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EL DESPLOME DE LA CIVILIZACIÓN DEL CAPITAL -Prisma latinoamericano-

por René Baez
 

Homenaje del EZLN al miliciano José Luis López, Galeano, y al filósofo Luis Villoro en el caracol de Oventic, Chiapas, el 2 de mayo de 2015
René Báez (Compilador)
Centro de Pensamiento Crítico
Quito, Jun./2015



Contenido


Nota introductoria, 2

° Ante la catástrofe, los mismos métodos: EZLN, 3

° La unificación financiera del mundo/Adolfo Gilly, 5

° El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista/John Holloway, 10

° Crisis y colapso: desafío inédito/Raúl Zibechi, 13

° El sentido comunal de la crítica al extractivismo/Emiliano Terán M., 17

° La democracia comienza en los territorios/Víctor M. Toledo, 26

° “El centro del problema no es el neoliberalismo, es el capitalismo”.- Entrevista a Pablo Dávalos, 28

° Implosión del capitalismo y pensamiento alternativo latinoamericano/René Báez, 43


Nota introductoria


La verdad es el todo.

Hegel


Este compendio reúne una selección de trabajos presentados o derivados del seminario El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista, evento organizado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y cumplido en Chiapas, México, entre el 3 y el 9 de mayo del año en curso.

A tales documentos medulares cuyo leitmotiv no sería otro que aportar a la comprensión de la escena internacional configurada por la inocultable crisis de la civilización del capital, se han agregado dos materiales de corte teórico e histórico que buscan discernir las realidades de nuestra subregión andina desde ópticas que desbordan tanto a los trasnochados discursos oficiales como a los currículos de nuestros funcionalizados establecimientos de educación formal.

Conocer para prever, prever para actuar, dejó escrito un innombrable revolucionario europeo que viviera entre fines del siglo XIX y comienzos del XX.

R.B.

Se repiten marchas, elecciones, encuestas, mítines, señala


Ante la catástrofe, los mismos métodos: EZLN

Anuncia el subcomandante Galeano (ex “Sup” Marcos) la realización del seminario El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista, del 3 al 9 de mayo en Oventic

Elio Henríquez

Periódico La Jornada
Ab.3/2015

San Cristóbal de las Casas, Chiapas

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) cuestionó a quienes ante ‘‘la catástrofe y la tormenta que vienen’’, siguen ‘‘recurriendo a los mismos métodos de lucha: a las marchas, reales o virtuales; con elecciones, con encuestas, con mítines’’.

Afirmó que las y los zapatistas miran y escuchan ‘‘que viene una catástrofe en todos los sentidos, una tormenta’’, pero ‘‘también miramos y escuchamos que personas con grandes conocimientos dicen, a veces con su palabra, siempre con su actitud, que todo sigue igual’’ y que ‘‘lo que lo que la realidad nos está presentando son sólo pequeñas variaciones que no alteran en nada importante el paisaje’’.

En un comunicado firmado por el subcomandante insurgente Galeano, el Ejército Zapatista indicó: ‘‘Nosotras, nosotros, zapatistas, vemos una cosa y ellos ven otra, porque vemos que se sigue recurriendo a los mismos métodos de lucha y de manera concomitante surgen y se desarrollan los nuevos parámetros de ‘éxito’, una especie de aplausómetro que, en el caso de las marchas de protesta, es inverso: mientras más bien portada sea (es decir, mientras menos proteste), mayor su éxito. Y se hacen organizaciones partidarias, se trazan planes, estrategias y tácticas, haciendo verdaderos malabares con los conceptos’’.

El Estado, con las funciones de hace 20, 40, 100 años

Es decir, subrayó, ‘‘como si fueran equivalentes Estado, gobierno y administración. Como si el Estado fuera el mismo, como si tuviera las mismas funciones de hace 20, 40, 100 años. Como si el sistema fuera también el mismo y mismas las formas de sometimiento, de destrucción. O, para ponerlo en términos de la sexta (Declaración de la Selva Lacandona): las mismas formas de explotación, represión, discriminación y despojo. Como si allá arriba el poder hubiera mantenido invariable su funcionamiento. Como si la hidra no hubiera regenerado sus múltiples cabezas’’.

Entonces, abundó el EZLN, ‘‘pensamos que en nosotros o en ellos, hay el ‘síndrome del centinela’. Y nosotros, nosotras, zapatistas, miramos de reojo esos movimientos en la realidad. Ponemos entonces más atención, subimos a lo alto de la ceiba para tratar de ver más lejos, no lo que pasó, sino lo que viene’’.

El grupo insurgente manifestó que ‘‘lo que vemos no es nada bueno. Vemos que viene algo terrible, más destructivo si posible fuera, pero otra vez vemos que quienes piensan y analizan nada dicen de eso. Siguen repitiendo lo de hace 20 años, 40 años, un siglo. Y vemos que organizaciones, grupos, colectivos, personas, siguen en lo mismo, presentando falsas opciones excluyentes, juzgando y condenando a lo otro, a lo diferente. Y más: despreciándonos por lo que decimos que vemos’’.


En la imagen, el subcomandante Marcos Foto de Archivo

‘‘Tal vez el Mandón sigue mandando igual que hace décadas, siglos, milenios. El seminario será como un intercambio de pensamientos y no de mercancías. El encuentro pretende ser un semillero de análisis, de ideas críticas sobre cómo está actualmente eso del sistema capitalista’’.

Añadió: ‘‘Pues ya ve usted, somos zapatistas. Y eso quiere decir muchas cosas, tantas que en los diccionarios de su lengua de usted no existen palabras para eso’’.

Pero también quiere decir, sostuvo, ‘‘que siempre pensamos que podemos estar equivocados. Que tal vez todo sigue sin cambios fundamentales. Que tal vez el Mandón sigue mandando igual que hace décadas, siglos, milenios. Que puede ser que lo que viene no es algo grave, sino apenas una descompensación, un reacomodo de ésos que ni la pena valen. Entonces o nada de pensamiento, de análisis, de teoría, o lo mismo de siempre antes’’.

‘‘Yo te lo digo mi pensar y tú me lo dices el tuyo’’

Dijo que por ello los zapatistas piensan que ‘‘tenemos que preguntar a otros, a otras de otros calendarios, de geografías distintas, qué es lo que ven’’ y esto es lo que se hará en el seminario El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista, que se iniciará el 3 de mayo próximo en el Caracol de Oventic, municipio de San Andrés, con la presencia de numerosos invitados de diferentes países.

El seminario será, expresó, ‘‘como un intercambio de pensamientos y no de mercancías, como en el capitalismo, sino como si dijéramos que echemos trato de que yo te lo digo mi pensamiento y tú me lo dices el tuyo. O sea, como una reunión de pensamientos (…) muy grande, mundial’’.

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional reiteró que el encuentro pretende ser ‘‘un semillero de ideas, de análisis, de pensamientos críticos de cómo está actualmente eso del sistema capitalista, porque en todos los mundos hay pensamientos críticos que se están preguntando qué pasa, por qué, qué hacemos, cómo, y esas cosas que se piensan en la teoría’’

La unificación financiera del mundo

Adolfo Gilly

Oventic, Chiapas, 2 mayo 2015

Compañeras y compañeros del EZLN, familiares de Luis Villoro y del maestro zapatista Galeano, padres y madres de Ayotzinapa aquí presentes:

Quiero ante todo agradecer la invitación a participar en la apertura de este seminario El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista, en medio de los grandes espacios, las casas y los árboles de Oventic, bajo este cielo que cambia sin cesar entre el sol, las nubes y las brumas que pasan y se van y regresan mientras la tierra siempre permanece.

Quiero también agradecer la cálida recepción que a los recién venidos nos hizo este pueblo organizado. De muchos de ustedes sólo pudimos ver los ojos, pero de seguro saben que es por allí donde se asoma el alma. Entonces…

Lo que traigo hoy para decirles proviene de unas líneas muy recientes: las palabras de apertura de El tiempo del despojo, un pequeño libro sobre estos tiempos adversos que, editor mediante, no debe tardar en aparecer en México.1

*

Hemos entrado en el mundo y en México en una nueva época del capitalismo o, en otras palabras, de la relación de dominación del capital sobre el trabajo y la naturaleza. Esta dominación abarca en su totalidad a la actual civilización global desigual y entretejida que define el modo de existencia de las sociedades humanas en este siglo XXI.

No podemos abordar su descripción, su investigación y sus leyes de movimiento como si se tratara de la implantación, sobre relaciones sociales pre-existentes, de un nuevo modelo económico, como suele decirse, o de un conjunto de políticas públicas denominadas neoliberalismo, en el mismo sentido en que a mediados del pasado siglo XX se podía hablar de políticas y leyes de regulación legal y contractual de las relaciones entre el capital, el trabajo y la tierra –denominadas entonces keynesianas– dentro de los marcos de las relaciones existentes en los Estados y sociedades capitalistas.

No olvidemos tampoco que esa regulación tenía como trasfondo la explotación despiadada de un mundo colonial hoy trasfigurado en naciones políticamente independientes aunque económica y políticamente subordinadas, un mundo nuevo donde la relación de dominación entre los seres humanos y entre las naciones se ha modificado, aunque está lejos de haber desaparecido.

*

Si tomamos la metáfora que ustedes nos proponen para describir al capitalismo –la Hidra, un monstruo mitológico de múltiples cabezas al cual, si se le cortaba una, le brotaban en su lugar dos o más–, podríamos decir que las revoluciones socialistas y coloniales que sacudieron el siglo XX: Rusia, China, Vietnam, Corea, India, Cuba y tantas otras, fueron cortando muchas de esas cabezas al capital. Pero a éste, al cabo de un tiempo, le nacieron o le renacieron otras en el mismo lugar de las antiguas: el mundo de los nuevos capitalistas y los nuevos ricos en esas naciones, hoy dueños del dinero, las propiedades, las modas y el poder.

Sin embargo tampoco nos extraviemos ni engañemos. Es cierto, no hay más Unión Soviética, no hay más China socialista, no hay más Vietnam socialista. Nuevos ricos muy ricos, nuevas clases capitalistas y dominantes surgieron en esos países y conforman el mundo presente. Pero también los viejos imperios con sus dominios coloniales desaparecieron: en el pasado aún reciente fueron tragados y destruidos por la marea de revoluciones coloniales y antimperialistas que barrieron el planeta entero.

Quedan los pueblos que hicieron las revoluciones. Queda la experiencia, queda el orgullo. Queda que la antigua humillación fue derrotada, queda la historia y la memoria de la dignidad reivindicada y recuperada. Con esta humanidad, nueva en las vidas y antigua en la experiencia, tienen los nuevos ricos que hacer sus cuentas y tratar de imponer nuevas formas del mando sobre miles de millones de asalariados nuevos, de despojados de sus tierras y sus casas, de migrantes y desprotegidos por todos los poderes.

Es la inaudita e inédita turbulencia del mundo de estos tiempos, donde los trabajadores de ciudades y campos están aprendiendo e inventando nuevas formas de organización, mientras el capital diseña y pone a prueba nuevas formas de dominación exhaustiva sobre los trabajadores y de explotación destructiva de la naturaleza.

*

Estamos ante una forma nueva de la relación de dominación y subordinación: la dominación universal del mundo y el mando de las finanzas –el capital financiero global– sobre las sociedades y las economías, cualesquiera sean sus diversas culturas, formas y grados de organización y desarrollo, los diferentes propietarios y productos; las relaciones con la naturaleza; los sistemas políticos, religiosos y estatales; las configuraciones heredadas y actuales de nuestras sociedades.

Todas las otras formas de existencia y reproducción del capital –la hidra capitalista, como ustedes la denominan– y las otras relaciones sociales existentes por supuesto no desaparecen. Quedan subordinadas a la forma financiera y subsumidas en su dominación planetaria todavía en expansión. Ésta modifica y subordina naciones, sociedades y vidas humanas; sus relaciones internas y externas; sus modos de vivir, de esperar y de imaginar; sus relaciones con la naturaleza, el planeta, el universo como realidad dada, pensable y alcanzable.

Es un mundo nuevo, turbulento y expansivo, pero no un mundo feliz. Pleno de conflictos y sujeto a amenazas sin precedentes sobre su existencia misma y pleno de desdichas por la destrucción de antiguas costumbres, solidaridades, seguridades y rutinas, este mundo se presenta también como una promesa, hoy negada, de disfrute de sus fantásticos descubrimientos, invenciones y posibilidades de goce ya presentes.

En el mismo tiempo y momento de tal visión y tentación, en apariencia alcanzable, ella se alza ante la inmensa mayoría de los siete mil millones de seres humanos como la negación y la privación de esa plenitud de vida y disfrute, una inmensa humanidad que ve y vive la destrucción o la degradación de sus mundos de la vida, su herencia material –tierras, aguas, aire, caminos, ciudades, pueblos, barrios, bosques, vida vegetal y animal– y su herencia inmaterial civilizatoria de relaciones humanas: solidaridades, culturas, creencias y afectos.

A esta nueva gran trasformación2 la denominamos la unificación financiera del mundo:3 una sola dominación (fragmentada ella misma) sobre todas las demás inmediatas y existentes y, por necesidad, mediada por ellas; un mando universal y abstracto (cósico, según los términos de Bolívar Echeverría; bestial, según la imagen de la hidra; inhumano en ambos casos) sobre todos los demás mandos; un mando inasible, despótico y material sobre las sociedades humanas; dividido por desgarramientos y conflictos violentos entre quienes lo detentan, las diferentes fracciones –nacionales y territoriales– de las finanzas y sus cuerpos armados; y ejercido por reducidas élites del poder y del dinero, dueñas de armas que por primera vez vuelven pensable y posible la destrucción de la especie humana y de otras múltiples formas de vida sobre el planeta. Una sola dominación, pero dividida por intereses contrarios e inconciliables; y sobre una sola humanidad, pero desgarrada por creencias e intereses, naciones y etnias, despojos y migraciones.

