han renunciado a la teoría marxista del imperialismo, los llamados por Valqui espadachines ilustrados de la burguesía trasnacional, y a quienes abandonado los rigores de los análisis de clase en el ámbito de la política se suman –con un papel subalterno– al gobierno de traición nacional delPacto por México.

La “revolución” de Peña Nieto

Guillermo Almeyra (La Jornada: Nov.30/2014)

Lo que estamos presenciando en México desde los años 80 y, precipitada y brutalmente, durante el gobierno de Peña Nieto, digno continuador del nefasto sexenio de Calderón, no es una revolución pasiva a la Gramsci, transformadora y modernizadora del capitalismo en México, sino lisa y llanamente un feroz aniquilamiento de todas las herencias sociales, políticas, económicas, culturales, morales que aún subsistían de la Revolución Mexicana, o sea, de la alianza entre los campesinos rebeldes y un sector progresista de las clases medias.

Peña Nieto está terminando de reducir a escombros las viejas relaciones sociales y los viejos derechos que constituyeron el Estado mexicano y está terminando de convertir el territorio nacional en un apéndice del sur de Estados Unidos, abierto al saqueo de sus recursos naturales y de su mano de obra con costos laborales miserables.

Según autoridades de Washington, México es controlado por el Pentágono y forma parte de la Seguridad del país del norte, cualquiera que sea el tamaño de las banderas en el Zócalo y les guste o no a los militares patriotas en las fuerzas armadas. Militares y policías gringos, de civil o con uniforme, actúan abiertamente en territorio mexicano. La economía, las finanzas, la diplomacia, el petróleo, los bancos, la gran minería, el gran comercio, las universidades donde se forma una élite de cipayos, de siervos y adoradores del gran capital, todo está en manos de las trasnacionales. El gobierno y las élites pan-priístas que heredaron el racismo de los partidarios de la Colonia, de Iturbide, de Maximiliano, de los científicos porfirianos, desprecian y odian al pueblo mexicano, que consideran formado por seres inferiores, nacos, igualados, indios pata rajada. Por eso matan y torturan como cosa normal.

Enrique Peña Nieto le ha dado el tiro de gracia a la soberanía y la independencia nacionales, con el apoyo de los parlamentarios fascistas del PRI y del PAN y de los lamebotas del PRD y demás partidos paleros. Se mantiene mediante una represión cada vez mayor, estrechando continuamente los márgenes de una democracia formal que no toleran y que, en México, siempre estuvo acotada y manchada por los gobiernos de los usurpadores de la Revolución Mexicana, en cuyo nombre gobernaron durante decenios, están separados de los trabajadores por sus intereses clasistas y se dedicaron a enriquecerse y construir relaciones capitalistas.

Medio México repudia hoy activamente la política de Peña Nieto y exige su renuncia; el otro medio está formado por las clases medias y populares urbanas más conservadoras, incluso reaccionarias y fascistas, y por cientos de miles de pobres gentes sin información, cultura ni educación política, que buscan obtener de cualquier modo un mendrugo de pan, emigrando, robando, prostituyéndose, vendiendo el voto o aceptando cualquier abuso sin rebelarse.

Peña Nieto es un nuevo Santa Anna en pequeño, ni siquiera un Mussolini. Porque éste, ex sindicalista revolucionario, ex dirigente del Partido Socialista, ex director del periódico de ese partido –entonces revolucionario–, hizo la política de la gran industria y de la finanza pero intentó desarrollar la soberanía italiana incluso con pretensiones imperiales, y modernizó las infraestructuras y la industria logrando amplio apoyo popular y social hasta los años 40. Golpeó y sometió a los sindicatos, persiguió a la izquierda y a los demócratas de todo tipo pero simultáneamente hizo una propaganda demagógica contra la plutocracia, o sea, los capitalistas competidores con los italianos. Mussolini llegó al poder en un verdadero ejemplo de revolución pasiva porque la izquierda no pudo conquistarlo ni tuvo fuerzas para hacerlo pero sí para asustar a las clases dominantes, que aceptaron que una pandilla de desclasados y aventureros los defendiese desde el gobierno, esperando controlar a esos gánsteres. El Estado capitalista mussoliniano intentó hacer de Italia una potencia mundial, dueña del Mediterráneo, colonialista, naturalmente independiente… hasta que se sometió a su aliado nazi. En México no hubo ese empate social entre izquierda y derecha ni los capitalistas temían por su poder. Peña Nieto gobierna para el capital extranjero y para una exigua oligarquía que concentra la riqueza. Anuló la soberanía alimentaria, la energética, la militar, la política. Ni se hable de industrialización y crecimiento económico: destruye el mercado externo y manda el excedente de trabajadores a la emigración sin protección alguna. El Estado es actualmente un semi Estado y está descompuesto en poderes locales, caudillescos y/o delincuenciales, como el Estado chino de los Señores de la Guerra de los años 30. Además, el país está ilegalmente militarizado y los que deberían ser ciudadanos son en realidad súbditos y rehenes. ¿Dónde está la modernización? Hay sólo una adecuación al funcionamiento ideal para el capital internacional, sin leyes ni fronteras y con los restos de los estados sólo para la represión social y la defensa de un capital ladrón, despojador, insaciable…

La única modernización posible en México podrá provenir de un gobierno de los trabajadores que disuelva el Parlamento, controle la justicia y convoque a una Asamblea Constituyente regeneradora y refundadora. La autorganización popular, la extensión de las policías comunitarias y de las autodefensas, el funcionamiento asambleario de cada localidad, deben coordinar y ser la base de la resistencia civil que debe trabajar para imponer un cambio social profundo y popular. Limitarse a pedir en abstracto un nuevo Constituyente, o sea, que el actual Congreso modifique la Constitución, equivale a creer que este gobierno puede ser justo, legal y organizar elecciones limpias. O sea, pedir que, por un milagro, los cerdos vuelen…

EE.UU, México Estados Unidos, tras la política criminal

Salvador González Briceño (ALAI: Nov.24/2014)


La verdad saldrá a flote, tarde o temprano. Mejor será que esté acompañada de la aparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Existe la posibilidad, porque la versión de PGR no la creyó nadie. Todo lo contrario, ha sido desmentida, puesto que ni el basurero de Cocula ni el río tienen evidencias suficientes que corroboren la versión “oficial” de la autoridad federal. Ningún examen pericial, siquiera del forense argentino.

Resolver el dolor de los padres. Hacer algo por el clamor social; por la indignación y solidaridad que generó en México y el mundo; por lo que motivó la rabia de los jóvenes “ninis” (porque aún con maestrías y doctorados nadie les da un empleo) de las escuelas y universidades en todo el país, como lo muestran las movilizaciones multitudinarias. Así ello represente el inicio de la lucha en contra de la corrupción, de la impunidad y el rompimiento del maridaje entre autoridades de todos los niveles —incluido el Ejército— y el combate real al crimen organizado.

Pero sobre todo para dignificar la memoria, esa obligada reconciliación histórica a que tiene derecho cualquier pueblo, de todos los jóvenes caídos —por qué no las víctimas del 68/Tlatelolco por la dupla represora de Presidencia/Gobernación: Ordaz/Echeverría— desde los tiempos de la “guerra sucia”, que se instaló en el país durante los años 70 y parte de los 80 (los años de Echeverría/Portillo/De la Madrid), con todo el apoyo del Estado mexicano y por presiones de EUA. El nexo ahora lo da la guerrilla, Vázquez/Cabañas, y las denuncias por “desaparición” que en Guerrero pesan sobre los Figueroa y Ángel Aguirre.

Aquellos eran los años de los golpes militares, de la desaparición y la represión social generalizada en Latinoamérica, situación azuzada por la “amenaza roja” que representaba entonces para el “patio trasero” el comunismo soviético-estalinista, siempre contabilizando los recursos, la capacitación, las armas y la estrategia operada directamente por la CIA, el Departamento de Estado de EUA y un Henry Kissinger siempre impune.

Por los intereses en disputa durante los años reacios de la “guerra fría”, entre EUA y la URSS entonces, por los intereses geopolíticos en refriega hoy, entre el vecino del norte y las potencias promotoras de la multipolaridad global, Rusia y China que se está metiendo fuerte con inversiones en México. Y, como en tiempos de la “guerra fría”, ahora por la disputa hegemónica en la región, también EUA lo quiere todo.