*

A la mitad de ese siglo XX, que fue el nuestro, en el año 1955, la editorial Presence Africaine publicó un escrito memorable de Aimé Césaire, Discurso sobre el colonialismo. Comienza así:

Una civilización que se demuestra incapaz de resolver los problemas que suscita su funcionamiento es una civilización decadente.

Una civilización que opta por cerrar los ojos ante sus más cruciales problemas es una civilización herida.

Una civilización que hace trampa con sus principios es una civilización moribunda. […]

Habría que estudiar cómo la colonización opera para descivilizar al colonizador, para embrutecerlo en el sentido literal de la palabra, para degradarlo, para despertar sus ocultos instintos a la codicia, a la violencia, al odio racial, al relativismo moral.

Al término de esta descivilización, Aimé Césaire descubre su producto refinado: el nazismo. Habría que revelar, dice, al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano burgués del siglo XX que en su interior lleva un Hitler que se ignora a sí mismo, que Hitler lo habita. Aun cuando por propia ignorancia lo vitupera, agrega Césaire, lo que en el fondo ese señor no le perdona al nazismo

no es el crimen en si, el crimen contra el ser humano, no es la humillación del ser humano como tal. Es el crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, es haber aplicado a Europa procederes colonialistas que hasta ahora sólo tocaban a los árabes de Argelia, los coolíes de la India y los negros de África.

Colonización: cabeza de puente en una civilización de la barbarie de donde, en cualquier momento, puede brotar la negación pura y simple de la civilización.

Al llegar a este punto extremo de la elocución que, dice, nos instala en pleno salvajismo aullante, Aimé Césaire ha tocado la palabra clave de todas las rebeliones, ese resorte último que cuando es comprimido al extremo por el modo inhumano de una dominación salta y hace saltar todo: la humillación impuesta, la humillación vivida, la humillación sufrida.

Ese sobresalto suele comenzar por las voces bajas y los gestos pequeños: por ejemplo, la voz y los gestos de un señor al cual en estos tiempos le mataron un hijo en Cuernavaca, uno entre cincuenta mil muertos y muertas, matados y matadas en estas tierras mexicanas en los últimos cinco años, a diez mil por año, y ese día dijo estamos hasta la madre y se echó a andar y a juntar agravios y dolores por los caminos de México. O por las voces cargadas de dolor y de ira de las madres y los padres guerrerenses a quienes en Ayotzinapa los policías, cuerpo armado del poder estatal, les desaparecieron cuarenta y tres hijos, estudiantes normalistas todos; y ellos, madres y padres, enfrentaron a este poder y se echaron a andar por México y el mundo diciendo y exigiendo: Vivos se los llevaron, vivos los queremos. Dos de ellos, una madre y un padre, están hoy entre nosotros y hemos oído su reclamo y sus voces.

*

En este proceso de unificación financiera del mundo anotamos también la obligada paulatina conformación de un nuevo sujeto histórico en campos, minas, mares, cielos y ciudades, el trabajador mundial:

El trabajador mundial en formación va adquiriendo y refinando en duras luchas por su afirmación y su existencia una nueva sutileza en la creación de inéditas formas de costumbres en común, conocimientos compartidos, organización, solidaridad, resistencia y rebelión. La rebelión de las mujeres contra la dominación masculina, con rasgos diferentes según sociedades y culturas pero perfil similar en cuanto estado de protesta e insumisión contra el estado de cosas dominante, es parte de este proceso y en casos o momentos específicos es también el rasgo dominante.

El trabajador mundial en tanto humanidad unificada no es una utopía. Es un proceso secular propio de esta civilización, en formación en las grandes migraciones y en las maravillas científicas y tecnológicas, mientras al mismo tiempo el planeta bordea la catástrofe bélica y la destrucción ecológica. […] Para percibirlo basta abrir la ventana, recorrer los caminos y aguzar la mirada y los sentidos.

Al final del escrito inicial de este volumen registramos:

Nada fue fácil antes, nada lo será mañana. Venimos del gran desastre universal del fin del siglo XX, el que consolidó e hizo más feroces a los nuevos y a los antiguos ricos de la tierra, el que engendró también las nuevas furias de los antiguos y los modernos condenados de la tierra.

Que no nos vengan con que es el tiempo de la esperanza. Es ahora el tiempo de la ira y de la rabia. La esperanza invita a esperar; la ira, a organizar. Hay un tiempo para la esperanza y un tiempo para la ira. Este es el tiempo de la ira. Después de la ira viene la esperanza.

Y estas líneas cierran el último escrito:

En el mundo de hoy, razonar con lucidez y obrar con justicia conduce a la indignación, el fervor y la ira, allí donde se nutren los espíritus de la revuelta. Pues el presente estado del mundo es intolerable; y si la historia algo nos dice es que, a su debido tiempo, no será más tolerado.

Que así sea, será nuestra esperanza. @

1 Adolfo Gilly y Rhina Roux, El tiempo del despojo – Poder, trabajo y territorio, Ediciones Itaca, México, 2015.

2 Karl Polanyi, La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo, FCE, México, 2003.

3 Tomamos la expresión de un ensayo famoso de Emmanuel Le Roy Ladurie, Un concept: l’unification microbienne du monde (XIV-XVII siècles), 1973 ( Un concepto: la unificación microbiana del mundo –siglos XIV-XVII).

El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista

John Holloway (May.15/2015)

Pensamiento crítico: pensamiento que busca la esperanza en un mundo donde parece que ya no existe; que abre lo cerrado, que sacude lo fijo. El pensamiento crítico es el intento de entender la tormenta y algo más. Es entender que en el centro de la tormenta hay algo que nos da esperanza.

La tormenta viene, o más bien ya está aquí. Ya está aquí y es muy probable que se vaya intensificando. Tenemos un nombre: Ayotzinapa. Ayotzinapa como horror, y también como símbolo de tantos otros horrores. Ayotzinapa como expresión concentrada de la cuarta guerra mundial.

¿De dónde viene la tormenta? No de los políticos, son ejecutores de la tormenta nada más. No del imperialismo, no es producto de los estados, ni de los estados más poderosos. La tormenta surge de la forma en la cual la sociedad está organizada. Es expresión de la desesperación, de la fragilidad, de la debilidad de una forma de organización social que ya pasó su fecha de caducidad, es expresión de la crisis del capital.

El capital es de por sí una agresión constante. Nos dice todos los días tienes que moldear lo que haces de cierta forma, la única actividad que tiene validez en esta sociedad es la que aporta a la expansión de la ganancia del capital.

La agresión que es el capital tiene una dinámica. Para sobrevivir tiene que subordinar nuestra actividad cada día más intensamente a la lógica de la ganancia: hoy tienes que trabajar más rápidamente que ayer, que agacharte más que ayer.

Con eso ya podemos ver la debilidad del capital. Depende de nosotros, de que queramos y podamos aceptar lo que nos impone. Si decimos perdón, pero hoy voy a cultivar mi milpa, u hoy voy a jugar con mis hijos, u hoy me voy a dedicar a algo que tenga sentido para mí, o simplemente no nos vamos a agachar, entonces el capital no puede sacar la ganancia que requiere, la tasa de ganancia cae, el capital está en crisis. En otras palabras, nosotros somos la crisis del capital, nuestra falta de subordinación, nuestra dignidad, nuestra humanidad. Nosotros somos la crisis del capital y orgullosos de serlo, estamos orgullosos de ser la crisis del sistema que nos está matando.

El capital se desespera en esta situación. Busca todos los métodos posibles para imponer la subordinación que requiere: autoritarismo, violencia, reforma laboral, reforma educativa. También introduce un juego, una ficción; si no podemos sacar la ganancia que requerimos, vamos a fingir que existe, a crear una representación monetaria para un valor que no se ha producido, a expandir la deuda para sobrevivir y tratar de usarla al mismo tiempo para imponer la disciplina que se requiere. Pero esta ficción aumenta la inestabilidad del capital y además no logra imponer la disciplina necesaria. Los peligros para el capital de esta expansión ficticia se vuelven claros con el colapso de 2008, y con eso se hace más evidente que la única salida para el capital es a través del autoritarismo: toda la negociación alrededor de la deuda griega nos dice que no hay posibilidad de un capitalismo más suave, el único camino para el capital es el camino de la austeridad, de la violencia. La tormenta que ya está, la tormenta que viene.

Nosotros somos la crisis del capital, nosotros que decimos no, nosotros que decimos ¡ya basta del capitalismo!, nosotros que decimos que es tiempo de dejar de crear el capital, que hay que crear otra forma de vivir.

El capital depende de nosotros, porque si nosotros no creamos ganancia (plusvalor) directa o indirectamente, entonces el capital no puede existir. Nosotros creamos el capital, y si el capital está en crisis, es porque no estamos creando la ganancia necesaria para la existencia del capital, por eso nos están atacando con tanta violencia.

En esta situación, realmente tenemos dos opciones de lucha. Podemos decir Sí, de acuerdo, vamos a seguir produciendo el capital, promoviendo la acumulación de capital, pero queremos mejores condiciones de vida. Esta es la opción de los gobiernos y partidos de izquierda: de Syriza, de Podemos, de los gobiernos en Venezuela y Bolivia. El problema es que, aunque sí pueden mejorar las condiciones de vida en algunos aspectos, por la desesperación misma del capital existe muy poca posibilidad de un capitalismo más humano.

La otra posibilidad es decir Chao, capital, ya vete, vamos a crear otras maneras de vivir, otras maneras de relacionarnos, entre nosotros y también con las formas no humanas de vida, maneras de vivir que no están determinadas por el dinero y la búsqueda de la ganancia, sino por nuestras propias decisiones colectivas.

Aquí en este seminario estamos en el mero centro de esta segunda opción. Este es el punto de encuentro entre zapatistas y kurdos y miles de movimientos más que rechazamos el capitalismo, tratando de construir algo diferente. Todas y todos estamos diciendo Ya, capital, ya pasó tu tiempo, ya vete, ya estamos construyendo otra cosa. Lo expresamos de muchas maneras diferentes: estamos creando grietas en el muro del capital y tratando de promover su confluencia, estamos construyendo lo común, estamos comunizando, somos el movimiento del hacer contra el trabajo, somos el movimiento del valor de uso contra el valor, somos el movimiento de la dignidad contra un mundo basado en la humillación. Estamos creando aquí y ahora un mundo de muchos mundos.

Pero, ¿tenemos la fuerza suficiente? ¿Tenemos la fuerza suficiente para decir que no nos interesa la inversión capitalista, no nos interesa el empleo capitalista? ¿Tenemos la fuerza para rechazar totalmente nuestra dependencia actual del capital para sobrevivir? ¿Tenemos la fuerza para decir un adiós final al capital?

Posiblemente no la tenemos, todavía. Muchos de nosotros que estamos aquí tenemos nuestros sueldos o nuestras becas que vienen de la acumulación del capital o, si no, vamos a regresar la semana próxima a buscar empleo capitalista. Nuestro rechazo al capital es un rechazo esquizofrénico: queremos decirle un adiós tajante, y no lo podemos o nos cuesta mucho trabajo. No existe pureza en esta lucha. La lucha para dejar de crear el capital es también una lucha contra nuestra dependencia del capital. Es decir, es una lucha para emancipar nuestras capacidades creativas, nuestra fuerza para producir, nuestras fuerzas productivas.

En eso estamos, por eso venimos acá. Es cuestión de organizarnos, claro, pero no de crear una organización, sino de organizarnos de múltiples maneras para vivir desde ahora los mundos que queremos crear.

¿Cómo avanzamos, cómo caminamos? Preguntando, por supuesto, preguntando y abrazándonos y organizándonos.

* Profesor del posgrado en sociología en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Este es el texto de una ponencia presentada al seminario sobre El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista.

Crisis y colapso: desafío inédito

Raúl Zibechi (May.15/2015)

I

Una de las dificultades que afrontan los movimientos antisistémicos y quienes seguimos empeñados en construir un mundo nuevo consiste en que no logramos acertar en la definición de lo que está sucediendo ante nuestros ojos. A grandes rasgos, coexisten dos miradas no necesariamente contrapuestas, pero bien diferentes: quienes sostienen que estamos ante una crisis, mayor aún que las crisis cíclicas de la economía capitalistas, y los que tendemos a considerar que la humanidad está siendo llevada a una situación de colapso por el sistema.

Entiendo que se trata de un debate teórico con fuertes implicaciones prácticas, ya que estaríamos ante dos situaciones bien diferentes. Vale recordar que en otros periodos de la historia reciente, el ascenso del nazismo por ejemplo, provocó hondas divergencias entre las izquierdas de la época. No pocos desconsideraban la importancia del nazismo como una verdadera mutación sistémica, y pensaban que se trataba de un régimen autoritario similar a otros que habíamos conocido. Sin embargo, con el paso del tiempo podemos coincidir con Giorgio Agamben en que el campo de concentración modificó de raíz la política, junto a lo que definió como estado de excepción permanente.

El seminario-semillero El pensamiento crítico ante la hidra capitalista, organizado por el EZLN del 3 al 9 de mayo en Oventic y San Cristóbal de Las Casas, fue escenario de las diversas miradas que nos atraviesan. De ahí, en gran medida, su extraordinaria riqueza y fecundidad. En el campo anticapitalista coexisten muy diversos análisis sobre el mundo actual, algunos bien fundamentados, otros más románticos, algunos focalizados en la economía y otros en la ética, y muchos otros son combinaciones de estas y otras formas de mirar y comprender. Creo que todas ellas tienen su importancia, pero conducen por senderos parcialmente distintos. O, mejor, pueden contribuir a dilapidar fuerzas.

Lo más complejo es que nadie puede proclamar tener la verdad en sus manos. Este punto me parece extraordinariamente complejo, porque no permite descartar ninguna propuesta, pero tampoco nos puede llevar a dar por válido cualquier argumento.

Me parece necesario distinguir entre crisis y colapso, no porque sean excluyentes, sino porque encarnan dos análisis distintos. El concepto de crisis está asociado, en el campo antisistémico, a las crisis periódicas que atraviesa la economía capitalista. En este punto, la obra de Karl Marx es referencia obligada para los anticapitalistas de todos los colores. Su análisis de la crisis de sobreacumulación se ha convertido, con entera justicia, en el nudo para comprender cómo funciona el sistema. De ahí deriva un conjunto de consideraciones de estricta actualidad.

Aunque algunas corrientes economicistas han acuñado la idea del derrumbamiento del capitalismo por sus propias contradicciones internas, desconsiderando la importancia de los sujetos colectivos en su caída, es evidente que Marx no es responsable de esta deriva que supo tener firmes adeptos en la primera parte del siglo XX.

En la misma dirección que Marx, Immanuel Wallerstein menciona la existencia de una crisis sistémica en curso, que, luego de varias décadas de desarrollo, dará lugar a un mundo diferente al actual (ya que en cierto momento se producirá una bifurcación), que puede conducirnos a una sociedad mejor o peor que la actual. Estaríamos ante una ventana de oportunidades temporal, durante la cual la actividad humana puede tener gran confluencia en el resultado final. En este análisis, la crisis se convertirá en caos, del que saldrá un nuevo orden.

La idea de crisis está asociada a periodos de cambios, desorden, inestabilidades y turbulencias que interrumpen el desarrollo normal de las cosas, para luego de cierto tiempo volverse a una nueva normalidad, pero modificada.En las crisis pueden emerger factores de orden que darán a lo nuevo una diferente fisonomía. Desde el punto de vista de los movimientos, es importante destacar dos cosas: que el concepto de crisis está demasiado asociado a la economía y que aparece ligado a transformación y cambios.

Si entendí bien, siguiendo las palabras del subcomandante insurgente Moisés, quien dijo en el cierre del seminario-semillero que no sabemos si nos va a dar tiempo de multiplicar esto, lo que se avizora no es una crisis, sino algo más serio. Insistió: el tiempo nos está ganando, y dijo que ya no alcanza con caminar, sino que es hora de trotar, de ir más de prisa. La noche anterior el subcomandante insurgente Galeano dijo que hasta 40 por ciento de la humanidad será migrante y que habrá despoblamiento y destrucción de zonas para ser restructuradas y reconstruidas por el capital. Creo que no pensaba en una crisis, sino en algo que podríamos llamar colapso, aunque no usó el término.

El colapso es una catástrofe a gran escala que implica el quiebre de instituciones, en forma de ruptura o de declinación definitiva. En la historia hubo muchas crisis pero pocas catástrofes/colapsos. Por ejemplo se me ocurre lo sucedido con el Tawantinsuyu, el imperio incaica, a raíz de la llegada de los conquistadores. Algo similar puede haberle sucedido al imperio romano, aunque no tengo los conocimientos suficientes para asegurarlo. En todo caso, el colapso es el fin de algo, pero no el fin de la vida, porque, como sucedió con los pueblos indios, luego de la catástrofe se reconstruyeron, pero como sujetos diferentes.

Si en verdad estamos ante la perspectiva de un colapso, sería la suma de guerras, crisis económicas, ambientales, sanitarias y naturales. Apenas un dato: la Organización Mundial de la Salud advirtió que los antibióticos serán incapaces en el futuro inmediato de combatir las superbacterias causantes de tuberculosis y neumonía, entre otras. En suma, el mundo tal como lo conocemos puede desaparecer. Si esta es la perspectiva inmediata, y los de arriba lo saben y se preparan, las prisas de Moisés están plenamente justificadas. Es hora de acelerar el paso.

(Fragmento de la ponencia presentada al seminario sobre El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista)

II

La tormenta sistémica ya está aquí

(Jun.12/2015)

El Gran São Paulo tiene 22 millones de habitantes, distribuidos en 39 municipios. Es la mayor ciudad de América Latina y una de las más pobladas del mundo. El verano pasado los reservorios de agua que la abastecen cayeron a mínimos históricos de 5 por ciento de su capacidad. Hubo cortes de agua en algunas regiones y restricciones en otras. La región vive lo que los especialistas denominan un ciclo de escasez de agua que puede durar 20 o 30 años, algo bien diferente a una sequía puntual, como era habitual en otros periodos históricos en que no existía lo que conocemos como cambio climático ( Opera Mundi, 6 de mayo de 2015).

Lo que indican estos datos es que con casi total certeza en algún momento de los próximos años habrá un drástico corte de agua en una de las megaciudades del mundo, a pesar incluso de las obras que el gobierno estatal está realizando a las apuradas, antes que comience un nuevo verano.

Ante una situación tan grave como esta, el Comando Militar del Sureste se viene movilizando, realiza debates y operaciones militares. No para proveer agua a la población, sino para prevenir el caos social ante un posible corte de agua, ya que consideran la sequía como un caso de seguridad pública.

El 27 de mayo un comando de entre 70 y 100 militares armados con ametralladoras ocupó las dependencias de la compañía Sabesp (Saneamento Básico de São Paulo), previendo una eventual necesidad de ocupación en caso de crisis, según el comunicado del ejército (El País, 27 de mayo de 2015). Toda el área del complejo de la empresa es considerada estratégica y la acción forma parte de las actividades militares preventivas para la preservación del orden público y protección de las personas y del patrimonio, sigue el comunicado.

Un mes antes, el 28 de abril, el Comando Militar organizó un debate destinado a un público de oficiales, soldados y profesores universitarios simpatizantes de los militares, en cuya mesa estaba el director de Sabesp, una delegada de la Federación de Industrias de São Paulo, un profesor de ingeniería y el jefe militar del sureste. El objetivo era trazar un panorama técnico, político y social sobre la crisis hídrica. La crónica señala que la posibilidad de un corte de agua “provoca escalofríos en la cervical del establishment del estado”, que los militares consideran que la población ideal de la ciudad debería ser de sólo 4 millones y que el conglomerado urbano puede quedarse sin agua a partir de julio de este año.

El director de Sabesp, Paulo Massato, fue muy claro al considerar las consecuencias sociales: Será el terror. No habrá alimentación ni energía eléctrica. Será un escenario de fin del mundo. Son millones de personas y estallará el caos social. No será sólo un problema de desabastecimiento de agua. Será mucho más serio que eso (Opera Mundi, 6 de mayo de 2015).

Pero el que dio el campanazo fue el general João Camilo Pires de Campos, el comandante militar del sureste, quien citó al ex presidente de la dictadura militar Ernesto Geisel (1974-1979): En época de vacas flacas es necesario atar el ternero. Para ellos, el ternero somos los sectores populares, como vemos.

Las revistas militares abordaron también el tema. Una de las más importantes destaca que en noviembre pasado la tensión era tan grande que la policía militar está llevando los camiones pipa con escolta hacia algunos puntos de la ciudad, sobre todo en la periferia, porque sectores populares apoyados por milicias están atacando los camiones de abastecimiento para saquear el agua (Defesanet, 30 de noviembre de 2014).

Citando a cientistas sociales, Defesanet asegura que grandes cambios fueron precedidos por alteraciones climáticas como la historia nos muestra en la Revolución Francesa, a la vez que asegura que São Paulo muestra que las convulsiones sociales son una constante en las grandes ciudades.

Pero uno de los hechos más sintomáticos que revela la publicación es que desde octubre del año pasado, cuando la sequía hacía temer cortes de agua, el gobierno estaba enviando militares para cursos con la SWAT (Special Weapons and Tactics), policía militar especializada en manifestaciones en Estados Unidos. Y agrega que existe la posibilidad “de grandes flujos migratorios hacia regiones donde aún existe agua (…) lo que llevaría al agotamiento de los recursos naturales, con gravísimos conflictos sobre el agua y la tierra, incluyendo la propiedad privada” (Defesanet, 27 de mayo de 2015).

Finalmente, la revista alerta que la crisis hídrica puede provocar insurrecciones, levantamientos sociales graves y hasta revoluciones armadas que podrían extenderse a todo el estado de São Paulo y a estados vecinos como Río de Janeiro y Minas Gerais, donde viven 100 millones de personas.

Hasta ahí el relato periodístico sobre el pensamiento de los militares y de la burocracia estatal. Sólo cabe agregar que en plena crisis, Sabesp difundió una lista de 537 clientes privilegiados que pagan menos cuanto más agua consumen (industrias, shoppings, redes como Mc Donald’s), que en su conjunto consumen 3 por ciento del agua de la ciudad y tienen descuentos de 75 por ciento. Ellos consumen el equivalente al agua utilizada por 115 mil familias y fueron los mayores responsables por el aumento de 5.4 por ciento del consumo anual de agua (El País, 10 de marzo de 2015).

Lo anterior muestra dos cuestiones. Una, que ellos están preparados para una situación muy grave, que tienen previstas acciones militares y políticas para salir adelante en medio de un caos tremendo como sería la falta de agua.

Dos, que el acceso al agua es insultantemente desigual: desde 2005 el agua disponible para grandes clientes aumentó 92 veces en São Paulo.

¿Qué vamos a hacer? Es la pregunta que nos formuló el subcomandante insurgente Moisés durante el semillero El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista. Es necesario que los movimientos tomen en serio este tipo de debates, en vez de plegarse a las agendas electorales, ya que es ahora cuando podemos hacer algo para cambiar el mundo.

Energía, caos sistémico y producción de lo común

El sentido comunal de la crítica al extractivismo

Emiliano Terán Mantovani

20/05/2015

Como los conquistadores del Far West americano, el capitalismo avanza hacia el desierto”.

José Natanson

Como si fueran equivalentes Estado, Gobierno y Administración. Como si el Estado fuera el mismo, como si tuviera las mismas funciones de hace 20, 40, 100 años. Como si el sistema fuera también el mismo y mismas las formas de sometimiento, de destrucción. O, para ponerlo en términos de la Sexta: las mismas formas de explotación, represión, discriminación y despojo. Como si allá arriba el Poder hubiera mantenido invariable su funcionamiento. Como si la hidra no hubiera regenerado sus múltiples cabezas.

Subcomandante Galeano (EZLN), abril 2015

Como lo han planteado recientemente los zapatistas, esos nubarrones en el horizonte, ¿significan que viene una lluvia pasajera o una tormenta? Los crecientes rasgos de caos sistémico que se desarrollan ante nuestros ojos, interpelan con fuerza, una y otra vez, el sentido de los debates políticos sobre transformaciones y resistencias a la incesante expansión del capital; impactan sus dinámicas, crean constantemente encrucijadas, dilemas éticos; hacen que sean cada vez menos útiles algunos análisis centrados en los aspectos formales y regulares de los sistemas.

El movimiento salvaje del capital ha convertido al sistema capitalista contemporáneo en una especie de Frankenstein. Se trata en efecto, de un régimen de biopoder global muy asimétrico, pero que se despliega en un sistema de altísima complejidad e incertidumbre, con crecientes manifestaciones caóticas, de múltiples bifurcaciones, inestabilidades, fragmentaciones y volatilidades, sin precedentes en su historia; un proceso que recuerda también la metáfora de Marx en el Manifiesto Comunista, aún más pertinente para nuestros tiempos, del brujo que se vuelve impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró. Bajo los pies de todo el juego geopolítico actual, de la guerra mundial por los recursos, de todas las pugnas territoriales de poder que hoy se desarrollan, se reproduce un orden metabólico incontrolable, como lo ha planteado István Mészáros.

En este sentido, y con respecto a los sistemas extractivistas latinoamericanos, ¿qué impacto tendrá para éstos, sus pobladores, sus territorios, el desarrollo de esta crisis civilizatoria, en relación a los distintos niveles de vulnerabilidad de la región? ¿Cómo leer las mutaciones regresivas del «ciclo progresista» en los últimos años, a la luz de la dinámica de caos sistémico global? ¿Cómo se vincula esto, con los notables cambios en los órdenes metabólicos de nuestros países de la última década, que en diversos casos, como el venezolano, hace manifiesto los límites y el agotamiento de sus modelos de “desarrollo”?

De esta compleja coyuntura histórica, se desprenden también otra serie de preguntas fundamentales, ¿cuáles son pues, los horizontes positivos, programáticos, éticos, políticos de la crítica al extractivismo? ¿Hacia dónde apunta? ¿La crítica al extractivismo debería servir para apuntar al “desarrollo” de una “economía nacional” industrializada? ¿El centro de los objetivos es mejorar la producción, la productividad, y engordar el sector secundario? Ante las crecientes manifestaciones de caos sistémico, ¿hacia dónde se dirige la crítica?, ¿quiénes gestionan en los países o territorios de América Latina, las transformaciones y paliativos ante el agravamiento de la crisis global? ¿Qué podrán ser capaces de ofrecer los Estados extractivistas (periféricos) ante esta situación?

La “primavera” progresista, viva y movida en la década pasada en muchos países de la región, que avivó los debates sobre el neoextractivismo, se ve cada vez más lejos en el retrovisor, y es opacada por los nubarrones visibles en el horizonte. Las cosas van cambiando a un ritmo sostenido.

Los anhelados Estados de bienestar, parecen formas políticas coyunturales de un momento del desarrollo histórico capitalista, de una serie de condiciones, que no parecen poder repetirse en la actualidad. ¿Cómo se conjuga la soñada industrialización, con los límites de la expansión de los procesos de reproducción ampliada de capital, a escala planetaria?, ¿cómo queda el afán de “desarrollo nacional” ante el hipotético «fin de los ciclos Kondratieff»[1]?, ¿a cuánto tiempo, y en qué escalas geográficas va a ser posible planificar?, ¿cuál es nuestra capacidad para atenuar los notables grados de vulnerabilidad sistémica que posee la región, ante situaciones difíciles?, ¿qué formas van tomando las disputas territoriales y qué capacidad puede mantener el Estado para monopolizar su poder en territorio nacional? Y en este sentido, ¿qué papel político pueden jugar las diversas formas de extractivismo delincuencial[2] que operan en América Latina?