En los 70, la “policía secreta” y el ejército se encargaron de eliminar la “amenaza guerrillera”; ahora también el ejército que está operando libremente a delego presidencial por la famosa “guerra contra el narcotráfico” de Calderón primero y de Nieto después. Igual se presta para quitar el “estorbo” del camino. Las víctimas siguen siendo catalogadas de “guerrilleros”.

Entonces reprimía el Estado. Ahora, ¿no lo está? ¿Qué hizo el 27 Batallón de Infantería la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre, cuando a unos metros ocurría la masacre de estudiantes? ¿Fueron los Guerreros Unidos? Porque ya se menciona a un “grupo de paramilitares”. ¿Para qué, y al servicio de quién existen los paramilitares?

¿O no? Julio César Mondragón, el nombre del estudiante que fue desollado. Eso apunta a métodos kaibiles para infundir miedo. ¿Esas son técnicas de narcotraficantes? ¿No se ha visto tantas veces en crímenes perpetrados por los “Zetas” en la región de Golfo de México? Los Zetas contrataron a paramilitares guatemaltecos.

El Estado mexicano le abrió las puertas de par en par a EUA con los tratados de “libre comercio”, pero EUA convirtió a México en un peón más del negocio de las drogas, y del crimen organizado (tráfico de armas, cultivo y trasiego de drogas, trata de personas, etc.). En Guerrero, Iguala produce 98% de amapola en el país, oro también. EUA lo quiere todo por las buenas o por las malas. Petróleo y gas no están de más. Cualquier suceso violento es por la “seguridad nacional” y el “interés geoestratégico” gringo. Así México se convierta en un narcoestado. La guerrilla estorba. Los mexicanos empujan al cambio, pero el enemigou está por todas partes.

Ayotzinapa o la disolución del Estado mexicano

Alejandro Nadal (La Jornada: Nov.19/2014)

Los crímenes en contra de los estudiantes de Ayotzinapa muestran un proceso que está en marcha desde hace tres décadas: la disolución del Estado mexicano. Hoy ya nadie, creo que ni en el gobierno, maneja la tesis de que ese crimen es una hazaña más de la delincuencia organizada. Con el tiempo se aclaró la profundidad del drama: el Estado mexicano es el autor de esta masacre, como lo fue en Tlatlaya y en tantas otras en los últimos años. La advertencia de Peña Nieto sobre el uso de la fuerza debió conjugarse en tiempo pretérito. La fuerza del Estado ha sido usada en innumerables ocasiones porque un Estado en desintegración siente no tener ninguna otra base para sostener el status quo.

En México el Estado de todos y para todos fue una aspiración que cristalizó en algunos artículos de la Constitución de 1917. Esos fueron los artículos de los derechos sociales, los que garantizaban la propiedad de la tierra comunal y ejidal, así como los derechos de los trabajadores. Ese anhelo también estaba plasmado en los preceptos relacionados con la propiedad originaria de la Nación sobre tierras y aguas dentro de los límites del territorio, así como de los recursos naturales en el subsuelo de la plataforma continental.

La ofensiva en contra de esos preceptos fundamentales del Estado mexicano arrancó tan pronto concluyó el congreso constituyente de 1917. Las raíces de la disolución del Estado mexicano emanado de la Revolución de 1910 están en los pactos que frenaron la movilización de masas ligada a la lucha armada. Y aunque ya desde los años cuarenta se puso en marcha una verdadera contrarrevolución, no fue sino hasta 1982 que las clases dominantes encontraron el aliado que habían esperado. La crisis de la deuda permitió destruir los cimientos del Estado mexicano, forzando la subordinación a un nuevo modelo económico que profundizaría la explotación de las masas.

Lo que quedaba del Estado de todos fue reemplazado y sólo quedó el Estado como espacio de rentabilidad del capital. Las ‘leyes de la economía’ se convirtieron en eficaz mecanismo de dominación, leyes supuestamente objetivas frente a las que la izquierda institucional no hizo nada. Incapaz de hacer una crítica del discurso del capital (la teoría económica), se vio obligada a renunciar a la posibilidad de identificar y abrir trayectorias alternativas. No pudo o no quiso darse cuenta que esas leyes económicas del neoliberalismo representaban la degradación última de la política.

El modelo económico que se impuso en México a tiros y jalones en las últimas tres décadas tiene dos características centrales. Primero, no puede ofrecer desarrollo económico y social porque el inmovilismo del Estado es la antítesis de las lecciones de la teoría del desarrollo económico. Segundo, es un modelo diseñado para recompensar la rapacería de una clase en la que se concentra cada vez más la riqueza y el poder económico.

Hoy las muestras de la desintegración se encuentran ante todo en la renuncia del Estado mexicano a ser el espacio privilegiado para dirimir controversias. No sólo en términos de proporcionar justicia a los más débiles, sino incluso para resolver los conflictos entre las diferentes esferas del capital. Para decirlo con Gramsci en su ensayo La conquista del Estado (publicado en L’Ordine Nuovo, 1919) el Estado mexicano hasta dejó de ser el espacio que unifica y disciplina a la clase dominante.

Las señales de la disolución están por todas partes. El poder ejecutivo está marcado por su ineficiencia y su profundo letargo, salvo cuando se trata de provocar y amenazar con el uso de la fuerza ‘legítima’. En las secretarías de estado se mueven papeles de un escritorio a otro, pero no hay comunicación con el mundo real. El poder judicial se ha hundido desde hace años en la corrupción y venalidad de sus funcionarios: la justicia cuesta dinero y el que no lo tiene debe olvidar sus aspiraciones de trato justo frente a la ley. El Poder Legislativo es un lugar en el que senadores y diputados se reúnen no para deliberar, sino para pasar lista y acatar instrucciones de cúpulas sometidas a intereses espurios. Los partidos políticos son tristes correas de transmisión del orden del capital y no ofrecen alternativas ni oposición democrática. Incluyo aquí a todos los partidos de las izquierdas institucionales que, por si fuera poco, hoy se han visto salpicadas por los crímenes de Ayotzinapa.

Es importante analizar la dinámica de la crisis orgánica del Estado mexicano. Las transiciones históricas son casi siempre violentas. En esos procesos sobrevienen con frecuencia los llamados y convocatorias de las juntas de notables para sacarle las castañas del fuego a los poderes establecidos. Serán las expresiones de un orden moribundo que todavía no es reemplazado por un nuevo estado de cosas. El devenir histórico está marcado por la incertidumbre y será necesario analizar cuidadosamente la situación para innovar responsablemente a cada paso del camino. Pero sin lugar a dudas será necesario avanzar hacia un mundo en que la sociedad política se someta plenamente a la sociedad civil.

Tlatlaya-Iguala: modelo necrófilo

Carlos Fazio (Dic.8/2014)

Fue el Estado. El operativo especial en 36 alcaldías de la Tierra Caliente, que abarcará espacios territoriales de Guerrero, Michoacán, Morelos y el estado de México, no podrá hacer desaparecer la responsabilidad del Estado mexicano en los hechos de Tlatlaya e Iguala. En ambos casos, agentes del Estado, en su carácter de servidores públicos, participaron de manera directa en la comisión de ejecuciones extrajudiciales y en la práctica de la tortura y la detención-desaparición forzada de 43 normalistas, lo que configuran crímenes contra la humanidad sancionados por el Estatuto de Roma, del que México es signatario desde 2005, por lo que dichos actos caen bajo la competencia de la Corte Penal Internacional (ONU, 1998).

La ejecución sumaria de 22 jóvenes sometidos por miembros del Ejército en Tlatlaya, y los homicidios de seis personas y la detención-desaparición de 43 normalistas en Iguala exhiben el carácter necrófilo del capitalismo: la compulsión por subordinar la vida social al imperativo de la ganancia económica, de convertir lo viviente en oro (muerte). El neoliberalismo como una fábrica de muerte; la acumulación por apropiación-desposesión, mediante programadas políticas de exterminio de población sobrante, que se combinan con otras formas de disciplinamiento social ejercidas por agentes estatales y grupos criminales subrogados.