Ante semejantes amenazas, incluso a la propia posibilidad de vida humana en el planeta, el sentido ético-político de la crítica al extractivismo centra su mirada en la reproducción de la vida y sus ciclos, en el más amplio sentido de la palabra ―no solo vida humana―. Se trata de una moneda con sus dos caras: una que busca desnudar al extractivismo mostrando sus límites y consecuencias, poniendo en evidencia sus narrativas y aspectos programáticos, y la falsa idea de que “no hay alternativas”; la otra, intenta visibilizar que no hay fórmula post-extractivista que valga, por más deslumbrante que sea la promesa, si se niega a reconocer la soberanía popular-territorial, si se rehúsa a privilegiar la riqueza ontológica de la vida, los procesos ecológicos de producción de valor. En este sentido, el proyecto ético-político que constituye la crítica al extractivismo, se centran en la defensa y reproducción de los comunes, de lo común.

Caos sistémico y territorios en resistencia: la biopolítica de los comunes

El desafío a los capitalismos extractivos, al ser éstos órdenes metabólicos transterritoriales[3], son no solo horizontes políticos del campo rural, campesino o indígena, sino también urbano. El ámbito y la producción de los comunes, claramente diferente del ámbito histórico de lo público y lo privado, no solo se define a partir de la acción colectiva, constitución de comunidad, y/o tejidos cooperativos (estables o no) entre sujetos, sino en la manera sinérgica y armónica en la cual interactúan con sus ecosistemas para reproducir la vida inmediata. Los bienes comunes, la riqueza común del mundo material e inmaterial (agua, biodiversidad, saberes, etc.), son comunizados en la gestión social colectiva, mediante acuerdos intersubjetivos para garantizar la subsistencia, sin agredir a cualquier otra experiencia de comunes. Es en este sentido, que hablamos de un concepto biopolítico de lo común: los bienes para la vida son componentes de un ecosistema, al igual que los humanos y las interacciones sociales. Se trata de un concepto ecológico cualitativo[4] para la reproducción de la vida.

Esta noción potenciadora de la crítica al extractivismo tiene importantes implicaciones políticas que es necesario resaltar. En primer lugar, ante escenarios de caos sistémico, de gran complejidad y alta incertidumbre, en los cuales los entornos pueden cambiar rápidamente (en términos políticos, sociales, climáticos, etc.), el principio de orden es la comunidad y lo comunitario. Si los sistemas se caotizan, son las fuerzas sociales territoriales las que tienen principalmente el alcance y la capacidad de resistir y/o transformar las múltiples perturbaciones que afectan la reproducción de su vida cotidiana. Es en lo molecular donde lo común puede luchar contra los estragos del caos capitalista.

En segundo lugar, si el capital penetra todos los espacios y ámbitos de la vida humana ―por esta razón es un sistema “totalitario” para Mészáros―, esto implica que en primera instancia, es en ellos donde las formas de lo común no sólo producen sus resistencias territoriales, sino también germinan las formas futuras del cambio histórico en desarrollo. Mientras que las corrientes hegemónicas de la política en América Latina acotan todo el discurso en plantear cuál es el mejor balance entre Estado y Mercado, los comunes, con su diversidad de potencialidades y situaciones, trazan sus propios libretos e intentan defender y ejercer su soberanía territorial, y conformar mejores balanzas de poder con los gobiernos instituidos, sobre la premisa de un mandar obedeciendo o un «poder obediencial» (E. Dussel); esto tanto en los ámbitos rurales o semi-rurales (por ejemplo, las resistencias actuales contra el proyecto minero Tía María, Arequipa, Perú), como en los urbanos (por ejemplo, la Asamblea Ciudadana en defensa del parque Alberdi en Santa Fe, Argentina, o los campamentos de pioneros en Caracas, Venezuela). En todos los casos, el horizonte anti y post-extractivista desde lo común, recentra la producción de lo político en la vida inmediata colectiva de los y las pobladoras, sin que eso implique el abandono de ámbitos más amplios de disputa política, de escalas biorregionales, nacionales, continentales o globales.

En tercer lugar, una noción biopolítica de lo común resalta el carácter biocéntrico de su proyecto emancipatorio –biocéntrico por estar centrado en la Vida, en el más amplio sentido de la palabra (no solo vida humana), sin por esto borrar al ser humano–. Esta idea invita a preguntarse, ¿dónde está la riqueza?, ¿dónde está la energía?, ¿dónde se produce el valor?

La lógica de expansión geográfica, de crecimiento geométrico y fractal del sistema capitalista, no se da sólo en la superficie del campo social, ni únicamente por medio de la intervención del trabajo vivo humano, como se ha planteado generalmente desde las teorías antropocéntricas del valor; sino se desarrolla fundamentalmente a partir de la búsqueda permanente de dominación de la propia reproducción de la Vida y sus ciclos. A parte de la dominación sobre el trabajo vivo humano, la captura energética que produce el movimiento del capital y sus circuitos de acumulación se obtiene también de la producción de vida de los demás componentes de un ecosistema. Incluso el trabajo vivo humano se alimenta de éstos. Es imposible abstraer el plusvalor de la vida ecológica.

Estas omisiones son reflejo de la concepción de la economía humana como un meta-sistema, en vez de considerarlo como continuación del proceso reproductivo de la Vida. La centralidad del trabajo humano objetivado, ha dejado de lado otros productos no humanos constitutivos de la vida social –no solo los residuos, sino los diversos procesos de transformación de energía que alimentan a otros componentes–, los cuales se subsumen al primero.

El sistema capitalista pues, antes que un orden metabólico “social”, es primero un orden metabólico territorial. Produce sus propios ecosistemas, en los cuales instituye, de manera simultánea, formas de dominación sobre los humanos y sobre la naturaleza. Aliena la riqueza ontológica de la vida[5] para hegemonizar la forma dinero.

Hay una relación muy estrecha (pero invisibilizada, o muy poco atendida) entre energía y valor –valor definido ahora, en su amplio sentido ecológico–. Las omisiones tradicionales sobre dónde está la energía, la riqueza, o dónde se produce el valor, no solo están muy vinculadas con las causas de la crisis ecológica global, sino que la visibilización de estas formas bio-económicas, tiene relación con las posibilidades de potenciar formas de autonomía material para pueblos, en la medida en la que se recuperan, rescatan o expanden formas de producción, aprovechamiento y uso de energías de escalas moleculares, descentralizadas, provenientes de la riqueza propia de los ecosistemas que constituyen la vida social.

La energía pues, no está solo en los macro-procesos energéticos –aunque estos son los hegemónicos–, no sólo es la que aparece reflejada en las estadísticas de los informes de la Agencia Internacional de Energía (AIE), de la OPEP, de la BP, o de los ministerios de energía de nuestros países. Hay múltiples procesos moleculares de producción de energía en numerosas formas de la vida cotidiana, muchas de las cuales están íntimamente vinculadas con diversas formas de resistencia (directas o indirectas) a la dominación capitalista, con tramas comunales y cooperativas, y/o con prácticas ecologistas que buscan revertir los procesos depredadores del sistema moderno.

En este sentido, podemos hablar de energías insurgentes o disidentes, en la medida en la que su producción biopolítica crea y posibilita prácticas sociales más allá del capital[6]. Son una especie de lógicas populares de «permacultura» que, con variados alcances, ofrecen vías para la producción de lo común, y referentes materiales para enfrentar las consecuencias de la crisis civilizatoria y el caos global.

Cinco principios de la biopolítica de los comunes

A partir de lo antes expuesto, proponemos cinco principios fundamentales en relación a energía, caos sistémico y producción de lo común:

  1. Tenemos que apropiarnos de nuevas escalas de valor y nuevos conceptos de riqueza: nuevos parámetros en la representación del valor, que tengan un carácter biocéntrico, que permitan no sólo desmantelar el aparato argumental que justifica al extractivismo, sino reformular nuestros patrones de vida cotidiana, nuestros horizontes políticos, nuestros procesos de producción de subjetividad, y nuestras capacidades materiales de autogestión, en la medida en la que desarrollamos nuevas relaciones ecosistémicas, que sean ecológicamente productivas, y que se potencian a partir de la gestión cooperativa.
  1. Comunismo resiliente: la producción de lo común es imperiosa ante el caos sistémico. Junto con la conciencia de la crisis civilizatoria, y de sus posibles consecuencias socioterritoriales, está el concepto de resiliencia, que nos remite a la capacidad de una comunidad/ecosistema, de soportar y recuperarse ante perturbaciones significativas del mismo. En este sentido, es fundamental recuperar los procesos que hacen posible la reproducción de la vida social y mantenerlos cerca de nuestros territorios, como lo propone Rob Hopkins[7]. Difícilmente se puedan pensar procesos de transformación y resistencias sociales más allá del concepto de resiliencia.
  1. Otras soberanías: comunizar, ocupar y reapropiar: reconocer que los ecosistemas básicamente funcionan de manera cooperativa y no jerarquizada, y que los bienes comunes para la vida no pertenecen exclusivamente a nadie, no basta para producir lo común. El tipo de relación y gestión común que se produce entre los sujetos, y su relación con los ecosistemas debe ser ejercido. De esta forma, si se trata de un open source, de una empresa de propiedad mixta, de una okupa, o de una comuna venezolana legalizada por el Estado socialista, es secundario. No interesan primordialmente los aspectos formales o nominales de estas gestiones, sino la potencialidad política popular de ejercer la soberanía y lo común sobre el territorio y los bienes para la vida, sea por vías de acción directa o bien por negociaciones vistas desde el «poder obediencial».
  1. Comunizar a partir de la reproducción de la vida: como lo ha reconocido Silvia Federici, la centralidad de la política y la economía, ha girado en torno al campo de los medios de producción, dejando de lado lo que ha denominado los «medios de reproducción de la vida», un campo que no sólo ha sido llevado fundamentalmente por la mujer, sino que también ha sido el ámbito de la vida social donde suelen reproducirse las formas de lo común[8]. Es por tanto esencial, recuperar la reproducción de la vida como elemento central de la política.
  1. Las diversas tradiciones de lucha, las diversas formas de lo común: cada territorio, cada nación, tiene tejidos y formas cooperativas y comunitarias diversas, con cosmovisiones, parámetros y complexiones diferentes. Pueden tener viejas tradiciones ancestrales o ser más contemporáneas y fragmentadas como los grandes ámbitos urbanos. Son estas las características ecosistémicas que definen cada una de estas luchas, sus puntos de partida, y no así lo es un libreto pre-establecido, aunque es importante compartir algunos horizontes ético-políticos de lucha. Hemos insistido, por ejemplo, para el caso venezolano, que la subjetividad contrahegemónica más potente y masiva de la historia del capitalismo rentístico es el «chavismo», y que esta es una fuerza que se constituye ontológicamente de abajo hacia arriba, aunque esto haya sido presentado generalmente al revés[9], y aunque diversas tramas corporativas intenten capturar su potencia popular-insurgente. Como lo han reconocido Negri y Hardt, “uno de los escenarios decisivos de la acción política hoy implica la lucha en torno al control o la autonomía de la producción de subjetividad[10]. Cada experiencia de producción de lo común, se enfrenta no sólo a la conflictividad geopolítica, a la crisis civilizatoria, sino también a la micropolítica de agresión sobre estos procesos contrahegemónicos de subjetividad, de corporalidad, de creación de nuevos sentidos comunes. He ahí uno de los grandes desafíos para estos procesos de transformación, en todas sus escalas, que se vive con enorme intensidad en la Revolución Bolivariana.

Caracas, mayo de 2015

  • Emiliano Teran Mantovani es sociólogo e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG).

Referencias bibliográficas

- BEINSTEIN, Jorge. Esperando inútilmente al quinto Kondratieff. Agencia Latinoamericana de información. 11/03/2009. Disponible en: http://www.alainet.org/es/active/29366. Consultado: [17/05/2015].

- FEDERICI, Silvia. “Feminism and the politics of the commons”, en: Bollier, David. Helfrich, Silke.The wealth of the commons: a world beyond market & state. David Bollier, Silke Helfrich and Heinrich Böll Foundation. Massachusetts, USA. 2012.

- HARDT, Michael. Negri, Antonio. Commonwealth. Ediciones Akal. Madrid 2011.

- HOPKINS, Rob. “Resilience thinking”, en: Bollier, David. Helfrich, Silke.The wealth of the commons: a world beyond market & state. David Bollier, Silke Helfrich and Heinrich Böll Foundation. Massachusetts, USA. 2012.

- LOHMANN, Larry. Hildyard, Nicholas. Energy, Work and Finance. The Corner House. March 2014. Disponible en: http://www.thecornerhouse.org.uk/sites/thecornerhouse.org.uk/files/EnergyWorkFinance%20%282.57MB%29.pdf. Consultado: [17/05/2015].

- MATTEI, Ugo. “First thoughts for a phenomenology of the commons”, en: Bollier, David. Helfrich, Silke.The wealth of the commons: a world beyond market & state. David Bollier, Silke Helfrich and Heinrich Böll Foundation. Massachusetts, USA. 2012.

- TERAN Mantovani, Emiliano. Extractivismo delincuencial y la metástasis del capitalismo rentístico venezolano. Rebelión. 05-02-2015. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195084. Consultado: [17/05/2015].

- TERAN Mantovani, Emiliano.Las espirales del debate sobre extractivismo y los nuevos tiempos. Rebelión. 09-09-2014. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=189388. Consultado: [09/09/2014].

- TERAN Mantovani, Emiliano.Desnudar al extractivismo: repensar el origen y destino de la riqueza. Rebelión. 14-11-2014. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=191979. Consultado: [17/05/2015].

- TERAN Mantovani, Emiliano.Re-ocupar el chavismo. Rebelión. 01-07-2014. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=186718 . Consultado: [17/05/2015].



[1] Sobre esto véase: BEINSTEIN, Jorge. Esperando inútilmente al quinto Kondratieff.

[2] Cfr. TERAN Mantovani, Emiliano. Extractivismo delincuencial y la metástasis del capitalismo rentístico venezolano.

[3] Cfr. TERAN Mantovani, Emiliano.Las espirales del debate sobre extractivismo y los nuevos tiempos.

[4] MATTEI, Ugo. “First thoughts for a phenomenology of the commons”. p.42

[5] Cfr. TERAN Mantovani, Emiliano.Desnudar al extractivismo: repensar el origen y destino de la riqueza.