La palabra necrófilo para designar un rasgo de carácter fue utilizada por el filósofo Miguel de Unamuno en 1936, a raíz de un discurso pronunciado por el general nacionalista Millán Astray en la Universidad de Salamanca. Empezaba la guerra civil española y la divisa favorita de Astray era ¡Viva la muerte! Uno de sus seguidores la voceó durante su alocución. Cuando el general terminó, Unamuno, rector de la Universidad, se levantó y dijo: “Acabo de oír el necrófilo e insensato grito ‘¡Viva la muerte!’ Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esa ridícula paradoja me parece repelente”. Ante eso, incapaz de reprimirse, Astray gritó: ¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte! Los falangistas aclamaron su réplica. Pero Unamuno prosiguió: Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha.

El pasaje fue recuperado por Erich Fromm en su Anatomía de la destructividad humana. Allí señala que el carácter necrófilo es una forma extrema donde la necrofilia es el rasgo dominante. Según Fromm, la necrofilia puede describirse como “la atracción apasionada por todo lo muerto, corrompido, pútrido y enfermizo; es la pasión de transformar lo viviente en algo no vivo, de destruir por destruir (…) es la pasión por destrozar las estructuras vivas”.

Queda para sicólogos y siquiatras definir un eventual carácter necrófilo en el ex presidente Felipe Calderón, quien, con base en un Estado de excepción permanente de facto, puso en práctica una violencia exterminadora sin límites, que facilitó una caótica y devastadora política de desposesión y arrasamiento de las mayorías en beneficio de la acumulación de capital de los amos de México, convirtiendo al país en un gran cementerio clandestino de seres humanos, en su abrumadora mayoría jóvenes y pobres.

Ahora, cuando afloran otras ridículas y repelentes paradojas, como el grito de ¡Todos somos Ayotzinapa! que hizo suyo de manera inmoral y demagógica el presidente Enrique Peña Nieto, repetimos que podrá emplearse la fuerza bruta vía la militarización y la paramilitarización del país, pero eso no convencerá a gran parte de la población mexicana, que es hoy consciente de que a la clase dominante y sus administradores de turno no les asiste ni la razón ni el derecho.

Impelido por el gran capital tras sendos encuentros furtivos con emisarios del Consejo Coordinador Empresarial, Peña Nieto ordenó un raído decálogo de medidas de fuerza dirigido a profundizar el proceso de militarización iniciado por Calderón en la Tierra Caliente. Exhibidos en la coyuntura signos de ofuscación, enojo y una cierta alteración emocional; desnudado, acotadas sus capacidades para la simulación y la seducción, con su decisión de crear enclaves (zonas económicas especiales) para el saqueo de recursos geoestratégicos y la explotación neocolonial de mano de obra, y de mantener y reforzar a las fuerzas armadas en el control territorial en regiones donde han florecido históricos movimientos de resistencia popular al despotismo y la barbarie, el ilusionista de Los Pinos podría verse tentado a acentuar el carácter necrófilo del actual modelo de dominación. Lo cual significaría mover a México hacia una pendiente resbalosa que podría derivar en el surgimiento de un Estado autoritario de nuevo tipo.

El nuevo pacto en las sombras entre las élites del poder económico y político apuesta una vez más por sofocar con terror, sangre y fuego la resistencia social. Cuando crecen las demandas de verdad, justicia y aparición con vida a los 42 normalistas que nos faltan, la decisión de enviar al general Enrique Dena a la Tierra Caliente envía un mensaje de mayor violencia represiva. La ley contra la infiltración del crimen organizado en las autoridades municipales es un ardid que pretende encubrir la estructural e histórica cohabitación y/o colusión entre grupos terciarizados de la economía criminal y las fuerzas institucionales de disciplinamiento social (el Ejército, la Marina de guerra y las distintas policías) en todo el país. El decálogo de Peña Nieto tiene como propósito seguir administrando de manera violenta la lucha de clases; es un plan desmovilizador policiaco-militar que busca desarticular el actual proceso de lucha democrática en redes de los de abajo; la rebelión de las víctimas. También es un intento por invisibilizar la responsabilidad del Estado en los crímenes de lesa humanidad de Tlatlaya e Iguala.

Javier Sicilia: 'México se encuentra a un paso de un estallido social' El activista Javier Sicilia habló sobre desaparición de 43 estudiantes y el 'infierno' de su país.

-Entrevista de Alejandra Nogue-

El Tiempo: Nov.15/2014

Foto: Reuters

En México y el mundo ha habido decenas de protestas para pedir que aparezcan los estudiantes. Sicilia cree que la principal arma de resistencia civil es darles la espalda a las urnas.

México se encuentra a un paso de un estallido social ante hechos como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, que destaparon la gravedad de la crisis de violencia, corrupción, impunidad e ineficacia del Estado.

Así lo considera el activista social Javier Sicilia, quien, después del asesinato de su hijo, en el 2011, comenzó a movilizarse pacíficamente para exigir justicia ante los homicidios y desapariciones de miles de personas a lo largo y ancho del país.

EL TIEMPO conversó con el también poeta y colaborador del semanario Proceso –quien se declaró opuesto del modelo de lucha frontal contra el narcotráfico liderado por el expresidente Felipe Calderón desde el 2006– sobre su visión de lo que está ocurriendo en México.

¿Cómo leer desde afuera lo que está pasando en México?

Ustedes (Colombia) han tenido una historia por desgracia tan parecida a la nuestra, nos antecedieron en este horror, eso se debe a la corrupción de un Estado, sus instituciones y sus partidos, que decidieron entrar –por omisión o por comisión– en el crimen organizado, y las consecuencias son esto: una larga sucesión de masacres, de crímenes y de horrores que no pueden controlar.

Ayotzinapa es la punta del iceberg de algo que quisieron borrar diciendo que ya no había nada y emergió de ese iceberg. Debajo hay un bloque de horror, de muerte. Llevamos 160.000 asesinados, 30.000 desaparecidos, quizá más. En este momento siguen desapareciendo y asesinando gente y esa es la realidad del país, una gran corrupción del Estado.
El Estado está para darles paz y seguridad a sus ciudadanos; y si no da eso, simplemente no hay Estado o es un Estado de delincuentes.

¿Este nivel de colusión entre los grupos del crimen organizado y las autoridades está siendo la causante de esta circunstancia?

¡Absolutamente! Tenemos un 98 por ciento de impunidad. La impunidad alienta el crimen, lo protege, lo resguarda. Entonces es de ese nivel el problema: hay un crimen de Estado, porque el Estado está cooperando con el crimen. Al fin nadie los atrapa, ni los corrige, nadie los detiene.

Esto quiere decir que si alguien asesina, hay dos posibilidades entre cien de que lo agarren: no lo van a agarrar nunca, y eso alienta el crimen y lo protege.

Por eso es un crimen de Estado, pero además porque aquí hubo policías metidos en el asesinato y quizás tenemos que saber cuántos de los desaparecidos han sido víctimas del crimen organizado y cuántos del Ejército, de la Marina, de las policías. Que digan que no hay Estado y, entonces, nos las arreglamos con el crimen.

Las descripciones de los detenidos en el caso que ha dado a conocer la Procuraduría se destacan por su crudeza. ¿De qué habla eso?

De una circunstancia impactante respecto a la condición del ser humano. Estamos frente al mal y frente a eso no hay palabras, son los hechos. Estamos frente a una degradación moral inaudita, porque ya lo vimos en Auschwitz, ya lo vimos con las juntas militares y ahora lo vemos en México. Es verdaderamente atroz. Eso de borrar el paso de un ser humano por la Tierra es bárbaro e inhumano, pero sucede con la anuencia del Estado.

Esos 43 estudiantes desaparecidos son la punta del iceberg porque hay muchos que están así, por eso no han dado con nadie. Además, no los buscan, porque ahorita las fosas que han abierto de paso en la “búsqueda” de los 43... pues esos restos son de alguien y pertenecen a alguna familia, y exigimos saber la identidad de esos cuerpos.

Pareciera que México está plagado de fosas clandestinas...

Yo creo que sí. Cuando empiecen realmente a tomar en serio la responsabilidad frente a esta tragedia humanitaria y empiecen a escarbar este país, nos vamos a dar cuenta del horror. No sé cómo vamos a recomponernos en nuestro corazón, pero es una realidad que se repite en todo el país, y lo quieren negar.

Cuando nos dijeron que estos dos años estaban buscando a desaparecidos en el gobierno de Peña Nieto, no estaban buscando a nadie. Dieron con esas fosas porque estaban buscando a los 43 muchachos, pero si no, simplemente a los padres de esas víctimas les hubieran dado largas: “No los encontramos, los hicieron polvo”. ¡Todas las pendejadas que están diciendo! La crueldad con la que están manejando el asunto es digna de los mismos que desintegran cuerpos. ¡No es posible!

La respuesta de la sociedad civil en México ha sido contundente para manifestar su cansancio. ¿Qué hay de esos eventos de vandalismo?

Los grupos radicales que están haciendo eso son patrocinados por el propio gobierno para deslegitimar la protesta y para justificar una represión. No hay que perder de vista que esos grupos no pertenecen a la sociedad civil organizada, y son un puñado que el Gobierno no detiene. Alentando el crimen, los protegen o alientan. Ahí hay una responsabilidad del Estado, no de la sociedad civil.

Hacia allá tenemos que llevar la protesta ciudadana, tenemos que crear un gobierno ciudadano de salvación nacional, porque esto va a seguir y si no lo detenemos, si no transformamos en profundidad el Estado, vamos a esperar una próxima masacre que será peor, porque esto ya es el infierno.

¿Ve que pueda suceder algo más crítico que lo que ya se está viviendo?

Si no se corrige el Estado, por supuesto que sí. Puede ser otra masacre, en otro lugar. Ellos se están queriendo focalizar y decir que es un asunto aislado, pero no es un asunto aislado. Desde hace 20 años, con el levantamiento zapatista en Chiapas –que ya anunciaba este horror–, hasta Ayotzinapa ahora hay un sinfín de masacres: la de Acteal, la de Aguas Blancas, la de los migrantes en San Fernando, la de mi hijo, la de la guardería ABC y las que no se identifican porque no tienen esta magnitud, y no han permeado los medios.

Entonces Peña Nieto en estos dos años ha administrado este horror. Sigue habiendo desaparecidos que nadie toma en cuenta; asesinados, extorsionados, hasta que pasa esta tragedia.

¿Usted percibe alguna respuesta más radical de parte de la sociedad civil mexicana?

Es muy compleja la sociedad, sobre todo en México, porque es un territorio muy grande: tenemos 120 millones de mexicanos. También están los procesos violentos. No me refiero a estos que están ocurriendo en las marchas, pienso en la guerrilla, pienso en otras organizaciones, pienso en las autodefensas.

Hay también esos grupos que ya están reaccionando de una forma defensiva, armada, bien organizada. Puede venir un estallido social, yo creo que ya estamos cerca del estallido social. Yo creo que la respuesta de la sociedad civil, no violenta, tiene que encontrar un camino para que la protesta se vuelva una propuesta cuyos costos puedan ser menos graves que lo que pueda ser un estallido social.

¿Qué opina de la información divulgada sobre la lujosa residencia de la familia presidencial?

Refleja una forma de indiferencia y desprecio hacia todo lo que le está pasando a México. Es la muestra de la corrupción que habita el Estado. El Estado está podrido, las elecciones están podridas, lo que nos corresponde ahorita es lanzar un gran pliego petitorio mientras se construye la posibilidad de un comité de salvación nacional.
Yo creo que la ciudadanía tiene todavía un arma de resistencia civil, que es darles la espalda a las urnas: están manchadas de sangre, están llenas de cadáveres y de fosas comunes.

El tema es que el PRI no es un partido, el PRI es una cultura política de la corrupción que permeó todo. Todos los partidos tienen la cultura del PRI y van a responder con esa cultura de la corrupción, del desprecio a la gente, de los intereses económicos y políticos de poder.

¿Qué decir de un país donde los jóvenes son el instrumento para desaparecer a otros jóvenes?

Es también una gran responsabilidad del Estado y de la sociedad. Tenemos que cuidar a nuestros jóvenes. Es una abdicación porque los sicarios son jóvenes, pero también la mayor parte de los 160.000 asesinados son jóvenes; la mayor parte de los desaparecidos son jóvenes, y los muchachos que han optado por uno u otro bando, o que están en las universidades, pueden caer también asesinados.

Pero salen de las escuelas y no hay trabajo, y el poco trabajo que hay está mal pago. Entonces, estamos perdiendo a nuestros jóvenes; y si perdemos a nuestra generación de relevo –como lo estamos haciendo por una irresponsabilidad criminal del Estado y de una buena parte de la sociedad criminal–, el país no va a tener futuro.

Es gravísimo lo que le está sucediendo a México. Yo creo que la comunidad internacional tiene que apoyar a los ciudadanos y a la reserva moral de este país, y la tiene que apoyar con sanciones muy profundas al Estado mexicano si quieren ayudarnos a sanarlo, porque si nos abandonan, pues también van a ser corresponsables de esas muertes, de esas masacres y de esa pérdida de este país con sus jóvenes.

¿Confía en las investigaciones que está haciendo el Procurador?

Yo prefiero estar en los deseos de los padres que en las certezas del Procurador. No le tengo confianza, yo respeto al Procurador porque me cae muy bien, pero es un hombre de partido y se ha puesto a decir una sarta de idioteces que no son las del hombre que conozco, son las del hombre del partido que lo vuelve estúpido. No es posible que a más de un mes no se sepa nada o se tengan solo indicios. Están administrando el horror o verdaderamente son ineficientes. Un Estado que tarda mes y medio para dar con cenizas es un Estado ineficiente.

Salen caravanas para pedir justicia

Chilpancingo (Efe). Un grupo de familiares y de compañeros de los 43 jóvenes desaparecidos en México inició este jueves en el estado de Guerrero (sur) una serie de caravanas que, en tres diferentes rutas, recorrerán varias ciudades del país para realizar actos públicos de denuncia.

La primera caravana, integrada por tres autobuses, salió de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, donde estudiaban los jóvenes, y recorrerá distintos lugares de Guerrero, como las turísticas ciudades de Zihuatanejo y Acapulco. Poco después salieron del mismo punto otros tres autobuses, que recorrerán Durango, Zacatecas, Jalisco y Michoacán y cuyo destino final será el norteño estado de Chihuahua.

Se espera que una tercera caravana salga hacia el estado de Oaxaca, en el sur, que incluye escalas en Morelos y Tlaxcala.

Todas las caravanas convergerán en la capital el próximo 20 de noviembre.

Luis Villoro: ‘México es un Estado fallido por donde se lo vea'

-Entrevista de Ivonne Guzmán-

(El Comercio: Nov.30/2014)

¿Cuál es su primer recuerdo de México?

Las calles del barrio donde yo crecí. Y lo primero que recuerdo es esa vida de barrio. Yo viví en un México que ya no existe, en el que se podía salir a la calle a jugar. Eso se convirtió en territorio prohibido para los niños de hoy en día. A no ser que sean niños que directamente viven en la calle.

¿Lo recuerda con nostalgia?

Desde luego que sí, porque yo tengo una hija de 14 años que no conoce la calle. Los niños de hoy en día son rehenes de los coches, por la inseguridad.

¿Qué tienen en común la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la matanza de Tlatelolco del 68?

Esto ha cristalizado de manera tan fuerte en la opinión popular porque se trata de estudiantes, y además de estudiantes que se preparaban para ser maestros; eso significa la liquidación del futuro de las personas que pueden hacer que México sea un país mejor. Lo mismo pasó con Tlatelolco, con la gran diferencia de que ahí todo se silenció. Nadie en aquel momento daba noticias reales de lo que pasaba con los estudiantes. Y la tesis oficial era que los comunistas se habían infiltrado en México para impedir las Olimpiadas; concretamente, los rusos. Con Ayotzinapa este ocultamiento de la realidad ya no fue posible y la indignación es mucho más amplia. Lo del 68 tardó mucho en ser una causa colectiva.

Parafraseando a Mario Vargas Llosa, ¿cuándo se jodió México?