[6] Para Larry Lohmman, existe una Energía con E mayúscula, vinculada a la termodinámica, y una serie de otras energías (con e minúscula) que están alrededor de nosotros, están ligadas a la sobrevivencia, son no-termodinámicas, y aunque coexisten con la Energía, sin embargo, están opuestas a ella. Sobre esto véase: LOHMANN, Larry. Hildyard, Nicholas. Energy, Work and Finance.

[7] HOPKINS, Rob. “Resilience thinking”. p.20

[8] Cfr. FEDERICI, Silvia. “Feminism and the politics of the commons”.

[9] Cfr. TERAN Mantovani, Emiliano.Re-ocupar el chavismo.

[10] HARDT, Michael. Negri, Antonio. Commonwealth. p.12

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La democracia comienza en los territorios

Víctor M. Toledo (May.12/2915)

El mundo moderno está en crisis y es necesario reinventarlo. Para salir del túnel, es necesaria una transformación profunda, una mutación civilizatoria. Pero como afirmó A. Einstein, no podemos crear un nuevo orden utilizando el mismo modo de pensamiento con el que fue construido el que deseamos remplazar. E. Leff, por su parte, insiste en que la crisis es antes que todo una crisis del conocimiento, y B. de Sousa Santos afirma que la comprensión del mundo excede en mucho a la comprensión europea del mundo (ver), que es como decir la comprensión científica normal de la realidad.

Ubicados en una nueva perspectiva, podemos pasar a mirar las vías de las que disponemos para transformar la sociedad. Es lugar común pensar y creer que sólo disponemos de dos maneras de cambiar los modos societarios: por tiros o por votos. La vía violenta o la vía electoral. Revolución o democracia. Hoy, la vía de la violencia para transformar ha alcanzado quizás su máximo nivel de inviabilidad en la historia. Frente al gigantesco poder técnico militar de las élites, cualquier revolución no solamente es contenida y aniquilada, sino algo peor. Como si fuera el divertimento de un gato con su ratón, las revoluciones sirven para poner a prueba todo el caudal de nuevas armas altamente sofisticadas que día con día se producen. Sólo las 10 principales corporaciones que fabrican armas en el mundo facturan anualmente miles de millones de dólares y crean cientos de nuevos instrumentos de destrucción creadas por miles de científicos e ingenieros (ver los anuarios del Instituto de Investigación de la Paz de Estocolmo, Sipri). Hoy se puede derrotar una revolución de manera quirúrgica y a distancia, haciendo uso de instrumentos novedosos como la tecnología satelital, las armas biológicas y químicas, la geomática, la robótica y los aviones no tripulados ( drones). Los revolucionarios se han vuelto conejillos para experimentar las nuevas armas diseñadas con tecnologías de punta, a partir de la llamada teoría de la guerra de cuarta generación.

Por su parte la vía electoral se ha ido convirtiendo, lenta e inexorablemente, en un mecanismo inútil, en un espec­táculo inservible, en una vía de legitimación del orden actual. En este caso los partidos políticos y los gobiernos del mundo han sido cooptados por el capital corporativo y la política institucional ha quedado al servicio de los intereses mercantiles. La lista de casos de corrupción política y corporativa es descomunal. El desprestigio y descrédito de la democracia electoral o representativa es de tal magnitud, que es urgente y necesario sustituirla por formas directas, participativas y de pequeña escala. Ello supone una reconceptualización de la idea dominante de democracia y una re-formulación jurídica, para crear nuevos mecanismos, fórmulas e instituciones de un nuevo modelo de gobernanza.

¿Indica todo esto que la crítica situación que vivimos y sufrimos es inevitable? ¿Estamos ante un congelamiento del cambio social? ¿Nos dirigimos acaso hacia una sociedad totalitaria de escala global, bajo la piel de la democracia? ¿O algo peor, estamos siendo conducidos al colapso y el fin de la especie? Como he estado insistiendo, sostenemos la tesis de que existe ya, que se está construyendo, en ciertos entramados sociales del mundo una tercera opción, que de manera sigilosa, con pies de paloma (Nietzsche) y en silencio, se ha ido extendiendo y multiplicando. Se trata de un proceso doble de emancipación, ecológica y social, que tiene lugar en territorios pequeños pero concretos, donde se pone en práctica una democracia de alta intensidad. Este fenómeno que frente a la desilusión y el desaliento que generan las múltiples crisis ha pasado inadvertido, contiene atributos, valores y fortalezas de enorme importancia y se encuentra más extendido, consolidado y reproducido de lo que parece. Orgánico, surge arropado de principios y valores como la cooperación, la pequeña escala, los acuerdos colectivos y cara a cara, la elección directa, la organización en redes, la comunicación recíproca, y especialmente en franca sintonía con las fuerzas de la naturaleza, a la que se considera la principal aliada. Se trata de una forma inédita de cambio social, que se construye paso a paso en comunidades, regiones, municipios, barrios de ciudades, y aún en edificios. Ahí los individuos y las familias descubren que existe el poder social o ciudadano. Está tercera opción es una respuesta orgánica de mera supervivencia que los ciudadanos construyen desde abajo. Ya no es la democracia, sino una nueva demoelefthería (libertad ciudadana) (ver Alonso-Reynoso, C. y J. Alonso-Sánchez, 2015, Universidad de Guadalajara).

México es un fascinante laboratorio de todo lo anterior. En el país llevamos al menos tres décadas ensayando esta vía. Quienes abrieron el camino fueron sin duda los pueblos indígenas de Chiapas con sus caracoles neozapatistas, además de las experiencias agroecológicas en al menos otras 12 regiones (lo que he llamado el otro zapatismo). Hoy en esa tesitura están (en plena tensión con el sistema) las policías comunitarias de Guerrero, las autodefensas de Michoacán y nuevos enclaves en resistencia, como el municipio de Cuetzalan y otras 80 comunidades de Puebla, decenas de ejidos y comunidades en Morelos, la Sierra Norte y el Istmo en Oaxaca, Cherán y las comunidades que les siguen en Michoacán, el DF rural, y varias regiones de Tlaxcala y las Huastecas. Conforme las experiencias regionales se vayan consolidando y luego concatenando, los territorios liberados irán gradualmente incrementándose. Y este proceso antisistémico irá creando (ya lo hace) nuevas maneras de producir, circular y consumir, y de crear seguridad, paz, educación y cultura. En México habrá sorpresas.

“El centro del problema no es el neoliberalismo, es el capitalismo”

-Entrevista a Pablo Dávalos-

Asesor de la Conaie, la organización indígena más grande del Ecuador, miembro de Clacso y profesor universitario, Pablo Dávalos advierte sobre el “neoinstitucionalismo”, la continuación, dice, del neoliberalismo por otros medios. Las políticas extractivistas en América latina y el significado del sumak kawsay, la filosofía originaria del “buen vivir”, que en Ecuador está incorporada a la Constitución.

PorVerónica Gago y Diego Sztulwark

Una de las paradojas más visibles en Ecuador es que a la vez que es una economía dolarizada, tiene la legislación más avanzada sobre “el buen vivir”. ¿Cómo conviven esas dos realidades? ¿Qué materialidad tiene, más allá del texto constitucional, la cuestión del buen vivir?

Nosotros utilizamos el dólar para todas las transacciones, no tenemos moneda nacional. La pérdida de la moneda nacional se dio en la crisis financiera que tuvimos en 1999 y 2000. En esa crisis, los bancos implosionaron, produjeron una grave situación de conmoción y el gobierno de ese entonces optó por rescatarlos con recursos públicos, entre ellos, la moneda nacional. Las consecuencias fueron una devaluación y una inflación sin precedentes en el Ecuador que determinaron el fin de la moneda nacional y la adopción del dólar. Los dólares entonces tienen que venir necesariamente por la vía del comercio exterior. Eso ha obligado a que la economía ecuatoriana sea muy abierta con relación a los mercados mundiales. Al estar muy abiertos, somos muy vulnerables. El esquema de dolarización se ha sostenido, básicamente, por las remesas que envían los migrantes. En el año 2006, esas remesas alcanzaron un punto de 3000 millones de dólares, que para una economía tan pequeña como la ecuatoriana es muy significativo. Y, además, por la coyuntura de los altos precios del petróleo: en el año 2008, cada barril de petróleo se incrementó por sobre los 100 dólares, que para una economía que exporta petróleo como la ecuatoriana es también muy significativo.

Es decir que la dolarización se sostiene por ingresos externos...

Estas dos fuentes, el petróleo y las remesas, han sostenido la dolarización hasta el día de hoy, lo que ha significado que la economía ecuatoriana se convierta en una economía de rentistas, de consumo, en la que no hay producción. Eso también se puede visualizar en el hecho de que el desempleo –el abierto y el encubierto (es decir el subempleo)– alcanzan al 60 por ciento de la población económicamente activa de Ecuador. Es decir, cada 100 ecuatorianos en capacidad de trabajar apenas 40 ecuatorianos tienen empleo formal. El resto no tiene empleo y tiene que buscar estrategias de sobrevivencia. La dolarización ha trastrocado también el sistema de precios. En este momento, nuestra canasta familiar está sobre los 550 dólares, mientras que el salario mínimo vital está en 240 dólares. La poca industria nacional que queda es más bien complementaria a las importaciones. Esto también ha significado que el poder de los bancos se vaya concentrando cada vez más, porque son los que determinan a quiénes entregan créditos para la dolarización, y en función de esa capacidad de arbitraje se le otorga un enorme poder al sistema financiero.

¿Qué se plantea desde el gobierno actual frente a esta situación?

El gobierno necesita dólares y tiene que apostar a garantizar su mayor entrada. Pero como no hay industria, la única forma por la cual esos dólares ingresan es por la vía del endeudamiento y por la vía de la renta de los recursos naturales. No existen otras fuentes. Por un lado, el gobierno ha empezado un agresivo proceso de endeudamiento, sobre todo con China. En los últimos meses del año 2010 ha suscrito convenios bilaterales con China por cerca de 5 mil millones de dólares y ha entregado el petróleo como garantía de pago de esa deuda. Y la otra apuesta del gobierno de Rafael Correa está en ingresar a la extracción de recursos naturales, en especial la minería y los servicios ambientales.

¿Qué tipo de propuesta surge de los movimientos sociales?

Ante eso, los movimientos sociales, y en especial el movimiento indígena, han propuesto un nuevo paradigma de vivencia y convivencia que no se asienta ni en el desarrollo, ni en la noción de crecimiento, sino en nociones diferentes como la convivialidad, el respeto a la naturaleza, la solidaridad, la reciprocidad, la complementariedad. Este nuevo paradigma o esta nueva cosmovisión es denominada como la teoría de sumak kawsay o el “buen vivir” y efectivamente ha sido recogida en la Constitución ecuatoriana como régimen alternativo de desarrollo.

¿Podría definir los puntos centrales de su carácter alternativo?

En primer lugar, hay que romper las individualidades estratégicas, porque en el capitalismo uno piensa primero en sí mismo, uno dice “primero yo, yo soy ciudadano, yo soy consumidor, yo maximizo mis propios beneficios y utilidades”. La noción de sumak kawsay plantea una solidaridad de los seres humanos consigo mismos, que ha sido rota por el discurso del liberalismo. Pero, a diferencia del discurso del socialismo –que planteaba una relación con una sociedad más grande, y de esta sociedad con el Estado–, en el discurso del sumak kawsay la relación del individuo ya no es con el Estado sino con su sociedad más inmediata, con su comunidad, de donde los seres humanos tienen sus referentes más cercanos. Y esta sociedad a su vez se relaciona con otras sociedades más grandes de tal manera que las estructuras de poder se construyen de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. Lo segundo que plantea el sumak kawsay es quitarnos de la cabeza la noción de que más es preferible a menos. Es decir, de que siempre tenemos que producir y tener más según reza el paradigma del desarrollo, del crecimiento, de la acumulación. Y a no ver en los objetos la ontología de los seres humanos.

Eso supone casi un cambio radical en los modos de vida...

Por eso lo tercero tiene que ver con la dimensión del tiempo. Nosotros creemos que el tiempo es lineal y, por tanto, creemos en la acumulación. La estructura del tiempo que en este momento pertenece al capital. El sumak kawsay plantea devolverle a la sociedad el tiempo: una noción de temporalidad donde el tiempo pueda ser circular abierto. Un cuarto elemento es conferirle un sentido ético a la convivencia humana. Para el liberalismo puede haber democracia política pero no puede haber democracia económica, por eso la formación de utilidades de las empresas y de los consumidores no tiene absolutamente nada que ver con la ética. El sumak kawsay propone un cambio en ese sentido: ya no puedo enmascarar decisiones sociales en nombre de un consumo individual. Y eso significa que los recursos que han sido producidos por la explotación laboral o la depredación ambiental ya no pueden ser objetos del intercambio social. Hemos ahora logrado cierta legislación, por ejemplo para defendernos de la esclavitud o del trabajo infantil. Pero tenemos que avanzar más allá.

Cuando se habla de alternativa en el Cono Sur, generalmente se postula al neodesarrollismo contra el neoliberalismo. ¿Cuáles serían los rasgos alternativos a esta vía neodesarrollista que hoy es la que tiene un consenso relativo en la región?

El centro del problema no es el neoliberalismo. El centro del problema es el capitalismo. El neoliberalismo es una forma que asume el capitalismo, una forma concentrada en el poder que tienen las corporaciones y el capital financiero-especulativo. El capitalismo puede crear nuevas formas ideológicas, políticas, simbólicas, y un modo de reinventarse y lograr legitimidad a través de estas formas que ni siquiera son keynesianas, sino neodesarrollistas. Y fundamentalmente implican pensar que si nosotros explotamos la naturaleza vamos a tener recursos para hacer obra social. Eso es un engaño; como fue aquello que se decía en la época del neoliberalismo: que si privatizábamos absolutamente todo, íbamos a tener estabilidad económica. Finalmente, nunca tuvimos estabilidad económica. Igual ahora: si explotamos todos los recursos de la naturaleza, tampoco vamos a tener recursos para el sector social, ni tampoco recursos para el pleno empleo.