Es muy difícil dar con una fecha exacta. En los años 30 y 40 pasaron cosas importantes: se nacionalizó el petróleo, hubo reformas sociales muy profundas. El gran líder de todo esto fue Lázaro Cárdenas y posteriormente, durante la Segunda Guerra Mundial, México tuvo una acelerada industrialización y fue un país que creció mucho. Pero la crisis fuerte creo que viene desde el 68, cuando se da una fractura del pacto nacional. Ese modelo de desarrollo de partido único, queda fracturado. Se ha creado una nueva casta que gobierna: la llamada Gran Familia Revolucionaria, que es la burguesía que se favoreció de los privilegios de los gobiernos emanados de la revolución. Entonces desde el 68 yo creo que viene esta descomposición, que se ha ido mitigando a partir de la apertura democrática. Tuvo un muy buen impulso cuando la alternancia democrática se dio y el PRI perdió las elecciones, pero por desgracia, del año 2000 al año 2012, los años de gobiernos panistas fueron infames. Y esto produjo una especie de gran nostalgia del viejo régimen y vino la restauración priista, que ahora se encuentra con un país devastado que no ha sabido manejar.

En un artículo del 21 de noviembre, El reino de Oz, dice que México es un país dolorosamente verdadero, ¿qué es lo que más le duele de México?

La desigualdad social, la impunidad, la corrupción, la indiferencia de los gobernantes, la falta de acceso a la educación… todo eso es lo que más lastima. Yo creo que se puede vivir en la pobreza y que esto no lastime tanto si todos están sumidos más o menos en la misma situación, pero lo que es terrible es que tenemos el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, y tenemos 40 o 50 millones de pobres, y de 15 a 20 millones en pobreza extrema, y eso es intolerable.

¿O sea que el problema de México es más que nada económico y no tanto moral?

Es todo, porque los problemas sociales no se pueden ver desde un solo ángulo. Uno de los grandes defectos del presidente Felipe Calderón, que inició la llamada guerra contra el narcotráfico fue pensar que una guerra de este tipo se resuelve exclusivamente en clave militar, en un país atravesado por muchos desafíos, como desigualdad económica, falta de oportunidades de empleo, falta de oportunidades educativas. Pero también tiene que ver con transmisión de valores morales, con códigos de ética, con el respeto a la ley, con que no haya impunidad ni corrupción. El problema tiene muchas capas y hay que verlo de manera integral. No podemos salir del atraso que tenemos, no podemos hacer ciudadanía, no podemos restaurar el tejido social, si no entendemos que hay componentes educativos, culturales, éticos, sociales, económicos y por supuesto también de seguridad nacional en juego.

¿Qué papel juega la sociedad civil en lo que José Mujica llamó Estado fallido? Porque los narcotraficantes y los policías corruptos salen de esa misma sociedad.

Uno de los grandes errores de Calderón fue pensar que los narcotraficantes son como extraterrestres. Él les llamaba: los malosos o los bárbaros; es decir, para él eran personas que se habían incrustado en la sociedad, como si vinieran de lejos y no pertenecieran a ella. Y lo más doloroso, pero también lo más cierto es que cuando tú analizas este tema te das cuenta de que la corrupción está mucho más cerca de lo que habías pensado, y que puede estar en tus vecinos, en tus parientes o en el espejo. Es decir, todos estamos en este entramado, entonces hay que entender de qué formamos parte, para saber cómo vamos a cambiar esto. Por eso, yo creo que debemos reconocernos como parte del problema. Y desde luego a la sociedad civil pertenecen, por ejemplo, los cuerpos policiacos que salieron de mandos oficiales y ahora integran el mando de los Zetas.

Ellos son sociedad civil; es que la sociedad civil en realidad es la arena de los conflictos sociales, donde se manifiesta la gente y ahí es donde se puede interactuar de una manera o de otra.

¿Por eso fracasó la estrategia de sacar al Ejército a la calle para combatir el narcotráfico y lo único que se logró fue prender la chispa de la guerra?

Claro, el presidente Calderón quería saber si había dinamita, y para averiguarlo encendió un cerillo y todo le estalló en las manos. Y esa fue una estrategia irresponsable, porque no conocía al enemigo, ignoraba su alcance. No estableció una guerra con una línea de fuego clara, con un frente y con retaguardias. Además tenía a buena parte del enemigo adentro, y sin saberlo. Porque tú no puedes saber de antemano cuántos miembros de la Policía y el Ejército están infiltrados por el narcotráfico; cuántos presidentes municipales han sido sobornados. Entonces fue una conducta muy irresponsable que dejó más de 100 000 muertos violentos al cabo de seis años. Y convirtió a México en el país más peligroso para ejercer el periodismo, según Reporteros sin Fronteras. Es una situación terrible.

¿Coincide con lo que muchos piensan, pero que solo Mujica se atrevió a decir: México es un Estado fallido?

Sí, es un Estado fallido por donde lo veas, porque justamente lo que se ha perdido es soberanía y por diversas razones. Por ejemplo, en la zona del Golfo el monopolio de la violencia no lo tiene el Estado, sino el cartel de los Zetas. Luego tienes las autodefensas en Michoacán, que es algo parecido a lo de los paramilitares en Colombia. Tienes posibles combinaciones como guerrilla y narcotráfico. México es un país con enormes huecos; entonces cómo puedes hablar de un Estado que funciona, si no puede ejercer ni siquiera la soberanía. Tiene que recuperar la soberanía. Ahora, yo tengo mucho miedo de que esta tentación de querer recuperar la soberanía vaya hacia la represión. Porque ya ha habido varias señales de que se está criminalizando la protesta. Hay mucho miedo, ha habido provocaciones. Y también tengo mucho miedo de que haya una sublevación espontánea. El caldo de cultivo está dado para eso: es un país que está lleno de armas y no sabemos muy bien a dónde va a dar esto. Pero México está al borde del estallido.

Una vez que la sociedad reconozca que es parte del problema, ¿cuál es el siguiente paso a dar?

El caso Ayotzinapa articuló el sentimiento y la indignación y ahora hay una especie de república emocional. Hay una sensación muy compartida de que México tiene que cambiar, el problema es que para que cambie tenemos que pasar por la política, y simultáneamente hay un enorme descrédito de todos los partidos políticos. Para cambiar esto se necesita ciudadanizar la política, tener formas de participación directas, que no necesariamente tengan que ver con la política convencional. Ahora el gran desafío es la lucha por la legalidad. Necesitamos nuevas reglas de participación ciudadana y política. Primero tenemos que cambiar el tablero y las reglas de juego y luego tenemos que buscar las fichas.

¿Eso implica contar con una nueva constitución?

Todo eso muy a la larga, aún no sabemos. Si el descontento se articula y se organiza puede servir como un instrumento de presión, aun cuando no se haya tomado el poder, para que empiecen a cambiar algunas cosas. Yo creo que la opinión pública puede ir avanzando hacia presiones de algún tipo y hacia la constitución de un frente que permita una reforma del Estado. Primero hay que pasar a la legalidad, porque México es un país ilegal.

Primero un movimiento tiene que cobrar conciencia de su propia fuerza, para saber hasta dónde puede llegar. Luego tiene que tener muy pocas y muy claras metas, porque no puede decir: ‘Vamos a cambiar todo, la política energética, la política exterior, vamos a renegociar la deuda… esas son cosas para futuro. Lo primero que necesitamos son reglas limpias de participación política. Que pueda haber por ejemplo candidatos ciudadanos; eso es muy importante, en México no puede haber candidatos ciudadanos. No puede haber segunda vuelta en las elecciones, eso no existe en México.

¿Hay que aprovechar el envión de indignación profunda de este momento para lograrlo?

Yo creo que sí. Ojalá. Ahora, todo esto va a chocar también con las grandes tentaciones del ser humano y una que aqueja bastante a los mexicanos, que es la apatía. Entonces no basta con que se movilicen 15 millones de mexicanos, si más de cien millones están en la indiferencia.

¿Qué debería empezar a hacer la sociedad civil mexicana para desmontar esto que usted llama la lógica de la narconovela, de la impunidad, del espectáculo?

Si te metes a las redes sociales es un país muy distinto al que percibe la presidencia de la república. Es decir, la gente se está manifestando de muchísimas maneras; a veces con mucha ira, con mucha intolerancia. Por eso creo que es muy importante que encontremos cauces para la discusión y tengamos muy pronto una ventana de esperanza. Al propio gobierno le conviene esto; si ellos no crean una válvula de escape para el descontento se van a enfrentar con otras cosas. Si caen en la tentación de la represión, hay muchas posibilidades de que haya movimientos armados. La manera de encauzar el descontento es crear una posibilidad cívica que no debe ser patrocinada por el gobierno, pero sí tolerada por este.