¿Usted advierte sobre la capacidad del neoliberalismo para reinventarse?

Estamos viendo cómo América latina entra en un proceso de reconversión caracterizado por la desindustrialización y la producción básicamente de commodities basadas en materias primas, donde los gobiernos utilizan el monopolio legítimo de la violencia para garantizar el despojo territorial, que significa la propiedad de pueblos ancestrales, para poner esos recursos naturales a circular en la órbita del capital. El neoliberalismo, a través del Consenso de Washington y las políticas del FMI y del Banco Mundial, adecuaron las economías en función de las necesidades del sistema-mundo, pero eso no significa que el neoliberalismo haya alcanzado las metas de estabilidad macroeconómica, ni mucho menos. Ahora estamos pasando a una nueva dinámica sustentada en la producción y en la renta de materias primas. Hay que estar atentos a los discursos que quieren justificar estas derivas extractivistas. El sistema que llamamos capitalismo tiene que ser cambiado, con las relaciones de poder que lo atraviesan, con los imaginarios que lo constituyen. El capitalismo tiene que ir al archivo de la historia de la humanidad, porque si sigue simplemente va a poner en riesgo a la vida humana sobre el planeta Tierra.

Desde su perspectiva, el neodesarrollismo es compatible con el liberalismo. ¿Tiene esto que ver con cierto giro en las “recetas” de los organismos internacionales como el Banco Mundial?

Es una pregunta muy pertinente, y pongo un ejemplo clarísimo. En América latina, ¿dónde han visto algún debate, algún texto, que critique al neoinstitucionalismo económico? Pero resulta que el neoinstitucionalismo económico es la doctrina, es el corpus teórico-analítico-epistemológico que está conduciendo las transformaciones y el cambio institucional de América latina y el mundo. Los penúltimos Premios Nobel de Economía, Elinor Ostrom y Oliver Williamson, son Premios Nobel institucionalistas. Joseph Stiglitz, a quien seguramente conocen bien en la Argentina, es un Premio Nobel institucionalista. También Douglas North de 1993 o Gary Becker de 1992. El institucionalismo plantea un discurso crítico a los mercados. Hay un texto de Stiglitz que se llama “El malestar en la globalización” publicado a inicios de 2000, donde se convierte en el más duro crítico del FMI y lo acusa de cosas que nosotros desde la izquierda lo habíamos acusado ya en la década del ’80. ¡Pero resulta que entonces Stiglitz era presidente del Banco Mundial! Es decir, trabajaba en Washington en la oficina de enfrente a la del FMI. Esto se explica porque tienes al Banco Mundial realizando estudios a propósito de la reactivación del Estado; hay uno de 1997 que se llama “Reconstruyendo el Estado”, en el que plantea la forma por la cual tienes que reconstruir el Estado y la institucionalidad pública. Pero también recomienda la participación ciudadana, la democracia directa, el respeto a la naturaleza, la eliminación de la flexibilización laboral, etc. Entonces, una de dos: o el Banco Mundial se hizo de izquierda, o la izquierda se hizo del Banco Mundial.

¿Cuál es su respuesta?

Es necesario empezar a indagar y a posicionar los debates económicos. Porque en la década de los ’80 teníamos en claro lo que significaba el Consenso de Washington y el neoliberalismo. En la versión de Friedman, de Hayek, de Von Mises o de los neoliberales criollos, como Cavallo. Ahora bien, resulta que el neoliberalismo va cambiando, va mutando; el capitalismo de 2000 no es el capitalismo de 1990, en absoluto. Por eso es que ahora acude a otros expedientes teóricos mucho más complejos, con una episteme más interdisciplinaria. ¿Y qué hacemos nosotros en la izquierda? ¡Nos quedamos criticando el Consenso de Washington cuando el Consenso de Washington ya ha sido criticado por el mismo FMI e incluso por el Banco Mundial! Y resulta que ahora, en la década del 2010 vemos cómo los cambios teóricos se dan hacia el neoinstitucionalismo y la izquierda latinoamericana no han creado su oportunidad de debatir, analizar y discutir con el neoinstitucionalismo económico. No podemos quedarnos en los marcos epistemológicos que justifican la nueva imposición neoliberal. Por eso, nosotros hablamos de postneoliberalismo, aquí en el Ecuador, para referirnos a la etapa del cambio institucional.

(Entrevista publicada en el matutino argentino Página 12: Ab.11/2011)

Implosión del capitalismo y pensamiento alternativo latinoamericano

René Báez

ALAI: 15/05/2013

Estas notas de corte bibliográfico buscan identificar de manera impresionista los elementos que vertebran el ascenso y la decadencia de la modernidad, así como las premisas a partir de las cuales ha venido configurándose un discurso y una práctica contestatarios.

Antecedente necesario

La preocupación por el devenir de las sociedades humanas tiene lejanos referentes en el pensamiento occidental y ha girado alrededor de los conceptos de evolución y decadencia.

En efecto, la idea de evolución aparece ya entre los clásicos grecolatinos. Pensadores como Hesíodo, Homero y Séneca indagaron sobre el desenvolvimiento de las colectividades, únicamente que lo hicieron desde una hipótesis de proceso regresivo (“la degeneración del oro hasta el hierro”); en esta concepción, cabe subrayar, los tiempos dorados siempre estuvieron atrás.

Durantela Edad Mediase abre un paréntesis en la percepción secular y regresiva del proceso social y tal enfoque es reemplazado por una comprensión escatológica provista porla Iglesia Católica, cuyo objetivo mayor no era otro que fusionar el pensamiento griego, especialmente el de Aristóteles, con la doctrina cristiana. Más que explicar los fenómenos sociales concretos, la preocupación de la escolástica se orientó a la formulación de normas absolutas de conducta enraizadas en preceptos religiosos.

Para la escolástica, la actividad económicas carecía de importancia puesto que el mundo presente era concebido como la preparación para un futuro extraterrenal;y, en tanto se la consideraba únicamente como una faceta del quehacer de los seres humanos, tenía que ser juzgada bajo normas de moralidad.

El fin del Medioevomarca el retorno del enfoque secular para la explicación del desenvolvimiento social. El principal expositor de la nueva corriente fue el italiano Juan Bautista Vico (1668-1743), quien planteó la hipótesis de una evolución cíclica de los conglomerados humanos (corsi e ricorsi), proceso ondulatorio que además obedecería a múltiples determinaciones.Esta prometedora concepcióndel funcionamiento de las

colectividades resultó eclipsada porla Reforma Protestanteque, al admitir la moralidad del lucro, contribuyó decididamente a consolidar el discurso y las prácticas delos Tiempos Modernos. No se tiene que olvidar que hasta entonces la usura, ateniéndose al discurso aristotélico, había sido proscrita porel papado.

La apoteosis de la modernidad

Las revoluciones burguesas, al institucionalizar los postulados políticos republicanos y los principios económicos del naciente capitalismo (propiedad privada, libertad de comercio y navegación, salarios y precios monetarios, mercado) e incorporar progresivamente la razón instrumental -dinero y ciencia positiva (experimental)- al proceso productivo llegaron a pensar que habían descubierto la llave para el avance lineal e ilimitado de los distintos países y sociedades; es decir, el santo y seña de la Modernidad, el Progreso y el Crecimiento (las mayúsculas son intencionales).

Tanto la economía liberal clásica como la neoclásica racionalizarán esa macrovisión del mundo y del hombre,y, ulteriormente, con los aportes anticíclicos del keynesianismo (ya en la primera mitad del siglo pasado)remozaránel discurso salvacionista de Occidente, un discurso tanto más atractivo cuanto que se creyó permitiría la recuperación del Paraíso para la vida terrenal.

Pertrechadas con los poderosos y amorales instrumentos de la razón instrumental, las metrópolis protocapitalistas y capitalistas no se dieronabasto en laconquista material y“espiritual” del globo, asistidas invariablementepor sectores dominantes-dominados del Sur del planeta.

A nivel ideológico y cultural, desdeel Siglo dela Ilustración yhasta los tiempos que corren, el objetivo medular del discurso dominante no ha sido otro que persuadir a los pueblos colonizados, semicolonizados o neocolonizados que si se dejan guiar por las prédicas del dinero (la “ramera universal” que dijera Shakespeare) y la tecnología metropolitana (“esa entelequia ajena los procesos fundamentales de la sociedad y la naturaleza”, C. Furtado),“ríos de leche y miel” desembocarían incluso en los lugares más remotos. En palabras de Roberto García,“la gran demagogia del paradigma (todavía) hegemónico ha consistido en sugerirles a las masas del Sur del planeta que mimetizando a las metrópolis del sistema podrían vivir como la población de aquéllas: el águila sugiriendo a la gallina que puede ser igual, con tal de sólo imitarla”. (“América Latina y el fin del socialismo”, 1991)

Este fundamentalismo económico –o más precisamente, economicista- comporta, por un lado, una auténtica religión (la religión monoteísta del mercado, conforme a R. Garaudy); y, por otro, en tanto ideología de la lumpengranburguesía mundial, ha venido evangelizandourbi et orbecon principios y prácticas tan temibles como la incorporación a la lógica del costo-beneficio de quehaceres tan ennoblecedores como la educación y la salud, la mercantilización de las relaciones afectivas de los seres humanos y la utilización sin medida de los recursos naturales, energéticos, bióticos y atmosféricos de la Tierra.

Obrando de este modo, no resulta casual que la modernidad, con el ariete de la razón instrumental, haya extremado la paradoja de ladeshumanización de la humanidad que discerniera Ernesto Sábato en su visionario ensayoHombres y engranajes(1951).

No se tiene que olvidar que el socialismo estatalista vigente durante buena parte del siglo XX en la Europa Central y Oriental no lograría escapar –en rigor, nisiquiera se lo propuso-a ese corolario materialista y amoral dela modernidad, diferenciándose de la praxis de las potencias occidentales únicamente en las formas institucionales de promover la dogmática de una modernización anclada en un rampante racionalismo que ha venido despojando a los seres humanos de atributos como los valores éticos, las emociones y las pasiones como fuentes de conocimiento y de conducta.

La financierización y la sobrecarga del planeta, o la sintomatología del derrumbe sistémico

Dos macro fenómenos evidencian el desplome de la civilización del capital en los albores del siglo XXI: la hiperfinancierización de la economía-mundo y la correlativa exacerbación de los problemas asociados al cambio climático.

Desglosemos el primero de ellos.

Por financierizaciónha de entenderse un proceso de crecimiento exponencial del capital ficticio. Maurice Allais, Nobel de Economía,estableció hace algunos años quelos movimientos internacionales de capital especulativo superaban en cuarenta veces a las liquidaciones originadas en las compras de bienes y servicios. ¿Cómo pudo edificarse semejante “pirámide de papel”?

La creación de capital ficticio, actualmente etiquetado como capital financiero, es una tendencia innata del régimen capitalista. Marx la explicó asociada a la alienación que provoca ese régimen productivo y que se traduce en que los hombres dejan de reconocerse en los objetos que producen, dando lugar a que el intercambio asuma formas fantasmagóricas. En la actualidad, ese “fetichismo de la mercancía” ha llegado a niveles surrealistas bajo comando de las corporaciones globales y los bancos de inversión, y cabalgando en el descomunal crecimiento de los mercados cambiarios, íntimamente relacionados con el mercado de los intereses. Conforme era de esperarse, la expansión de estos mercados, fuente de ingresos extraordinarios para el Gran Capital, ha dado origen a una variedad de “productos” financieros, también conocidos como “derivados” –futuros, swaps, opciones- y a la consiguiente expansión de las burbujas financieras.

Las consecuencias de esta hipertrofia financiera no pueden ser más irracionales, peligrosas y autodestructivas. Conforme a estadísticas recientes, unas 200 empresas transnacionales controlan la cuarta parte de la producción mundial siendo que emplean apenas al 0.25 por ciento de la mano de obra total.

¿Cómo puede reproducirse normalmente un régimen de producción que preconiza el consumo masivo y, a la par, fomenta las más abismáticas desigualdades en la distribución de los ingresos y miniaturiza geométricamente el mercado?

Revisemos ahora el tema-problema de las presiones del capitalismo global sobre los recursosde la Tierra.

A este respecto, hacemos nuestros puntos de vista especializados como los siguientes:

La celeridad con la cual se están destruyendo las condiciones que hacen posible la vida en el planetano sólo no se ha frenado, sino que se ha intensificado en las últimas décadas a pesar del reconocimiento general de que este modo de producción, distribución y consumo es incompatible con la preservación de la vida en la Tierra.No obstante el aparente consenso sobre la profundidad de la crisis ambiental, en particular sobre la necesidad de frenar las dinámicas productoras del cambio climático, la forma como se construye el debate internacional distorsiona lo que está en juego, y propone soluciones que no tienen posibilidad alguna de permitir salidas a los problemas que confrontamos en la actualidad.(Cf. Edgardo Lander, “Estamos viviendo una profunda crisis civilizatoria”, 2011).

Expuesto en otros términos, soslayando las implicaciones de un patrón de crecimiento sin fin en un planeta finito, y la urgente necesidad de una redistribución radical en el acceso a los bienes comunes de la vida, como condición de sobrevivencia a corto plazo de centenares de millones de personas, se buscan soluciones desde arriba que ignoran la multiplicidad de opciones que pueblos y comunidades en todo el planeta están formulando como alternativas al modelo civilizatorio en crisis. Las respuestas de mercado, las soluciones tecnológicas, únicas opciones presentes en los debates intergubernamentales, implican apostar a la misma lógica de mercado y a los mismos patrones de conocimiento mecanicistas newtonianos que nos han conducido a la actual crisis.Las respuestas del llamado keynesianismo verde y otras propuestas de reformas ‘verdes’ del capitalismo buscan salidas a la crisis económica por la vía de la creación de fuentes de inversión y de innovación tecnológica que, al no cuestionar los supuestos básicos del crecimiento ilimitado, no pueden sino profundizar los problemas. Algunas de estas iniciativas como los biocombustibles y los transgénicos, o los llamados mecanismos de desarrollo limpio (MDL), por otro lado, están contribuyendo a profundizar las desigualdades, están afectando la producción de alimentos y haciendo que los sectores más pobres del globo sean quienes carguen sobre sus hombros los costos de la crisis.