Ha dicho que Enrique Peña Nieto es el perfecto telecandidato. Pero ese mal no es solo mexicano, ¿qué hacemos en América Latina para librarnos de esta plaga de telecandidatos y telepresidentes? ¿O ya no hay vuelta atrás?

No, sí hay vuelta atrás, por la fragmentación de la comunicación. Hace unos años se volvió más importante la representación de la realidad que la realidad misma. Quizá el primer gran telepresidente mundial fue Reagan, que demostró que lo importante no es necesariamente solucionar las cosas, sino mostrar que te interesas en ellas, que te conmueves. O sea, llorar de manera oportuna ante la víctima de un ciclón; sonreír o hacer una broma oportuna de tal manera. Es decir, la realidad es un guion que debe cumplirse satisfactoriamente. Pero ese tipo de telepresidente operaba en una realidad donde el rating estaba muy concentrado. Hoy la comunicación se ha fracturado, no hay dueños de los discursos. Eso es algo que tampoco ha entendido nuestro presidente; él creció con la psicología de la vieja Televisa, cuando Televisa era un poco el inconsciente de la nación. Y evidentemente esto se ha venido abajo. Tú te metes a ver las parodias en Internet del presidente y superan con mucho a los informes de comunicación social de la presidencia.

¿Qué señales otros países de la región deberíamos tomar en cuenta para que no nos pase lo que a México?

Es un problema que nos toca a todos porque el crimen organizado es transnacional. México además es vecino de los Estados Unidos, y lo peor de este drama es que Estados Unidos es el principal consumidor de drogas del planeta y el principal vendedor de armas del planeta. En esas circunstancias no es fácil que México se aleje del crimen organizado. Estados Unidos ha tenido una política exterior muy hábil respecto al crimen, tratando de desplazar la responsabilidad exclusivamente a América Latina cuando ellos son copartícipes, pero desde luego ignoramos todo de lo que pasa adentro de Estados Unidos. No hay nombres de capos, de carteles y sin embargo, la droga se distribuye y se consume ahí. Es muy grave que en la sociedad actual se normaliza con enorme facilidad lo ilícito, a través de lo aparentemente lícito.

¿Cómo qué?

De nada sirve vender droga si tú no puedes hacer nada con el dinero que ganas por esa venta. Todas las sociedades tienen un punto mixto en donde lo ilícito se vuelve aparentemente lícito; es decir, donde se lava dinero. Y creo que esa normalización del delito que viene a través de la piratería, de la connivencia con políticos corruptos, del lavado de dinero es la frontera más difícil e importante de controlar. Por eso hay tantos periodistas en peligro, porque justamente quienes tocan este tema caen rápidamente en peligro porque los que se presumen empresarios o políticos legales no quieren que se sepa que son mascarones del crimen organizado. Eso es lo más grave para un país, que construya una normalidad del delito. Lo que pasa es que es difícil de controlar.

¿Latinoamérica debería unirse y pedirle a Estados Unidos que rinda cuentas?

Por supuesto. Y puede haber también una unión para despenalizar ciertas drogas, arrebatándoles el negocio a los criminales, también una política de venta de armas; Estados Unidos no ha querido tener control de armas. Por supuesto que puede haber una política continental, y la OEA tendría mucho que hacer al respecto.

II. La resistencia

Ayotzinapa o la rebelión de las víctimas

Armando Bartra (La Jornada: Dic.6/2014)

Durante una movilización en demanda de la aparición con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa, el pasado 1º de diciembreFoto Reuters

El 26 y 27 de septiembre el crimen de Iguala rompió el dique y empezaron a correr las aguas de la indignación popular; un torrente ciudadano que una y otra vez llena calles y plazas de la capital y de los estados. El gobierno está en medio de la turbulencia y no halla para dónde hacerse. El barco de Enrique Peña Nieto se hunde. Vivimos una crisis de gobernabilidad que pone a México ante una inédita encrucijada.

1. Muchos son los agravios que padecemos: nos exprimen como asalariados, nos bolsean como agricultores; como pobladores nos arrebatan territorios y patrimonios, malbaratan los recursos naturales que son de todos, nos pendejean como ciudadanos comprando las elecciones, hacen perdidizos nuestro derecho a trabajar, a comer, a estudiar, a curarnos, a habitar, a crear y disfrutar del arte, a tener o no tener hijos, a coger sin temor con quien nos plazca…

Y nos defendemos. Nos defendemos como obreros, como campesinos, como colonos, como pueblos, como mujeres, como estudiantes, como sexualmente diversos, como ciudadanos, como consumidores…

Pero hay un agravio que, cruzando todos los demás, es también específico. Un agravio dirigido contra nuestras mentes, nuestros corazones y nuestros cuerpos: nos han hecho víctimas, víctimas de la violencia y con frecuencia víctimas mortales.

Somos víctimas del narcotráfico y de la guerra contra el narcotráfico; víctimas de los cárteles, de la policía y del Ejército; víctimas de las ejecuciones extrajudiciales; víctimas del secuestro y de la desaparición forzada; víctimas de la tortura; víctimas de la fuerza pública, que lejos de protegernos, nos agrede; víctimas del acoso judicial; víctimas de la cárcel injusta; víctimas de la amenaza; víctimas del miedo a ser la próxima víctima…

Y también nos rebelamos contra este agravio específico. Nos alzamos precisamente en nuestra condición de víctimas de la violencia. Pero si hay víctimas es que hay culpables, de modo que nos alzamos contra nuestros victimarios.

Porque toca fibras muy sensibles, el de las víctimas es un movimiento expansivo y potente. Recordemos la rapidez con la que en 2012 se extendió el que encabezó Javier Sicilia. Y como los ríos serranos tras la lluvia ha corrido el movimiento por la aparición con vida de los 43 de Ayotzinapa. Pero el horrendo crimen es emblemático de los que a diario ocurren en todo el país y buscando castigar a quienes lo cometieron se busca igualmente limpiar de criminales las instituciones públicas. Limpiarlas desde arriba hasta abajo. Sobre todo arriba, mero arriba.

La lucha es contra con un orden que no sólo despoja, explota y oprime, también secuestra, tortura y mata a los jóvenes. Un movimiento que nos incumbe a todos, porque todos somos víctimas, pero que es mayormente un movimiento de jóvenes y por los jóvenes.

Nadie debería morir entre los 15 y los 25, pero aquí muchos mueren por violencia en ese rango de edad. Jóvenes son los muertos y los secuestrados de Ayotzinapa; jóvenes casi todos los de las narcofosas de Iguala; jóvenes los ejecutados por el Ejército en Tlatlaya; jóvenes la mayoría de los más de 100 mil muertos y 20 mil desaparecidos que ha dejado la masacre iniciada por Felipe Calderón y continuada por Peña; jóvenes los narcos que se torturan, balacean y despedazan luchando por los territorios; jóvenes los soldados, jóvenes los sicarios, jóvenes las víctimas accidentales… En México se mata a los jóvenes y los jóvenes se matan los unos a los otros. Toda muerte duele, pero la muerte de un joven duele más porque es la muerte de una vida por vivir. ¿Cuántos años no vividos acumula el juvenicidio nacional?

Sin embargo, desde hace dos meses las víctimas se alzan, las víctimas se rebelan… Y si los agraviados se ponen en marcha, que tiemblen los victimarios y sus cómplices, que tiemble el sistema que nos victimiza…

2. El regreso de un dinosaurio que en realidad no se había ido –sólo salió a mear– dejó un amargo saldo de atonía ciudadana, de pasmo social, de duelo. #Yosoy132 se desfondaba, los movimientos contra las diversas reformas estructurales se quedaban cortos, el PRD pactaba vergonzosamente mientras Morena no lograba combinar la movilización social con la movilización por el registro como partido. Entre tanto, los ciudadanos del común se iban dando cuenta de que el frenético activismo de la nueva administración sólo era exitoso en sus iniciativas entreguistas, mientras las promesas de campaña se diluían. Pero la creciente desaprobación que evidenciaban las encuestas no se expresaba en acciones de protesta.

Hacía falta un sacudón de las conciencias y éste fue el crimen de Iguala. La indoblegable y bien conducida protesta de los padres y compañeros de los normalistas puso fin al letargo, abriendo paso a una infinidad de agravios antes soterrados que ahora se hacían visibles. Las torpezas de Peña hicieron el resto. Primero la pretensión de desmarcarse y responsabilizar sólo a los gobiernos municipal y estatal; luego el intento de echarle toda la culpa al narco; más tarde el show con que el procurador trató de darle carpetazo al asunto dando por muertos y calcinados a los normalistas, y por último el anuncio de nuevas promesas resumidas en 10 puntos. A lo que se añadieron tropiezos, frivolidades y desfiguros como el balconeo de la casa presidencial de Las Lomas, con la que presumiblemente un contratista pagó contratos otorgados, incluyendo un tren bala que por el desaseo del concurso de plano se cayó incomodando a mil 300 millones de chinos –es un decir– y aguándole a Peña Nieto su inoportuno viaje a oriente.

Acompañan a las protestas por el crimen otros movimientos que la rebelión de Ayotzinapa potencia y galvaniza. La huelga del Politécnico en contra de un reglamento policiaco y de la reforma neoliberal de los planes de estudio avanza hacia un Congreso refundacional. El 6 de diciembre, a 100 años de que Villa y Zapata entran a la capital, pueblos que defienden sus territorios, organizaciones campesinas que reivindican la propiedad social de la tierra, sindicatos democráticos, agrupaciones urbano-populares y convergencias estudiantiles se unieron los de Ayotzinapa en la toma simbólica de la ciudad de México. Y el activismo cunde.

3. A diferencia del movimiento de 2012 impulsado por padres y madres, esta vez la rebelión de las víctimas tiene por protagonistas mayores a los jóvenes, inscribiéndose en la insurgencia juvenil que en el arranque del tercer milenio se expande por todo el mundo.

País de jóvenes, México debiera gozar de un bono demográfico, consistente en que la gran mayoría de nuestra población está en edad productiva. Bono que se dilapida al enviarlos a la migración, la marginalidad, la delincuencia. Vivimos en un país de jóvenes que no educa a sus jóvenes, que no emplea a sus jóvenes, que sataniza a sus jóvenes, que mata a sus jóvenes.

La paradoja es que siendo México un país de jóvenes, los movimientos campesinos, obreros, ciudadanos y, en menor medida, los urbanos y los magisteriales son encabezados y animados mayormente por gente adulta. Por esto fue tan esperanzadora la emergencia del #Yosoy132 en las elecciones de 2012, dos años después la huelga general de los politécnicos y ahora la vertiginosa incorporación de los estudiantes a la lucha encabezada por los normalistas y los padres de los desaparecidos.

Los jóvenes están siendo protagónicos, pero en cada caso con distinto perfil y causa. Aunque trascendió su escuela de origen, #Yosoy132 llevaba el sello de los chavos de la Ibero y de la coyuntura político electoral; la huelga del Poli responde al perfil de estudiantes técnicos, de quienes la impulsan y a la naturaleza educativa de sus exigencias; la insurgencia en torno a Ayotzinapa está marcada por la condición campesina de la mayor parte de los que estudian en las normales rurales, por alzarse contra la victimización, por la destacada participación de los maestros de la CNTE y porque las acciones masivas más duras se están desarrollando en el estado de Guerrero.

4. Está documentado que la Procuraduría General de la República conocía la vinculación con el narco y presunta responsabilidad en un asesinato del presidente municipal de Iguala y, sin embargo, no lo investigó. Hay datos que involucran al Ejército y a la policía con los hechos del 26 y el 27 de septiembre, y es difícil de creer que estando ahí desde hace mucho, ignoraran lo que ocurría en el municipio. Si a esto agregamos la suma de agravios que acumulan los mexicanos y las torpezas gubernamentales de las últimas semanas, no debiera sorprendernos que a más de dos meses del crimen la consigna más coreada en las manifestaciones sea ¡Fuera Peña!

¿Qué significa hoy esta exigencia?

¡Fuera Peña! es menos y más que ¡Fuera el PRI! Menos porque la de Peña Nieto es sólo una administración federal y no la totalidad del sistema autoritario. Más porque dada la quiebra moral de este gobierno, su caída es hoy posible, lo que sin duda abriría paso a un reacomodo de fuerzas político sociales y quizá a la refundación democrática de la República.

En las marchas se grita también que a los de Ayotzinapa los desapareció el Estado, queriendo decir que el crimen involucra a todas las instituciones públicas. Y quizá así es. Pero si responsabilizamos por igual a todos los políticos, entonces la consigna no debe ser ¡Fuera Peña! sino ¡Que se vayan todos! ¿Será?

Nacido en Argentina y repetido en México, el grito ¡Que se vayan todos! da fe de un merecido descreimiento en el gremio de los políticos. Sin embargo, como consigna central es hoy impertinente, pues de imponerse dispersaría un movimiento cuya fuerza radica precisamente en que está focalizado en un tema: el crimen de Iguala, y un responsable mayor: la actual administración. En cambio, si se pasa de ¡Fuera Peña! a ¡Que se vayan todos!, lo más probable es que no se vaya nadie.

El sistema político mexicano está podrido y la descomposición moral involucra a casi todos. Pero el crimen de Iguala y lo que éste representa tiene un responsable mayor: el gobierno de Peña. A oscurecer este hecho colabora no sólo la consigna ¡Que se vayan todos!, sino principalmente las acciones provocadoras espontáneas o patrocinadas que han manchado las últimas manifestaciones.

Al gobierno federal le conviene el vandalismo anónimo, sobre todo en la ciudad de México y en la UNAM. Le conviene porque conduce a la represión, que a su vez deriva inevitablemente en brutalidad y arbitrariedad policiaca (el que piense que las intervenciones podrían ser asépticas y quirúrgicas, ignora lo que son las policías realmente existentes). Y esto debilita al movimiento por dos razones: porque algunos dejan de participar por temor, pero también porque desvía la atención y lleva el debate a cuestiones periféricas: ¿no es raro que la policía detenga sólo a los pacíficos?, ¿son realmente pacíficos todos los detenidos?, ¿debemos defender también a los violentos si se les detiene? Además de que multiplica los enemigos, porque si con el conque de los vándalos el jefe de Gobierno del Distrito Federal nos manda a los granaderos, en la siguiente manifestación gritaremos ¡Fuera Mancera!, y si la rectoría de la UNAM queda embarrada en un choque en el campus entre estudiantes y un agente del Ministerio Público, en la próxima marcha gritamos ¡Fuera Narro!...

No defiendo al rector o al Jefe de Gobierno, cuyas torpezas son patentes y deben ser criticadas. Sólo digo que el más interesado en generar conflictos parásitos y en involucrar a otros actores, sobre todo si pertenecen vagamente al centro-izquierda, es el propio Peña Nieto.

5. Hoy el movimiento marcha por dos carriles: el agravio específico que los familiares tienen que tratar con las autoridades, por ríspida que sea la negociación, y el del agravio genérico: violencia incontrolable, impunidad, penetración del narco en el Estado, criminalización de la protesta, pero también las llamadas reformas estructurales, más lo que se acumule en esta semana… Asuntos que por su misma naturaleza no pueden ser negociados con una administración pública a la que el movimiento está sentando en el banquillo de los acusados. No se puede negociar con Peña Nieto la renuncia de Peña Nieto.

El gobierno tiene pocas opciones. Una es generalizar la represión, como se lo demandan la oligarquía y los fascistas, castigo que de implementarse sobre un movimiento en ascenso posiblemente endurecería y ampliaría aún más la protesta y, con ello, la ingobernabilidad. Otra es prolongar la presunta investigación y entre tanto anunciar reformas insustanciales, discutibles y sobre todo poco creíbles, confiando en que el movimiento se desgaste y se divida de modo que los persistentes y duros puedan ser encapsulados y reprimidos. Esto con el riesgo el reflujo no llegue pronto y la ingobernabilidad se profundice. La última opción es que el control de daños incluya despidos o renuncias de alto nivel ¿qué tan alto? La moneda está en el aire.