Esta dialéctica devastadora de hombres y recursos adquirirá su mayor dinamismo con la industrialización implantada por Occidente en los 2-3 últimos siglos.

¿Cómo opera la susodicha conexión?

Conforme a un investigador latinoamericano, el mundo que se desmorona es la civilización industrial, sostenida por cuatro pilares: a) la competencia, no la cooperación, entre individuos, empresas, países; b) los mercados dominados por la lógica capitalista, que permiten procesos ilimitables de acumulación, centralización y, sobre todo, de acumulación de riqueza (monopolios); c) el uso predominante de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón y uranio); y d) la ciencia y la tecnología como instrumentos de control y poder. En conjunto, estos cuatro mecanismos generan un modelo que dilapida la naturaleza y explota el trabajo humano. Estos cuatro soportes son postulados ciegamente por la economía convencional, y reproducidos, extendidos y ampliados por la mancuerna formada por el poder político (partidos y gobiernos sin distinción ideológica) y el poder económico (mercados, empresas, bancos, corporaciones). (Cf. Víctor M. Toledo, “Los zapatismos en un mundo que se desmorona”, La Jornada, 2013).

Mal que pese,este tipo de diagnósticos y mensajes, lejos de inducir a radicales virajes conceptuales y políticos, apenas ha servido para nutrir un newspeak orwelliano y una atosigante retórica del poder mundial y sus agnados y cognados de la periferia.

El extravío ético de la modernidad

Dos espectaculares acontecimientos recientes -la caída del muro de Berlín (1989) y la “explosión” de Wall Street (2008)- han venido a corroborar el eclipse de la civilización moderna.

En efecto, si1989 puede ser visto como la fecha que evidencia el fracaso multifacético del “socialismo real” europeo, el desplome de la bolsa neoyorquina del 2008 será recordado como un episodio donde el capitalismo mundializado desnudó sus pies de barro. ¿A qué aludimos?

Max Weber discurrió sobre la superioridad del capitalismo a partir de sus supuestos atributos morales como la frugalidad, el ascetismo, el sosiego. Semejante capitalismo, si existió alguna vez, resulta evidente que no existe más. Las confrontacionesque libran actualmente los hombres-corporación han sido descritas, incluso porapologistas del establecimiento, como “luchas en el fango”. Aún más, incluso el observador menos avisado intuyeque al despuntar el siglo XXI opera una suerte de metástasis entre capitalismo legal y capitalismo negro.

La causa última de este orden de fenómenosla precisó Aleksandr Solzhenitsin, el famoso disidente soviético, quien en el libro colectivo Fin de siglo (1996), dejó escrito:

¿Cuál es el papel, la contribución justificable y necesaria, de la moralidad en la política? Erasmo creía que la política era una categoría ética, y apelaba a ella para la manifestación de impulsos éticos. Pero eso era en el siglo dieciséis. Y entonces llegó el Siglo de las Luces, y para el siglo dieciocho John Locke nos había enseñado que resulta inconcebible aplicar términos morales al estado y sus acciones. Y los políticos, que a lo largo de la historia con frecuencia estuvieron libres de las molestas represiones morales, habían obtenido de esta manera una especie de justificación teórica agregada… El siglo dieciocho nos dejó el precepto de Jeremy Bentham: moralidad es aquello que brinda placer al mayor número de personas: el hombre jamás podrá desear otra cosaque no sea aquello que favorece su existencia… Actualmente,la fría astucia rige las relaciones comerciales, e incluso se ha convertido en un comportamiento normal. El ceder de alguna manera ante un opositor o un competidor se considera un error imperdonable para la parte que tiene una ventaja en cuanto a posición, poder o riqueza.

En estos tiempos cibernéticos y poscomunistas semejantes preceptos han tendido a absolutizarse, tanto en el centro como en la periferia, agudizando tendencias catastrofistas y necrófilas.

La fuga hacia adelante de la civilización del capital

Acorralado en escenarios cada vez más intrincados en el ámbito económico-financiero y carente de una moral altruista, ecológica y cósmica, el poder mundial ha optado por el peligroso camino de la exacerbación de sus proditorios fines y medios.

En cuanto a la exacerbación de los medios, acaso sea suficiente consignar que, en función de la necesidad del capital monopolista de preservar o ampliar sus tasas de ganancia, el capitalismo central ha emprendido una ofensiva en términos de expansión y profundización. Expansión: ex campo soviético y China, convertida en “taller del mundo”; profundización: sectores terciarios de las metrópolis y primarios de la periferia. Todo esto a través de la denominada acumulación por desposesión, una suertede retorno a laacumulación primitiva (ya estudiada por los clásicos del pensamiento socialista) y de la conversión del poder militar en acaso la principal ventaja comparativa del capital corporativo.

En cuanto a la radicalización de los fines, baste señalar que la mundialización del capitalismo ha transformado a la consecución del lucro en su más cruda y ecuménica verdad.

La conjunción de tales fines y medios desorbitados ha traído aparejada un caos en la realidad y un caos en la teoría.

A este respecto, y en lo que concierne al ámbito de lo económico-financiero, Jorge Beinstein ha escrito un iluminador trabajo que circula por internet y que lleva por título “Audestrucción sistémica global, insurgencias y utopías” (2012), donde escribe:

El capitalismo como civilización ha ingresado en un período de declinación acelerada… Se trata de un complejo proceso de decadencia… Cada paso de las potencias centrales hacia la superación de su crisis es en realidad un nuevo empujón hacia el abismo. Los subsidios otorgados a los grupos financieros abultaron las deudas públicas sin lograr la recomposición durable de la economía y cuando luego tratan de frenar dicho endeudamiento restringiendo gastos estatales al tiempo que aplastan salarios con el fin de mejorar las ganancias empresarias agravan el estancamiento convirtiéndolo en recesión, deterioran las fuentes de los recursos fiscales y eternizan el peso de las deudas. Frente al desastre impulsado por las mafias financieras se alza un coro variopinto de neoliberales moderados, semikeynesianos, regulacionistas y otros grupos que exigen suavizar los ajustes y alentar la inversión y el consumo... es decir seguir inflando las deudas públicas y privadas... hasta que se recomponga un supuesto círculo virtuoso del crecimiento (y del endeudamiento) encargado de pagar las deudas y restablecer la prosperidad... a lo que los tecnócratas duros (sobre todo en Europa) responden que los estados, las empresas y los consumidores están saturados de deudas y que el viejo camino de la exuberancia monetaria-consumista ha dejado de ser transitable. Ambos bandos tienen razón porque ni los ajustes ni los repartos de fondos son viables a mediano plazo, en realidad el sistema es inviable.

Inviabilidad del capitalismo central y global, ciertamente. Aunque admitir esto no supone,ni mucho menos, pensar que el desplome definitivode la civilización pueda ocurrir en términos de unos cuantos años y al margen de la resistencia del Poder mundial y de un complejo juego geopolítico de difícil ponderación. (Ver a este respecto Susan George, El informe Lugano. 2001; también I. Wallerstein “Transformaciones en el mediano plazo”, 20012).

Creemos que estos últimos juicios dan pie para una aprehensión más objetiva de lo que ha venido aconteciendo en los últimos lustros en América Latina, a consecuencia fundamentalmente del agresivo proceso de financierización comandado porla banca transnacional y por viejas y nuevas metrópolis empeñadas en fomentar en nuestros países espacios de rentabilidad a partir de la explotación de bienes como el agua, la atmósfera, el subsuelo, la biodiversidad y los recursos genéticos… y hasta la mercantilización de órganos vitales de los seres humanos. Amén de los tradicionales negocios agrícolas, mineros y energéticos.

Las ilusiones del oficialismo latinoamericano

Los actuales gobiernos latinoamericanos, tanto los alineados con el Consenso de Washington (con el caso emblemático de Chile) como los autodenominados “revolucionarios” (Venezuela, Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua), vienen respondiendoa la crisis sistémica del capitalismo desde las trasnochadas fórmulas de la modernidad y de sus inherentes corolarios económicos y político-institucionales.

Pruebas al canto:

° Ni los regímenes conservadores u ortodoxos ni los formalmente heterodoxos cuestionan –al menos seriamente- los dogmas de distinta índole implantados por las metrópolis en el contexto del aún vigente reinado dela modernidad. Aún más, continúan encandilados por ellos, cuando no asumen la típica actitud del avestruz.

°Los gobiernos latinoamericanos en su conjunto–incluida la Cuba castrista- han venido apostando a mantenerse en la línea de flotación ateniéndose a los principios y reglas del capitalismo mundializado. Aquello del Socialismo del Siglo XXI no va más allá de una retórica diversionista.

° Estas coincidencias del oficialismo regional en la esfera económicasignifican, en última instancia, que ambos tipos de administración continúan profesando el culto profano al desarrollo económico y social, vislumbrado como la ruta única hacia una abstracta y cuantitativa Tierra de Promisión. Adhesión que los convierte en feligreses de W.W. Rostow, el gran gurú de la modernización subordinada de la periferia, así como de las orientaciones de los sofisticados think tanks de viejas y nuevas potencias internacionales.

°Concomitantemente, tanto los gobiernos que privilegian sus relaciones económico-financieras con las metrópolis tradicionales como los que priorizan sus nexos con el “imperialismo bueno” de China et al, se han inclinado por refrendar y profundizar el viejo modelo primario exportador y extractivista retomado desde los años 70 por el promonopólico Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI), estrategia criticada incluso por los economistas cepalinos de esa época y que, en su nuevo debut, ha venido a convalidar los análisis sobre el proceso histórico latinoamericano adelantados por Gunder Frank desde los años 60, análisis fundados en categorías de raigambre marxista como lumpenburguesía y lumpenacumulación.

° La reedición y profundización de la estrategia de marras ha sido justificada por ambos tipos de gobierno con el cortoplacista argumento de la bonanza de las materias primas iniciada el 2003, soslayando que tal modelo-estrategia está predeterminado a agudizar la desarticulación de los aparatos productivos domésticos en favor de la tecnoestructura del capital transnacional(de origen estadounidense, europeo o asiático, poco importa), a la devastación de los recursos naturales de distinta índole y al afianzamiento de estados rentistas, clientelares y autoritario-subalternos. Pretender escapar a semejante lógica sin emprender en un proceso básico de autocentramiento productivo equivale a pedir peras al olmo.

° Colocándose en las antípodas de estas orientaciones, la práctica totalidad de nuestros gobiernos ha optado por apostar al aperturismo mediante la suscripción de TLC (tratados de libre colonización) diseñados por el capital corporativo estadounidense y/o europeo, cuyo efecto mayor no es otro que la profundización y diversificarción de nuestros lazos de subordinación al capital transnacional. En tanto, una propuesta supuestamente alternativa como el Mercosur no ha dejado de traslucir los intereses hegemonistas de Brasil, y la Alba, en ausencia de reformas propiamente estructurales internas y de liderazgos genuinamente bolivarianos, aparece, por decir lo menos, con pronóstico reservado.

°El discurso y práctica del crecimiento-desarrollo capitalista ha sido complementado en la región, desde hace un par de décadas, con la denominadalucha contra la pobreza, un programa de asistencialismo sugerido y hasta impuesto por entidades como el Banco Mundial y el FMI para “maquillar” el desempleo, el subempleo y los bajos ingresos que azotan a los náufragos de la globalización corporativa.Semejante fórmula ha devenido, conjuntamente con el incremento del mítico PIB,en el barómetro del éxito o fracaso de las administraciones zonalesindependientemente de sus posturas ideológico-políticas y pese a sus inocultables falencias como política de Estado. (Cf. “El fracaso de la pobretología”, de Jaime Martínez Veloz, entre otros trabajos).

° En concordancia con las necesidades e intereses de largo plazo del capital monopólico externo y oligárquico interno, tanto las administraciones conservadoras como las “progresistas” se han convertido en instrumentos para la aplicación de reformas institucionales orientadas a inocular en estas latitudes una ideología reaccionaria fundada en categorías tecnocráticas como productividad, competitividad, eficiencia… Particularmente preocupantes en este sentido son las reformas a los sistemas educativos, reformas inspiradas en postulados de raíz neodarwiniana y positivista y en prácticas verticalistas y punitivas que han venido extendiendo una suerte de domesticación y zombificación de docentes y estudiantes.

(A desentrañar los oscuros orígenes de esta “educación de mercado” dedicamos nuestros ensayos “El desembarco invisible” (2006) y “Reforma educativa ‘al revés’” (2009), en los cuales tipificamos a la estrategia universitaria de la “revolución ciudadana” ecuatoriana como a una “ruta al oscurantismo y a la servidumbre del siglo XXI”.)

° En el ámbito de la geopolítica el panorama es igualmente siniestro. Aludimos a que, con matices que no es del caso desglosar, el oficialismo latinoamericano ha adherido a lo que la politóloga estadounidense Susan Sontag denominara “guerras metafóricas”, en referencia a conflictos diseñados por el Pentágono para que nunca terminen. En tal definición encajan las cruzadas contra el narcotráfico, el terrorismo secundario (el primario siempre es del Estado, al decir de N. Chomsky) y el denominado crimen organizado, operativos cuyos verdaderos propósitos son intensificar el control territorial y de los recursos naturales, mineros, energéticos y acuíferos de nuestros países; así como el control social, mediante la criminalización de los disidentes de la globalización corporativa (llámense dirigentes nacionalistas y de izquierda,líderes indígenas y comunitarios, sindicalistas, defensores de los derechos humanos, ecologistas, parlamentarios opositores, periodistas independientes, intelectuales críticos, cristianos liberacionistas, militares patriotas, estudiantes… o simplemente pobres).