Aportes teóricos y políticos del neozapatismo

René Báez

ALAI: 2014-06-04

-Homenaje póstumo al Subcomandante Marcos-

Noam Chomsky advirtiódesde el inicio de la insurgencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el 1 de enero de 1994 -el mismo día de la incorporación de México al TLC (Tratado de Libre Colonización) con Estados Unidos-, que el subcomandante Marcos, vocero de los rebeldes indígenas de Chiapas, había planteado un “problema” sin precedentes.

Más allá de que el neozapatismo representa una proyección –o nueva “visibilización”- del discurso y la práctica de la Revolución de 1910 forjados bajo el lema “Tierra y Libertad”, la opinión chomskiana se justifica por diversas razones. En efecto, y conforme han destacado académicos como Pablo González Casanova, la prédica de los descendientes de los mayas no se inscribe en el planteamiento clásico de izquierda, porque sus postulados son más genéricos: dignidad, democracia, justicia, libertad, soberanía; ideales anteriores y posteriores a la utopía socialista.

El pensamientoneozapatista-marcosiano tiene que ser comprendido, de otro lado, como una suerte de síntesis de diversas teorías y doctrinas políticas, en la medida que fusiona parábolas cristianas, memorias vernáculas recuperadas del Popol Vuh y el Chilam Balam, liberalismo jacobino, marxismo, gramscianismo, prédicas de los caudillos agraristas…

El radical rompimiento con la historia oficial es otro aporte del redivivo zapatismo. En la I Declaración de la Selva Lacandona, documento fechado el 12 de enero de 1994, puede leerse: “Somos producto de 500 años de lucha: primero contra la esclavitud en la guerra de independencia contra España encabezada por los insurgentes, después por evitar ser absorbidos por el expansionismo norteamericano, luego por promulgar nuestra Constitución y expulsar al Imperio francés de nuestro suelo, despuésla dictadura porfirista nos negó la aplicación justa de las leyes de Reforma y el pueblo se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Zapata y Villa.... Somos los herederos de los verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad”.

Rescate de la historia pretérita pero también recuperación e impugnación de la contemporánea. Esto último explica la plataforma con que el EZLN enfiló contra el régimen neoliberal, entreguista y tecnocrático del Harvard boy CarlosSalinas de Gortari, plataforma que contiene demandas como las siguientes: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, autonomía, libertad, democracia, justicia y paz.

En el neozapatismo es posible identificar varias ideas-fuerza.Una de ellas, acaso la más seductora, se relaciona con su renuncia explícita del poder. Otra, novedosa y atractiva, tiene que ver con su concepción del poder y la democracia; conforme al “Sup” Marcos, el poder no es un fin en sí mismo y, mucho menos, un mecanismo de dominación y enriquecimiento. Según el propio dirigente, la legitimidad del poder proviene de su concordancia con el lema ancestral del “mandar obedeciendo”, enfoque diametralmente distinto al meramente electoralista y mediático de las democracias burguesas (al “cretinismo parlamentario” que denunciaran algunos connotados teóricos marxistas), y más bien equiparable a la concepción del poder de Gramsci, quien lo identificó como una hegemonía ético-política.

Una noción clave del neozapatismo se refiere a su comprensión del cambio societal; a este respecto, el citado subcomandante le transmitió a Dauro Tótoro, de la revista chilena Punto Final, la alumbradora idea siguiente: “Nosotros manejamos el siguiente concepto de cambio: creemos que el mundo nuevo, o la nueva sociedad, o como se quiera llamarlo, debe pasar previamente por una antesala.Es decir, que las propuestas o conceptos del rumbo que debe seguir el país, sea esto el comunismo, el socialismo, la social democracia, la democracia cristiana, el liberalismo, o cualquiera sea la corriente ideológica de moda, debe confrontarse con la realidad de cada pueblo. El soporte real de cualquier modelo social es la aceptación que el mismo tenga en la población.Si no existe, estaríamos hablando de una falsa revolución, y no porque sea una revolución que mienta, sino que sin el sustento mencionado, sería siempre susceptible de desviarse o de voltearse”.

El discurso del neozapatismo no ha quedado circunscrito a la disección de los problemas de los indígenas mexicanos y, ni siquiera, a la dialéctica política-económica-cultural de la patria de Benito Juárez. La lucha contra la globalización corporativa -también identificada como globocolonización de las riquezas materiales y de los cerebros- y sus mitos del libre mercado y la modernización refleja ha tenido en las contribuciones teórico-prácticas de esa vertiente de pensamiento un soporte invaluable.

En la esfera interpretativa, particularmente recomendables a este respecto son los trabajos del “Sup” titulados “El neoliberalismo, caótica teoría del caos económico” (1995) y “La IV Guerra Mundial ha comenzado” (publicado originalmente por Le Monde Diplomatique, 1997)

A nivel de la práctica política, la vocación universalizante del neozapatismo puede ilustrarse con la concreción, en agosto de 1996, en una aldea chiapaneca conocida con el sugestivo y enigmático nombre de La Realidad de uno de los cónclaves más singulares de que haya memoria: La Internacional de la Esperanza, evento convocado por el EZLN. A la cita concurrieron miles de intelectuales, activistas y observadores procedentes de 41 países, inclusive de Estados Unidos.Clausuró el encuentro el siempre enmascarado Marcos con un llamado a “volver a humanizar la humanidad”; así como con la referencia a la imponente “Marcha del Silencio”, protagonizada por decenas de miles de hombres-mujeres-niños de ancestros mayas que, encabezados por los comandantes indígenas y Marcos, transmitió un creativo mensaje sin palabras que advirtió urbi et orbi, a fines de diciembre del 2012, sobre el ineluctable colapso de la civilización del capital.

De lo universal a lo particular. En el siglo que avanza, los “hombres de maíz”, como los identificara Asturias a los pobladores originarios del sureste mexicano, sorprendieron a sus simpatizantes de dentro y fuera de México con pensamientos-acciones como las siguientes:

° La creación o activación de los “caracoles” y las “Juntas del Buen Gobierno” como formas de organización de la socioeconomía y de resistencia a la sistemática y sanguinaria ofensiva militar y paramilitar de Los Pinos. Formas organizativas que, imaginamos, guardan afinidad con las que actualmente se han evidenciado en Ecuador a propósito de la oposición indígena y campesina al extranjerizado proyecto petrolero, minero y acuífero que contra viento y marea empuja el régimen reformista conservador de Rafael Correa. Juicio tanto más verosímil cuanto que, conforme les confiara el propio “Sup” Marcos a los periodistas Samuel Blixen y Carlos Fazio, el ¡Ya basta! zapatista de los albores de 1994 fue en gran medida alimentado por el levantamiento decidido en el verano de 1990 por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), liderada por Luis Macas, en repudio al neoliberalismo solapado de Rodrigo Borja Cevallos. (La aludida entrevista apareció publicada, el 27 de octubre de 1995, en el semanario uruguayo Brecha bajo el justiciero título de “EZLN: los quijotes de fin de siglo”).

° Las campañas por la “Otra Política” y la “Digna Rabia” impugnadoras de los recientes gobiernos del PAN y el PRI –presididos por Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto- que han acentuado para el hermano país azteca condiciones de Estado fallido, cleptómano y policiaco.

P.D.- La autoinmolación del holograma “Sup” Marcos la madrugada del pasado 25 de mayo y la sobrevivencia de su alter ego de nombre Rafael Sebastián Guillén, ameritan un análisis específico dados sus proteicos significados y repercusiones.

Fuentes: EZLN: Documentos y comunicados I, México, D.F., Ediciones Era, 1994.- EZLN: Documentos y comunicados II, México, D.F., Ediciones Era, 1995.-R. Báez, Conversaciones con Marcos, Quito, Eskeletra, 1996.-Gloria Muñoz Ramírez, El fuego y la palabra, México, D.F., Ediciones recientes del matutino La Jornada.

Junio/2014

- René Báez, economista ecuatoriano, es catedrático universitario, Premio Nacional de Economía y miembro de la International Writers Association.

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Las anteojeras de la derecha liberal

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Los tres períodos de la globalización capitalista

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EL DESPLOME DE LA CIVILIZACIÓN DEL CAPITAL -Prisma latinoamericano-

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Colombia entre la paz neoliberal y la paz democrática

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