Sobre las dimensiones de estos “crímenes ideológicos” –conforme les denomina A. Camus en El hombre rebelde a los delitos establecidos desde los códigos penales- ilustran el homicidio de entre 60-80 mil hombres-mujeres-niños y la desaparición de aproximadamente 20 mil personas ocurridosen México durante el sexenio del conservador/modernizante Felipe Calderón, actualmente huésped de Harvard University, así como las tragedias proporcionalmente similares ocurridas en otros países del continente en tributo a los grandes “blanqueadores” primermundistas, a los fabricantes de armas y precursores químicos y, no en último lugar, a los viejos-nuevos clanes políticos locales lumpenizados.

La incorporación de los militares nativos a estos conflictos de nuevo tipo constituye la última faceta de los mismos (el régimen de Rafael Correa la decidió el pasado 2012).

° Si tantas y tan grandes son las semejanzas entre regímenes ortodoxos y “socialistas”, ¿cuáles las diferencias?

La principal y acaso única concerniría al ámbito de la política económica, es decir, al de las estrategias que emplea cada uno de los referidos grupos para pugnar por el venturoso desarrollo económico y social. Mientras los ortodoxos insisten en conseguirlo privilegiando el equilibrio de las finanzas públicas y la balanza de pagos,para estimular de este modo los procesos de concentración, centralización y conglomeración del capital monopólico externo-interno; los segundos, aspiran asimilar meta apelando al incremento de la demanda interna y al protagonismo de estados intervencionistas (intervencionismo que, a menudo, apenas constituye la hoja de parra para entreguismos sin inhibiciones).

Casi huelga señalarque tanto la política económica ortodoxa como la intervencionista-clientelar están predestinadas a ajustarse al ciclo de la economía-mundo, en razón de la condición supérstite de nuestros países en la cadena de la acumulación monopólica a escala global.

Aún más, esta condición inherente al modo de producción capitalista ha comenzado a reeditarse a últimas fechas en nuestro subcontinente, conforme muestran, por un lado, los “cacerolazos” simultáneos en la Venezuela del flamante Nicolás Maduro y enla Argentina de Cristina Kirchner, y por otro, en sucesos como el extendido“paro cafetero” en la Colombia de Juan Manuel Santos, país este último de indiscutibles pergaminos neoliberales y monetaristas.

(Para un análisis riguroso de la fisiología del capitalismo periférico y de sus correlatos político-institucionales se recomienda la lectura de“El desarrollo del capitalismo en América Latina y la cuestión del Estado”, en Autoritarismo y fascismo en América Latina, de Agustín Cueva, Centro de Pensamiento Crítico, Cuaderno Político No. 2, 2013).

Las luces de Chiapas

Elpanorama arriba descrito no totaliza –ni mucho menos- la postura de Latinoamérica frente a la decadencia de la civilizacióndel capital. Aún más, el ¡Ya basta! zapatista del 1 de enero de 1994, coincidente con la incorporación del país azteca al neocolonialista NAFTA,habría inaugurado desde estas tierras la impugnación más original, estética e impactante a la globalización corporativa y sus abalorios político e ideológicos.

Desglosemos esta aseveración.

Conforme advirtiera N. Chomsky, con la insurrección indígena contra el venal régimen de Carlos Salinas de Gortari, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)había colocado sobre el tapete un “problema” sin precedentes.

El paso de los años no ha hecho más que confirmar la apreciación del profesor del MIT, entre otras,por las razones siguientes:

La primera consistiría en que el discurso del EZLN y su vocero el subcomandante Marcos comporta un planteamiento distinto al clásico de la izquierda marxista, en la medida que sus postulados son más genéricos: dignidad, democracia, justicia, libertad, soberanía.Ideales anteriores y posteriores a la utopía socialista configurada en el siglo XIX.

La segunda tendría que ver con que el discurso de los enmascarados pobladores del sureste mexicano supone una suerte de síntesis de parábolas cristianas, memorias recuperadas del Popol Vuh y el Chilam Balam, liberalismo jacobino, humanismo socialista, gramscianismo…

La tercera concerniría a la recuperación por parte de los pequeños “hombres de maíz” (M.A. Asturias) de la historia propia, la historia nacional mexicana. En la I Declaración de la Selva Lacandona, documento fechado el 12 de enero de 1994, puede leerse: “Somos producto de 500 años de lucha: primero contra la esclavitud en la guerra de independencia contra España encabezada por los insurgentes, después por evitar ser absorbidos por el expansionismo norteamericano, luego por promulgar nuestra Constitución y expulsar al Imperio Francés de nuestro suelo, despuésla dictadura porfirista nos negó la aplicación justa de las leyes de Reforma y el pueblo se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Villa y Zapata... Somos los herederos de los verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad”.

En cuarto lugar porque su filosofía política tornó visibles algunas ideas-fuerza sobre el poder.Una de ellas se relaciona con su original concepción de la democracia.Para los zapatistas, el poder no es un fin en sí mismo y mucho menos un mecanismo de sojuzgamiento y enriquecimiento. En su percepción, la legitimidad del poder proviene de su concordancia con la máxima del “mandar obedeciendo”, principio democrático más raizal y proyectivo que el meramente electoralista y mediático.

En quinto lugar por su honda visión del cambio social. A este respecto, el “Sup” Marcos, en una entrevista concedida a la revista chilena Punto Final, explicaba: “Nosotros manejamos el siguiente concepto de cambio: creemos que el mundo nuevo, o la nueva sociedad, o como se quiera llamarlo, debe pasar previamente por una antesala.Es decir, que las propuestas o conceptos del rumbo que debe seguir el país… debe confrontarse con la realidad de cada pueblo. El soporte real de cualquier modelo social es la aceptación que el mismo tenga en la población.Si no existe, estaríamos hablando de una falsa revolución, y no necesariamente porque sea una revolución que mienta, sino que sin el sustento mencionado, sería siempre susceptible de desviarse o de voltearse”. (Cf. nuestro ensayo Conversaciones con Marcos, 1996).

Finalmente, conviene recuperar dos aportes teórico-prácticos de los descendientes de los mayas. De un lado, la creación en varios municipios liberados de la provincia chiapaneca de las Juntas del Buen Vivir, con soporte en algunos de ellos de los caracoles (organizaciones solidarias de produccióny distribución ajenas a las “leyes” o “fuerzas” del mercado); y, de otro, la vocación universalista del EZLN plasmada en la convocatoria a la I Internacional de la Esperanza, evento que se cumpliera, en agosto de 1996, en una perdida aldea chiapaneca conocida con el sugestivo y enigmático nombre de La Realidad, que culminó con llamados de Marcos Guillén a “volver a humanizarla humanidad” y a “construir un mundo donde quepan todos los mundos”.

Casi dos décadas después del estruendoso ¡Ya basta! que despertara a México y conmoviera al mundo, mucha agua ha corrido bajo los puentes. No obstante, el pensamiento y las acciones de los encapuchados indígenas y mestizos mexicanos, antes que diluirse, han venido inspirando de distinta forma las contestaciones al capitalismo mundializado desde distintos polos de poder imperial.

Ver a este respecto los trabajos de Pablo González Casanova sobre la influencia del zapatismo entre los indignados que se multiplican incluso en los propios santuarios del capital corporativo.

La reconfiguración del discurso crítico


Después de Chiapas, en efecto, hemos asistido en la región a múltiples expresiones de resistencia enfiladas no solamente contra el maltrecho capitalismo sino también contra la propia civilización del capital.


Aludimos a episodios como los siguientes: las ensangrentadas luchas por el territorio y la defensa de los recursos naturales y ambientales encabezadas por la CONAIE en Ecuadorylos Sin Tierra en Brasil; las protestas de los piqueteros argentinos que liquidaron al gobierno de Fernando de la Rúa; la “guerra del agua” en Cochabamba; las siempre heroicas performances defensivas de los mapuches, así comolas recurrentes y creativas movilizaciones de los estudiantes secundarios y universitarios contra las despersonalizantes reformas educativas de los chilenos Lagos, Bachelet y Piñera; la victoriosa campaña continental contra el ALCA; la “Comuna de Oaxaca”; las aguerridas confrontaciones de los campesinos colombianos para contener la reforma agraria prolatifundista que adelanta, desde hace décadas, la oligarquía liberal-conservadora en ese hermano país; la Marcha por el Agua y por la Vida protagonizada por miles de pobladores de la Sierra y Amazonía ecuatorianas en repudio al tozudo extractivismo a cielo abierto de Carondelet; y, en fin, a laemergencia del juvenil #YoSoy132 para desafiar a la narcodemocracia mexicana reencarnada en Enrique Peña Nieto..


Constelación de acontecimientos que resultan, al mismo tiempo,causa y reflejo de un discurso crítico que se alimenta y retroalimenta en su confrontación con el pensamiento único –el no-pensamiento que diría Saramago- y de cuya riqueza y fortaleza da cuenta, particularmente, el Diccionario de pensamiento alternativo (Editorial Biblos, Buenos Aires, 2008), monumental obra mentalizada y coordinada por los filósofos argentinos Arturo Roig y Hugo Biagini, fundadores del Centro de Educación, Ciencia y Sociedad (CECIES, www.cecies.org).

De la revisión de ese Diccionario… y de la lectura de diversos materiales académicos y no académicos puede colegirse que el pensamiento alternativo, más allá de sus heteróclitos orígenes y de sus innumerables tópicos, está permeado por proposiciones comunes como las siguientes:

Primera. La creencia de que la crisis civilizatoria que recorre el mundo supone la necesidad de una reconfiguración del modo de vida moderno a partir de nuevas formas de comprender la realidad.

Segunda. La convicción de que el paisaje catastrofista que está heredando una modernidad mal concebida y peor instrumentada tendría origen en la supremacía del economicismo sobre los órdenes moral y político, y que, por tanto,se impone pensar en una ruptura no sólo con el marxismo decimonónico y su lógica determinista, sino también en saldar cuentas con el individualismo y el “psicologismo menor” (C.Furtado) de la economía clásica o neoclásica; así como abrir paso a las nociones de la promisoria ecología política cuyos objetos cardinales de estudio no serían otros que las nuevas formas de explotación de una minoría sobre la mayoría y la acelerada destrucción de la naturaleza.

Tercera. Otro postulado compartido sería que las claves que se vienen vislumbrando para sortear la actual situación abismática comprenden, por un lado, la construcción de un poder social no tutelado por estados genéticamente capitalistas, y por otro, la vuelta de la mirada hacia los 7 mil pueblos originarios o indígenas del mundo, cuyas culturas tradicionales o premodernas contienen un conjunto de valores (reciprocidad, solidaridad, comunalismo, respeto a la naturaleza) imprescindibles para la regeneración social, cultural y ambiental.

Cuarta. Finalmente, el pensamiento alternativo/utopista viene coincidiendo en que, más que una conciencia de clase, se requiere en la actualidad de una conciencia de especie, una conciencia planetaria, puesto que hoy en día toda batalla emancipadora, por muy localizada o focalizada que aparezca, se coloca o del lado de la destrucción o del lado de la supervivencia de la humanidad y de la Tierra. (Cf. Víctor M. Toledo, “Los zapatistas: una mirada desde la ecología política”, 2013).

Una brújula andina

De modo general, al libro Hacia un modo de vida alternativo lo hemos encontrado inscrito en las proposiciones anteriores, lo cual no significa que no exhiba peculiaridades teóricas, prácticas y axiológicas para una comprensión más cabal de la realidad de Colombia y, por extensión temporal y espacial, de los restantespaíses andinos.

Detales aportes destacamos los siguientes:

° La investigación tiene como eje el concepto de desarrollo endogénico, un concepto que, según Julíán Sabogal, no constituye una camisa de fuerza, sino más bien una “invitación a reconocer lo propio, lo interno… lo cual no significa desconocer lo global. El sistema capitalista –agrega- alcanza todo el planeta, ningún rincón del mundo puede escapar a su influencia, a su racionalidad… ; pero, al mismo tiempo, la dialéctica de los sistemas nos indica que en las regiones se encuentran especificidades que pueden ser potenciadas y utilizadas a favor de un modo de vida alternativo”. En otros términos, si el concepto de desarrollo endogénicoaparece poco formal, esto no significa que no se nutra de potentes vertienteshistóricas, críticas y utópicas.

° En cuanto a sus veneros históricos baste señalar que a la visión endogénicala encontramos estrechamente emparentada tanto con el pensamiento de los próceres de la independencia (Andrés Bello con su célebre admonición“La América hispana tiene un camino: su propio camino”, o Simón Rodríguez con su invocación a “crear o equivocarse”), como con las contribuciones académicas más recientes de un Antonio García Nossa y su tesis de la convivencia concertada de distintos modos de produccióno las de José Consuegra Higgins, fruto de su larga cruzada por la autenticidad de las ciencias sociales latinoamericanas. Amén, por cierto, de los aportes naturales y testimoniales denuestros pueblos ancestrales que les habrían permitido sobrevivir a siglos de colonialidad y despojo material e inmaterial.

° La sustentación histórica lacónicamente descrita se eslabona en el libro en referencia con una voluntad explícita de desnudar a la seudorrealidad inherente al paradigma de la modernización refleja. Esta conexión fundamental se evidencia en los distintos capítulos de la investigación –“El pensamiento propio hacia el modo de vida alternativo” y “El ambiente en el modo de vida alternativo” (Julián Sabogal), “La democracia en un modo de vida alternativo” (Fernando Panesso) y “La educación y la cultura para un modo de vida alternativo” (Carmen Alicia Martínez, Jimena Meneses y Francisco Criollo)-, elaborados con sólidos soportes bibliográficos y elegancia expositiva.

° Finalmente, Hacia un modo alternativo de vida se autovalora por su compromiso con la utopía,entendida esta “como una racionalidad alternativa superior que aún no tenido oportunidad de existencia, pero que puede convertirse en realidad si es asumida por la comunidad”.

(Versión revisada del prólogo escrito para el libro Hacia un modo de vida alternativo, de Julián SabogalTamayo y otros, en proceso de edición bajo los auspicios de la Universidad de Nariño (Pasto) y de la Universidad Simón Bolívar (Barranquilla).

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